martes, 30 de noviembre de 2010

IL CAPO DI TUTTI I CAPI

Año 1990: una comitiva llega desde Japón a Talleres Bahía Blanca Noroeste para evaluar la posibilidad de comprarlos. Sus anfitriones los reciben y posan con ellos para la foto.

 Di Matteo, Temperini, De Simón, Martínez y Rial, y los japoneses visitantes


Hace un tiempo, mirando esta foto, caigo en la cuenta que ya los había entrevistado a todos: a De Simón  (Jefe de Talleres Bahía Blanca), a Di Matteo (Jefe de la oficina de Control de Calidad), a Martínez (Jefe de la oficina de Personal), y a Rial (Jefe de Almacenes Bahía Blanca). ¿Y quién es ese señor, de camisa celeste y lentes, que está parado tercero desde la izquierda, entre Di Matteo y De Simón?

Hoy fuimos a verlo. Y resultó ser nada menos que Darío Aldo Temperini, quien en el momento de la foto se desempeñaba como Coordinador de Mecánica del Ferrocarril Roca, y que había sido Superintendente, Jefe de zona y Subgerente del ferrocarril Roca-Sarmiento.

Darío Temperini y su señora Juana Costanzi

A lo largo de casi tres horas de conversación, recorriendo los TBBNO, el Galpón de locomotoras de Ing. White, Taller Maldonado, el ferrocarril Patagónico en Puerto Madryn, el taller del Maitén, y Olavarría, una idea volvió una y otra vez sobre la mesa: desde la época del plan Larkin el error fue pensar que el ferrocarril tiene que ser solamente un lucrativo negocio: el ferrocarril presta también un servicio público y parte de sus ganancias, son como las ganancias que deja un hospital, o una escuela.

Y una anécdota, de Talleres Noroeste: un oficial le pide a su aprendiz que adose una percha metálica en la puerta de su taquilla. El aprendiz clava y remacha. Cuando el oficial se acerca protesta: 
- ¿por qué la clavó, y no le puso un tornillo?
- Con el clavo queda más firme, respondió el aprendiz.
- Pero si me voy, puedo desatornillar y llevarme la percha.
- ¿Cómo? ¿Usted planta un árbol y cuando se va, lo arranca y se lo lleva?, replicó el aprendiz.
El oficial calló. Y luego dijo:
-Usted me acaba de dar una lección.

viernes, 26 de noviembre de 2010

AFINACIÓN & BALANCEO

Esta noche, a las 20 hs., recibimos a la Orquesta Sinfónica Provincial que llega a este taller para demostrar por qué cuando un motor funciona bien se dice que suena como un violín, por qué cuando Mario De Simón elogia la organización que tenían los Talleres Bahía Blanca los compara con una orquesta. ¿Se podrá hacer la comparación inversa?


En la platea, los pibes de la Orquesta Escuela de Ingeniero White se preparan para su presentación, acá mismo, el próximo 4 de diciembre, bajo una bandera confeccionada, también acá, por los "chicos del Ferro".

sábado, 20 de noviembre de 2010

PRIMICIA

Ante la impaciencia de Roberto Orzali, Carlos Mux hizo lo imposible para que los libros estuvieran listos para hoy, un día antes de la presentación oficial. Así que después de hacer varios trasbordos, los primeros ejemplares llegaron a sus manos.


En el transcurso de la tarde, Roberto se ubicó varias veces en el escenario, encontró ensayando el tono justo con el cual cantar el tango 'La Cantina' e incluso salió al parque para releer sus memorias (ahora felizmente editadas, un deseo cumplido) a la luz del sol (porque justo hoy se olvidó de traer los anteojos).



En el zanjón del castillo lo encontró Cacho Romero, quien venía a ofrecerle algunos consejos para estar seguro mañana y sacar pecho.

viernes, 19 de noviembre de 2010

ALCEN LAS BARRERAS




Ferrowhite presenta, este fin de semana, parte de su colección de faroles:

hay farol de barrera, de señales, y de cambista; farol de cabeza de locomotora, y farol de furgón de cola; y linternas, lámparas de mano y de mesa; farol de cuatro caras, de tres colores y hexagonales; hay faroles fabricados en Inglaterra por fábricas como Ellis Griffiths de Birmingham (1924) o por la Saxby and Farmer Engineers (1930), y también faroles hechos acá, muy cerca en el taller ferroviario que funcionaba en la usina inglesa, en Mecánica White. Ahí, durante muchos años, Velasco se ocupó de reparar todos los faroles de la línea Gral Roca.

Están los faroles de los cambistas, que son quienes andaban en la playa de maniobras, enganchando y desenganchando vagones; los faroles para caso de incendio, como los que había en Talleres Bahía Blanca, y están también los faroles del guarda, el “bicho canasto”, el que viajaba siempre en el furgón de cola, y que en cada parada le indicaba al maquinista, desde la otra punta, con luces blancas o rojas o verdes si estaba todo en orden y el tren podía arrancar de nuevo. Y los farolitos con los que andaban, en cada estación, el FAROLERO, que era el encargado no solamente de proveer a cada furgón de carbón, la leña o la estopa para la estufa. y de controlar que estén bien cerradas las puertas de todos los vagones sino fundamentalmente, de tener listo y llevar a cada furgón de cola, un farol de tres luces como los que Ramón Retamar usó acá en White, durante mucho tiempo.


jueves, 18 de noviembre de 2010

DESPUES DEL SANTO, ESTE DEMONIO



Este domingo, a las 20 hs., luego de la procesión de San Silverio, en Ferrowhite presentamos "Flying fish", teatro documental y ahora también libro de viajes. Todos invitados.

lunes, 15 de noviembre de 2010

EL HILO DE LA HISTORIA

 
Hoy vinieron los chicos y chicas del colegio La Asunción a conocer el museo y sobre todo a encontrarse con Ida Muhamed, una de las señoras cuya voz integra la publicación Bolseras. Relatos de mujeres que trabajaron en las fábricas de bolsas de Ingeniero White y Villa Rosas.
Así que después de reconocer el modelo agro exportador en las construcciones que se ven desde el parque del museo, de dar algunos mazazos en la bigornia y de hacer funcionar a puro brazo las máquinas de contar la historia que integran este museo taller, fuimos al salón de usos múltiples a tratar de pensar en los millones de bolsas que habría que coser para cargar las 5.730.812 toneladas de cereal que entre enero y agosto de este año se exportaron por el puerto local.
Para ayudarnos a imaginar el trabajo de confeccionar esas millones de bolsas, ahí estaba Ida. Presta para reponer esa experiencia y para saldar cualquier duda que los chicos y chicas traían después de haber leído y releído Bolseras en el aula junto con el profesor Oscar Benítez.
Si trabajaban por obligación o porque querían, si les pagaban bien, si podían salir a comprar algo para comer, qué pasaba si alguna estaba enferma y hasta con qué fríos de ahora se pueden comparar los que pasaban debajo de los galpones de chapa fueron algunas de las cuestiones que los chicos querían conocer.
Preguntas necesarias para pensar en las condiciones de trabajo, de esclavitud, como dice Ida, de esas fábricas de bolsas, que sin embargo parecen no anular lo que un muchachito pareció descubrir en Ida, los buenos recuerdos que le trajo encontrarse con una de las máquinas que había en la fábrica. Y, quizás sobre todo, la alegría de poder compartirlo.

domingo, 14 de noviembre de 2010

DE PUNTA A PUNTA


Pamela Alarcón, con Nicolás Herrero, Lucas Leiva, Daiana Serrano, MIcaela Torres y Santiago Posniak
(¿quién es el que falta?)

- De una punta de la ciudad a la otra punta en el puerto, para entender cómo funcionó y cómo funciona (aunque esos talleres ya estén cerrados) el modelo agroexportador;
- de ese relato "glorioso" de la expansión del ferrocarril a una visión crítica de las tensiones que esa expansión trajo consigo;
- de los recorridos - casi arqueológicos - por los edificios en ruinas a las discusiones en clase para pensar qué puede pasar en esas tierras, y con ese barrio y qué se puede hacer para que sea algo para todos.

Vinieron hasta Ferrowhite para volver a recorrer su barrio (el Noroeste), lo que queda de Talleres Bahía Blanca, las manzanas alrededor de su colegio (La Piedad) o de su pueblo (como los chicos de Cerri, por ejemplo) cada grupo con sus cámaras, sus planos y sus anotaciones y el viernes 12 de noviembre, los chicos de las cuatro divisiones de tercer año presentaron sus trabajos referidos a la historia del ferrocarril en la Expocole: fotografías y videos, maquetas, objetos encontrados, láminas y posters con datos históricos, reflexiones y propuestas.



Que un grupo de adolescentes de 15 años haga una maqueta de Talleres Bahia Blanca con cajitas de cartón, papel crepe y escarbadientes tiene también algo de operación de salvataje: la maqueta dificilmente sobreviva la limpieza de fin de año pero ellos, que  conversaron con algunas de las personas que trabajaron ahí, recorrieron, sacaron fotos, armaron, imprimieron y montaron se vuelven depositarios del recuerdo de algo que fue fundamental en la constitución de su barrio, de su escuela, de la vida de la mayor parte de sus vecinos y de lo que, en poco tiempo, y con los vientos que soplan, no va a quedar nada en pie.

viernes, 12 de noviembre de 2010

VENÍ A WHITE EN TREN (O COMO PUEDAS)


En el museo taller te esperamos con todo: Pedro Caballero te deja rockear con la bocina de locomotora "Supertyfon", Hector Guerreiro pone en marcha su maqueta Ferrocarril Pago Chico y Nico Seitz lanza en nuestro cartel electrónico primicias y consignas para que todos los trenes de pasajeros, y no solo este, funcionen como se debe.

Salidas desde la Estación Sud el sábado y el domingo a las 14:30 hs. y a las 16:00 hs., y desde White (en el acceso a puertos por calle Velez Sarfield) a las 15:15 hs. y 17:45 hs. Valor del pasaje (ida y vuelta) $ 8. Ojo que los boletos para los viajes desde Estación Sud ya se agotaron.

jueves, 11 de noviembre de 2010

DÓNDE VA LA GENTE CUANDO LLUEVE

El domingo no vino nadie. Bueno, casi nadie.

Este museo podría ser definido tanto por los objetos que aloja como por las personas que lo frecuentan, o mejor, por lo que nos imaginamos que todas esas personas pueden llegar a hacer cuando se juntan. A la posibilidad de ese encuentro está referida la amalgama siempre inestable entre la palabra museo y la palabra taller. Pero el domingo llovió -"cayeron barretas de punta"- y Ferrowhite quedó vacío. Un museo taller es una máquina de soñar identidades colectivas, una bicicleta en tándem que en días como este parece pedalear en el vacío. Cosas que pasan. Como al hijo de Moris, a Ferrowhite la lluvia no lo inspira. Si hasta Pedro Caballero llegó tarde. Digamos que el exceso de agua  estropea el radical chic de nuestros mamelucos comunitarios, destiñe sus colores llamativos y va dejando ver, de a poco, la percha sobre la que están colgados. Y esa percha lleva el nombre del dueño de este boliche, dice “Estado”.

Porque la singular condición de posibilidad de este museo de los ferroviarios, de los trabajadores, de los vecinos y de los visitantes “progres” es que sea al mismo tiempo “del Estado”. Todo junto. Una comunidad limando y a la vez mimando los barrotes de aquella jaula de hierro fuera de la cual es probable que pocos sobrevivan. A fin de cuentas, dice el ruido de la lluvia, un museo estatal es eso. Un lugar que seguirá abierto cuando todos se hayan ido. Un espacio indiferente a la cantidad y a la calidad de las personas que lo transitan. Estatal es la frase que brilla en la punta de la lengua del agente temporario que apostado en la entrada invita: “Pase, pase que acá no se cobra.” Estatal nuestra indignación frente al paseante taimado que llega con los mejores días, ese que frena en la puerta e intenta dilucidar con un cogoteo si entrar vale una moneda o no: “Este es un museo para todos, señor, incluso para usted.”

Y no está mal hacerse fan de esa idea, llevarla en andas como a un ideal, siempre que no nos olvidemos que en la práctica las cosas no resultan del todo así -a Ferrowhite vienen muchísimas personas pero, claro, no todo el mundo, y nadie se comporta igual-, y que en teoría tampoco. Porque atender un lugar como este requiere, además, vivir bajo el asedio de un pensamiento contrera -que ni la épica de la "batalla cultural", ni la lírica de la gestión estatal que algunos amigos le contraponen, ni la crítica a los presupuestos platónicos del intelectual crítico, alcanzan a despejar por completo-: aquel que sugiere que un museo es siempre un aparato en el que se reproduce el orden desigual de las cosas, o su justificación, o peor aún, sus “compensaciones simbólicas”, la victoria moral que se concede a los derrotados. Un sitio donde no para de fabricarse la aceptación de lo existente, aún a costa de su subversión imaginaria. ¿No te hacés unos mates?

En estos desvaríos había extraviado mi cabeza cuando de la tormenta emergieron Nilda y Adriana, y con ellas Aaron, Eric, Guillermina, Gonzalo, Luciana, Valentina, Verónica y la pequeña Zoe, trayendo consigo una definición con la que, por el momento, puedo pactar: este museo estatal es un paraguas, un artefacto debajo del cual te podés meter si la cosa se pone fea, un refugio provisorio ante las formas de intemperie que una civilización sin afuera se entretiene en prodigar. Eso. Cuando por fin paró, salimos al parque y les saqué esta foto.

martes, 2 de noviembre de 2010