miércoles, 25 de enero de 2012

61 BIDONES


En Ferrowhite estamos construyendo una balsa. 61 bidones de 20 litros amarrados con 618 fajas de polietileno. 170 centrímetros por faja. 1050 metros linealesPlanos dibujados sobre los folios de un viejo libro contable. Gastados hasta el momento: 63 pesos con 25 centavos. Un día Carlitos Mux le pregunta al sodero: "¿Qué hacen con los envases que ya no sirven?". Otro día Nico Testoni escribe: “La ría de Bahía Blanca ha llegado a convertirse en un sustantivo abstracto”. Limpieza de bidones. Sellado de rajaduras. Pruebas de hermeticidad. Excursión a la Rambla de Arrieta con Roberto Orzali. Intento de atar los envases agrupándolos en "racimos" o "flores". No funciona. Pruebas de sellado por termofusión. Tampoco anda. “¿Y si probamos con torniquetes?”. Un camalote plástico que empieza a crecer en círculos. Cumpleaños de Guillermo Beluzo. Brindis con cervezas que trajo Pedro Caballero. “Las cervezas no flotan, pero qué lindo sería”. 50 grados de térmica. Un camalote que crece hasta ocupar todo un taller. Transporte del prototipo a la sala grande del museo. Pedro Marto duda. Los turistas alemanes no entienden. "¿Va a andar esto?". José Caputo sugiere tener a mano un salvavidasBocha Conte sentencia: “flota seguro, pero ojo que el peso no la deforme”. Luis Leiva propone llenar los bidones con poliuretano expandido. Lindo pero caro. Paolucci va y viene: “Torniquetes, claro, torniquetes”. No refresca. Pochy Acosta improvisa una nueva versión de “La Balsa”. Cambia de momento su nombre artístico por el de Pochy Nebbia. Calorón. Analía Bernardi llega bronceada por el sol de Veracruz (México). Sudestada. Emilce Heredia Chaz chequea horario de mareas. Viernes 27, 10 hs., primera prueba en el mar. 61 bidones que van reuniendo a su alrededor muchas más de 61 personas enlazadas por el nudo marinero de una cuestión, si se quiere, política: acaso de mantenernos unidos dependa seguir a flote.

domingo, 22 de enero de 2012

lunes, 16 de enero de 2012

EL ARCA OBRERA


No, en Ferrowhite no estamos acumulando reservas de agua alertados por algún pronóstico de guerra mundial inminente. Tampoco es que nos dio mucha sed y decidimos saciarla de una buena vez. En realidad, el agua del dispenser sí se acabó, pero los recipientes plásticos de la foto, todos vacíos, no vienen a solucionar ese pequeño inconveniente. Están acá para otra cosa. Y desde ya, les vamos anticipando, son tan caros a esta institución como un reloj de roble o una campana de bronce. Porque en este museo los objetos valen en tanto materializan vínculos, en tanto son, por ejemplo, punto de partida o de llegada de esa relación social tan fundamental como problemática que es el trabajo. Razón por la cual, digamos de paso, a pesar de sus normas de inventario y de su depósito con deshumidificadores, tal vez este museo no tenga una "colección", si con este término se alude a un orden autosuficiente, en el que las cosas se relacionan con las cosas, al margen de los acontecimientos pasados y presentes.

¿Y entonces con los bidones qué? Con los bidones vamos a flotar. Ese es nuestro sueño para una de estas noches de verano. A flotar mi amor, cantando como se nos canta, vamos a flotar. No hace falta ir muy lejos. Flotar por acá nomás, con todo lo que eso hoy por hoy implica. Flotar como ellos en esta foto.


Ahí está Atilio Miglianelli, más joven de lo que lo conocimos, tan pensativo como se lo veía a veces, y están sus compañeros del equipo de buceo de la usina General San Martín, posando para la posteridad sobre una balsa hecha con palets de madera y tambores de aceite, justo acá a la vuelta, en proximidades de lo que para nosotros es La Rambla de Arrieta pero para ellos era la "marea del castillo". La foto la trajo Angel Caputo y, desde aquel día, la idea fue madurando en la acalorada cabeza de nuestro compañero Guillermo Beluzo. ¿Cómo sería esa balsa hoy? se preguntaba Guillermo, a la hora del primer mate, mientras calzaba la boca del termo en el pico del dispenser. Hasta que una mañana de verano apareció con este dibujo:


Fue entonces que nos preguntamos ¿Pero bidones por qué? Nuestras respuestas solo pueden asumir la forma de un diálogo solemne:
- Porque el cilindro constituye un elemento formal dominante en el paisaje que nos rodea. Vean, si no, las plantas de silos de Toepfer, Bunge, Dreyfus, Cargill.
- Porque tanto el suministro y la calidad del agua potable que portan -liquido que, por cierto, representa un insumo crítico en la producción local del plástico a partir del cual están hechos-, como el destino de las aguas de la ría que estos envases van a surcar, se encuentran en el centro álgido de las preocupaciones públicas bahienses.
- Porque el problema del agua ya existía, aunque en otros términos, hace más de un siglo, teniendo en cuenta este informe del año 1897, en el que el Ingeniero Julio B. Figueroa reporta la frecuente contaminación de las aguas de pozo, así como lamenta que las perforaciones realizadas por el Ferrocarril Sud, siendo más apropiadas, tuvieran “por fin principal la alimentación de las máquinas locomotoras”.
- Porque los municipales que planeamos llevarnos a la playa los libros de Laclau, no podemos dejar de ver en tantos bidones el juego indecidible entre “significantes vacíos” y “significantes flotantes” en el que consiste la política.
- Porque no tenemos un mango, y los envases pinchados te los regalan.
Como se ve, el recipiente es puro contenido.

Puede por supuesto que este proyecto naufrague. Tratándose de una balsa ¿No sería lo más natural del mundo? Entre tanto, con su color azul translúcido, menos parecida -esperamos- a La Balsa de la Medusa que a las aguavivas de Monte Hermoso, nuestra embarcación empieza a tomar forma. Allá vamos.

jueves, 12 de enero de 2012

lunes, 9 de enero de 2012

BERMUDAS Y MAMELUCO


Lo que se ve a estas horas desde La Rambla de Arrieta se parece menos a la ría de Bahía Blanca que a uno de los mares blancos de la luna: un cielo de ceniza acechando una marea que sube y se evapora antes de bajar. Lo que se distingue, además, es a Gustavo Monacci corriéndole una carrera a la grúa flotante que desde hace tres meses levanta, en el mayor de los sigilos, un nuevo muelle detrás del castillo. Gustavo arranca hierros de la Rambla y la grúa los hinca en el mar.

Entre tanto, en la estación espacial Ferrowhite la atmósfera dificulta cualquier compromiso serio con las actividades humanas ordinarias. Pero hay gente en este confín que no está dispuesta a aflojar así nomás. Esta es la época del año en la que lo urgente deja algo de lugar a lo importante. Así que hoy tenemos para mostrarles, con orgullo, nuestro nuevo cajón de herramientas. Una cajonera de pino paraná (2 metros y medio de largo x 1 de ancho) que llegó hasta acá de regalo después de rebotar en cien casas de remate, y que espátula, lija, taladro, pincel y sudor mediante, quedó igualita a un cuadro de Mondrian. No porque este museo adhiera a los preceptos estéticos del neoplasticismo, sino porque esos eran los colores que restaban en el fondo de las latas de esmalte.

Ah, también rescatamos patos asados que el viento hirviente lanzó por encima del alambre (los incrédulos avénganse a chequear la galería de imágenes), pero ese ya vendría a ser otro capítulo de nuestras aventuras en el White lunar. Por el momento solo resta decir: cambio y fuera.

domingo, 8 de enero de 2012

MUSEOLOGÍA EN MUSCULOSA



Sí, hace mucho calor, y este museo hace algo al respecto: presentamos nuestra musculosa ferroviaria, para pasar el verano fresquitos como lechuga que crece al costado de la vía.

Pedí la tuya acá, en Ferrowhite, de lunes a viernes de 9 a 13 hs.

jueves, 5 de enero de 2012

FERROWHITE NO BAJA LA PERSIANA


Claro que no, el museo sigue abierto durante enero, de lunes a viernes de 9 a 13 hs., recibiendo, como hoy, visitas de Düsseldorf y Berazategui. Si esta gente vino de tan lejos, ¿Vos no te vas a pegar una vuelta?