viernes, 31 de agosto de 2012

LA LINGUA DEL GIRETTI





La Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) invitan a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX.", a realizarse en el auditorio de la Asociación, Rondeau 26, el martes 4 de septiembre, a las 19 hs.

Geniale Giretti llegó por primera vez a Bahía Blanca procedente de San Vittore (Le Marche, Italia) en 1905. Durante su paso por esta zona, escribió tres libretas, editadas por el museo taller en 2008, en las que cuenta sus andanzas como jornalero en el campo y peón de una cuadrilla ferroviaria. Preguntarse cómo leer esas libretas hoy es una invitación a mirar la Bahía de principios del siglo XX a través de los ojos de un trabajador inmigrante y preguntarse también acerca del largo itinerario de la experiencia migratoria en nuestra zona, a través de la experiencia misma del lenguaje y sus transformaciones.

Participan del encuentro alumnos de Dicción Italiana del Conservatorio de Música de Bahía Blanca, quienes interpretarán canciones de la "Belle époque contadina".

Ana Miravalles es Licenciada en Historia (UNS), responsable del archivo de Ferrowhite, y profesora de italiano en la Asociación Dante Alighieri y en el Conservatorio de Música de Bahía Blanca.

miércoles, 29 de agosto de 2012

IDIOMA, INMIGRACIÓN Y TRABAJO

No digan que no les avisamos con tiempo: el próximo martes 4 de septiembre, a las 19 hs., en el auditorio de Rondeau 26, la Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) celebran el Día del Inmigrante invitando a todos a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX."

A manera de adelanto, compartimos con ustedes este álbum. ¿Qué relación existe entre todas estas imágenes? Tienen 6 días para pensarlo.

martes, 28 de agosto de 2012

LA ARQUITECTURA DEL RECUERDO

La colonia del Inspector de Locomotoras del Ferrocarril Sud cuyos planos publicó Héctor Guerreiro días atrás, resultó ser  la casa en la que vivió parte de su infancia y juventud nuestro amigo Mario De Simón, último jefe de los Talleres Bahía Blanca Noroeste. A continuación, Mario nos invita a recorrer ese edificio de chapa y madera, tal como él, de puño y letra, lo recuerda.


OLORES
Los de la cocina, económica, grande, a carbón, mi mamá le pasaba seguido en la plancha
un limón cortado que generaba un olor particularmente agradable, sobre la plancha se hacían
los churrascos, la cocina estaba siempre en movimiento en la elaboración de las distintas comidas,
contaba con una serpentina para agua caliente la que se almacenaba en un tanque en un plano
superior, sobre la cocina, para el lavadero y el baño.

También, el olor a mar cuando el viento venía de su lado.

RUIDOS
De la calle los de los ómnibus de la línea 1 en ese entonces, cuando pasaban para Bahía
o de regreso sobre el empedrado de la calle Guillermo Torres. También de los camiones con
cereales que iban al puerto y de los carros.

LUCES, SOMBRAS
La de los veladores colocados sobre los sillones para leer o escuchar radio.
La sombra de los tamariscos altos que estaban en el patio cuando bajaba el sol. Todo el alambrado
perimetral estaba con tamariscos.

GALLINERO
Era de una construcción de chapa y alambre extremadamente prolijo y muy amplio,
nunca tuvimos pollos o gallinas, mi papa decía que el deporte de los ferroviarios era robarle las
gallinas al jefe, cosa que pasó cuando estuvimos en la colonia al lado de la usina.

ESCONDITES
Sobre el lateral de la calle Torres había un alambrado y sobre este tamariscos.
Paralelo a estos, a eso de dos metros de separación había otra hilera, que formaban en la parte
superior una glorieta, que no era un escondite pero era agradable caminar por allí.

Sensaciones. Todo el patio estaba cubierto de grava (caracolitos chicos) y al caminar producía una
sensación de caminar sobre una alfombra mullida con un ruido característico



RECUERDOS
Cuando Eva Peron visitó el puerto de Ingeniero White, la comitiva paso frente a la casa y nosotros
estuvimos mirando (debe haber sido alrededor del año 50).

Un día entró un hombre a caballo en nuestro patio. Tenía un pañuelo rojo atado en el cuello y
traía un papel, que le entregó a mi papa y se fue. Allí decía que lo retaba a duelo. 
Mi papa fue a ver al comisario, para hacer la denuncia y no paso más nada.

En el patio había un mástil, donde izábamos la bandera en las fiestas patrias.
El patio tenía una casilla con herramientas y lugar para hacer hobbies o trabajitos pequeños de
mantenimiento.

Eran habituales las partidas de canasta a la noche en vísperas de feriados (hasta muy tarde) con los
vecinos (la familia Marquez).

Un día mientras escuchábamos por radio (sería fin de semana o feriado, porque estaba mi papa,
también) la colisión y hundimiento del buque Maipú, orgullo de la flota mercante Argentina con
un buque holandés. El capitán del Maipú era el hijo de nuestra vecina (Sra. de Marquez). Mi
mama se puso en contacto con ellos para avisarles (el capitán no tuvo consecuencias físicas).

Como en la escuela industrial de Bahía Blanca no había espacio, los que cursábamos el último año
íbamos a la tarde/noche a la escuela. Yo tomaba el tren local (a la tarde) y volvía en ómnibus a la
noche en la línea 1 de la Unión, que me dejaba en la equina de nuestra casa. El ómnibus salía de
la plaza Rivadavia frente al banco Nación. Cuando estaba por salir, se sentía el grito del guarda: 
"Arriba los que van a guaite”. En esa época empecé a trabajar en Mecánica White.



Nuestra familia bahiense nos visitaba, por lo general algún fin de semana tomaban el tren local. La
estación quedaba bastante alejada, aunque en ese momento no nos dábamos cuenta y parecía
normal caminar el recorrido.

Las visitas eran de amigos, por lo general ferroviarios.

Mi primo de Campana, con sus padres cuando se recibió de medico, hicieron un viaje a visitarnos
a White. Comimos un asado hecho en un horno de barro que yo había hecho y estaba, en el patio,
entre la glorieta de tamariscos. Mi primo comentaba a cada rato “deja que caliente el horno el
dueño del amasijo”.

En el patio había flores (un lindo jardín) y una huerta (especialmente tomates y verduras), que era
trabajoso mantener. Al principio el ferrocarril ponía un peón para mantenimiento, pero después
lo retiraron, así que continuó con el trabajo mi mamá.

Mi papa fabricó un telescopio y desde allí mirábamos la luna. Los cristales los hicieron en la óptica
Proverbio (de Bahía).

Para las estufas, el ferrocarril proveía carbón o quebracho como leña. Teníamos una leñera grande
al lado del lavadero.

Las provisiones se compraban en el club de empleados (bazar) que estaba en Bahía Blanca (un
lugar grande) y tenía una sucursal pequeña cerca de la superintendencia en White.

Para comprar ropa mi papá iba a New London en Bahía, quien estaba en contaduría era Ezequiel
Crisol.

Hasta aquí llegue con los recuerdos, pero siempre se puede profundizar un poco más.
Un abrazo

Mario

Nota: Les mando un esquema de cómo estaba ubicada la casa en el predio que teníamos (si la memoria no me falla).

domingo, 19 de agosto de 2012

INGENIERO BLUE

Así se ve Ingeniero White a través de un shablón de serigrafía: 



Andrea, Carla, Cristian, Marcela, Noe y Nicolás se juntan, acá en Ferrowhite, todos los miércoles a la tarde. Les gusta dibujar. Por eso tienen los dedos llenos de tinta. Quien sabe si lo primero que convendría ver en este museo no son las manos de quienes lo sostienen. Un museo taller deja marcas, crea una mancha identitaria que viaja debajo de las uñas. La serigrafía es una forma de organizar ese contagio. En estos meses, Andrea, Carla, Cristian, Marcela, Noe y Nicolás aprendieron a imprimir sobre papel y tela, y ahora van por todo: madera, chapa, vidrio, cerámica, polietileno... Pero el oficio tiene sus mañas. Requiere, en principio, ser capaz de ver las cosas "en negativo". Saber observar, por ejemplo, a una lancha de flota amarilla como una mancha blanca envuelta en una mancha azul, allí donde, convengamos, ni el mar ni el horizonte suelen exhibir ese color. Dibujar para el shablon requiere síntesis y capacidad para invertir el aspecto inmediato de las cosas. Serigrafiar es, en cierta medida, radiografiar las apariencias. Y también un modo alternativo, el que los artesanos encuentran, de entender la producción en serie, esa clase de actividad que en nuestro mundo corre por cuenta de las máquinas, o mejor dicho, de aquellos que deben subordinarse a sus ritmos. Porque a diferencia de las impresiones industriales, en la serie serigráfica no hay reproducciones exactas. Cada copia resulta, en su imperfección, una huella que señala hacia la persona que la produjo. El pigmento que ralea o desborda sobre cada pieza de tela difumina los bordes netos entre lo idéntico y lo desemejante. Diez remeras recién impresas, todas iguales, todas distintas, parecen preguntar a coro: ¿En qué nos parecemos, en qué somos singulares? Y la pregunta se transfiere, como la tinta a través de la trama finísima del shablón, al grupo de "aprendices" y "maestros" que se reúne en este museo a pesar de que el trabajo y la familia casi no dejan tiempo para otra cosa. Porque si la cultura presupone la tarea de un colectivo, no hay práctica cultural que valga la pena, creemos, si no es capaz de interrogar y transformar, aunque sea un poco, al colectivo que la pone en marcha. Para eso estamos acá. Para eso están ellos, con los dedos manchados, listos para dejar su impronta sobre el blanco que cubre tanto el nombre de esta ciudad como el de su puerto, juntos y a la vez únicos, parte de un mismo equipo con camisetas todas diferentes.



Coordinado por Silvia Gattari y Malena Corte, el taller "Cómo funciona la cosa" levanta la persiana todos los miércoles, a las 14 hs., gracias a un subsidio del Fondo Municipal de las Artes.

jueves, 16 de agosto de 2012

ARQUITECTURA FERROPORTUARIA: LA CASA DEL INSPECTOR

Buscando acá y allá, nuestro compañero Héctor Guerreiro dio esta vez con los planos de la casa que el Ferrocarril Sud construyó en White para el Inspector de Locomotoras. Nos cuenta Héctor en su blog Caminos de Hierro en Bahía Blanca:

La casa para Inspector de Locomotoras, edificada por el FCS en Ingeniero White, era amplia bien aireada e iluminada. Unica en su tipo, fue construída de acuerdo a planos aprobados en 1918.


El acceso a la vivienda se realizaba a través de un vestíbulo o hall que comunicaba hacia la izquierda con la sala y a la derecha con el comedor, hacia atrás continuaba una circulación o pasillo hacia los dormitorios y la habitación de servicio.

Un corredor semicubierto  protegía la puerta de entrada, las aberturas de la sala y de los dormitorios.


El dormitorio principal  lindaba  con la sala y compartía con ésta la salida de humos del hogar, otro dormitorio un poco menor en superficie seguía al anterior. Un dormitorio de servicio y el baño principal se encontraban en el interior de la vivienda, al contrario de las casas para empleados en las que el WC era de acceso externo.

La cocina limitaba con el comedor aunque no se comunicaba directamente con éste, compartía la salida de humos de la cocina a carbón con el hogar del comedor. A la cocina se accedía a través del pasillo mencionado anteriormente o desde el exterior a través de un patio. Poseía un pequeño local  para despensa.

En el patio un techado semicubierto para lavadero limitaba con una pequeña carbonera. También en el patio había un WC.

Los pisos del vestíbulo, el pasillo, la cocina  y otras zonas de servicio eran de mosaicos, los demás locales tenían piso de madera (dormitorios, sala y comedor). Los cielorrasos eran de madera machimbrada y la cubierta de chapa galvanizada. Toda la carpintería era de madera.


Esta casa, de importante factura en su época, está en la actualidad deteriorada por la falta de mantenimiento como es común en la casi totalidad de las viviendas construídas por el ferrocarril. La casa para Inspector de Locomotoras debería figurar, por su valor edilicio, entre los edificios considerados de importancia arquitectónica y ser conservada en consecuencia como bien del patrimonio ferroviario local.

miércoles, 15 de agosto de 2012

APOCALIPSIS WHITE


"Apocalipsis White", boceto para serigrafía elaborado por Noe Maceratesi en el taller "Cómo funciona la cosa".

lunes, 13 de agosto de 2012

90-60-90

Las visitas escolares no paran ni con la helada. Con la vuelta a clases, recibimos a los alumnos de 2º año de la Escuela de Comercio de la UNS. Cuatro cursos, acompañados por las profesoras Patricia Jorge, Mercedes Paloto y Andrea Etcheverry, que vienen estudiando el proceso de reforma del estado iniciado durante el primer gobierno de Carlos Menem. 

Con los chicos recorrimos el parque del castillo para descubrir cómo las privatizaciones transformaron el espacio portuario: la constitución de Ingeniero White como un "puerto autónomo", la llegada de empresas transnacionales dedicadas a la exportación granera y a la producción petroquímica, el desguace de la usina General San Martín, el cercado del frente costero y el cierre de espacios de recreo como la playita del castillo, fueron algunos de los temas que guiaron nuestra excursión por La Rambla de Arrieta.

La entrada al museo estuvo marcada por una observación de Pedro Caballero: para entender lo que pasó en los noventa quizás haya que ir más atrás. Pedro contó una vez más cómo era trabajar en el Galpón de Locomotoras de Ingeniero White y señaló que la destrucción de los trenes no comenzó en los años 90’ sino que desde los 60’ se aplicaron medidas que nos terminaron dejando “en pampa y la vía”.

                                   

Estas visitas fueron una buena oportunidad para transformar a El Mecano de la Marea, el juego de construcción que estrenamos durante las vacaciones, en un útil de estudio. 63 botellas de aquarius sirvieron para improvisar una maqueta del Elevador Central con la que los chicos empezaron a hacerse una idea de los volúmenes que se manejan en este puerto. Usando como soporte la balsa de bidones, representamos la extensión de la red vial y de la red ferroviaria (hoy por hoy 70.000 km de carreteras contra 20.000 de vías). 

También comparamos estadísticas de exportación de 1969 y de 2011 para advertir, por ejemplo, que hace 43 años el principal producto que salía por Ingeniero White era el trigo en tanto hoy, por lejos, es la soja. Y nos llamó la atención que el volúmen total de los granos exportados aumentó muchísimo, de un millón y medio a ocho millones de toneladas, en tanto la mano de obra empleada en la operatoria portuaria disminuyó drásticamente. Cosas que te dejan pensando mientras suena la bocina del colectivo  que señala el retorno al aula.

martes, 7 de agosto de 2012

ACÁ ESTÁN, ESTOS SON


El próximo 1° de octubre la usina General San Martín cumple 80 años y en Ferrowhite ya tenemos comisión de festejos. Betiana, Vivi, Leo, Agustín, Gabriel, Victorio y Magalí, le ponen pilas a la idea de recuperar el "castillo de la energía". Pocos de ellos habían nacido cuando la central sufría su definitivo apagón, pero acá están. Mírenlos, el pasado diciembre, zapando un rock 'n' roll con Angelito Caputo, ex trabajador de la usina. ¿Con qué se vendrán l@s pib@s este año?