martes, 27 de diciembre de 2022

CONSERVAR ESO QUE NOS TRANSFORMA

Dice Mario Chagas, en una conversación con Carlos Skliar: “el cuidado de lo contemporáneo, el cuidado de las personas, está en el centro del ser de los museos y eso es extraordinario. Durante la pandemia, la idea de cuidado creció de manera muy especial en los museos porque nos dimos cuenta que es necesario cuidar de las personas y de nosotros mismos”1.

Es probable que esta mirada sobre el sentido de los cuidados haya estado sobrevolando cuando, a mitad de este año, nos sumamos a una propuesta del equipo del Centro de Educación Agraria (CEA) de Cerri: brindar una capacitación en conservas dulces y saladas en el museo. Lo confesó Silvia hace pocos días: “en septiembre ni sabíamos en qué nos estábamos metiendo y ahora, no queremos que se frene”.

El CEA Nº 18 es la única institución de la ciudad que ofrece formación profesional de orientación agraria. Quienes trabajan allí conocían los proyectos de las huertas agroecológicas del Prende y de distribución de verduras a precios justos, y lo que fue la experiencia de la construcción del microtúnel en el parque del museo. Ese conjunto de acciones incidió para que Eva, María del Carmen e Inés reconocieran prácticas comunes entre la escuela y el museo, e iniciaran esta articulación.

Se inscribieron alrededor de treinta y cuatro personas, atravesadas por una diversidad de circunstancias: por ejemplo, Mónica, participante del taller de costura, se anotó “porque quería aprender más que nada en el tema dulce, que no lo tenía del todo claro”. Bety, del mismo espacio, dijo en uno de los encuentros: “me sumé para que mi cabeza estuviese ocupada, me hace bien, me distraigo, jorobando con todas ustedes, me entretengo, y es lindo grupo de amistad”. Herminio, del grupo de nutrición del hospitalito, se incorporó por curiosidad “para saber de qué se trataba, cómo iba a ser lo que se podía aprender”.

Iniciar esto también implicaba facilitar una herramienta de formación con salida laboral (en este caso, con el certificado oficial del CEA) para colaboradorxs y vecinxs del museo. En varias ocasiones, hemos vuelto a la pregunta: “¿y si armamos una cooperativa de mujeres?”, un gesto de organización frente a un problema profundo como es la falta de trabajo. Esta idea, que muchas veces la percibimos como forzada e inalcanzable, se veía más cerca a medida que la experiencia en esta capacitación crecía.

Mermeladas de frutilla y pera. Cebollitas y picles. Tomates al natural. Licores de vino, dulce de leche y tía maría. Esta variedad de recetas en conservas aprendimos a lo largo de doce encuentros en la Sociedad de Fomento del Boulevard. Antes de cada clase, la profe Celina nos subía al grupo de Whatsapp materiales teóricos y nos recordaba las cosas que teníamos que llevar a clase. La cantidad de frascos y botellas envasados de cada jornada, entonces, dependía de los alimentos e insumos que habíamos podido conseguir. Al terminar, siempre nos volvíamos a casa con una conserva para degustar.

¿Por qué se conservan las mermeladas? ¿Qué necesito para hacer una mermelada y que se forme el gel? ¿Para qué medimos el PH? Esta serie de preguntas forman parte de un juego que Celina nos compartió para el repaso del último encuentro. En grupos fuimos intercambiando saberes y, en el ejercicio de pensarlos en voz alta, los íbamos afianzando: es necesario almacenar los frascos envasados en lugares frescos; que la manzana verde es la fruta que contiene pectina y que eso forma el gel de la mermelada; que el tiempo de duración de una conserva es de un año porque al siguiente vamos a contar con los alimentos de estación; que la densidad, el nivel de cocción y la consistencia se miden con el refractómetro y los grados brix; que necesitamos medir el PH para corregir la acidez de la mermelada y que tiene que ser menor a 4,5. Esta fue parte de la teoría que reforzamos luego de incorporar conocimientos desde la práctica. Como dijo Mónica, “así como hubo risas, también hubo concentración en el trabajo”.

Nos quedan saberes técnicos y también, construcción de grupalidad; a partir de escuchar las historias de mujeres de White narradas por Titi bajo la sombra de laurel de jardín; viajar a las huertas de lxs horticultores de Sauce Chico; acompañar el stand del CEA en una feria en el puerto; llegarnos hasta el CIC de Spurr para conocer la experiencia de la cooperativa de mujeres Moras Brix


"En un museo taller solo es posible conservar aquello que se transforma”, se puede leer en un cartel del espacio de cuidado de los objetos de Ferrowhite. Después de atravesar esta experiencia, breve e intensa a la vez, este enunciado sumó una nueva forma de ser explicado. 

Agradecemos a Tita, Graciela, Lorena y Negrita de la Sociedad de Fomento del Boulevard, quienes ofrecieron la sede para hacer este curso y acompañaron cada uno de los encuentros.

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1. SKLIAR, C. et al (2022). Los museos, el mundo (pp. 27-28). Unatinta editorial. 

lunes, 19 de diciembre de 2022

PANADEROS AL VIENTO

Llegó diciembre, y como cada año, nos sobreviene un deseo y una necesidad de hacer un balance del área educativa, de mirar para atrás y repasar el camino transitado. Porque vividas en el día a día, las tareas de lo cotidiano no parecen tantas, pero vistas en perspectiva caemos en la cuenta de que son un montón. Además, la vuelta a la presencialidad en las escuelas tras la pandemia puso de manifiesto la necesidad de poner el cuerpo en acción. Debe ser por eso que recibimos muchísimos más pedidos de visitas educativas que los habituales. Y, debido a esa sobredemanda respecto de los turnos disponibles, a no todos pudimos dar lugar. 

La mayoría de las imágenes de esta entrada, fueron tomadas por lxs docentes durante las visitas. ¡Gracias por compartir el registro!

Si vamos a los fríos números, este año recibimos a 1.900 personas en el contexto de las 67 visitas educativas que realizamos, contando instituciones de educación de nivel inicial, primario, secundario, superior y universitario, espacios de educación no formal, escuelas rurales y especiales. Pero como creemos que las visitas son algo más que una estadística, que son momentos de intercambio sensible y de aprendizaje mutuo, queremos compartir algunas de las cosas que aprendimos en estos encuentros. Si el museo puede ser una caja de resonancia de lo que pasa “afuera”, entonces lo ponemos a disposición para dimensionar lo que se gesta desde los espacios de educación de la ciudad y la región.

Entrar en contacto

Muchas de las visitas arrancaron con un mail enviado a la casilla de Ferrowhite. Como la consulta de Sonia, que solicitaba “información sobre visitas guiadas al museo para 5to y 6to grados de escuela primaria. Estamos viendo inmigración y ferrocarriles”. O Myriam, de la Escuela Primaria Nº 51, quien quería coordinar una visita para los 11 alumnos de la escuela rural ubicada en La Carrindanga y nos advertía: “les dejo mi celular para contactarnos más fácilmente. En el campo sólo se reciben llamadas de WhatsApp.” 

Así que muchas veces, la coordinación para saber qué temas estaban trabajando o con qué actividad les podíamos esperar, seguía por teléfono. Ese contacto previo resulta fundamental, porque pensar y armar una visita para 72 estudiantes no es lo mismo que para 11. Tampoco esperar a un grupo de secundaria que está realizando la primera salida educativa de su trayectoria escolar. Escuchar e intentar dar la bienvenida a esa diversidad es lo que hace que, como siempre decimos, no haya dos visitas iguales. 

Sobre estos modos de entrar en relación charlamos a lo largo del año con varias colegas. La primera fue Paula Laurencena, que vino como docente acompañante y volvió días más tarde con la intención de hacer una crónica periodística a la que tituló “Un museo en movimiento”. Después conocimos a Laura Martínez Bigozzi, quien pronto presenta en Valencia “MARRÓN. Mediadoras Artísticas Rioplatenses y evaluación”, una investigación acerca de las metodologías e instrumentos de evaluación que los equipos de educación usan sobre sus propias prácticas.

Y hace unas semanas intercambiamos con Luciana Levin, quien integra el equipo de Ciencias Sociales de Primaria del Ministerio de Educación Nacional. En el marco de unas jornadas de formación docente, ella nos propuso pensar en la relación entre los museos y las propuestas de enseñanza de la escuela a partir de las preguntas: “¿Cómo establecen el vínculo con las escuelas primarias? y ¿Sobre qué temas que les parezcan que están relacionados a las Ciencias Sociales organizan las visitas de las escuelas?”. En este video del Instituto Nacional de Formación Docente (InFoD), dedicado a “las salidas escolares”, están nuestras respuestas y otras más que interesantes experiencias.

El juego de las palabras

Cada grupo que nos visita, nos permite replantear el modo en que transcurren las dos horas de recorrido por el museo. En ese sentido, las visitas educativas también son momentos de exploración, ocasiones para salir de nuestros lugares habituales como educadoras y probar con otras estrategias pedagógicas. 

Este año, participamos en FLACSO del curso “La narración oral en contextos educativos formales y no formales”, con la intención de acercarnos a ese ancestral (pero vigente) modo de transmisión cultural que tiene que ver con la voz y la escucha. La consigna final nos invitó a narrar relatos populares y leyendas que tengan que ver con el lugar donde vivimos. Y así fue que nos animamos a ensayar algunas historias que circulan por acá, como La mujer de la urna o la de Jorge y el dragón. 

Impulsadas por lo que pasaba en ese curso virtual, en algunas visitas educativas, como la del Jardín Sarmiento, o las Escuelas Primarias N° 29, 69 y 84, hicimos una ronda, invocamos a la escucha atenta y compartimos lecturas en voz alta en el espacio de la Estación. 

Así, pasaron el poema “Trenes” de María Teresa Andruetto, el cuento “Había una vez un barco” de Graciela Montes y “Cuando San Pedro viajó en tren” de Liliana Bodoc. De la mano de estas grosas de la literatura, pudimos abordar el tema “medios de transporte” del diseño curricular de primaria, o simplemente vincularnos con la colección ferroviaria del museo, haciendo uso de “otras palabras”. Palabras de ficción que se entremezclan con las de “la realidad” y que resultan imprescindibles para mirar todo lo que nos rodea con otros ojos.  

El abismo

Si jugar con las palabras es abrir mundos, eso fue lo que hizo Juan Carlos Sandoval durante la visita del Centro Provincial de Prevención de las Adicciones, que funciona en el Hospital Penna. Pendiente desde el año pasado, esta visita venía motivada no sólo por conocer el museo “en sí”, sino para darse ideas de cómo hacer una muestra. 

Resulta que desde que se recuperó el edificio donde hasta el 2011 funcionó el “ex neuropsiquiátrico”, la intención es hacer una exhibición que trate un tema tabú para nuestra sociedad: la historia y el presente de la salud mental. De esta visita participaron integrantes y coordinadores del espacio recreativo “Pilares” y del “Anti-taller” literario que sucede todas las semanas en el CPA. 

Cuando estábamos en el Prende, después de imprimir unos parches con la consigna “Sin mí tampoco hay historia”, Juan Carlos, como un payador que improvisa con lo que sucede en el momento, nos regaló este poema: 


Saberes y modos de conocer

El tema del “modelo agroexportador” ya es un clásico en encuentros con escuelas de nivel primario o secundario. Este año, muchos de los grupos lo complementaron con otros contenidos como “la inmigración” y “el trabajo”; y otros tantos lo tensionaron con problemáticas como “el dragado” e incluso “la soberanía alimentaria”. 

En un año en que se inventó “el dólar soja” para estimular la exportación de cereales (y llenar así las arcas del Estado con verdes billetes), no faltó la pregunta por cómo se distribuye la renta millonaria que por este puerto circula. Y aunque cuesta encontrar respuestas (y no sólo porque no seamos especialistas en economía), valió la pena habilitar esa inquietud mientras, a lo lejos, veíamos cómo barcos de distintas procedencias cargaban miles y miles de toneladas de maíz o de soja para llevarlas a lejísimos destinos. 

     

   Habilitar esas preguntas a cielo abierto tiene que ver con reconocer que en Ciencias Sociales no sólo son importantes los conceptos o los contenidos, sino también los modos en que conocemos: relacionando lo que leemos en los diarios o en las redes sociales con lo que encontramos en una visita educativa; escuchando las experiencias de trabajo de vecinxs; imprimiendo una consigna o una imagen en el taller o bajando a la marea para contemplar todo lo que ahí interactúa. 




Hablar de soberanía alimentaria nos permitió conectar lo que sucede en este puerto con estos asuntos de la escala nacional y problematizar, de esa manera, “los modelos de desarrollo”. Pero también fue el puntapié para compartir con estudiantes y docentes lo que venimos probando en la pequeña escala de nuestros patios. Así, pudimos visibilizar los proyectos de huertas y de distribución de verduras, que se vienen dando desde el 2020 en articulación con el programa Pro-Huerta del INTA, las familias productoras de Sauce Chico y el Hospitalito de White. Fue otro modo de poner en común las reflexiones que, por ejemplo, llevamos al Congreso de Socialización del Patrimonio (SOPA) con el nombre de “La siembra que surca lo que hacemos”, así como también a las Jornadas “La cultura es Salud”, donde contamos la experiencia junto con Gabriela Cabeza, la nutricionista del Hospital. 

Objetos que brillan 

Así como hay temas estrella, este año podemos decir que, para lxs chicxs y jóvenes también hubo “objetos estrella''. La incorporación de una “cajita feliz” de Mc Donald’s a la muestra permanente del museo (en diálogo con un canasto de maquinista) atrajo todas las miradas. Y no hubo una visita en la que alguien no preguntara: “¿Qué hace una cajita feliz en el museo?” 

Reflexionar acerca de lo que puede significar la presencia de este objeto cotidiano pero en el contexto “extraño” del museo, nos llevó a esbozar estas líneas. Porque así como para un ferroviario, encontrarse con una llave inglesa es la puerta para abrir su testimonio de vida y de trabajo, para unx chicx o unx joven, una cajita feliz también despliega la conversación sobre sus vidas. Y, de pronto, los roles se invierten, y somos nosotras las que escuchamos acerca de sus comidas favoritas, de sus consumos cotidianos y hasta de sus primeras experiencias de trabajo. 

Derecho a la ciudad, derecho a la cultura

En otras oportunidades, toparnos con el cajón de cultivos lleno de perejil o con los plantines de tomate en la puerta del Prende, fue lo que nos permitió descubrir que no estamos solxs en este camino de la agroecología. Por el contrario, son muchas las instituciones que están llevando adelante proyectos similares en sus barrios, tanto de huertas y como de iniciativas comunitarias para transformar los espacios cotidianos. 

Por ejemplo, conocimos el proyecto “La escuela y la comunidad cercana. Ecología y derecho” que la Escuela N°510 gestó para el barrio Villa Caracol. Durante este año, en los talleres de huerta y construcciones, lxs chicxs fabricaron canastos de basura a partir de pallets reutilizados para que lxs vecinxs puedan identificar sus casas y de esta manera facilitar el ingreso de los camiones recolectores. 

Se trata de respuestas desde abajo a las problemáticas de “vulnerabilidad ambiental” que son comunes a muchos barrios. Como planteó Mauro Reyes Pontet en el “Informe de Vulnerabilidad Ambiental de Bahía Blanca EPUE – II Semestre de 2021”: “la vulnerabilidad ambiental urbana refiere [no solo] al riesgo de sufrir eventos súbitos de la naturaleza, [sino] también aspectos continuos de daño eventual, como la contaminación y el acceso escaso o nulo a infraestructura y servicios básicos.” 

Este informe hace público lo que es cotidiano para muchxs vecinxs de la gran Bahía Blanca: la vivencia desigual de la ciudad según donde vivamos. Que si un barrio tuvo un crecimiento más espontáneo y no tan planificado, faltan los servicios básicos de luz, gas y agua; que si las calles son demasiado angostas, es difícil que una ambulancia pueda entrar en un caso de emergencia; que si las calles son de tierra, cuando llueve se complica para que entre el colectivo y por lo tanto muchas veces no se puede ir a la escuela.

En este punto, el derecho a la ciudad se vincula con el derecho a la educación y a la cultura. Fueron muchxs lxs docentes que nos contaron de las dificultades para juntar la plata y pagar el colectivo, o que optaron por venir en la 500 porque era más económico que un ómnibus contratado. También recibimos varias consultas, como la de Sandra, de la Escuela N° 48 "Eduardo Mallea”, quien “quería saber si tienen servicio de colectivo. Nuestro alumnado no cuenta con recursos económicos para afrontar los costos del viaje. Otros años hemos estado de visita con un guía de turismo partiendo de la Municipalidad.” 

La postpandemia evidenció la profundidad de la crisis económica que afecta a muchísimas familias. Un dato para señalar es que de la totalidad de las visitas recibidas, más de un tercio fueron de establecimientos de educación privada. Y esta tendencia en alza respecto de otros años, nos hace señalar con preocupación la hipótesis de que la visita al museo, en lugar de ser un derecho, se esté volviendo un elemento de desigualdad social. En ese sentido, si no se garantizan desde el Estado los recursos para que las escuelas puedan llegar hasta acá, sólo van a tener “acceso a la cultura” aquellos grupos que puedan pagarlo. 

El principio no tiene fin

Como estas preocupaciones, que nos acompañan no sólo un día, sino muchos, las visitas tampoco arrancan con poner el pie en el museo. Además de llenar un montón de papeles y autorizaciones, en las semanas o meses previos, lxs docentes van amasando la salida educativa con lxs estudiantes: hacen lecturas, discuten temas o investigan diversas cuestiones. 

El grupo de Historia del Arte de la carrera de Historia de la UNS, por ejemplo, estuvo trabajando previamente con la lectura del libro “Las hebras de la trama” de la Asociación de Trabajadores de Museos (ATM), tratando de pensar en la distinción entre “museos para ver y museos para hacer”. 

Antes de venir, hicieron una “etnografía digital” de las redes de los museos de la ciudad para detectar: “¿Qué representaciones acerca del rol de los museos en la sociedad se hace manifiesta en los posteos analizados? ¿Es posible detectar cambios antes y después del establecimiento del ASPO por la pandemia Covid 19?” 


La profesora Ana Vidal nos compartió algunas de las miradas atentas de lxs estudiantes, como la de Catalina, quien, tras un minucioso repaso por los posteos del museo en redes sociales, escribió esto:

“Si algo caracteriza a Ferrowhite es que abandona absolutamente aquella idea del museo donde sólo se observa y no se toca. (...) Ferrowhite ha implicado un espacio de acción y un lugar de encuentro desde siempre, sea en el emplazamiento mismo del museo durante el segundo semestre del 2019 o en los hogares de cada unx de lxs adultxs y niñxs que lo conforman a él y su taller, el Prende, durante el 2020. 

(...) Habiendo navegado por las publicaciones que comprenden desde julio del 2019 hasta junio de 2020 es fácil notar que es un lugar que establece relaciones horizontales, se guía por la idea de fratrimonio, entendida como la socialización y creación de saberes y bienes culturales construidos de forma horizontal con lxs pares (ATM, 2021:34). Ferrowhite y el Prende están al servicio del desenvolvimiento social y cultural…”

Panaderos al viento 

Un parche pegado en la espalda de una campera, un folleto hecho con dibujos y palabras de lxs chicxs del Jardín N° 905, el haber escuchado a tu abuelo (a quien no conociste personalmente) en los teléfonos del museo… ¿Hasta dónde llega la visita? No sabemos. El gesto educativo es un poco como lanzar un panadero al viento: no se puede predecir qué rumbos seguirá o cuándo volverá a germinar en otro lado. 





Fotos que nos compartieron Daniel y Rocío después de las visitas del CPA y el Jardín N° 905.

Sin embargo, a veces llegan ecos de lo que queda resonando tras la visita al museo, estelas como las que deja la marea en la playita de la usina. Y esa noticia inesperada es la que vuelve a encontrarnos con el sentido, la razón por la que hacemos lo que hacemos, tanto en el museo, como en las escuelas. Como el testimonio de Esteban Sabanés, docente de la Escuela Técnica Nº1 de White, quien puso en palabras la sorpresa que significó para todxs cruzarnos en sala con Nicolás Angel Caputo, antiguo trabajador de la usina y amigo del museo


Angelito Caputo y lxs pibes de la Técnica N° 1 de White


“Los laburantes del museo juran y perjuran que hacía mil años que Angelito Caputo no pisaba el suelo adoquinado de ese lugar. Y volvió justo este jueves, que estábamos de visita con les pibes de la Técnica de White. La imagen no miente, el cruce no pudo haber salido mejor: saberes, escuchas, recuerdos y callada admiración mientras el hombre escafandra contaba una y mil historias del trabajo en tiempos de la Usina y del presente también, que parece ser, lo tiene tan ocupado como entonces. Y a fuerza de suceder, de tanto en tanto, uno cree en estos pequeños milagros, en esas hermosas casualidades que, ni más ni menos, te alegran lo que queda del día. Y más también.”

O la conclusión que Andrea, una estudiante del 1er Año del Profesorado de Educación Especial del Instituto Avanza, escribió para el informe que tenía que realizar para la materia de Práctica sobre la visita al museo como espacio de educación no formal:

“Ya he asistido varias veces a Ferrowhite por mi cuenta, pero con visita guiada cambia mucho la experiencia, es uno de los lugares que más me ha gustado de todos los que visitamos, me sentí muy cómoda con el trato de las personas que se encuentran allí trabajando. Volvería mil veces a disfrutar del establecimiento ya que me conecta con mi papá, quien ha crecido en White y siempre me cuenta historias de lo que vivió allá… A partir de esta visita y conociendo un poco más sobre la historia de las instalaciones, me deja intervenir en sus recuerdos haciéndole preguntas para refrescar su memoria.” 

¿Dónde está usted? 

Este texto llega a su final con un pedido de disculpas para quienes, del otro lado de la pantalla, hayan sentido atravesar un torbellino de temas. Pero creemos que esa multiplicidad da cuenta de la tarea educativa. Parafraseando un poco al artista Luis Camnitzer, podemos decir que un museo (público) es como una escuela (pública) precisamente por todas las conexiones diversas e inesperadas que aloja como posibles. Y porque asume al aprendizaje como una tarea infinita que, sin embargo, se juega día a día en lo concreto.

Tal vez por eso, “Aquí está el presente”, fue la consigna con la que arrancó el encuentro sobre prácticas pedagógicas en espacios culturales que tuvo lugar en septiembre en el Centro Cultural Kirchner en CABA. Pero inmediatamente apareció la pregunta: “¿Sobre qué presente?” 


Durante tres días, educadores de museos, bibliotecas y centros culturales de muchos lados del país compartimos experiencias, exploramos herramientas desconocidas y discutimos sobre políticas públicas, diversidades y los efectos de la pandemia, entre otro montón de temas. Fue necesaria y muy valiosa esa pausa para habitar un espacio de formación y (re)creación de educadores y poder pensar acerca de los bordes y desbordes de nuestra práctica cotidiana. En el micrositio Usted está aquí quedaron guardados distintos materiales (podcast, registros, audios, charlas, imágenes) de lo que fue la previa, los ecos y el día a día del encuentro.

Y en este diciembre de muchas copas alzadas, queremos sumar otro motivo de festejo: la publicación de Escribir al hilo, el libro que salió de la clínica de escritura que el año pasado organizaron la Fundación PROA, de Argentina, y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), de México. 


Se trató de una experiencia que nos estimuló a escribir sobre las prácticas educativas que llevamos a diario como un modo de dejar memoria de lo que hacemos, pero también de sistematizar todo lo que se reflexiona alrededor de lo que se hace. “Andá vos a lavar los platos” es el nombre del texto que escribimos y en él tratamos de recuperar lo que fue el proceso de trabajo colectivo alrededor del juego que está en sala para pensar sobre los trabajos de las mujeres. 

Nos despedimos hasta el año que viene, no sin antes mencionar a todos los grupos que nos visitaron durante el 2022 y agradecer a lxs docentes y coordinadores, que son quienes hacen lo imposible para llegar hasta acá. 

¡Gracias!

Martín Sequeira - Luciana Kellner - Oscar Benítez Jara - Ana Nebbia - Gabriela Beretta - Andrea Pasquaré - Daniel Benavidez - Romina Brizzola - Florencia Molina- Natalia Martinez- Federico Baez - Cinthia Stefanu- Andrea - Veronica Breglia - Carla Volonterio - Maribel González- Paula Laurencena- Silvia Pellegrini- Leonardo Diez - Rocío Méndez Perrone - Claudia Flores -Sandra - Analía Pereyra - Emanuel Rundau - Esteban Sabanés - Thelma Rusin - Alejandro – Alejandra Gonzalo - Sandra García - Isabel Morán - Ana Lucía Carta- Carla Harispe - Anabella Muller - Juan María Pianessi- Carolina Trobbiani - Maia Nosei- Mariana Peralta- Eugenia Justo - Hugo Carabajal - Carmen Lambrecht - Gisselle Virginia Cassano – Mariana Pratz - Maricruz Tolosa- Sonia Fuentes- Miriam Cony - Sonia Escarza- María José Durán - Carla Fernández- Silvana - Luján Cocce - Paola Solanilla -Juliana Peter - Marisol González - Gabriela Galiana - Tatiana - Natalia Sardiña - Rocío Belapolsky.

Instituciones de Educación de Nivel Superior: UTN - Historia del Arte de la UNS - Profesorado de inicial de la UNS - Profesorado de Educación Primaria, de Educación Especial y de Historia del Instituto Avanza - Espacios de Educación no formal: Centro de Prevención de las Adicciones del Hospital Penna - Grupo Scout San Roque - Sueños de Barrilete - Programa ENVION Boulevard- Saladero Educación Especial: Escuela Nº 510 - Escuelas Rurales: Centro de Educación de la Producción Total de Aparicio - 2do y 6to grado Escuelas Rurales de Pringles – 2do a 6to grado Escuela Rural Nº 51 - Escuelas de Educación Secundaria: 5to año de la Escuela de Educación Media Nº 19 - 6to año Colegio Sarmiento - 6to año Colegio Sagrado Corazón –  4to y 60 año Escuela Media Nº 11 - 4to y 5to año Colegio Juan José Passo - 2do, 3ero, 5to año Escuela de Educación Técnica Nº 2 - 4to año Escuela Técnica Nº 1 - Escuela de Educación Secundaria Nº 43 - 5to año Escuela Secundaria Nº10 - Anexo Escuela Secundaria Nº 32 - 5to año Escuela Media Nº 8- Escuela Secundaria Nº 2 de Buratovich-  6to año Escuela Secundaria Nº 6 - 6to año Colegio La Asunción - 5to año Colegio Don Bosco- 4to año Colegio Claret - Escuela Media Nº 3 - 1er año Escuela Secundaria Nº 38-  5to año Escuela Nº 1 Ascasubi 4to año Escuela Media Nº 13- 5to año Instituto San José de Dorrego - 4to año Escuela Media de la Universidad de La Pampa - 5to año Colegio Thompson - 3er año Escuela Secundaria Nº 44 - Escuelas de Educación Primaria: Centro de Educación para Adultos Nº 703 - 5to grado Colegio Victoria Ocampo-  5to y 6to grado Escuela Primaria Nº 78- 3er grado Escuela Nº 55 - 2do grado Escuela Nº 84 - 6to grado Colegio Rosario Vera Peñaloza - 1er grado Escuela Nº 29 - 4to y 5to grado Escuela Nº 74 – 6to grado Escuela Nº 39 - 2do grado Escuela Nº 29 - Instituciones de educación de nivel inicial: Sala de 5 Jardín de Infantes Nº 905 - Sala 4 Jardín - Sala de 3 Jardín Colegio Sarmiento.

miércoles, 14 de diciembre de 2022

GESTOS DE SOBERANÍA ALIMENTARIA

Desde comienzos del 2021, en vinculación con el Área de Nutrición del Hospital de Ingeniero White, lxs productores hortícolas de Sauce chico y Colonia La Merced y el INTA, iniciamos un proyecto de distribución de verduras frescas con la intención de ayudar a parar la olla de algunas familias. En ese contexto de emergencia social y sanitaria, la sostenibilidad de la vida se encontraba fuertemente amenazada. 

Desde entonces, cada 15 días, en el portón de acceso al museo se entregan bolsas de cinco variedades de verduras, todas de estación, de producción local y a precios justos. Es una iniciativa que busca conectar a los barrios de Ingeniero White con el cultivo agroecológico y vincular de una manera más directa a quienes consumimos y a quienes se encargan de producir algunos alimentos. A su vez, dar la chance de incorporar en nuestra alimentación una mayor cantidad y variedad de verduras. En palabras de Gaby, la nutricionista del Hospital, “lo que llena estos bolsones no es otra cosa que el deseo organizado de comer sano, rico y, en comparación con las verduras del mercado, más barato”.  

El viaje de las verduras dibujado por Silvia

SEGUIMOS ¿CÓMO? 

Hace algunas semanas, tuvimos la necesidad de compartir un balance sobre este proyecto porque veíamos que en algunas entregas los pedidos superaban las 100 bolsas y en otros no pasaban de las 50. Les preguntamos ¿por qué deciden continuar comprando verduras acá y no en otro lugar? A pesar de esos vaivenes en los pedidos, similares a los que hace la combi del INTA hasta llegar al museo, escuchamos reflexiones que nos impulsaron a seguir: 

Yo vengo a buscar las bolsas hace ya más de un año y, para mí, que se yo, vienen cosas abundantes, y a mí me sirve porque en los tiempos que corren tampoco podés agarrar y tener que elegir, entonces yo elijo esto, y aparte es más barato también y vos sabes que venís acá y es buena mercadería. (Herminio Onorato) 

Soy de acá de White y vengo a buscar las verduras porque están buenas, siempre son lindas, bien, y es más que nada para la ayuda de gente de acá del campo, de acá de la zona y me gusta, aparte que nos gusta la verdura, somos de comer muchas verduras por mi nena que es vegetariana, lo que viene de variedad, me sirve. (Yanel Sartori)


DESEO CUMPLIDO

Luego de mucho planearlo, días atrás, algunas integrantes de esta red de comercio visitamos las quintas de lxs horticultorxs "Prosauchi". También se sumaron participantes de los otros proyectos comunitarios del Prende, como el de las huertas caseras, del taller de costura y la capacitación en conservas. La “salida educativa”, esta vez, nos tocó a lxs grandxs.


Varios motivos estaban detrás de este viaje, en principio, encontrarnos algunas de las personas que integramos este canal de comercialización, ya sea desde un rol de producción, reparto o como consumidorxs. Por otra parte, por las ganas de conocer a las personas que cuidan las verduras de las bolsas; nutrirnos de sus historias de vida y de trabajo. Y una inquietud estaba latente "¿habrá cosas en común entre lo que hacen a diario y las experiencias de las “huerteras del Prende”?

 

REDES TÉCNICAS Y AFECTIVAS

Pablo García y Belén Giacotto, compañerxs del INTA, nos esperaban en el parador El Cholo y una vez en el colectivo oficiaron de guías para orientar al chofer hasta la colonia Sauce Chico.

Antes de entrar, Gaby le dice a Pablo: "la producción de acá y la venta directa, ¿por qué son importantes para nosotros y para los productores?”. Su pregunta nos llevó a conocer en mayor profundidad el trabajo que sostienen hace más de tres décadas desde el INTA.

Para los productores es muy importante porque es el medio de vida, las familias viven exclusivamente de lo que producen, no es que trabajan de otras cosas y esto lo tienen como otra actividad secundaria; todas las familias viven de esto y trabajan de esto; trabaja el matrimonio, la pareja, los hijos, los más chicos van a la escuela y los más grandecitos van colaborando con las quintas, haciendo atados.

Después nos contaron de la tarea que realizan junto a familias de la zona, sean productoras de verduras o las que se dedican a la cría de animales. “Desde los programas Pro-huerta y Cambio rural acompañamos a las familias, no solo con saberes técnicos, sino desde un abordaje que toma en cuenta la calidad de vida”, agregó. Y a través de estas reflexiones amplió:

Estos programas son hijos de la década del 90, de la crisis. Desde el 2014, Cambio rural hace un giro y empieza a mirar a pequeños productores, que están en las inmediaciones de la ciudad y que no hacen ni vacas ni trigo”. 

“Cambio rural favorece la conformación de grupos de productores, en este caso son dos grupos de productores hortícolas que tienen  un coordinador técnico. En esta cuenca también hay muchos productores porcinos, de productores de cerdos también, de pequeña escala; también tenemos un grupo que se llama Producerdo, que es un grupo de por acá y con la misma lógica, organizarse, vender directamente, revalorizar el producto local que se hace acá”.

“Con Belén acompañamos a distintos sectores porque no es solo lo productivo, no vamos al chancho, a la oveja, a la verdura, si no al sistema, ¿no?. Nosotros acá no estamos acompañando verduras si no familias que producen, de mantener la escuela, de que si el puente se cayó, gestionar que se construya de vuelta. Ahora estamos dando la pelea por el agua acá en Sauce Chico. Hay un montón de factores que no van a lo técnico de cómo sembrar si no de que todo esto se sostenga y el alimento esté cercano y preservar esto que nos queda, que es poco, quedan pocas familias, se ha reducido casi al 50 % en los últimos veinte años”. 

PROSAUCHIS

La red ProSauChi está conformada por doce familias. Sin intermediarios que incrementen el costo de los alimentos y en un área de casi 200 hectáreas alquiladas, llegan a una gran población (actualmente entregan un promedio de 300 bolsas por semana). En simultáneo, realizan ventas a verdulerías y comercios como el Mercado Thompson. 

Se reúnen todos los meses para consensuar las variedades y los precios de las verduras. Y la composición de la bolsa varía según lo que cada familia tiene.

Sus huertas están ubicadas en el último cordón peri-urbano de Bahía Blanca, en una de las pocas zonas de quintas que quedan. Las de los barrios Aldea Romana, Gral. Cerri y Villa Belgrano, por ejemplo, se fueron perdiendo frente al avance de la urbanización. 

Más allá del ingreso de las familias, esto es importante porque es el último centro de producción de verduras frescas que tiene Bahía Blanca y esto antes se estiraba por toda la zona donde está Walmart, Aldea Romana, la parte de Villa Belgrano; eso era todo quintas, todo eso desapareció, ahora está todo loteado y esto es lo único que queda como producción hortícola fresca. Para nosotros es importante sostenerlo y para la comunidad, es una manera de sostener el alimento, o eso que a veces llamamos ‘soberanía alimentaria’, esa independencia de poder elegir qué comer y no depender de la verdura que viene de afuera.  



LA QUINTA DE ANTONIO

Preparamos el mate y armamos la ronda para disponernos a la escucha. “¿Cómo es un día de trabajo en este lugar?” “¿Qué te gusta y que no de este trabajo?” "¿Desde cuándo estás en Prosauchi?" Las preguntas de las visitantes contrastaba con el aplomo de su voz, como de quien habla desde lo que más sabe.

Antonio Gareca nació cerca del río Bermejo, en el límite entre Bolivia y Salta. De familia campesina, hace veinticinco años se vino hasta la Argentina para dedicarse a la cosecha de la cebolla en Pedro Luro. Y hace unos siete, con el propósito de no depender de un solo cultivo, reparte su fuerza de trabajo y tierra entre esta variedad y verduras de estación: “así, si te fracasa una verdura, te salvan las otras”.




AUTOCUIDADO

Allá y más acá, en zonas rurales y urbanas, cada vez más personas intentan otras formas de vivir, que toman en cuenta las cuestiones socioambientales, y los ciclos de la vida y la naturaleza. 

Este año, los proyectos de las huertas y de distribución de verduras del Prende continuaron ramificándose, y desde septiembre estamos realizando una capacitación en conservas dulces y saladas en articulación con el Centro de Educación Agraria de Cerri. Estos pequeños proyectos, atravesados por grandes problemáticas como el acceso a la tierra, la alimentación saludable y el derecho a la salud, encuentran en la práctica misma puntos de contacto con nuestras ideas (y contradicciones); cuando esa sinergia se produce, se incorporan con naturalidad en nuestras prácticas diarias.

Esa tarde, el grupo de mujeres que impulsó y sostiene este conjunto de acciones, cambió la dinámica diaria para conectar con otros puntos de vista y emprendió un viaje a 22 kilómetros de casa. Las economistas feministas afirmarían que priorizaron el trabajo de autocuidado. En el mismo deseo cumplido del viaje, en las diversas cosas compartidas, la confianza entre todas se afianza.