miércoles, 9 de marzo de 2016
jueves, 3 de marzo de 2016
DURMIENTES VOLADORES
Seguro escuchaste hablar de los Jardines Colgantes de Babilonia. Bueno, ahora tenés que conocer las Parrillas Colgantes de Ferrowhite. La Rambla de Arrieta ya tiene su primera mesada de quebracho ferroviario. ¡Y vuela!
viernes, 26 de febrero de 2016
ARRIBA LA PERSIANA
Pedro Marto y toda la barra del museo taller te esperan este y todos los fines de semana, de 16 a 20 hs.
martes, 23 de febrero de 2016
domingo, 21 de febrero de 2016
FIN DE SEMANA ENMASCARADO
lunes, 15 de febrero de 2016
UN MUSEO EN LA PILETA
Las aguas del estuario de Bahía Blanca no son justamente cristalinas, pero su opacidad oculta tanto como deja ver. Pinzas de cangrejo, porotos de soja, hilos de tanza, pellets de polietileno y bacterias coliformes, son indicios minúsculos de grandes procesos en los que naturaleza e historia no pueden entenderse por separado. Como si la ría fuera un descomunal archivo a la espera de su intérprete, en el que sedimenta, tal vez, nuestro propio retrato.
Queremos agradecer a Patricia González y Daniel Porte de la Reserva Natural Bahía Blanca, Bahía Falsa, Bahía Verde (OPDS), por la ayuda fundamental. También a Esteban Sabanés, Guido Poloni y a todos nuestros compañeros municipales que hacen de Maldonado un lugar en el que tantos la pasamos tan bien.
viernes, 12 de febrero de 2016
jueves, 11 de febrero de 2016
EL TESORO DE LA ESTACIÓN GARRO
Como todo tesoro que se precie, este estaba bien escondido. Rubén Cesar Pérez apareció por el museo con una caja de cartón entre manos. Adentro, decenas de remitos y guías de carga de trenes que llegaron a Ingeniero White allá por 1911. Cuenta Rubén que encontró estos papeles en el alto entretecho de la estación Garro. Imposible saber quien los puso allí, pero en ese lugar esperaron, tal vez, más de un siglo para volver a salir a la luz.
Inaugurada en 1903 bajo el nombre de Murature, Garro fue la estación que el Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste construyó en Ingeniero White. A partir de 1904 en manos del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP), funcionó como una estación de enlace, próxima al punto en el que las vías del BAP, propietario de Puerto Galván, empalmaban con las del Ferrocarril Sud, que había establecido en White sus instalaciones de embarque. No era, por tanto, una estación a la que llegaran muchos vagones con cereal. Estos papeles registran, en cambio, el arribo de los materiales que iban dando forma a un puerto y un pueblo por entonces en plena expansión: de leña a caramelos, de bibliotecas a bordalesas de vino.
De estos hallazgos está hecha nuestra pequeña fortuna. El pasado, en definitiva, se parece al entretecho de una estación fuera de servicio. Es un lugar oscuro y de difícil acceso. Cada documento encontrado es un agujerito en la chapa, una hendija en la pinotea, un punto de luz.
Inaugurada en 1903 bajo el nombre de Murature, Garro fue la estación que el Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste construyó en Ingeniero White. A partir de 1904 en manos del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (BAP), funcionó como una estación de enlace, próxima al punto en el que las vías del BAP, propietario de Puerto Galván, empalmaban con las del Ferrocarril Sud, que había establecido en White sus instalaciones de embarque. No era, por tanto, una estación a la que llegaran muchos vagones con cereal. Estos papeles registran, en cambio, el arribo de los materiales que iban dando forma a un puerto y un pueblo por entonces en plena expansión: de leña a caramelos, de bibliotecas a bordalesas de vino.
De estos hallazgos está hecha nuestra pequeña fortuna. El pasado, en definitiva, se parece al entretecho de una estación fuera de servicio. Es un lugar oscuro y de difícil acceso. Cada documento encontrado es un agujerito en la chapa, una hendija en la pinotea, un punto de luz.
miércoles, 3 de febrero de 2016
HISTORIA QUE CAMINA LA CALLE
Jorge Moyano y Federico Ritacco decidieron transformar en afiche una de las fotos que forma parte de la colección del museo. Una imagen de los Talleres Bahía Blanca Noroeste "para no olvidar lo que pasaba", dicen, en el lugar en el que hoy gana forma, con ayuda de muchos vecinos, el Parque Noroeste. Las impresiones se hicieron en el taller de serigrafía "Prende" -nuestras compañeras Malena Corte y Silvia Gattari dieron una mano en eso-, y con los afiches a cuestas, Federico y Jorge salieron de pegatina por el lugar en el que hasta no hace tanto funcionaron los talleres.
La imagen del galpón de montaje en plena actividad se adhiere, engrudo mediante, a las paredes arrasadas de ese mismo galpón, última construcción en pie del que fuera uno de los establecimientos ferroviarios más grandes del país. Unida al ladrillo, ampliada y multiplicada más allá de la sala del museo que la exhibe y del archivo que la protege, la imagen nos interpela de otra manera. Como si dijera: entre aquello que hubo y esto que queda, algo pasó. Algo falta porque fue demolido sobre el terreno y también en nuestra propia conciencia.
Pero, en rigor, la imagen no dice nada. No tiene rótulo, no comunica un eslogan, no porta ninguna consigna. No hay un solo modo de entender la acción de Fede y Jorge. A nosotros nos parece, en todo caso, que invita a formular preguntas. No sólo ¿Qué pasó acá? sino también ¿Cómo fue que dejamos que sucediera? ¿Cómo fue que estos talleres, claves para la vida del barrio y de la ciudad, pasaron a ser concebidos como un mero obstáculo? Y más allá: ¿Cómo se fabrica a lo largo del tiempo ese "sentido común" que impone en cada uno una idea de lo propio y de lo ajeno, de lo que es patrimonio de una comunidad o de apenas de unos pocos? ¿Y quiénes lo producen?

Un museo taller es algo más que un espacio de muestra. Supone, por ejemplo, la capacidad de salir con una imagen a la calle, pero sobre todo, la posibilidad de colaborar con otros -sin que importe demasiado el rótulo, "vecinos", "artistas", "ferroviarios"- en esa tarea, que no es sólo la de conocer un poco mejor el pasado sino la de convertir ese conocimiento en el fundamento de una noción compartida de solidaridad y de igualdad que, aunque así dicho suene ingenuo o desmesurado, nos ayude a hacer de esta, una sociedad un cachito menos injusta.
Coordinada por Agustín Rodríguez, la producción de estos afiches forma parte de "Intervenidos", un programa de UNSTV que promueve la realización de "intervenciones en espacios públicos de nuestra ciudad que combinan la acción de artistas y vecinos del lugar". Las fotos que integran este álbum fueron tomadas por Dani Aduriz.
sábado, 30 de enero de 2016
WINCOFON
Hoy se cumple un año de la muerte de nuestro querido Pedro Caballero. En Ferrowhite, Ravel y su bolero vuelven a girar en el Winco.
miércoles, 27 de enero de 2016
ESTALLÓ EL VERANO
Enchufar a trifásica, arrancar la sierra, manguerear con la hidro, limar con la mola y hacer piruetas sobre la barreta para que el clavo, por fin, zafe del durmiente. Mientras en otras orillas el verano "estalla", en La Rambla de Arrieta es una construcción paciente.
viernes, 22 de enero de 2016
YO SOY BENTEVEO
El último sábado, junto a nuestro amigo Ezequiel Semo, fuimos a Saldungaray a conocer el taller de Adolfo Ferreira. Llegamos, por las dudas, después de la siesta, pero como intuíamos, a esa hora Ferreyra tampoco descansa.
“Del museo Ferrowhite”, le decimos, “venimos a conocer el cochemotor”. Y en eso estaba precisamente Adolfo, esa tarde calurosa. Una "idea loca" que de a poco va tomando cuerpo: fabricar un vehículo doble comando con capacidad para 26 personas. Ya están listas las ruedas y el chasis. La idea es andar por la vía entre Carhué y Epecuén "o por donde la Comisión Nacional de Regulación del Transporte me habilite". Y si no, "lo corto en pedacitos y lo vendo como souvenir”, bromea.
“Del museo Ferrowhite”, le decimos, “venimos a conocer el cochemotor”. Y en eso estaba precisamente Adolfo, esa tarde calurosa. Una "idea loca" que de a poco va tomando cuerpo: fabricar un vehículo doble comando con capacidad para 26 personas. Ya están listas las ruedas y el chasis. La idea es andar por la vía entre Carhué y Epecuén "o por donde la Comisión Nacional de Regulación del Transporte me habilite". Y si no, "lo corto en pedacitos y lo vendo como souvenir”, bromea.
Adolfo trabajó un año en los talleres de Boulogne del ferrocarril Belgrano. Entró de peón y terminó siendo jefe de cuadrilla de relevo, haciendo la reparación de los coches de pasajeros en el turno de la noche. Desde hace 35 años vive en Saldungaray. En la esquina de Pellegrini 107, atiende junto a sus hijos la carpintería que ocupa el edificio de la antigua Farmacia de las Sierras. Ahí fabrican, entre otras cosas, puertas, muebles, alacenas y ruedas para carruajes. La carpintería no ocupa sólo el salón sino que se extiende por el patio: sierras, tupís, tornos, agujereadoras y otras herramientas de todo tipo y tamaño se entreveran con árboles de ciruela, fierros y lonjas de madera cortadas ahí mismo y apiladas.
Como las pestañas de las ruedas de un tren que se balancean sin tocar el riel, la conversación hace equilibrio entre temas varios. Adolfo pasa de explicarnos cómo funciona el cochemotor que está fabricando -“sencillo, para que cualquier mecánico pueda arreglarlo”- a los problemas del transporte en Argentina, muchos menos fáciles de resolver: camiones muy grandes y autos veloces sobre rutas hechas para carretas como las que él repara. De mostrarnos el barco que hizo para la escenografía de un acto escolar (cuyo efecto de navegar entre olas no pudo ver porque era él mismo quien lo hacía funcionar), a contarnos el chiste de un paisano que al bajarse del tren en Retiro encuentra una locomotora manicera y empieza a golpearla diciendo que “a estas hay que matarlas de chiquitas, porque de grandes te arruinan el ganado. A mí ya me mataron tres.”
Ir a conversar con Adolfo no es hacer una entrevista del modo convencional: no concertamos una cita, no llevamos grabador, no tenemos en mente una serie de preguntas insoslayables. En este caso el orden, “el despacho” de la información, como diría Semo, adquiere una forma particular. Sucede a medida que se muestran unos bocetos, se acciona una palanca o se dibuja, o se cuenta, a medida que se conoce al interlocutor: “¿Vos qué sos, carpintero o benteveo?”, le pregunta a Guillermo. Y enseguida distiende, “yo soy benteveo”.
Lo ponemos al tanto del proyecto que estamos llevando adelante en la Rambla de Arrieta de construir mobiliario exterior con viejos durmientes de ferrocarril, y de los problemas que surgen de enfrentar en la práctica una madera tan pesada y dura. “¿Cómo se corta, cómo se agujerea el quebracho?”, preguntamos entre urgidos y esperanzados. Adolfo pone a disposición lo que aprendió en los tres años que hizo en la escuela industrial Raggio pero sobre todo lo que experimentó en sus treinta y cinco años de oficio. “Mejor si está mojado”, dice, y enseguida aclara "no es que sea un genio”. Descubrió ese yeite luego de que una lluvia de invierno le empapara una pila de durmientes que tenía en el patio lista para cortar. “Y se cortaban como manteca”. Como un alquimista generoso, nos revela uno de los descubrimientos de su laboratorio a cielo abierto. Acaso porque sabe que para aprender carpintería hay que mirar “lo que se hizo antes”. "Descular un oficio" como se devana un ovillo de lana o se desarma un vagón de madera, empezando justo por el final.
miércoles, 13 de enero de 2016
VERANO EN LA RAMBLA DE ARRIETA
En Ferrowhite el verano nos encuentra en malla y borcegos de seguridad, acarreando toneladas de durmientes. Más de un centenar de durmientes de quebracho colorado que Ferroexpreso Pampeano reemplazó en la playa de maniobras de Ingeniero White, con los que vamos a armar bancos, mesas y fogones para La Rambla de Arrieta.
Levantar estos durmientes supone tantear el peso de esa historia y el desafío de construir a partir de ella.
Quebracho, o sea: árbol que quiebra el hacha de quien quiere talarlo. Madera tan dura que soportó el peso de miles de vagones sepultada por décadas en la tierra salitrosa. Durmientes cuya fortaleza evoca el esfuerzo descomunal de los hacheros del monte chaqueño, de los carpinteros ferroviarios y de los catangos que con ellos tendieron kilómetros y kilómetros de vías. Pero también nombres como el de "La Forestal", la compañía inglesa que, entre fines del siglo XIX y principios del XX, arrasó con 2.000.000 de hectáreas de quebrachales en Santa Fe, Chaco y Santiago del Estero. Una historia que hace eco con los desmontes que el boom sojero de los últimos años impulsó en el norte de nuestro país.
Levantar estos durmientes supone tantear el peso de esa historia y el desafío de construir a partir de ella.
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