martes, 6 de marzo de 2018

LOS NOMBRES DE LA HISTORIA


El otro día pasamos por la casa de Hebe Perez Botter. De sus manos recibimos tres libretas que pertenecieron a su padre Francisco, quien fue jefe de personal en el Mercado Victoria hasta 1952. Las libretas contienen un registro manuscrito de los trabajadores de la sección Tráfico del Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste, de 1891 a 1904: 56 argentinos, 49 italianos, 24 españoles, seis ingleses, tres suizos, tres uruguayos, dos franceses, un alemán, un belga, un noruego y un canadiense, que se desempeñaron como telegrafistas, guardas, cambistas, jefes o inspectores en estaciones de la región; como peones, barrenderos, serenos, pesadores o capataces en el Mercado Victoria; o como marineros y patrones de lancha en un puerto que todavía no se llamaba Galván. Constante Casella, Thomas Shoobridge, Manuel Salguero, Enrique Lisotti, Pedro Dauphin... en total, 147 hombres de los que conocemos poco, pero antes sabíamos menos, o no sabíamos nada.


La nuestra, ya saben, es la historia de los anónimos. La historia de los que, ignorados, casi no dejaron huella. Una historia sostenida en la sospecha de que esa multitud de remotos desconocidos tiene algo para decir sobre quienes somos. Por eso, ante nuestros ojos, cada palabra de estas libretas es capaz adquirir la dimensión de un descubrimiento. Porque no representan sólo datos para la estadística, información, sin duda valiosa, sobre el funcionamiento del ferrocarril, la composición de las clases trabajadoras o el despliegue de la economía de agroexportación en este lejano paraje del capitalismo periférico, sino también la aventura de ganarle un nombre al olvido.

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