miércoles, 14 de diciembre de 2022

GESTOS DE SOBERANÍA ALIMENTARIA

Desde comienzos del 2021, en vinculación con el Área de Nutrición del Hospital de Ingeniero White, lxs productores hortícolas de Sauce chico y Colonia La Merced y el INTA, iniciamos un proyecto de distribución de verduras frescas con la intención de ayudar a parar la olla de algunas familias. En ese contexto de emergencia social y sanitaria, la sostenibilidad de la vida se encontraba fuertemente amenazada. 

Desde entonces, cada 15 días, en el portón de acceso al museo se entregan bolsas de cinco variedades de verduras, todas de estación, de producción local y a precios justos. Es una iniciativa que busca conectar a los barrios de Ingeniero White con el cultivo agroecológico y vincular de una manera más directa a quienes consumimos y a quienes se encargan de producir algunos alimentos. A su vez, dar la chance de incorporar en nuestra alimentación una mayor cantidad y variedad de verduras. En palabras de Gaby, la nutricionista del Hospital, “lo que llena estos bolsones no es otra cosa que el deseo organizado de comer sano, rico y, en comparación con las verduras del mercado, más barato”.  

El viaje de las verduras dibujado por Silvia

SEGUIMOS ¿CÓMO? 

Hace algunas semanas, tuvimos la necesidad de compartir un balance sobre este proyecto porque veíamos que en algunas entregas los pedidos superaban las 100 bolsas y en otros no pasaban de las 50. Les preguntamos ¿por qué deciden continuar comprando verduras acá y no en otro lugar? A pesar de esos vaivenes en los pedidos, similares a los que hace la combi del INTA hasta llegar al museo, escuchamos reflexiones que nos impulsaron a seguir: 

Yo vengo a buscar las bolsas hace ya más de un año y, para mí, que se yo, vienen cosas abundantes, y a mí me sirve porque en los tiempos que corren tampoco podés agarrar y tener que elegir, entonces yo elijo esto, y aparte es más barato también y vos sabes que venís acá y es buena mercadería. (Herminio Onorato) 

Soy de acá de White y vengo a buscar las verduras porque están buenas, siempre son lindas, bien, y es más que nada para la ayuda de gente de acá del campo, de acá de la zona y me gusta, aparte que nos gusta la verdura, somos de comer muchas verduras por mi nena que es vegetariana, lo que viene de variedad, me sirve. (Yanel Sartori)


DESEO CUMPLIDO

Luego de mucho planearlo, días atrás, algunas integrantes de esta red de comercio visitamos las quintas de lxs horticultorxs "Prosauchi". También se sumaron participantes de los otros proyectos comunitarios del Prende, como el de las huertas caseras, del taller de costura y la capacitación en conservas. La “salida educativa”, esta vez, nos tocó a lxs grandxs.


Varios motivos estaban detrás de este viaje, en principio, encontrarnos algunas de las personas que integramos este canal de comercialización, ya sea desde un rol de producción, reparto o como consumidorxs. Por otra parte, por las ganas de conocer a las personas que cuidan las verduras de las bolsas; nutrirnos de sus historias de vida y de trabajo. Y una inquietud estaba latente "¿habrá cosas en común entre lo que hacen a diario y las experiencias de las “huerteras del Prende”?

 

REDES TÉCNICAS Y AFECTIVAS

Pablo García y Belén Giacotto, compañerxs del INTA, nos esperaban en el parador El Cholo y una vez en el colectivo oficiaron de guías para orientar al chofer hasta la colonia Sauce Chico.

Antes de entrar, Gaby le dice a Pablo: "la producción de acá y la venta directa, ¿por qué son importantes para nosotros y para los productores?”. Su pregunta nos llevó a conocer en mayor profundidad el trabajo que sostienen hace más de tres décadas desde el INTA.

Para los productores es muy importante porque es el medio de vida, las familias viven exclusivamente de lo que producen, no es que trabajan de otras cosas y esto lo tienen como otra actividad secundaria; todas las familias viven de esto y trabajan de esto; trabaja el matrimonio, la pareja, los hijos, los más chicos van a la escuela y los más grandecitos van colaborando con las quintas, haciendo atados.

Después nos contaron de la tarea que realizan junto a familias de la zona, sean productoras de verduras o las que se dedican a la cría de animales. “Desde los programas Pro-huerta y Cambio rural acompañamos a las familias, no solo con saberes técnicos, sino desde un abordaje que toma en cuenta la calidad de vida”, agregó. Y a través de estas reflexiones amplió:

Estos programas son hijos de la década del 90, de la crisis. Desde el 2014, Cambio rural hace un giro y empieza a mirar a pequeños productores, que están en las inmediaciones de la ciudad y que no hacen ni vacas ni trigo”. 

“Cambio rural favorece la conformación de grupos de productores, en este caso son dos grupos de productores hortícolas que tienen  un coordinador técnico. En esta cuenca también hay muchos productores porcinos, de productores de cerdos también, de pequeña escala; también tenemos un grupo que se llama Producerdo, que es un grupo de por acá y con la misma lógica, organizarse, vender directamente, revalorizar el producto local que se hace acá”.

“Con Belén acompañamos a distintos sectores porque no es solo lo productivo, no vamos al chancho, a la oveja, a la verdura, si no al sistema, ¿no?. Nosotros acá no estamos acompañando verduras si no familias que producen, de mantener la escuela, de que si el puente se cayó, gestionar que se construya de vuelta. Ahora estamos dando la pelea por el agua acá en Sauce Chico. Hay un montón de factores que no van a lo técnico de cómo sembrar si no de que todo esto se sostenga y el alimento esté cercano y preservar esto que nos queda, que es poco, quedan pocas familias, se ha reducido casi al 50 % en los últimos veinte años”. 

PROSAUCHIS

La red ProSauChi está conformada por doce familias. Sin intermediarios que incrementen el costo de los alimentos y en un área de casi 200 hectáreas alquiladas, llegan a una gran población (actualmente entregan un promedio de 300 bolsas por semana). En simultáneo, realizan ventas a verdulerías y comercios como el Mercado Thompson. 

Se reúnen todos los meses para consensuar las variedades y los precios de las verduras. Y la composición de la bolsa varía según lo que cada familia tiene.

Sus huertas están ubicadas en el último cordón peri-urbano de Bahía Blanca, en una de las pocas zonas de quintas que quedan. Las de los barrios Aldea Romana, Gral. Cerri y Villa Belgrano, por ejemplo, se fueron perdiendo frente al avance de la urbanización. 

Más allá del ingreso de las familias, esto es importante porque es el último centro de producción de verduras frescas que tiene Bahía Blanca y esto antes se estiraba por toda la zona donde está Walmart, Aldea Romana, la parte de Villa Belgrano; eso era todo quintas, todo eso desapareció, ahora está todo loteado y esto es lo único que queda como producción hortícola fresca. Para nosotros es importante sostenerlo y para la comunidad, es una manera de sostener el alimento, o eso que a veces llamamos ‘soberanía alimentaria’, esa independencia de poder elegir qué comer y no depender de la verdura que viene de afuera.  



LA QUINTA DE ANTONIO

Preparamos el mate y armamos la ronda para disponernos a la escucha. “¿Cómo es un día de trabajo en este lugar?” “¿Qué te gusta y que no de este trabajo?” "¿Desde cuándo estás en Prosauchi?" Las preguntas de las visitantes contrastaba con el aplomo de su voz, como de quien habla desde lo que más sabe.

Antonio Gareca nació cerca del río Bermejo, en el límite entre Bolivia y Salta. De familia campesina, hace veinticinco años se vino hasta la Argentina para dedicarse a la cosecha de la cebolla en Pedro Luro. Y hace unos siete, con el propósito de no depender de un solo cultivo, reparte su fuerza de trabajo y tierra entre esta variedad y verduras de estación: “así, si te fracasa una verdura, te salvan las otras”.




AUTOCUIDADO

Allá y más acá, en zonas rurales y urbanas, cada vez más personas intentan otras formas de vivir, que toman en cuenta las cuestiones socioambientales, y los ciclos de la vida y la naturaleza. 

Este año, los proyectos de las huertas y de distribución de verduras del Prende continuaron ramificándose, y desde septiembre estamos realizando una capacitación en conservas dulces y saladas en articulación con el Centro de Educación Agraria de Cerri. Estos pequeños proyectos, atravesados por grandes problemáticas como el acceso a la tierra, la alimentación saludable y el derecho a la salud, encuentran en la práctica misma puntos de contacto con nuestras ideas (y contradicciones); cuando esa sinergia se produce, se incorporan con naturalidad en nuestras prácticas diarias.

Esa tarde, el grupo de mujeres que impulsó y sostiene este conjunto de acciones, cambió la dinámica diaria para conectar con otros puntos de vista y emprendió un viaje a 22 kilómetros de casa. Las economistas feministas afirmarían que priorizaron el trabajo de autocuidado. En el mismo deseo cumplido del viaje, en las diversas cosas compartidas, la confianza entre todas se afianza.


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