lunes, 18 de mayo de 2020

"MUSEOS POR LA IGUALDAD"


Hoy es el Día Internacional de los Museos, cuyo tema de este año propone, en favor de la "diversidad" y de la "inclusión": "museos por la igualdad". Aunque la igualdad, claro, no es cuestión de un sólo día, sino un principio y a la vez un horizonte para la acción que atraviesa siglos de historia política, una idea poderosa que acá, pisando las calles del Saladero y el Bulevar, resulta, antes que nada, una tarea pendiente.

Un museo para la igualdad tal vez sea un espacio dedicado a denunciar los mecanismos que convierten a las múltiples formas de la desigualdad en un hecho sistémico, comenzando por los propios criterios jerárquicos que llevan a los museos a sancionar qué cosas se consideran valiosas, dignas de ser exhibidas y conservadas, y cuáles no.

O puede que, de manera menos radical pero igual de ambiciosa, un museo comprometido con la igualdad sea aquel capaz de expresar lo que tenemos en común, en tiempos de individualismo viral, para así fortalecer los lazos solidarios que cimentan la supuesta condición de posibilidad de una distribución más equitativa de los distintos tipos de riqueza.

Pero todo esto suena demasiado general, demasiado abstracto, demasiado alejado de nuestras modestas chances para hacer de esta una vida menos injusta. Acá la noticia de este Día Internacional de los Museos es que sobre el suelo salitroso de unos cuantos patios, a metros de silos repletos de soja transgénica, brotaron, desfachatadas, las lechugas.

Y para que eso suceda Lorena, Melisa, Mateo, Fiore, Thiara, Mabel, Cami, Teo, Emily, Luana, Jaz, Erika y Karen prepararon plantines en maples de huevo; Miguel, Nahiara, Gisella, Beto, Ale, Sole, Mailén, Emi, Marita, Priscilla, Dylan y Martina armaron almácigos con cajones de pescado; Yesi, Susana, Analía, Bea, Pao, Bianca, Male, Anita, Juli y Katty abrieron surcos en la tierra; y todxs nos pusimos a probar con un saber y un hacer que nadie conocía de antemano. Capaz que es eso: las semillas de la siempre improbable igualdad prenden ahí donde somos capaces de compartir esta potencia.


 




viernes, 15 de mayo de 2020

PORVENIR

El próximo lunes, Ferrowhite se suma a esta mesa.


lunes, 11 de mayo de 2020

PERDER EL TIEMPO

Demostrando que, además de genial diseñador, es un tipo preocupado por el destino de la humanidad entera, en esta entrada nuestro compañero Carlos Mux escribe sobre el futuro del tiempo y la promesa incumplida de un porvenir de abundancia y eternas vacaciones.


De manera repetitiva y agotadora, muchas veces les comenté que desde mi niñez me quedó el firme recuerdo de un libro que leí en una noche de insomnio. Se llama “Amos de títeres”.

La novela está ambientada en el futuro, y en algún momento, dos enamorados se casan y toman vacaciones para disfrutar de su luna de miel.

Pero en el futuro tiempo para vacaciones no hay, y para hacerlo tienen que tomar pastillas que aceleran el metabolismo de manera que todo se pueda hacer a una velocidad vertiginosa. Duermen 10 minutos y se despiertan frescos como si hubieran descansado 8 horas. Se mueven muy rápido, todo lo hacen a la velocidad de la luz. Entonces, en un fin de semana sus acciones y sus pensamientos son parecidos a los que hubieran tenido durante el transcurso de una semana en circunstancias normales.

Por supuesto que hay que tomar algunas precauciones y la experiencia tiene ciertas limitaciones. Hay que hacerlo, si es de a dos, de manera simultánea para estar al mismo nivel de velocidad y no es posible salir al exterior porque encuentran que el mundo gira a un ritmo muy distinto, en cámara lenta. No pueden manejar un auto y no pueden comprar algo en el supermercado (tengan en cuenta que una espera de 5 minutos en la cola del súper equivale para ellos a 4 horas), es decir que tienen que llevar una vida alienada hasta que pasa el efecto del medicamento.

Yo siempre imaginaba que ese era el ritmo de vida de una mariposa que vive 24 horas. A nosotros una vida de 24 horas puede parecernos una existencia efímera, pero probablemente lleve un ritmo vertiginoso similar al que viven los humanos en el transcurso de una vida de 75 años (ritmo vertiginoso llevarán ustedes, mi vida no tiene nada que ver con eso) y su experiencia podría ser equivalente. Lo mismo podría ocurrir con una tortuga que puede vivir 250 años. ¿A cuánto equivale su vida? ¿Es posible medir el transcurso de la vida en un vínculo directo con el tiempo?

Uno de mis primos me contaba que en la cárcel “el tiempo no pasa”, que es insoportable su inmutabilidad. Ahora que no está preso, o mejor dicho, ahora que está preso en su casa ¿el tiempo transcurre de manera diferente? ¿Y a qué velocidad? (el dúo Zambomba dice: “yo al igual que vos tengo vacaciones pero yo un poco más porque duermo menos”).

El paso del tiempo no es regular porque se encuadra bajo ejes culturales muy delimitados . Varias veces escuché decir que en el campo el tiempo transcurre de manera diferente, de modo más lento, y hace poco me contaron que en Sierra de la Ventana el invierno es más largo.

Pienso en el tiempo como concepto abstracto. Tal vez podríamos arriesgar a decir que la percepción del tiempo depende de los parámetros culturales y que en una enorme medida tiene que ver con las circunstancias personales. También está asociado a la productividad como sinónimo de eficacia (“perder el tiempo”).

En esta cuarentena, me pareció interesante pensar cuáles son esas circunstancias personales y en qué medida se percibe el tiempo de otro modo (si es que ocurre).

Me imaginaba que, si esto es cierto, es interesante preguntarnos a quién (primero que nada) y de qué modo, esta nueva situación genera modificaciones en la conducta dentro de una rutina horaria. ¿Se modifica la percepción del tiempo?

(¿Mencioné que en la novela la humanidad es atacada por un parásito?)

*

En febrero viajamos a Toay con mi familia y fuimos a una reunión de compañeros de la escuela secundaria. Asado, vino, tequila furioso y la frutilla del postre: una discusión entre un mexicano fabricante e instalador de elementos de cocina premiun y un ingeniero argentino. El mexicano, cansado de ir y venir de México decía que el futuro estaba en los viajes a la velocidad del sonido. El argentino defendía la teletransportación por sobre cualquier posibilidad superadora. El tiempo que me queda por vivir prometo lamentar no haberlos filmado.

Esta discusión absurda, infantil y trasnochada de dos hombres grandes, me llevó a recordar algunos pasajes de mi infancia, cuando Estados Unidos y Rusia (ya en su fase final) mandaban satélites y naves tripuladas al espacio y donde todos los chicos de mi edad fantaseaban acerca del futuro. Todos pensaban que para el año 2000 el mundo iba a ser fabuloso. Robots por todos lados y una vida de vagancia, abundancia, placer continuo -es decir, una vida dedicada a andar en bicicleta, a jugar a la mancha escondida, a las bolitas y a comer helado de chocolate, es decir: un mundo tan maravilloso que sería inútil describirlo).

Yo nunca decía nada para no parecer un aguafiestas, pero como siempre y fiel a mi doctrina negativa, me encontraba dentro del equipo de los escépticos conformado por un integrante.

De modo que independiente a mi mirada negativa acerca del futuro de la humanidad y de cualquier vida sobre el planeta, pensaba en la pandemia de hoy y esa mirada increíblemente optimista acerca de un nuevo orden mundial que priorice algo más que los mercados.

El museo dice que es un generador de herramientas para ampliar la comprensión del presente y nuestra perspectiva del futuro, y cuenta con varias herramientas, entre ellas, los tres obreros y las tres obreras en construcción que se posicionan en tres momentos temporalmente bien definidos.

Sobrevolaba sobre mi cabeza calva (además de cierto dejo a Cabernet Sauvignon del sábado por la noche) lo que hablamos acerca de "Cómo era Bahía Blanca en el futuro", me preguntaba si no podríamos pensar en un trabajador y una trabajadora que teatralice acerca del trabajador del futuro teniendo en cuenta las limitaciones y posibilidades de este potencial nuevo orden mundial que genera la pandemia en relación a la economía y el trabajo.

Por ahí no son las obreras y obreros, tal vez es otro elemento, pero por más que trataba de encontrar algo, poco encontraba de ficción en la sala del museo.

O tal vez nuestra vida recomienza como la recordamos, con todas nuestras preocupaciones mundanas.

Les mando besos voladores.

domingo, 10 de mayo de 2020

PACELLA



Agua, un surgente en el medio del taller, un largo caño y canillas para que se refresquen hombres en blusa de grafa o mameluco. El recuerdo brota de la memoria de Sebastián Pacella (Chieti, Italia, 1924), evocado tal vez por el calor de esa mañana de diciembre en la que nos encontramos para recorrer, después de tanto, las ruinas de los Talleres Bahía Blanca Noroeste. No sólo hacía calor aquel día sino además -lo van a oír- mucho viento. Pero nada de eso amedrentaba a Pacella que, si lo dejaban, se ponía a armar el taller de nuevo. En el museo guardamos fotos y testimonios de su vida de ferroviario, pero también copias de los proyectos que escribió en estos últimos años para reactivar talleres, construir un frente marítimo en Maldonado y utilizar el agua termal que se acumula bajo el suelo de nuestra ciudad. Sebastián Pacella falleció hoy a los 95 años. Y acá lo despedimos con este abrazo.

jueves, 7 de mayo de 2020

CUAREN-TIME


¿Se acuerdan que hace unos días desde el taller de corte y confección los invitamos a fabricar pantuflas y a "revolear la chancleta"? Bueno, acá Verónica Altomare nos muestra qué tal les salieron a ella.

Dice Vero:
Es la primera vez que hago un molde. Lo seguí tal cual, pero le di unos retoques al armarlo. Usé materiales q tenía en casa (que encontré después de tanto buscar 😅). Retazos de jeans, acrílicos y lana rosa. El polar era de un chaleco viejo de mi hermano. Pinté los parches "onda pandemia" 😂 sobre tela de jean y después los cocí. Le di el toque con la lana. Recordé que mi abuela me había enseñado un poco de esa costura de chica y lo aproveché. Ah, y les hice antideslizante abajo para terminar. Espero les guste 😘.

lunes, 4 de mayo de 2020

EL FUTURO YA LLEGÓ



En 2008, publicamos "Cómo era Bahía Blanca en el futuro", un libro que recopila visiones sobre el porvenir de nuestra ciudad aparecidas en la prensa de fines del siglo XIX. Para promocionarlo, armamos este video que ahora puede verse como una extraña premonición.

"Cómo era Bahía Blanca..." trata sobre las esperanzas y los temores de quienes vivieron aquí hace más de un siglo. Las preguntas que nos hacíamos hace doce años se han vuelto, en cierta manera, urgentes: ¿Bajo qué figuras imaginamos hoy nuestro porvenir? ¿Qué nos está permitido soñar y qué no en relación con el futuro? ¿Quiénes intervienen en su definición y según qué intereses?

El libro lo encontrás acá: https://issuu.com/ferrowhite/docs/co_mo_era_bahi_a_blanca_en_el_futuro

sábado, 2 de mayo de 2020

UNA FLOR EN ESTA ISLA


Javier Barrio viajó a la Isla en busca de aventura y volvió con una canción de amor en la cabeza.
Enterate acá: https://islainvisible.wordpress.com/2020/04/13/una-flor-en-esta-isla/

miércoles, 29 de abril de 2020

MONSTRUOS DE LA CUARENTENA


Diseñado junto a las chicas y los chicos del taller Prende, ¡Qué chucho! es un juego de mesa para armar en casa con todos los monstruos que nuestra imaginación libera.

Te lo bajás haciendo click acá: https://drive.google.com/…/1Oq4ezsiQGBPsTxDaO0En4Inrl…/view…

lunes, 27 de abril de 2020

BUENA SEMILLA


Este año teníamos pensado plantar una huerta con los integrantes del taller Prende. La cuarentena suspendió la iniciativa. Pero, por suerte, no sólo los virus mutan. También lo hacen las buenas ideas. Fue así que nos pusimos en marcha para hacer quinta en alrededor de 40 patios de Ingeniero White y Bahía Blanca. Ximena y Adriana nos contactaron con el INTA; Emily nos enseñó a hacer el compostaje que prepara junto a su hijo Teo; Graciela y Yesi dieron una mano con el reparto de las semillas; y Caro con Naza, Juli y Melody grabaron un video para enseñarnos a sembrar.

Ahora el museo crece en tarros, macetas y canteros, intentando entender, a través de su tráfico hormiga, cómo cambian el trabajo, la vida en casa, las formas de colaborar y hasta lo que comemos en este tiempo lleno de desafíos.









martes, 21 de abril de 2020

OBRERAS PARA ARMAR


En el museo nos propusimos construir tres obreras para armar que representan tres momentos de la historia del trabajo en el puerto de Ingeniero White. Durante el año pasado realizamos talleres, con tiempo para la charla y el juego, con el objetivo de empezar a definir la figura de estas trabajadoras, pensando en sus vestimentas, las herramientas que portan y los objetos de la vida cotidiana que las acompañan.

Encontramos tres mujeres representativas: la Señorita Maestra, emblema del trabajo femenino fuera de casa durante las primeras décadas del siglo XX; la Bolsera, costurera en las fábricas de bolsas de arpillera e identificada con las décadas de 1950 y 1960, y la Microemprendedora, que representa algunos de los trabajos por cuenta propia que hacemos las mujeres en la actualidad.

Como seguimos indagando en el trabajo femenino en el presente, les proponemos ahora realizar figurines que retraten a la obrera o trabajadora con la que más se identifican, la que ustedes sienten que son, con su manera de vestir y sus herramientas características. En la gráfica aparecen unos cuantos objetos. ¿Sumarían algún otro? ¿Cuál de todos ellos tienen más a mano? ¿Con cuál les gustaría contar?

ALGUNAS PAUTAS PARA ORIENTARNOS UN POCO
1. Copien o impriman el figurín que se ve acá arriba.

2. Dibujen con lápices de colores, fibras, crayones o acuarelas, la vestimenta y los objetos que imaginan.

3. Pueden cortar y pegar otras imágenes y hacer collage, en caso de que les resulte más simple representar de ese modo algún objeto difícil de dibujar.

4. No se olviden de aclarar el color y el material a usar, en caso de que las prendas y los objetos imaginados se pudieran construir.

5. Tengan en cuenta como cambian los trabajos en tiempos de cuarentena y, por lo tanto, como se adapta el vestuario a la nueva situación.

6. Describan en pocas palabras: ¿Con qué herramientas y accesorios de trabajo me siento más identificada? ¿Por qué?

7. Al final, ¡no dejen de compartirnos su figurín!

sábado, 18 de abril de 2020

ENCUESTA MUNICIPAL SOBRE CULTURA LOCAL

La imagen puede contener: taza de café y bebida, texto que dice "Encuesta municipal sobre Cultura Local BAHIA MUNICIPIO BLANCA"

👉 Encuesta Municipal sobre Cultura Local

🔸 En consonancia con los relevamientos que se están realizando desde el Ministerio de Cultura de la Nación y desde el Ministerio de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica de la Provincia de Buenos Aires, te invitamos a completar el presente formulario que nos permitirá realizar un sondeo inicial del estado de situación de los sectores de la cultura local en el marco del período de aislamiento social, preventivo y obligatorio Covid-19.

🔹 La implementación de la encuesta local nació de la iniciativa conjunta de referentes del arte y la cultura de la ciudad, quienes coincidieron en la necesidad de contar con una red de datos que ofrezca un marco inicial para la evaluación y la proyección de acciones locales a raíz de la emergencia sanitaria.

🔸 El formulario reproduce y adiciona cuestionarios existentes en otras jurisdicciones a los efectos de contar con los mismos indicadores y una base de información unificada con el nivel nacional y provincial.

🔹 La encuesta podrá completarse hasta el día 25 de abril de 2020.

🔸 Las respuestas serán tratadas en forma CONFIDENCIAL y ANÓNIMA, y se utilizará con fines estadísticos exclusivamente.

📌 Completar formulario: https://docs.google.com/…/13hQ1MGTnsZO4njyhfgoFFN…/viewform…

UNA RIMA CONTAGIOSA (II)



Hace un tiempo, Federico nos visitó junto a su curso de la Escuela Secundaria N° 6. Ese día, cerramos el recorrido con él rapeando para sus compañeras y compañeros. Ahora nos manda estas rimas sobre sus días en cuarentena.

lunes, 13 de abril de 2020

PAPAS


Alguno se acordará que el año pasado en el taller Prende hicimos conserva de tomates. Este año estaba todo listo para fabricar dulce, pero la pandemia cambió los planes. La fruta que nos iba a llegar desde el Banco de Alimentos se convirtió en kilos y más kilos de papas que Cocó, junto a Taty, Cinthia, Jessica, Lorena, Alejandra, Negrita, las Gracielas, el Negrón y Osvaldo, se organizaron para ir a buscar, fraccionar y repartir entre las familias del Bulevar, en acuerdo con la Delegación y permisos de circulación mediante. ¿Cómo se arma un museo en cuarentena? Todavía no tenemos respuesta. Sólo sabemos que, a prueba y error, eso que llamamos Ferrowhite está, otra vez, por inventarse.

sábado, 11 de abril de 2020

AL GRANO

Acerca de los Elevadores de Chapa 1 y 2 del puerto de Ingeniero White.

Partamos de un enunciado polémico: la importancia patrimonial de un edificio no se encuentra garantizada por ninguna de sus cualidades intrínsecas. No depende de su tamaño, ni de su estilo, ni de su antigüedad. Y apuntemos, enseguida, que Ingeniero White ofrece en favor de este postulado el mejor ejemplo imaginable. Los Elevadores de Chapa, inaugurados en 1908 y 1909 por el Ferrocarril Sud, eran únicos en su tipo. Un ejemplo deslumbrante de la que por entonces era considerada la "arquitectura del porvenir". Pero el futuro no suele reservar un destino venturoso para sus hitos precursores. Al menos no por estos pagos. Aunque en 1974 se consideró incorporarlos al Patrimonio Arquitectónico de la UNESCO,[1] los elevadores fueron desmantelados apenas cuatro años más tarde mientras Bahía Blanca celebraba, en plena dictadura, su sesquicentenario.



“Dos grandes catedrales grises, imponentes, mirando la inmensidad con los párpados levantados de sus cien ventanas”.[2] Así los describe el poeta Enrique Banchs durante su visita a la ciudad, en 1910. Levantados sobre el linde barroso que une a la pampa con el mar, la silueta de los elevadores no sólo terminó por definir la fisonomía del puerto establecido por la empresa ferroviaria veintitrés años antes. Volvió tangible, sólida como el metal del que estaban hechos, la imagen pregnante y problemática que, quizás hasta hoy, identifica a todo un país con el interés de su clase terrateniente: la de la Argentina como un granero, el “granero del mundo”.

Aquel mundo era, en primer lugar, Inglaterra, cabecera del imperio donde fijaba residencia el directorio del Great Southern Railway, y desde donde partieron, en barco, cada una de las piezas que, fabricadas por la firma Spencer & Co, en la localidad de Melksham,[3] dieron forma a esta suerte de mecano monumental: 72 silos hexagonales por elevador, cada silo con espacio para almacenar entre 125 y 130 toneladas de trigo, además de varios pisos para depositar bolsas. Una capacidad de acopio equivalente, en total, a 9000 toneladas de cereal a granel y 4000 embolsado.

El granero funcionaba, en realidad, como un gran embudo a dónde iban a parar las cosechas de una zona agrícola por entonces en plena expansión. Aunque desde 1900 no cesan las obras de ampliación de la infraestructura portuaria, un repaso a los diarios de la época sugiere que, por entonces, el Ferrocarril Sud corría con demora detrás de la demanda creciente de productores y casas cerealeras. A principios de 1906, según La Nueva Provincia, “todavía no ha empezado el embarque de los trigos de la nueva cosecha y ya hay en el puerto de Bahía Blanca cuarenta buques de ultramar de los cuales 29 esperan turno en los muelles para hacer sus operaciones de carga”.[4] Construir los elevadores era una cuestión urgente. Pero antes de alzar esos “monstruos de mil piernas”, fue preciso asentar sobre el cangrejal el muelle que los sostuvo y les sobrevive. La obra fue adjudicada a la empresa C. A. Walker, bajo la dirección del Ingeniero Alberto Pringles. En mayo de 1906, arriban a puerto los equipos de dragado que comienzan a trabajar en la profundización de las dársenas del nuevo muelle. El 26 de noviembre, tras varios cambios en el diseño original, el Ferrocarril Sud solicita al Estado la aprobación de los planos de la obra,[5] versión reducida y provisoria de un programa más ambicioso que, finalmente, nunca se llevará a cabo.[6]

La construcción no sucede sin incidentes. En julio de 1907, los remachadores del muelle se declaran en huelga.[7] Reclaman por la reincorporación de dos compañeros despedidos. Ante la negativa de la empresa, exigen mejores condiciones seguridad, un aumento de salarios del 30% y la reducción, de ocho a nueve horas, de la jornada de labor.[8] La protesta se extiende y amenaza con detener la obra. El 23 de julio, un piquete de marinos de Subprefectura abre fuego sobre un grupo de trabajadores reunidos en la Casa del Pueblo. Los disparos de mauser hieren de gravedad a Atelano Pascual y José Falcioni. Ambos mueren días más tarde. El paro se convierte en pueblada. Al velatorio de Falcioni concurre una multitud que marcha en procesión fúnebre. Al pasar frente al edificio de la Subprefectura, se produce un altercado. Los trabajadores señalan al Subprefecto Enrique Astorga como responsable de los asesinatos. Los marinos vuelven tirar, esta vez sobre el cortejo. La gente corre, abandonando sobre la calle de tierra el ataúd acribillado. Para entonces, herreros, lecheros, panaderos, carpinteros, albañiles, repartidores y conductores de carros de toda Bahía Blanca se han sumado a la huelga. El conflicto es noticia nacional. El puerto y la ciudad se paralizan. Aunque la empresa no cede a ninguno de los reclamos, la huelga y su represión salvaje perduran como el testimonio de una época que forjó sus grandes obras con el metal caliente de los remaches y las balas.

Cuatro meses más tarde, el muelle arde. Durante el anochecer del 29 de noviembre, las llamas devoran el sector sudeste de la construcción. ¿A qué, o a quién, atribuir el incendio? ¿Fue la chispa “de alguna de las tantas fraguas que funcionan allí” o “el resultado de la propaganda ácrata”? Como sea, la obra se sobrepone a la peripecia. En enero de 1908 comienza a operar la maquinaria del Elevador 1, y el 24 de marzo se lleva a cabo la primera carga sobre el vapor Hutton. Para la ocasión, la firma Bunge y Born, beneficiaria del despacho, “ofrece a los numerosos invitados presentes una copa de champagne”[9]. Algunos meses más tarde, el 10 de enero de 1909, entra en funcionamiento el Elevador 2.[10] Ambos permiten incrementar las cantidades de cereal exportado, pero cumplen, además, una función fundamental como depósito de acopio para las casas exportadoras establecidas en el puerto.

“Todo allí es colosal y todo se pone en movimiento mediante una manivela que cabe en el puño de un chico de la escuela.” La maravilla mecánica fascina al cronista de la Revista Comercial de Bahía Blanca. Le permite soñar con un mundo en el que la riqueza circula y se acumula sin otra intervención que la mano de un niño. Sin embargo, cada elevador demandaba de la labor coordinada de decenas de personas. Además del jefe, trabajaban en el lugar encargados de balanzas y de cabrestantes, dependientes, apuntadores, llaveros y mensajeros, junto a los numerosos peones de estiba, en jornadas corridas, de 6 a 23 horas, o en dos turnos, mañana y tarde -hasta las 22.30 hs.-, de acuerdo con la demanda de las casas exportadoras. En el archivo de Ferrowhite encontramos una libreta manuscrita que atesora los nombres de algunos de aquellos primeros operarios, junto a las sanciones que recibían por “quedarse dormido”, por “causar un descarrilamiento”, “por causar la rotura de la noria nº 4”, o por haber sido pescado, in fraganti, “recostado sobre un cuero con lana”.[11]

La reparación del muelle y los elevadores estuvo desde un principio a cargo de la División mecánica-muelle del Ferrocarril Sud. Mitad en castellano, mitad en inglés, los registros de esta dependencia hablan de las transformaciones sucedidas en ambos edificios. Es interesante notar que, aunque lucían casi iguales, sólo el Elevador 1 contaba con instalaciones para secar, ventilar y limpiar el cereal (además de una capacidad de almacenamiento que superaba en 700 toneladas a la de su gemelo). Por eso, en 1920, el Elevador 2 incorpora maquinaria para el acondicionamiento de granos. A la que suma, en 1935, una “oat clipper” (o cortadora de avena). Las mejoras dan cuenta también del desarrollo de una incipiente industria local al interior del gran mecanismo británico. En 1942, las despuntadoras Dreyfus del Elevador 1 son reemplazadas por equipos construidos por la metalúrgica Marchesi, una firma bahiense dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola.[12]


La nacionalización de los elevadores fue anterior a la de los trenes. Previa incluso al primer gobierno peronista. En 1944, casi dos años antes de la llegada de Perón a la presidencia, un decreto del Poder Ejecutivo (10107/44) declaró de utilidad pública el uso de las instalaciones y maquinarias dedicadas al acopio de granos. Luego de un acuerdo económico con el Ferrocarril Sud, el Estado argentino tomó posesión de los elevadores que, a partir del 15 de julio de 1944, quedaron a cargo de la Comisión Nacional de Granos y Elevadores.[13] Fue el primer paso en el intrincado proceso institucional que llevó a deslindar la administración del ferrocarril de la de los puertos. Cuando, en julio de 1945, el conjunto de los bienes portuarios del Ferrocarril Sud (plantel de dragado,[14] remolcadores y elevadores 1, 2 y 3) es transferido al Ministerio de Obras Públicas de la Nación, los elevadores quedan en manos de la Dirección de Granos y Elevadores. Este cambio implicó que su personal abandonara también la órbita de la empresa ferroviaria.[15] En 1955 esta Dirección se convierte en el Instituto Nacional de Granos y Elevadores, y en 1956 se realiza el traspaso de los bienes físicos de los puertos de White y Galván -hasta ese momento a cargo de la administración del Ferrocarril Gral. Roca- a la Administración General de Puertos de la Nación; para 1958 ya se denomina Junta Nacional de Granos.

“Colosos”, “catedrales”, “auténtico arte monumental capaz de simbolizar la era de la máquina”. Si alguien está pensado ahora en edificios que le muestren al mundo quienes somos, cual es nuestro perfil como ciudad portuaria, esos edificios son, perdón, eran los Elevadores de Chapa. Pero si eran grandes, singulares y antiguos, todo lo antiguos que un par de edificios pueden resultar en un puerto que terminó de constituirse con ellos, ¿por qué los tiraron abajo? Puede que por la misma razón que por la que fueron construidos. Por simple cálculo económico. Al momento de ser desguazados, hacía tiempo que tanto el muelle como los elevadores eran considerados obsoletos. Tanto su construcción como su demolición, son ejemplos contrapuestos de una misma mentalidad: aquella que sólo considera el rinde y la eficiencia como criterio de valor.



La historia de los elevadores que supo elogiar el mismísimo Walter Gropius[16] tal vez sirva para reconocer que, más allá de las particularidades de cada edificio, no hay patrimonio sin una comunidad que se reconozca en él. Y no hay comunidad sin una historia que establezca un sentido de conjunto y de continuidad que nos vincule con todo eso que, en su ausencia, no serían más que un montón de cosas viejas. Es decir, no hay patrimonio sin relatos sobre el pasado compartido. Esos relatos suelen provenir del discurso de periodistas, historiadores, urbanistas y arquitectos. En Ferrowhite creemos que se nutren, además, de las innumerables voces de quienes habitan, en concreto, este lugar. Modistas como Perla Costanzi, quien dice seguir viendo aquellas dos moles grises desde la ventana de la casa que habita hoy, como cuando vivía en las colonias ferroviarias que había a un costado del puente La Niña. Ferroviarios como Pedro Caballero que, de pantalones cortos, caminaba desde Galván hasta el pie de los elevadores para ir a comprar carne de oferta a la proveeduría que había instalado allí la Junta Nacional de Granos. O estibadores como Pedro Marto, que hombreó bolsas ahí adentro, y aún recuerda la tarde en que una lluvia persistente detuvo por un rato la carga, y desde la bodega de un buque emergió la voz inmensa de Antonio Campos, legendario cantor de tangos, sonando, "como por un altoparlante", a través de las galerías metálicas de la construcción. Ellos logran el pequeño milagro de que un par de edificios que fueron desguazados, desmontados pieza por pieza, demolidos con minucia, se mantengan todavía en pie, clavados en la memoria terca de quienes, además de rentable, hacen de este puerto un lugar digno de ser recordado.

Esta artículo fue escrito por Ana Miravalles y Nicolás Testoni a solicitud de los editores del libro "Muelle de los Elevadores. Concurso de ideas. Refuncionalización y puesta en valor.", publicado por el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca en octubre de 2019.

[1] Según una nota del diario La Nueva Provincia publicada en enero de 1999, a mediados de los años 70, el arquitecto Jorge Gazaneo, especialista en patrimonio, visitó el puerto de Ingeniero White e incluyó luego a los Elevadores 1 y 2 en un libro sobre arquitectura de la Revolución Industrial de su autoría. Habría sido el propio Gazaneo el que sugirió, en 1974, que los elevadores fueran considerados para ser incorporados al listado de Patrimonio Arquitectónico Mundial de la Unesco. LNP, 1-9-1999.
[2] BANCHS, Enrique, Ciudades Argentinas. Selección y Estudio Preliminar: Omar Chauvié, 17grises editora, Bahía Blanca, 2010.
[3] Spencer & Co era una fábrica especializada en la construcción de plantas de depósito y manipulación, silos para cereal y elevadores, tanto fijos como flotantes. El equipamiento eléctrico (los motores y ascensores de grano) fueron adquiridos a las firmas estadounidenses Westinghouse y General Electric, y a la empresa Vickers, con sede en Sheffield, Inglaterra. Archivo Ferrowhite (FW-566).
[4] La Nueva Provincia, 26-1-1906.
[5] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 368.
[6] GUERREIRO, Héctor, Los ferrocarriles en Bahía Blanca, FCS-FCRPB, Edición de Autor, 2011, p. 121-129.
[7] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 379.
[8] La Nueva Provincia, 24-7-1907.
[9] Diario Bahía Blanca, 25-3-1908.
[10] Los motores de los elevadores funcionaban con electricidad a 440 volts, lo que obligó a instalar en la usina que el Ferrocarril Sud construyó en simultáneo una subestación de transformación desde la cual se proveer de energía al nuevo muelle. Entrevista a Amílcar Bournod, 2011. Archivo Ferrowhite.
[11] Archivo Ferrowhite (FW-609).
[12] Por contrato, el Ferrocarril Sud acordó con Marchesi Hnos. la provisión e instalación de “una despuntadora de grano, una separadora de trigo, avena, cebada y cebadilla, una máquina ventiladora de hierro, una noria de 30 toneladas por hora y 15 metros de largo, limpiadora, escalera marinero y transmisión para contramarcha de noria.” Archivo Ferrowhite (FW-566).
[13] Ley 11.742, Art. 14. La Nueva Provincia 16-7-1944; 15-6-1972.
[14] “Venta del plantel de dragado FCS White-Pto. Galván, decreto 9905/45, 4-5-1945”. Archivo Ferrowhite (FW-1246).
[15] La Nueva Provincia, 1-1-1953.
[16] Gropius los menciona en el anuario de la  Deutscher Werkbund (1913) y Karls Scheffler en su obra Der Geist der Gotik (1919). MEDINA WARMBURG, Joaquín, “Tres temas circulares. Variaciones del arte integral en el Río de la Plata”, en El mundo entero es una bauhaus, Magazine nº 1, 2018.

miércoles, 8 de abril de 2020

UNA RIMA CONTAGIOSA


Los internos del penal de Villa Floresta compusieron este tema de rap para prevenirnos de la pandemia:



¿Te animás a contarnos al ritmo de las rimas tus días de cuarentena?

Mandanos tus audios a:

ESTAMOS TODXS EN EL MISMO TREN (II)



Hace algún tiempo Orhan Pamuk escribió que "el futuro de los museos está dentro de nuestras casas". Ese futuro es hoy, aunque la frase de Pamuk adquiere, por estas horas, una literalidad inesperada.

Hace algún tiempo Orhan Pamuk escribió que "el futuro de los museos está dentro de nuestras casas". Ese futuro es hoy, aunque la frase de Pamuk adquiere, por estas horas, una literalidad inesperada.

El otro día, desde Ferrowhite invitamos a chicas y chicos a dibujar un tren que nos reúna y encarrile en estas jornadas de cuarentena. Estos son algunos de los dibujos que Isabella, Emilia, Valentina, Jazmín, Alma, Luna, Nahiara, Julieta, Sayra, Fiorella, Juan, Vicky, Joaquín, Ainara y Mailén nos mandaron por whatsapp. Hay un vagón monstruoso, un vagón vivienda, un vagón mágico, y también un vagón sanitario. Este tren no se parece a ninguno porque sería inútil pretender que todo sigue como antes. La vía a transitar todavía hay que encontrarla y es probable que nos lleve a un mundo distinto al conocido. Por lo pronto, en las próximas semanas, lo que suceda en el museo sucederá en nuestros hogares.