viernes, 27 de julio de 2007

LAS PAREDES BLANCAS NO DICEN NADA (texto de Esteban Sabanés)

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¡Alerta entre los vecinos! Hay un hombre vestido con un traje especial de pies a cabeza, una especie de escafandra cubriendo su rostro y armado con un fusil al hombro, dando vueltas por las calles de White aunque –superada la primera impresión- su rostro severo, sereno no asusta; más bien parece interrogarnos.


¿Pero de dónde ha salido este hombre? ¿Qué mensaje nos viene a traer? Pareciera desprenderse de aquellas paredes húmedas y entumecidas que, con su sola presencia, han recuperado cierta vitalidad y llama la atención a los paseantes que se asoman y se agolpan para ver a aquel hombre que avanza con paso decidido arrastrando consigo –evidentemente, desde otro lugar y tiempo- una nieve extrañamente verde y preguntas que desafían la memoria de los vecinos de White.

Si las paredes blancas no dicen nada, estas otras intervienen el tiempo y las preguntas de El Eternauta provocan más preguntas todavía antes que certezas entre los asombrados vecinos. Su figura se repite en esquinas estratégicas, en paredes internas de algún baldío o paredones a la vista de todos: a nadie escapa la presencia de El Eternauta y las preguntas causan más desacierto que aquella nieve fluorescente. ¿Quiénes son esos nombres? ¿Por qué no se sabe dónde están? ¿Qué relación tienen con White o con el mismo Eternauta?

¿Y qué relación hay entre El Eternauta Y White? El Eternauta se cubre de la nieve mortal o habrá otra cosa de la cual preocuparse? Por momentos se confunde entre los trabajadores de las fábricas del Polo... si no fuera por el fusil. Claro, unos van a trabajar y El Eternauta... ¿a quién combate? ¿quién es el enemigo?
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