sábado, 1 de diciembre de 2012

POLIBIANA

He hecho en estos últimos años muchas entrevistas: a mujeres italianas, a trabajadores ferroviarios y portuarios, a inmigrantes y a hijos de inmigrantes. El que esté leyendo esto probablemente haya visto algo de este trabajo en Museo TallereTrentinos en Bahía Blanca  y en Italianos en Bahía Blanca.

La utilización de entrevistas orales para escribir historia ha llevado a la proliferación, desde hace ya bastante tiempo, de numerosas investigaciones académicas.  Algunas por supuesto son muy buenas. 
Sin embargo creo que, en más de un caso, hay algo que no se está entendiendo bien, y se está haciendo un "mal" uso de las entrevistas. No me estoy refiriendo a un mal uso de la "experiencia", la vivencia, lo singular del recuerdo que una entrevista proporciona y que ninguna otra fuente puede dar. El testigo presencial, el que estuvo ahí, el que vio, vivió, recuerda y reelabora para poder contar 
(autoptés) es indiscutiblemente un referente ineludible cuando uno hace historia reciente. 

El problema está en que, leyendo algunos de aquellos trabajos académicos o respaldados por la academia, encuentro que los datos proporcionados por la memoria son tomados así, de primera mano, y afirmados como verdad, sin haber hecho el trabajo básico, elemental, que es ir y contrastarlos con lo que muestran fuentes de información que no corren el riesgo de olvidar o confundir: o sea, diarios, actas, fotos, informes para corroborar o ajustar fechas, nombres, causas. Daría la impresión de que algunos olvidan lo básico.

¿Lo básico?: un señor le cuenta a un historiador profesional una huelga, en la que le paso "tal y tal cosa". Ese "tal y tal cosa", ponele que sí (si es que no lo contó ya muchas veces; porque si fue así, el entrevistado ya tiene un relato modelado al ritmo de las expresiones de interés y asombro de los entevistadores anteriores, incluso inducido por el relato o las expectativas con los que esos entrevistadores han iniciado la conversación). Pero la fecha de la huelga, las causas mas generales de la huelga, eso, hay que contrastarlo con otras fuentes. Si lo hubiera hecho, el autor se habría enterado de que en esa entrevista se está hablando de dos huelgas, sucedidas con tres años de distancia la una de la otra. (Y esa confusión le ocurre a muchísimos de los que participaron de esas dos huelgas).

¿Lo básico?: un historiador va hacer la historia de una institución barrial formada ochenta años atrás; y menciona en el cuerpo mismo del texto de historia, nombres, cargos, fechas. Yo leo eso, y enseguida me pregunto: ¿de dónde salieron esos datos? Revuelvo cielo y tierra, doy con un texto que transcribe el acta de formación de esa institución, los nombres y los cargos de sus miembros; y hete aquí que no coinciden, coinciden poco, coincide algún nombre, coincide el nombre de una persona conocida, cuyo nombre siguió sonando en el barrio, coincide evidentemente con lo que alguien recuerda y contó en una entrevista, lo que alguien recuerda que le contaron - porque ninguna persona viva pudo haber estado en la conformación de una sociedad ochenta años atrás-. No solamente inexactos: tampoco aquellos nombres, cargos o fechas que están en el cuerpo mismo del texto tienen referencia al origen de la información. Me podrán decir: bueno, en un libro sobre una institución barrial y que se supone que es de "divulgación" no vas a poner notas al pie. Ponele que no. Pero el trabajo hay que hacerlo bien igual, siempre, y con más razón, incluso, para que el texto sea fiable, si el que lo hace es un  historiador profesional (profesional 
en este sentido, no en el de los títulos o cargos universitarios).


¿Lo básico?: no dejarse llevar tan fácilmente por la idea corriente de que usar entrevistas, y contrastar los datos con las fuentes son recursos o métodos antagónicos.

No sé por qué me preocupo tanto.
No sé si hay alguien más a quien estas cosas le preocupen.
Los que yo creo que se tendrían que preocupar, están muy ocupados y apurados en otras cosas.
Las modas académicas, la jerga y las disquisiciones teóricas formuladas en el aire y no como resultado de un trabajo de campo específico y concreto, y finalmente la urgencia por cumplir plazos administrativos (eso de entregar antes de tal fecha el resumen de un trabajo que, la mayor parte de las veces, aún no existe) pueden llegar a comerse la pasión y la seriedad que una tarea como esta requiere.





Publicado por nuestra compañera Ana Miravalles en su blog Parva.

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