jueves, 16 de mayo de 2013

DICHO Y HECHO


¿Y si este museo fuera una caja de herramientas? Nos encanta, de verdad, pensar eso. Pero acá las metáforas sólo traccionan, agarran viaje, si adquieren algo del peso literal de las cosas. Por eso desde este mes, junto a los libros, las libretas de apuntes y las bolsas para las compras hechos en este lugar, te invitamos a probar nuestra caja Arreglatutti, un habitáculo perfecto para llevar herramientas que además trae palabras y frases para desprogramar (un poco) la obsolescencia de los lenguajes sobre el trabajo.

Arreglatutti, porque si cada artefacto trae un "idioma" de fábrica, una lógica de armado y de funcionamiento que se expresa en la lengua seca de los manuales, se nos ocurre que las manos y las herramientas que intervienen en su arreglo "dialogan", en cambio, en una suerte de cocoliche, en un habla que tiene mucho de mezcla e invento. ¿En qué lenguaje se entienden, si no, la llave inglesa y la francesa? En aquel que un búlgaro y un italiano, un gallego y un hindú, un formoseño y un pampeano improvisaron, a lo largo de cien años, para coordinar su labor en las distintas secciones de los Talleres Bahía Blanca Noreste. 

"Petitore", con ese nombre enigmático conocían los trabajadores de Talleres Bahía Blanca al almacén de materiales ferroviarios. Hay que ir a los papeles, revisar planos y planillas, para reconocer tras la voz "Petitore", el término "Petit Store" con el que los jefes ingleses habían bautizado a esa dependencia del taller a fines del siglo XIX. ¿Será cierto entonces que la palabra "bacán" proviene de "back hands", expresión en la que parece haber quedado capturada la imagen de ese remoto patrón británico que, vigilando el trabajo de otros, caminaba con las manos en la espalda?


Nos la pasamos revolviendo ese cajón de sastre que llamamos historia ferroviaria, averiguando en cada documento, en cada testimonio, el orden de un rompecabezas que no corresponde, en definitiva, a una imagen sino a muchas simultáneas y no siempre coincidentes. El pasado, se sabe, es un caleidoscopio en las manos del presente, en los puños de quienes pulsean por adueñarse de un sentido del aquí y el ahora. ¿No será mucho tener que arreglárselas con todo eso, con la ayuda de una simple cajita de madera? Puede ser. Pero si la cuidás un poco, la cajita en cuestión te va a durar toda la vida.

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