jueves, 18 de junio de 2015

UN MUSEO DEL TRABAJO

No salía ningún tren esa tarde (hace mucho que no sale ninguno). No llegaba ninguna encomienda ni se vendían boletos especiales. Y sin embargo, el domingo 14 de junio muchos nos dimos cita en la Estación Nicolás Levalle.


Una muestra de yunques fue el motivo para abrir por segunda vez lo que Beti, Juan y Gladys (entre otros ‘Amigos de la estación’) vienen armando desde el año pasado: un Museo del Trabajo rural al sur de la Provincia de Buenos Aires. Herramientas y fotos; mates hechos con calabazas gigantes e historias familiares; viajes en triciclos de vía y chocolate caliente para recuperar energías. El viento que te golpeaba la cara y el sol que entibiaba la espalda.

Fueron muchas ‘las excusas’ para volver a habitar el edificio, encender sus hogares a leña y sobre todo volver a reunirse. Por eso ahí estaban quienes alguna vez vivieron y trabajaron en los campos cercanos: la familia cuya casa quedaba pasando la chacra de; los hijos y nietas de quien estaba casado con. ¿Te acordás?



Habilitar un museo del trabajo en una estación ferroviaria supone crear una parada en la inmensidad de la pampa y la brevedad del tiempo. Un punto en el territorio desde el cual contemplar el horizonte y preguntarse qué pasó con las familias que durante años vivieron por ahí, quiénes asisten a la escuela que queda enfrente y qué y cómo se produce hoy en un campo -ahora sí- prácticamente desierto. 

Con los amigos de este museo en gestación no sólo nos unen las vías y las herramientas. También una mirada que se esfuerza por vislumbrar el trabajo detrás de las cosas que aparentan no tenerlo y a la vez, ver la vida donde a veces sólo se ve trabajo.