viernes, 25 de marzo de 2016

EN QUÉ BAILE NOS METIMOS


Antes que un arte, la danza es un vehículo. Una manera de deslizarse a través de todas las cosas. O en eso, al menos, parece empeñada la compañía efímera que por estas horas explora cada rincón de la usina. Como si bailar fuera viajar inventando un poco el camino. Una forma de transitar la ciudad y de ponerla a prueba, transformando por un rato el lugar que se atraviesa y, a la vez, dejándose afectar por él. ¿Pero, entonces, por qué la danza pasa tanto tiempo encerrada en escuelas y teatros? Puede que la razón se encuentre en la conducta de sus intérpretes fuera del escenario. Las bailarinas y los bailarines son ciudadanos díscolos, gente que, básicamente, no hace caso. Tendrían que ver cómo se comportan ahora. No pasan por donde los carteles indican. No mantienen entre sí una prudente distancia. No guardan correcta compostura. De repente enredados, de repente dispersos, corren como chicos o se plantan como estatuas, hacen masa o arman un piquete que se transforma después en un funeral que deriva enseguida en una fiesta loca. Los bailarines desobedecen, u obedecen a un orden de razones que nos intriga. Por eso, agazapados en nuestro museo, no les sacamos los ojos de encima. Este sábado, a las cuatro de la tarde, sabremos por fin que se proponen con todo esto.



                          




Bahía Danza. 2do Festival de danza contemporánea en espacio público: https://www.facebook.com/danzabahia