Se cumplieron cuatro años del incendio de la Estación Noroeste y, como cada año, fue recordada en el festival 'La estación es nuestra casa' que organizan la murga Vía libre y el foro Parque Noroeste. Agradecemos la invitación a compartir las palabras que siguen:
Si bien la pérdida de la Estación Noroeste aún nos genera tristeza, a la vez nos reconforta que los festivales se sigan haciendo y sigamos juntxs para recordar que pasó y siga latente el proyecto de su reconstrucción.
¿Qué es una estación? ¿Cómo se explica y se transmite a quiénes no viajaron en tren?
En el tiempo en que corrían los trenes de pasajeros, una estación podía significar el comienzo de una aventura, una parada para descansar o la alegría de llegar a destino, por ejemplo a “meter las patas en la ría”, allá en la playa de Galván los días de calor.
Esta estación fue creada por el Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste en 1891 para la circulación de pasajeros y de cargas. Fue construida como cabecera de la línea a La Pampa y luego a Mendoza. De ese noroeste viene el nombre de esta barriada, a pesar de dar hacia el sur de la ciudad. A nivel local sus destinos eran Maldonado, Bordeu y Nueva Roma; y para el otro lado, para el puerto, Loma Paraguaya, Galván y Garro en Ingeniero White.
Pero también, como en muchos pueblos, la estación era el momento del reencuentro familiar, la llegada de noticias, de las novedades de diarios y revistas, el paseo del domingo, la expectativa de conseguir trabajo, la posibilidad de encontrar pareja, sí, porque cuánta gente se puso de novio en una estación.
En los años 90’, cuando la estación Noroeste ya no funcionaba como tal desde hacía mucho tiempo, pasó a ser el lugar de reunión de la murga Vía Libre, de la sociedad de fomento del barrio Almafuerte, que en algún tiempo supo reunirse acá, de la biblioteca Fija y Ambulante y de tanta gente que venía a la estación y a esta plaza.
En el festival del 2022, el museo también estuvo presente repartiendo un manifiesto que decía: ¿Qué memorias atesoran estas cajas? (las cajas fuertes que se habían salvado del fuego y que hoy están a resguardo en Ferrowhite) Muchas personas agregaron sus memorias personales y familiares: venir a tomar mate, jugar al fútbol, festejar cumpleaños, organizar un encuentro de mujeres en la placita Martí…
Decimos esto porque las estaciones, como lugares de encuentro de la comunidad, están en peligro. La estación Noroeste se suma a una lista de pérdidas que no es nueva, como la estación de Ing. White, incendiada en 1991 o el apeadero en Punta Alta, perdido en 2015... Todas esas dependencias compartían la fragilidad de ser de chapa y madera. Habían sido construidas como provisorias y la historia ferroviaria hizo que nunca se las reemplazara por las construcciones definitivas, más duraderas. Pero también la estación Spurr, de ladrillo, fue parcialmente incendiada, y se encuentra prácticamente sin uso, la de Bajo Hondo…y la lista sigue… Y desde el año pasado se suma la clausura del servicio de pasajeros y el cierre de la Estación Sud. Un edificio cuyo destino aún es una incógnita para los vecinos de esta ciudad.
Seguramente conozcamos cómo la privatización de los años ‘90 contribuyó al desmantelamiento del sistema ferroviario. Desde entonces el ferrocarril fue concesionado y quedó en manos de empresas privadas que se hicieron cargo especialmente del servicio de cargas. Las inversiones en infraestructura son escasas, a las cargas no les interesa demasiado el estado de las vías, y por eso se ha vuelto imposible circular para otro tipo de servicios..
Hasta el cierre en marzo de 2023, los servicios desde la
Estación Sud a Buenos Aires llegaron a tardar 18 horas y con un solo servicio
diario. A eso nos acostumbramos como comunidad en las últimas décadas. Aun así,
contaba hace poco José Gonzales, el último jefe de la Estación Sud que se
jubiló en julio del año pasado, que alrededor de 700 personas por día seguían
eligiendo el tren por sus tarifas accesibles.
Estar hoy acá, no es solo un acto de nostalgia o de demanda por el perdido patrimonio arquitectónico. Al lado de estas vías por las que siguen circulando los trenes de cargas que diariamente llevan cereales al puerto, pero como parte del querido y defendido Parque Noroeste, es sostener la función social del tren. Es afirmar, como comunidad, que el ferrocarril no es solo un medio económico de transportar mercancías.
Ayer, en el museo en un encuentro con los aspirantes de maquinistas de la escuela de “La fraternidad", Néstor Ibarra decía que el ferrocarril es infraestructura. Pero cuando dice eso, y a pesar de que es ingeniero, no habla sólo en términos técnicos de cuántos durmientes y rieles, o cuántos millones de pesos o dólares se necesitan para construir 10, 100 o 1000 kilómetros de vía. Néstor, y tantas otras personas, piensan que esa “infraestructura” tiene que ver con el diseño del país, con cómo nos volvemos a conectar, en definitiva con qué país queremos.
Acompañamos desde el museo, porque creemos que la memoria no es un acto de nostalgia. No tiene que ver sólo con el pasado. Es la posibilidad de activar en el presente la imaginación de un futuro diferente. Y lo que se afirma justamente en cada festival o cada acción del Foro del Parque, o de las Comisiones de Reactivación de trenes, es que esa memoria, como esa imaginación, es colectiva. Y que el tren también es nuestra casa.
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