miércoles, 25 de febrero de 2015

ESTACIÓN GRÜNBEIN

Las jornadas arrancaron hoy en estación Grünbein.


Grünbein es en la actualidad una estación sin pasajeros. Pero a diferencia de muchas otras, no se encuentra abandonada. Desde allí opera Ferrosur Roca su playa de maniobras. Hugo Torresi, Jefe de Zona, nos guía amablemente por la construcción que oficia ahora como centro administrativo. Nos cuenta sobre las reformas que la empresa encara en el edificio. Bajar techos, reemplazar pisos, levantar sobre los zócalos una capa aisladora que siempre faltó. Al marco del nomenclador de Grünbein le falta un pedazo, así que le pedimos prestado a Hugo un listón de pinotea desechado durante las reformas para completar nuestro trabajo, y ahí va Guillermo Beluzo, caladora en mano, a realizar los ajustes pertinentes.


El nomenclador en cuestión es un típico cartel enlozado del Ferrocarril Sud, con varias manos de pintura sintética encima y unos cuantos abollones. Al rato, cae Ariel Scolari, ex basquetbolista y Fanático del Ferrocarril, quien no tiene pereza en agarrar la espátula ni necesita de una escalera para llegar con la masilla a dónde haga falta. También se arrima Cesar Guillen, trabajador de Ferrosur y miembro de la "Asociación Amigos de las Zorras de Vías". Nos cuenta sobre los preparativos para su próxima travesía sobre una dresina.






En frente, sobre una vía secundaria, espera para partir un tren de contenedores. Pero no es polietileno o policloruro de vinilo del polo petroquímico lo que transporta esta vez. Esos contenedores están llenos de arena. Arena en sacos que viaja hacia un destino hasta hace poco desconocido: "La arena se va para Vaca Muerta", nos cuenta el maquinista de la formación, que pide mantener su nombre en reserva, como si al haber aceptado conducir ese tren participase de un complot para traficar dunas a través del desierto argentino. "Es arena para fracking", el discutidísimo proceso por el cual -arena, mucha agua y un combo químico mediante-, YPF y Chevron extraen el petróleo y el gas impregnados en las profundidades de la "cuenca neuquina". Y todavía hay más: si esta arena tiene por delante un largo viaje, ha llegado hasta aquí aún de mucho más lejos. "Como las locomotoras que trae Randazzo, es arena que viene de china", dice el maquinista misterioso y agrega: "no es como la que se ve en la playa". Al parecer es roja, tal como corresponde al color de la bandera del país del que proviene, y tiene un granulado especial. "Quién sabe como la fabrican". El cartel que reparamos, en cambio, fue fabricado en Birmigham, en una época en la que casi todas las manufacturas industriales no llegaban de China sino de Inglaterra. Por la forma de la G y de la R, Patricio Larrambebere supone que fue horneado por la compañía The Patent Enamel Co. De todos modos, en la pieza no figura ninguna inscripción que permita identificar con certeza al fabricante.


Ya es casi de noche cuando dos siluetas cruzan el patio de maniobras de Ferrosur. ¿De dónde salieron? Parados sobre el andén, a unos cincuenta metros del edificio de la estación, con la formación que va para Vaca Muerta a sus espaldas, Brian y su abuela esperan el paso del tren que va para Buenos Aires. ¿Pero cómo? ¿No era que por esta estación hace años que ya no circulan pasajeros? Sí, pero "el maquinista de Ferrobaires nos hace la gauchada de parar acá", responden ellos con calma, y todos en la estación Grünbein hacen, al parecer, como que no se dan cuenta. Los despedimos. Ahí viene el tren.

martes, 24 de febrero de 2015

NUESTROS


El 1º de marzo se celebra el Día del Trabajador Ferroviario. La fecha conmemora la nacionalización de los ferrocarriles a comienzos de marzo de 1948. En dicho marco, la Agrupación Boletos Tipo Edmondson (ABTE) y Ferrowhite (museo taller) invitan participar de las jornadas de restauración de carteles nomencladores en estaciones ferroviarias, a desarrollarse en la estación Grünbein, la estación Spurr y la estación Sud de nuestra ciudad, del miércoles 25 de febrero al mencionado domingo 1º de marzo.

La iniciativa busca promover la reflexión sobre la necesidad de recuperar los trenes en nuestra zona para beneficio de las personas de a pie, pero también la idea de que ese proceso de rehabilitación no supone sólo la mejora de los deteriorados servicios de pasajeros -y de la industria ferroviaria aún existente-, sino también la puesta en valor tanto de los edificios históricos del ferrocarril como de los saberes y experiencias de sus trabajadores. Hay que reinventar los ferrocarriles pero no podemos hacerlo de espaldas a su historia, podría ser la consigna.

En 1998, Patricio Larrambebere y Javier Martínez Jacques formaron en la ciudad de Buenos Aires la Agrupación Boletos Tipo Edmondson. Abocada en un principio a rescatar la cultura gráfica del ferrocarril a través de la preservación de "una de sus más diminutas joyas" -los boletos de cartón-, la actividad del grupo fue ampliándose a lo largo de los años a tareas de intervención sobre el patrimonio edilicio ferroviario. En 2013, ABTE realizó la muestra “57 x 30.5 mm. Quince años de Cultura Ferroviaria.”, en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. En tanto en la actualidad participa de la muestra colectiva "Horizontes de Deseo" que se lleva a cabo en el Museo de Arte Contemporáneo de Mar del Plata. Integran ABTE Javier Barrio, Martín Guerrero, Patricio Larrambebere, Gachi Rosati y Ezequiel Semo.

Miércoles 25/2, 16 hs., Estación Grünbein
Jueves 26/2, 10 hs., Estación Spurr
Domingo 1/3, 16 hs., Estación Sud


Acerca de la nacionalización de los ferrocarriles.
Sobre las estaciones ferroviarias de nuestra ciudad.

domingo, 22 de febrero de 2015

"UN EJERCICIO DE IMAGINACIÓN POLÍTICA"

Ayer se cumplieron tres años de la Masacre de Once. Las muertes por el choque de aquella formación del ferrocarril Sarmiento y los cambios en el manejo de las líneas de trenes que desde entonces impulsa el gobierno nacional, han devuelto la "cuestión ferroviaria" a la agenda pública. Entre la impugnación lisa y llana de la política de transportes de los últimos años y su celebración acrítica existe, creemos, un debate por dar. Una discusión que involucra, como siempre que se trata del tren, distintas ideas de país, de lo que el país debe producir, de para quiénes lo hace, y del papel que cumple el Estado en dicha empresa colectiva.

Boleto impreso por ABTE para el cumpleaños del museo




Durante los próximos meses, vamos a trabajar junto a la Agrupación Boletos Tipo Edmondson y la plataforma de pensamiento e interacción artística La Dársena, en torno al presente y futuro del ferrocarril en nuestra región. Un proceso de colaboración que, si nos sale, tal vez podamos llamar un "ejercicio de imaginación política".

RAROS PEINADOS NUEVOS




El carnaval de Ingeniero White volvió con todo. Y esta noche vamos por más.

jueves, 19 de febrero de 2015

FÁBRICA DE CARNAVAL


Este fin de semana se viene el Gran Carnaval de Ingeniero White, y en el museo estamos a full dando una mano con los preparativos.

viernes, 13 de febrero de 2015

VERANO DEL '91



El 13 de febrero de 1991 comenzaba la huelga ferroviaria de 45 días contra la política de privatización de las líneas de trenes del primer gobierno de Carlos Menem. Por qué este conflicto, de gran impacto en tantos lugares de nuestro país, tuvo tan poco eco en nuestra ciudad, es una pregunta cuya respuesta en buena medida continúa pendiente.

Video subido por Rodolfo Hector Ortíz y compartido por Fanáticos del Ferrocarril.

jueves, 12 de febrero de 2015

EL BUEN MAQUINISTA

En la planta alta del museo hay una sala dedicada a la Escuela Técnica Carlos Gallini, el lugar en Ingeniero White en el que los aspirantes a maquinistas del ferrocarril aprendían el oficio guiados por sus compañeros en el gremio La Fraternidad. Hace algunos días, nuestra compañera Julieta Ortiz de Rosas entrevistó a Olga y Raúl Martínez, quienes le contaron acerca de la historia de su papá Amadeo, quien estudió y eventualmente dió clases en esa escuela.

En 1930, Amadeo Martínez ingresó en el Ferrocarril Sud para trabajar como pasaleña de las locomotoras a vapor. A los pocos años ya cumplía las funciones de foguista. En 1940 la empresa lo trasladó a Ingeniero White y lo ascendió al puesto de maquinista.




Amadeo manejó tanto las locomotoras a vapor como las diésel del Ferrocarril Roca, realizando el tramo Bahía Blanca-Olavarría, Olavarría-Bahía Blanca. Recuerda Raúl, su hijo mayor:

“Era un estudio embromado el de maquinista, los exámenes se rendían en Buenos Aires y muchos fracasaban, más en el tiempo de los ingleses. Para trabajar de maquinista tenías que estudiar mucho y no solo conocer la práctica del oficio, si no también el estudio de la señalización, de los cambios, cómo está compuesta la máquina, las piezas de la máquina, el problema del vapor. "

“Antes de que te largaras a transitar por ciertas vías tenías que ir a recorrerlas unas cuantas veces junto a alguien que ya las conocía, no podías largarte solo. El conocimiento de la vía era esencial para cualquier maquinista, vos calculá que todas las vías son completamente distintas.”


Lejos de las vías, Amadeo formó parte de varios grupos musicales (uno de ellos fue junto al padre de Juan Cambarelli, “El mago del bandoneón”) y acompañó con su guitarra a hijos e hijas de ferroviarios que cantaban durante las fiestas de la Fraternidad. Como si algo le faltara hacer, además escribía mucho. Irma, la hija menor, relata:

“A mi papá siempre lo recuerdo escribiendo cosas. Fue hasta 3º grado ¡pero tenía una redacción y una letra! Escribía de todo, tenía esa costumbre maravillosa”.

“Fijate, detrás de cada foto hay una reseña escrita por él”.


Junto con las fotos, aparece este poema didáctico, con aclaraciones incluídas, titulado 'El Buen Maquinista'. Amadeo lo escribió allá por la década de '30, en  la ciudad de Patagones.


El buen maquinista 

De Amadeo Delfino Martínez

Yo también como el mejor
maquinista recibido
sé hacer un buen recorrido
con máquinas a vapor.
Sé abrir el regulador (llave de abrir la marcha)
y recoger la “palanca” (marcha atrás ó adelante)
y si es brava la barranca,
mandarla al faie del “sector” (cambio de marcha).


Sé dar un contra vapor (en marcha, dar marcha atrás)
sin que sufra la caldera
y sé hacerlo de manera
que no salte el “inyector” (inyector de agua).
Y si voy con “cangeador” (aparato de cambio vía libre),
corriendo algún sesfaloso,
le hago una seña a mi “socio” (el foguista)
pa’ que produzca vapor.

En las noches muy oscuras
de neblina o temporales
mis ojos son como gato
pa’ divisar las señales.
Y al llegar a una estación,
si es que hay pasada o parada,
de lejos sé distinguen
la verde o la colorada.

Así al llegar a destino
entro la locomotora al galpón
y antes de dejar servicio
anoto reparación.

La vida de un maquinista
sin pretensiones ninguna,
y una vez dejao servicio
voy a pasar a la Comuna (casa de descanso).

lunes, 2 de febrero de 2015

UN GORRIÓN EN LA CABEZA


Marcelo Díaz hoy, en Facebook:

Pedro Caballero fue muchas cosas en su vida, pero ante todo fue ferroviario. El ferrocarril era el centro gravitatorio de su identidad, ahí estaba el motor de la pasión que lo movía. Vivía en una casa de las colonias ferroviarias, vivía entre Ferrowhite, la Estación Sud y los talleres Maldonado, llevando y trayendo objetos y herramientas.

Pedro era excéntrico y extravagante. No era un militante de la excentricidad y la extravagancia, simplemente vivía su vida como quería vivirla. Esos dos adjetivos, claro, hablan menos de Pedro que de una incapacidad para nombrar lo que escapa a lo esperable y a lo que debe ser. Y qué cosa terrible, qué árido e inhabitable sería un mundo en el que todo respondiera dócilmente a lo que se espera y a lo que debe ser.

Lo primero que recuerdo de Pedro, allá por 2006, en Ferrowhite, fue el relato de un andén lleno de ferroviarios, lleno de bullicio y movimiento, a las dos de la tarde. En el centro de ese cuadro, Samataro, ferroviario fornido y legendario, y el hecho imprevisible: un gorrión que se posa en su cabeza, y todos que se quedan un instante quietos y en silencio, ante la modesta maravilla. Hasta que uno se ríe, y entonces todos los ferroviarios del andén se ríen, Samataro incluido. Pedro se reía después de contar ese mínimo momento de poesía, y se agarraba las manos y decía “qué increíble!”.

Aprendimos mucho de Pedro Caballero, como de muchos otros trabajadores. Ferrowhite hubiera sido algo muy distinto si no lo hubiéramos hecho. Yo, personalmente, les debo a ellos y a mis compañerso del museo, la convicción de que el gran relato de las naciones, sus luchas, sus conflictos, la soberanía, la independencia, no tiene ningún sentido si no lo entendemos como parte de una trama en la que se cruzan, día tras día, las acciones, las disputas, las vidas, los deseos y el trabajo de hombres y mujeres.

¿Cómo decirlo? Una llave inglesa es un pedazo de hierro. Pero una llave inglesa en las manos de Pedro Caballero, como en las manos de cualquier otro ferroviario, es un objeto valioso. En esa llave inglesa está el imperio inglés, el trazado urbano de Bahía Blanca con los barrios que quedan a un lado y otro de las vías, el puerto, la Junta Nacional de Granos, el Banco Mundial, el General de los Estados Unidos Thomas Larkin y su plan para “racionalizar” la red ferroviaria argentina, y también está el dirigente gremial Osvaldo Ceci, y los huelguistas del 58, y Hugo Llera, arquero notable que dejó Estudiantes de la Plata para venir a Bahía a trabajar al ferrocarril, en épocas en que un futbolista no ganaba ni la mitad de lo que ganaba un ferroviario!, y la mujer de Hugo, que marchó por Avenida Alem cuando él y todos los huelguistas fueron presos, y Pietro Morelli, carpintero y guitarrista, y la madre de Pedro cocinando en Puerto Galván, y también está Samataro con un gorrión en la cabeza. Todo eso sabía Pedro Caballero. Por eso podía donar una llave inglesa al museo diciendo "es un objeto histórico". Porque no hay una Gran Historia y una pequeña historia, no hay una historia de notables y una historia de la "gente común". Hay historia, a secas. Y vida: cambiante, contradictoria, diversa. Todo eso es lo que tratamos de aprender.

Yo no creo en el cielo, ni en el infierno. Pero si el cielo existe, hoy, en este momento, debe estar lleno de locomotoras en marcha. Un flor de quilombo, una felicidad.

sábado, 31 de enero de 2015

GLORIA



A lo largo de los últimos meses, Pedro Caballero trajo al museo la mayor parte de sus libros y papeles. Ayer por la tarde, junto a sus hermanos Julián y Alberto, volvimos a su casa. Allí encontramos el cuaderno Gloria que aparece en este video.

viernes, 30 de enero de 2015

PEDRO

Con enorme pena les contamos que hoy a la tarde falleció nuestro amigo Pedro Caballero.
Gracias, Pedro. Buen viaje.


martes, 27 de enero de 2015

SALIR AL MAR

2015 empieza con una gran noticia: La Rambla de Arrieta es uno de los proyectos seleccionados por el Fondo Argentino de Desarrollo Cultural (línea infraestructura), auspiciado por el Ministerio de Cultura de la Nación. La iniciativa se propone crear en torno al castillo del puerto un paseo público de gestión comunitaria con vista al canal principal de la ría de Bahía Blanca. O sea, convertir en una posibilidad cotidiana aquello que venimos tanteando con cada recital, cada visita escolar, cada fiesta de carnaval realizada en los últimos años al borde de las aguas más difíciles del mundo. Difíciles, sí, y complejas también, porque en este puerto pasa de todo y todo junto, lo advirtamos o no. La Rambla es un sitio privilegiado para comprender procesos en los que naturaleza e historia no pueden concebirse por separado, pero además es un lugar para pasarla bien. Un lugar para afirmar que en el paraíso de la soja y el polietileno, también se vive de cara al sol.



En 1934 el intendente Agustín de Arrieta proyectó un gran balneario municipal justo en esta zona del puerto. Aunque aquella obra nunca se concretó, fue materializada en la práctica por el ingenio de generaciones de whitenses. La playita de la usina General San Martín fue por décadas una costumbre de los vecinos del Bulevar Juan B. Justo. Una creación renovada verano a verano que incluía convertir al canal de salida del agua utilizada para refrigerar la central térmica en una enorme pileta climatizada. Por eso la Rambla de Arrieta es a la vez la rambla de Lili Torres, de Atilio Miglianelli, de Juan Carlos Alesoni; la rambla de Ida, Nora, Katty, Angelito... personas que desde hace tiempo se organizan en una Asociación de Amigos para darnos una mano, a quienes hoy hay que felicitar porque es su propuesta la que acaba de ser distinguida entre más de tres mil de todo el país. Atender a su sueño no es un acto de nostalgia, es asumir que la misma historia que nos ayuda a entender por qué White ha llegado a ser como es, nos permite imaginar que las cosas fueron y por tanto pueden ser de muchas otras maneras.

¿Y cómo va a ser esta Rambla si por fin nos sale? La verdad que no tenemos idea. Porque lo que sí sabemos es que la identidad de una comunidad no está dada de antemano ni su destino puede darse por descontado. Una comunidad se piensa, se discute, se fabrica, día a día. Reimaginar nuestra relación con las aguas de la ría implica repensar en alguna medida cómo queremos que sea nuestra vida en común de acá en más. En eso estamos. A eso los invitamos.

http://www.cultura.gob.ar/noticias/mas-de-200-proyectos-seleccionados-para-el-fondo-argentino-de-desarrollo-cultural/

martes, 13 de enero de 2015

LA HISTORIA DE LA QUE SOMOS PARTE

En una nota publicada el domingo 11 de enero en la sección "Otras voces" del diario La Nueva Provincia, el ex intendente Jaime Linares afirma que Ferrowhite se inauguró el 7 de noviembre de 2003, sobre el final de su gestión al frente del municipio. Según Linares, el museo cumpliría once años y no los diez que hace poco celebramos. En realidad, lo que se abrió al publico aquel 7 de octubre de 2003, y sólo por ese día, fue el edificio del Taller Regional de Mantenimiento de la ex usina General San Martín, luego de un año dedicado a su restauración y al traslado desde el Hotel de Inmigrantes de algunos de los objetos que constituirían la colección del museo; piezas que, en efecto, había reunido Adolfo Repetti con el apoyo de la intendencia y la colaboración de muchos otros ferroviarios. Pero un museo es significativamente más que el edificio que ocupa o parte de los objetos que contiene. Un museo es además la muestra que propone, las actividades que realiza, los saberes y prácticas que articula. Por eso la constitución plena de Ferrowhite -como espacio autónomo con respecto al Museo del Puerto desde el que se dio origen y sostén al proyecto a través de la obtención en 2002 de un subsidio de la Fundación Antorchas-, demandó todavía todo otro año de labor a puertas cerradas. Un año ocupado en terminar de equipar el edificio, en conformar un grupo de trabajo, en organizar un depósito bajo normas de conservación, en realizar entrevistas, en rastrear fotos y documentos, en redactar un guión de sala, en pergeñar y construir las vagonetas de la Historia de Cartón Pintado y, de manera más amplia, en plantear una forma de relación con la comunidad. Ferrowhite abrió al público con regularidad recién a partir del 6 de noviembre de 2004. Por eso tomamos esa fecha y no otra como referencia para el festejo del pasado 29 de noviembre, porque quienes formamos parte de este museo desde esos inicios a los que el ex intendente se refiere nos reconocemos en ella. Pero como sucede con cualquier fiesta de cumpleaños, celebrar un nacimiento no implica negar el proceso de gestación que todo nacimiento conlleva. Tal como escribimos en el texto de promoción del evento del 29 de noviembre, "Ferrowhite cumple diez años en 2014" pero su itinerario "forma parte de una trayectoria institucional más extensa" que no es atribuible a un gobierno o a otro sino, por fortuna, a la posibilidad de haber dado continuidad a un proceso de trabajo en el ámbito del Estado municipal. Un proceso que no se remonta a 2004 o 2003, sino que tiene su origen en la recuperación de la democracia, en hitos como la gestión de Isabel Barros de Taramasco al frente de la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Bahía Blanca o la constitución del Museo del Puerto en 1987. Con acuerdos y diferencias, se trata de entender que somos parte de esa historia, no propietarios exclusivos de ella.


Arriba, la invitación al evento realizado el 7 de noviembre de 2003. Como puede leerse con claridad, se convocaba por entonces a la "inauguración del edificio que será sede de FERRO WHITE". La apertura del museo plenamente constituido como una institución autónoma con respecto al Museo del Puerto sucedería recién un año más tarde, tal como acredita la invitación que reproducimos abajo.

viernes, 2 de enero de 2015

REYNALDO


Este año arranca distinto. Luego de 30 años de trayectoria extraordinaria, Reynaldo Merlino deja la dirección de Ferrowhite y su labor en el Instituto Cultural de Bahía Blanca. De su talento y empuje, de sus ganas de discutir y transformar, vamos a seguir teniendo noticias porque Reynaldo, por fortuna para todos nosotros, no para. Reynaldo va siempre por más.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

SALIR A BRINDAR


Salimos afuera para brindar con todos ustedes. Feliz año les desea Ferrowhite (museo taller).

lunes, 22 de diciembre de 2014

VÍ LUZ Y SUBÍ

El viernes 19 y el sábado 20, despedimos el año abriendo otra vez las puertas de la usina General San Martín.







martes, 16 de diciembre de 2014

¿QUERÉS ENTRAR AL CASTILLO? VENÍ, ASOMATE.


El viernes 19 y el sábado 20 de diciembre, entre las 20 y las 23 hs., despedimos el año abriendo nuevamente al público las puertas de la usina General San Martín, un lugar que es parte crucial de la historia de nuestra ciudad. El evento, que da continuidad a la intervención realizada durante la fiesta de aniversario del museo el pasado 29 de noviembre, constituye la primera acción llevada a cabo en la nave central del "castillo del puerto" desde su salida de servicio, en 1988, y su posterior desguace, a partir de 1997.

Desde su puesta en marcha por parte de las Empresas Eléctricas de Bahía Blanca (una filial local de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad), el 1 de octubre de 1932, hasta su salida de servicio el día de los inocentes de 1988, la usina General San Martín -bautizada en un principio "Ingeniero White"-, proveyó de electricidad a Bahía Blanca y a una creciente zona de influencia por más de cincuenta años.

Su historia, por tanto, tiene mucho que ver con el desarrollo de nuestra ciudad. En ella se produjo durante décadas la energía necesaria para que funcionasen elevadores y muelles, y también para que encendieran cada una de las lamparitas, las heladeras, las planchas, las radios y los televisores que fueron poblando los hogares de Ingeniero White, de Bahía Blanca, e incluso, de varias localidades de la región, una central eléctrica cuyo funcionamiento dependió, en lo concreto, del trabajo de muchísimas personas: 150 trabajadores en sus mejores épocas, entre peones, medio oficiales, oficiales especializados, capataces, jefes de sección y de turno, que se encargaban de trabajos específicos, aunque relacionados entre sí, dentro de las secciones de máquinas, calderas, electricidad, regulación, laboratorios de agua y aceite, taller regional, carpintería, pinturería, hojalatería, almacén...

Inaugurada en tiempos en los que comenzaba a declinar la hegemonía del capital inglés en la región, la historia de esta usina da cuenta de la estatización del servicio eléctrico durante el primer gobierno peronista, brinda testimonio sobre el incremento en la demanda energética derivado del desarrollo de la industria nacional en los '50 y los 60', para terminar siendo un ejemplo elocuente de la política de desguace del patrimonio público de fines del siglo XX. A pesar de haber sido declarada Monumento Histórico Nacional y Provincial, la central General San Martín aún espera ser recuperada, como lo fueron en estos últimos años su taller de mantenimiento (hoy Ferrowhite), su parque y la residencia del jefe de planta (La Casa del Espía).

Más sobre la historia de la usina General San Martín por acá.

viernes, 5 de diciembre de 2014

ESPÍRITUS DE ESTADO



Sobre el fin de su último mandato, el 6 de noviembre de 2003, el intendente de Bahía Blanca Jaime Linares inauguró la obra de recuperación del taller que es sede de nuestro museo, pero recién un año más tarde Ferrowhite abrió sus puertas al público plenamente constituido. ¿Ferrowhite fue el último acto de gobierno de la Subsecretaría de Cultura radical o el primer museo del Instituto Cultural peronista? Puede que ambas cosas y, a la vez, ninguna. Porque hablar de la historia de esta institución requiere tener en cuenta, además, la trayectoria cambiante, a veces conflictiva, del conjunto de personas que se las arregló para anidar no uno sino dos museos "comunitarios" bajo lo que algunos amigos ven como el ala protectora, y otros como el pie aplastante, de ese Estado municipal que bien o mal, pero siempre puntual, paga nuestros sueldos. Una trayectoria que no comenzó en 2003 o 2004, sino con la constitución del Museo del Puerto, allá por 1987. Ferrowhite es estatal porque su actividad al mismo tiempo que depende no se deduce de los actos de tal o cual gobierno. Nos gusta pensar que los museos de White han llegado convertirse en una (micro)política del Estado democrático ganada día a día. Quizás sólo sea una expresión de deseo pero, sabrán comprender, es nuestro cumpleaños.

Armar este museo implica esa apuesta cotidiana por el largo plazo. Ponerle una ficha al porvenir en la ruleta de una época que acelera sin pausa. Quien sabe si, en contra de nuestra propia tendencia a llenar de eventos el calendario, de lo que se trata en este lugar es de organizar esa paciencia, y a través de ella, otras maneras de experimentar el tiempo, de asociar, como el sábado, la larga duración con el instante intenso, los témpanos del archivo con el crisol de la fiesta. Una actividad sostenida en favor de prolongar no alguna clase de certidumbre respecto de nuestra identidad, destino y eficacia como institución, sino la propia posibilidad de este devenir incierto.

Ferrowhite es un museo municipal al que se le cuelga la etiqueta de comunitario. Cada una de nuestras mañanas está dedicada a explorar la potencia de este contrasentido, a ensayar la amalgama inestable, tal vez imposible, entre las realidades complejas que los términos Estado y Comunidad tienden a ocultar cuando -escritos así, en mayúscula y singular-, se los contrapone como entidades abstractas, sin fisura ni matiz.



Ferrowhite es un museo en la triple frontera, un enclave en la encrucijada entre población local, poder político y capital trasnacional, una trinchera y a la vez una aduana para los símbolos de una comunidad cada vez menos evidente: un museo de los ferroviarios en un país en el que agonizan los trenes, un museo de los trabajadores en un puerto "próspero" con cada vez menos laburantes, un museo de los vecinos en un lugar en el que fomentistas y cooperadores pactan con funcionarios de relaciones públicas de empresas globalizadas el sentido y los límites de la palabra comunidad. Y otra cosa: Ferrowhite es un museo de White hecho por los hijos progres de la conservadora clase media bahiense. Porque de ahí venimos, no todos, pero sí unos cuantos por acá. Ferrowhite no representa "la voz de los subalternos", por la simple razón de que no basta con habilitar procesos en alguna medida participativos para suspender las jerarquías que gobiernan la vida de una institución como esta, en la que concurren personas de clases, géneros, edades e historias muy diferentes. No hay manera de saldar simbólicamente el hecho incontestable de la dominación. Ferrowhite supone, a lo sumo, la oportunidad de no dar por falsamente resuelto este asunto. Así que permítannos brindar, además, por eso. Por la dialéctica sin síntesis, y ojalá también sin culpas ni condescendencia, entre "los del medio" y "los de más abajo", entre los que viven a diez y a sesenta cuadras del centro, con todas las dificultades que pone a vibrar el choque de nuestras copas.

Pero si, por un lado, lo que hacemos transita por un sendero de hormiga que viene de lejos, por el otro, tampoco se entiende al margen de la crisis sistémica de 2001 y del orden que emergió tras la debacle. Ferrowhite tiene la edad del kirchnerismo. Nuestra pequeña aventura es contemporánea del gran sueño de cambiar el Estado para cambiar la sociedad o, al menos, atemperar sus injusticias; llegamos hasta acá con el viento de cola de la época, a veces entusiastas, a veces escépticos, tantas veces desconcertados ante los alcances y los límites de un proyecto político que construyó (¿y perdió?) hegemonía ampliando derechos y mejorando el reparto de ingresos, sin cambiar, en lo esencial, las estructuras de la economía, y tal vez tampoco, las de ese aparato de Estado que es gobernado sin dejarse, en lo profundo, transformar. Somos hermanos despistados de la legión de trabajadores de la cultura que -con contrato temporario, beca, monotributo, plan de empleo o colgados de un pincel-, disputan en nombre de un Estado "a la izquierda de la sociedad" esa batalla por el sentido común que, por ahora, se pierde; que gana, por lejos, desde abajo, la libido neoliberal. Y como a muchos de ellos, nos fastidia redactar memos, llenar planillas de asistencia o cargar suministros en RAFAM quizás porque, en secreto, nos seguimos considerando almas bellas. Gente que está para otra cosa. Puede que tanto el espíritu radical que inspiran nuestros consumos conspicuos, como el desaliento sarcástico que es su relevo de época, no resulten de mucha ayuda a la hora de intentar sobrellevar al diario trajín por los pasillos estrechos del municipio, pero aquellos que lo logren tal vez sepan aprovechar mejor sus módicas chances concretas. En la pulseada entre regla y excepción a la que a veces parecen quedar reducidas las rutinas de palacio, no hay una sola "razón de Estado" sino muchas en conflicto. El político profesional confía en su astucia, el burócrata reza su reglamento, el militante viene a ofrecer su corazón. ¿Y nosotros? Nosotros tenemos mucho que aprender de todos y cada uno. Feliz cumple.


Fotos de Francisco Drisaldi.

DE PELÍCULA

miércoles, 3 de diciembre de 2014