martes, 2 de mayo de 2023

CUIDADORES DE ALIMENTOS

Este fue el momento previo a rendir el examen del curso de manipulación de alimentos.


En los cuatro encuentros anteriores, junto con Javier Quintana, docente del Centro de Educación Agraria (CEA) Nº 18 de Cerri, conversamos alrededor de las “buenas prácticas” a la hora de trabajar con alimentos. 

Durante la cursada, Javier nos acercó a la legislación que en Argentina regula su tratamiento, partiendo de la noción de que tenemos que ser responsables cuando los manipulamos "por la salud de las otras personas y la de nosotrxs mismxs”. 


La propuesta de hacer esta capacitación en el museo había surgido a fines del año pasado, cuando cursábamos otra de conservas dulces y saladas en la sede de la Sociedad de Fomento del Boulevard. Algunas de las participantes, que trabajan en el rubro de la gastronomía o cocinan en comedores, habían planteado la necesidad con la intención de obtener o renovar el carnet de habilitación y, de este modo, acceder a un conocimiento necesario cuya entrada es restringida para quienes tienen cierto poder adquisitivo.

Aprendí cosas que quizás no tenía idea.

Y otras que recordamos del curso de conservas. (Irene Carrasco)


Había cosas que hacía mal, 

como por ejemplo sacar la carne a descongelar arriba de la mesada. (Analía Saldaño).


Soy del barrio Saladero.

Aprendí muchas cosas, cómo prestar atención cuando uno cocina,

cuando uno manipula los alimentos, los utensilios y todas esas cosas. (Néstor Peralta)


A Alejandra Gallardo, por ejemplo, inscribirse le significaba continuar con la venta ambulante de rosquitas y tortas; el interés de Camila Melcon tuvo que ver con que hace poco arrancó con un comercio de viandas para una empresa del puerto; para Bruno Mondora, la posibilidad de seguir probando recetas desde su tienda ‘Rústico panes’.

Cinco clases geniales y muy bien explicado,

y la prueba con miedo a no rendirla, pero pude,

y un genio el profe, me ayudó en algo que no entendí. (Alejandra Gallardo)


Cuando vi el aviso del curso le comento a Camila, ella está haciendo viandas

y se re engachó, y nos anotamos las dos porque yo la ayudo.

Camila también lo necesitaba porque en la esquina de Guillermo Torres y San Martín está armando

 una miniemprendimiento con su familia, van abrir un restaurante. 

Está quedando hermoso, esperamos que para fin de año se pueda concretar el proyecto familiar, el

 ‘restaurante taller’, como se va a llamar. (Angélica 'Titi' Sedrani)


Las ganas de aprender en buena compañía hizo que algunas participantes del taller de serigrafía del Prende se sumen en esta segunda capacitación formal. Mónica, Vanina, Graciela y Rosa, por ejemplo, contaron que "lo tenían hecho de otros años"; el deseo de actualizar saberes en grupo fue más fuerte que las exigencias de la asistencia completa o el hecho de pasar por una instancia de evaluación obligatoria.

La experiencia no solo fue positiva para reforzar hábitos que incorporamos durante la pandemia, como el tiempo de lavado de manos, que no puede durar menos que veinte segundos; por qué es necesario mantener los alimentos a temperaturas seguras o qué quiere decir la sigla ETAS: enfermedades transmitidas por los alimentos. A las prácticas y saberes que venimos incorporando a través de las huertas agroecológicas, el cuidado del invernadero en el parque del museo y el acceso de verduras de estación a precios justos -que tienen en común el ejercicio del derecho a una alimentación saludable- pudimos cruzarlas con su tratamiento seguro. Como escribió Priscila en su perfil de Facebook: “me emociona haber aprendido buenas prácticas de manipulación de alimentos tanto por el  bienestar de mi hijo y por quien siempre viene a comer a casa”.


lunes, 20 de marzo de 2023




En el archivo se lee con lupa y pincel. Se lee despejando la mugre, levantando una nube de polvo entre párrafo y párrafo, con un ojo puesto en el estado de conservación de los documentos y el otro en identificar quién los produjo. Se lee también revisando el conjunto, tratando de asignar a cada papel un lugar en el complejo rompecabezas articulado en guías, cajas de guarda y bases de datos.
Cada primicia del ayer es hija de la aparente monotonía de estas rutinas, que Ana Miravalles aplica por estos días a los legajos, cartas y abonos recuperados del sótano de la Estación Bahía Blanca Sud, con ayuda de Julieta Ortíz de Rosas, la colaboración voluntaria de Emiliano Randazzo y el asesoramiento experto de Julieta Ferraggine.



jueves, 9 de marzo de 2023

DARNOS LAS MANOS

Apretón de manos. Pase de manos. Lavarse las manos. Las manos en la masa. Meter la mano en la lata. Mano dura. La mano viene pesada. La lista de dichos o expresiones populares que nombran a las manos puede traernos imágenes de las más diversas. 

Las manos, también, dicen mucho sobre quiénes somos y nuestros recorridos, como las arrugas de la cara y las líneas diagonales de una palma, nos hablan de experiencias vividas y futuros posibles. Hay mujeres que se dedican a “leer las manos” al practicar el arte de la quirología, un modo de conocer los secretos de una persona o anticiparse a su destino.

A esta parte del cuerpo le destinamos un lugar importante en el último 8M; fueron el motivo para entrar en relación. También, nos pareció una buena oportunidad  para vincular la fecha con Ensayar Museos, un proyecto del Prende que consiste en destinar un área del taller para muestras temporarias. ¿Y si la primera respuesta que ensayamos es una muestra de fotos de quienes lo sostienen y habitan? 


FOTO INSPIRADORA

Analía nos contó sobre la obra artística de Tina Modotti, una fotógrafa italiana que en los años ‘20 se radicó en México y pasó a formar parte del Partido Comunista. Uno de los trabajos artísticos que hizo en aquel país fue fotografiar manos de trabajadoras: 


Inspiradas en la obra de Tina Modotti, sumamos a las historias de tierra y trabajo de 8M anteriores, relatos de manos porque pensamos que nuestra historia también se inscribe en ellas. ¿Qué ideas puede aportarnos esta parte del cuerpo, asociada con las múltiples tareas que hacemos, para conocer nuevos aspectos de nuestras compañeras?

Les pedimos a las mujeres vinculadas con el Prende que se tomen fotos de sus manos; las manos podían mostrarse en distintas situaciones, posiciones, sosteniendo una herramienta u objeto, en los lugares donde les gusta, justamente, “meter mano”.  

Estaba en la mesa justo y tenía esas flores y le digo a mi hija, “sacame esta foto”, y me dice 

“para que te voy a sacar?” “vos sacame”, le digo, “vos sacamela” 

y la mandé porque justo me vino a la mente en ese momento.” (Alejandra)

Ida levanta la foto que sacó Alejandra y dice:

"Bueno, unas manos hermosas, de trabajadora,

porque se ve la manera de tener las manos, 

creo que ha amasado mucho esta persona, ha hecho muchas masas".

MANOS QUE DESPIERTAN 

Antes de la conversación, armamos un círculo en el parque con la intención de despertar a las protagonistas del encuentro. Llevamos la atención al plano del tacto y la sensibilidad de las manos. Fue una invitación a atravesar la pregunta: ¿qué pasa si nos comunicamos más allá de la mirada y la voz? Nos detuvimos a observarlas desde distintos ángulos y niveles, a percibir qué temperatura tenían, las marcas en la piel. Entre todas fuimos proponiendo tipos de movimientos y sin apuro, nos contagiábamos del choque de palmas de Patricia, de las manos en danza flamenca de Tita y de las de Melisa que buscaban puntos en el espacio. 

Entrar en contacto es entrar en relación. Y la relación no sólo se da desde la mirada, se da también

 desde el cuerpo, de poner en juego la piel. Para entrar en contacto debemos acercarnos, permitir que

 ocurra un encuentro, estar al alcance de la mano, tocar y ser tocados, porque no es posible ser

 sensibles si no nos dejamos tocar por el otro”1.  



MANOS CON HISTORIAS

 “Ahí estaba ayudando a mi hijo a desarmar una motosierra. 

Hasta el año 90’, más o menos, desarmábamos todo, hasta el burro de arranque, pero después no. 

 Acá estaba desarmando una motosierra, porque le estaba ayudando a mi hijo, 

él arregla motosierras, pero me encanta, meter las manos en la grasa…” (Graciela San Gregorio)

“Y esas son las manos de nuestras compañeras fueron las que elegimos en el Centro de Salud, 

son manos cuidadoras, que trabajan, que están activas todo el tiempo y que casi todas nosotras 

o alguien de nuestra familia, han pasado por esas manos, así que son manos conocedoras” 

(Gabriela Cabezas)

 “Son las manos de Belén, que no está hoy presente, viene al taller de costura.

 Esta es una foto de Belén y pareciera que son unos hilos que están tejidos en macramé,

 que también es una forma de tejer con la manos, que no lleva ninguna intermediación,

 y es una foto hermosa que sacó. Viene al taller de costura, de serigrafía” (Malena Corte)


A medida que íbamos descubriendo las fotos y reponiendo con palabras el detrás de escena de cada una, nos reconocíamos con nuestras particularidades y diferencias. Escuchamos que Patricia dice "¡qué hermoso que es ver fotos de manos de mujeres, pero más hermoso es ver mujeres mirando manos de mujeres!" En estos encuentros pareciera que la integración entre las mujeres se construye en forma natural, es una pista que dice mucho sobre cómo cuidamos el grupo. 


"A este presente, el que pensamos que es el presente y que se desmorona, 

no podemos sino responderle en

 sus pliegues desordenados, en las sacudidas que señalan la imposibilidad de un relato lineal, 

en las interrupciones que nos hacen sentir el silencio

y escuchar una historia que no formaba parte de la nuestra hasta ahora". 2





Referencias

Castiblanco, I. (2021). De la mirada al tacto. Clase 14. Módulo 3. En Diploma Superior en Pedagogías de las diferencias. FLACSO Argentina, disponible en flacso.org.ar/flacso-virtual. 

2 SKLIAR, C. (2020) Mientras respiramos (en la incertidumbre), pág. 103, Noveduc.

miércoles, 1 de febrero de 2023

ENSAYAR UNA RESPUESTA

Hace algunas semanas, realizamos otro encuentro alrededor de "Múltiple. Dispositivo mutante de museografía comunitaria", el proyecto premiado por la convocatoria "Ensayar Museos" de la Fundación Williams.

Después de los saludos y abrazos correspondientes, lo primero que hicimos fue compartir algunas de las respuestas que llegaron a la consigna: “Cuando alguien te pregunta qué es el Prende, ¿qué respondés?”. En unas hojitas amarillas, esa pregunta había viajado hasta las casas de lxs participantes del Prende para intentar contar, desde varias miradas y a muchas voces, todo lo que sucede acá.


Desde el principio de estas reuniones, venimos hablando de la dificultad de poner en palabras lo diverso, móvil y vivo que es el taller. Pero también reconocemos que ahí está su potencia. Como dijo Nico: “lo más interesante que tiene el espacio, pero a la vez lo vuelve complejo, es esa multiplicidad y esa variedad en el tiempo de cosas que se dan acá. Entonces está bueno pensar, no en una definición fija de lo que es el espacio, sino dar con un formato que nos permita incorporar lo que va pasando”.

Para Mateo, por ejemplo, “el Prende es un castillo en donde nos juntamos para hacer distintas actividades, reciclando cosas, y también haciendo más lindos los espacios del barrio, como cuando pintamos ruedas para la Plaza del Cangrejo. Me gusta ir porque puedo compartir con mi hermano y también conocer a otros chicos del barrio que no van a la escuela.”

Cocó se siente parte porque “participo en todo lo que me gusta, estoy en huertas y conservas. Si me diese el tiempo me gustaría serigrafía, pero no puedo por razones laborales. Veo los sábados la cantidad de nenes y nenas que van y me sorprendo… Me crié a escasas cuadras, por eso es el lugar que elijo siempre, porque me recuerda mi infancia, adolescencia y adultez.”

Y para Silvia “es un espacio en construcción permanente, atravesado por emociones. Es un lugar de dudas, de aprendizaje de técnicas, de ideas y donde se tejen relaciones. Es un espacio para involucrarse, en el que a veces somos espectadores, otras protagonistas, y siempre somos parte. Y es la apuesta de Ferrowhite, uno de los ejemplos de museos comunitarios, que en el año 2015 decidió simbólicamente- y no tanto- abrir la puerta, nada más y nada menos que del castillo, para que el barrio pase, entre, se quede y salga siguiendo su propio ritmo”.


En las respuestas, algunas palabras resultaron comunes. Entre ellas, la idea de que el Prende es como “una gran familia”, que lo que sucede acá tiene “algo de mágico” y también que es un “lugar para explorar”. Pero inmediatamente surgieron también otros sentidos para esas palabras que, a veces, se vuelven muy pesadas o cargadas de clichés.

Así, por ejemplo, Malena rescató “el desorden propio de una familia” para referirse al funcionamiento del taller en el modo de ir resolviendo las contingencias, y alguien dijo que, con tantas mamás y abuelas, el Prende sería una familia, sí, pero “ensamblada”. Si hablamos de magia, enseguida aparece la figura de la bruja y los hechizos, como advirtió Zulema en su texto. Y en relación al castillo, Agustín reconoció que “es una metáfora muy fetiche del pasado, y esto está tan vivo que es como una contradicción re- potente”.

Las tensiones entre el ser y la apariencia (“una usina eléctrica, llena de cables y máquinas, con forma de castillo); entre el pasado y el presente (“los castillos fueron siempre el lugar donde vivieron los poderosos, pero este ahora es el espacio para el barrio”) o las metáforas, que despliegan otros sentidos y hasta producen comicidad (“la bruja que con sus hechizos todo lo consigue”), nos permitieron pensar que la tarea pendiente no sólo es describir lo que pasa acá diariamente, sino también poder desplegar otros mundos imaginados. Como dijo Yesi, es lo que piden lxs chicxs cada vez que se abre la puerta del Prende: “¿me das un lápiz y una hoja?”, como si no pudiéramos habitar este lugar sin mezclarlo con lo que soñamos.

Después de este primer momento de intercambio, llegó la parte práctica. Esa mañana habíamos echado a rodar una vitrina, la que contiene un canasto de maquinista y “una cajita feliz”, desde la sala permanente del museo hasta el Prende. La intención de ese irreverente desplazamiento, era acercarnos al trabajo de museografía, esa tarea tan propia de los museos en la que objetos, palabras y formas de mostrar, se combinan con la misión de comunicar una historia, generar una emoción o hacernos reflexionar sobre alguna cuestión.



Nos parecía importante vincularnos con la parte del museo donde se guarda y exhibe la colección de objetos feroviarios, esa gran sala que queda a escasos 100 metros del taller Prende, pero que muchas veces, como identificamos en otras reuniones, se siente lejos, “provoca distancia” o “suena aburrido”. Este proyecto, precisamente, va en la línea de tender puentes y de estimular un ida y vuelta entre ambos espacios y todo lo que sucede en ellos.

Carlos y Nico, que están desde que Ferrowhite abrió sus puertas allá por el 2004, nos contaron de esas primeras decisiones museográficas: de por qué la vitrina (a la que llamamos “herramientero”) tiene la forma y funcionalidad de una carretilla con ruedas, o de cómo fue que se llegó a elegir el amarillo, rojo, azul y gris como los colores que componen la paleta del museo. También leímos en voz alta el texto que acompaña la vitrina, ese “medio dificilongo”, como dijo Mirta, que nos dejó pensando sobre cómo se organizaba antes, y como sucede ahora, la vida en común.

Pero esa mañana de diciembre, no sólo trajimos la vitrina para analizar cómo es su sistema comunicativo, sino también para desarmarla momentáneamente y construir una exhibición provisoria del taller Prende. Es decir, extrañar a los objetos de su tarea cotidiana, para que nos ayuden a contar, sin palabras, qué es este lugar.

Durante unos minutos, volvimos a recorrer el espacio, ahora con la misión, como indicó Julieta, de elegir un objeto que para nosotrxs “sea significativo de lo que pasa acá adentro” o de “lo que nos vincula con el taller”. Y luego, cada unx contó por qué lo había traído al “herramientero”.

Malena, por ejemplo, aportó las camisas manchadas porque “dan testimonio del trabajo” pero también “porque esas camisas son de uso colectivo, son de nadie, se comparten”. Mirta, por su parte, eligió “un pincel y un destornillador porque son dos herramientas que se utilizan en ambos lugares, como esa transición de aquella parte ´(el museo), con esta (el taller)”.

Silvia agregó el frasco lleno de lupines que trajo nuestro amigo Pedro Marto, “porque tiene muchísimo que ver con la historia de este lugar. Pedro fue de los primeros que agarró la pala, se puso a sacar el guano en dos oportunidades para recuperarlo, y creía que este lugar se iba a recuperar, así que me parece que no puede faltar.”

Analía fue por una vinculación más personal: “yo el delantal, que es lo primero que hice cuando llegué acá y eso me quedó grabado, la serigrafía. Y la costura, que es lo mío”. Y Joaquín, en un sentido parecido, eligió la casa de pájaros “porque en el último tiempo estuvimos hablando mucho de pájaros” y porque tuvo la suerte de que un pajarito eligiera la que está en su patio para hacer un nido.

Objetos, como las camisas o guantes, que van archivando en sus manchas la memoria del trabajo cotidiano. Cosas, como el mate o la tijera, que se comparten y usan colectivamente. Producciones de los talleres, como un delantal o una casa para pajaritos, que nos llevamos para conformar museos personales… Si tuviéramos que hacer un inventario de la colección del Prende, antes tendríamos que inventar las categorías para nombrarla.

Al final de la mañana, desmontamos la vitrina y volvimos todo a su lugar. Nos despedimos hasta la próxima, llevándonos el ejercicio a cuestas. Nos queda el verano para seguir pensando y buscando palabras, ideas y formas de mostrar. Es que hacer una muestra colectiva no es tarea sencilla, se necesita de mucha escucha para que esta comunidad - provisoria y cambiante que está dispuesta a trabajar junta- entre en sintonía.

martes, 27 de diciembre de 2022

CONSERVAR ESO QUE NOS TRANSFORMA

Dice Mario Chagas, en una conversación con Carlos Skliar: “el cuidado de lo contemporáneo, el cuidado de las personas, está en el centro del ser de los museos y eso es extraordinario. Durante la pandemia, la idea de cuidado creció de manera muy especial en los museos porque nos dimos cuenta que es necesario cuidar de las personas y de nosotros mismos”1.

Es probable que esta mirada sobre el sentido de los cuidados haya estado sobrevolando cuando, a mitad de este año, nos sumamos a una propuesta del equipo del Centro de Educación Agraria (CEA) de Cerri: brindar una capacitación en conservas dulces y saladas en el museo. Lo confesó Silvia hace pocos días: “en septiembre ni sabíamos en qué nos estábamos metiendo y ahora, no queremos que se frene”.

El CEA Nº 18 es la única institución de la ciudad que ofrece formación profesional de orientación agraria. Quienes trabajan allí conocían los proyectos de las huertas agroecológicas del Prende y de distribución de verduras a precios justos, y lo que fue la experiencia de la construcción del microtúnel en el parque del museo. Ese conjunto de acciones incidió para que Eva, María del Carmen e Inés reconocieran prácticas comunes entre la escuela y el museo, e iniciaran esta articulación.

Se inscribieron alrededor de treinta y cuatro personas, atravesadas por una diversidad de circunstancias: por ejemplo, Mónica, participante del taller de costura, se anotó “porque quería aprender más que nada en el tema dulce, que no lo tenía del todo claro”. Bety, del mismo espacio, dijo en uno de los encuentros: “me sumé para que mi cabeza estuviese ocupada, me hace bien, me distraigo, jorobando con todas ustedes, me entretengo, y es lindo grupo de amistad”. Herminio, del grupo de nutrición del hospitalito, se incorporó por curiosidad “para saber de qué se trataba, cómo iba a ser lo que se podía aprender”.

Iniciar esto también implicaba facilitar una herramienta de formación con salida laboral (en este caso, con el certificado oficial del CEA) para colaboradorxs y vecinxs del museo. En varias ocasiones, hemos vuelto a la pregunta: “¿y si armamos una cooperativa de mujeres?”, un gesto de organización frente a un problema profundo como es la falta de trabajo. Esta idea, que muchas veces la percibimos como forzada e inalcanzable, se veía más cerca a medida que la experiencia en esta capacitación crecía.

Mermeladas de frutilla y pera. Cebollitas y picles. Tomates al natural. Licores de vino, dulce de leche y tía maría. Esta variedad de recetas en conservas aprendimos a lo largo de doce encuentros en la Sociedad de Fomento del Boulevard. Antes de cada clase, la profe Celina nos subía al grupo de Whatsapp materiales teóricos y nos recordaba las cosas que teníamos que llevar a clase. La cantidad de frascos y botellas envasados de cada jornada, entonces, dependía de los alimentos e insumos que habíamos podido conseguir. Al terminar, siempre nos volvíamos a casa con una conserva para degustar.

¿Por qué se conservan las mermeladas? ¿Qué necesito para hacer una mermelada y que se forme el gel? ¿Para qué medimos el PH? Esta serie de preguntas forman parte de un juego que Celina nos compartió para el repaso del último encuentro. En grupos fuimos intercambiando saberes y, en el ejercicio de pensarlos en voz alta, los íbamos afianzando: es necesario almacenar los frascos envasados en lugares frescos; que la manzana verde es la fruta que contiene pectina y que eso forma el gel de la mermelada; que el tiempo de duración de una conserva es de un año porque al siguiente vamos a contar con los alimentos de estación; que la densidad, el nivel de cocción y la consistencia se miden con el refractómetro y los grados brix; que necesitamos medir el PH para corregir la acidez de la mermelada y que tiene que ser menor a 4,5. Esta fue parte de la teoría que reforzamos luego de incorporar conocimientos desde la práctica. Como dijo Mónica, “así como hubo risas, también hubo concentración en el trabajo”.

Nos quedan saberes técnicos y también, construcción de grupalidad; a partir de escuchar las historias de mujeres de White narradas por Titi bajo la sombra de laurel de jardín; viajar a las huertas de lxs horticultores de Sauce Chico; acompañar el stand del CEA en una feria en el puerto; llegarnos hasta el CIC de Spurr para conocer la experiencia de la cooperativa de mujeres Moras Brix


"En un museo taller solo es posible conservar aquello que se transforma”, se puede leer en un cartel del espacio de cuidado de los objetos de Ferrowhite. Después de atravesar esta experiencia, breve e intensa a la vez, este enunciado sumó una nueva forma de ser explicado. 

Agradecemos a Tita, Graciela, Lorena y Negrita de la Sociedad de Fomento del Boulevard, quienes ofrecieron la sede para hacer este curso y acompañaron cada uno de los encuentros.

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1. SKLIAR, C. et al (2022). Los museos, el mundo (pp. 27-28). Unatinta editorial. 

jueves, 22 de diciembre de 2022

AL RESCATE: LOS PAPELES DE LA ESTACION BAHIA BLANCA SUD



Acá abajo, ni noticias del sol. Trenes Argentinos se encuentra realizando mejoras en el edificio de la Estación Sud. En mitad de la obra, reapareció este sótano bajo el piso de una de las salas de espera y en él, estantes con papeles de la estación entre 1965 y 1980. Así que allá fuimos, con delantal, barbijo y linterna, al rescate de aquellos documentos que aún son legibles, pasajeros de una larga espera que resistieron, en su búnker, al olvido y la humedad.

lunes, 19 de diciembre de 2022

PANADEROS AL VIENTO

Llegó diciembre, y como cada año, nos sobreviene un deseo y una necesidad de hacer un balance del área educativa, de mirar para atrás y repasar el camino transitado. Porque vividas en el día a día, las tareas de lo cotidiano no parecen tantas, pero vistas en perspectiva caemos en la cuenta de que son un montón. Además, la vuelta a la presencialidad en las escuelas tras la pandemia puso de manifiesto la necesidad de poner el cuerpo en acción. Debe ser por eso que recibimos muchísimos más pedidos de visitas educativas que los habituales. Y, debido a esa sobredemanda respecto de los turnos disponibles, a no todos pudimos dar lugar. 

La mayoría de las imágenes de esta entrada, fueron tomadas por lxs docentes durante las visitas. ¡Gracias por compartir el registro!

Si vamos a los fríos números, este año recibimos a 1.900 personas en el contexto de las 67 visitas educativas que realizamos, contando instituciones de educación de nivel inicial, primario, secundario, superior y universitario, espacios de educación no formal, escuelas rurales y especiales. Pero como creemos que las visitas son algo más que una estadística, que son momentos de intercambio sensible y de aprendizaje mutuo, queremos compartir algunas de las cosas que aprendimos en estos encuentros. Si el museo puede ser una caja de resonancia de lo que pasa “afuera”, entonces lo ponemos a disposición para dimensionar lo que se gesta desde los espacios de educación de la ciudad y la región.

Entrar en contacto

Muchas de las visitas arrancaron con un mail enviado a la casilla de Ferrowhite. Como la consulta de Sonia, que solicitaba “información sobre visitas guiadas al museo para 5to y 6to grados de escuela primaria. Estamos viendo inmigración y ferrocarriles”. O Myriam, de la Escuela Primaria Nº 51, quien quería coordinar una visita para los 11 alumnos de la escuela rural ubicada en La Carrindanga y nos advertía: “les dejo mi celular para contactarnos más fácilmente. En el campo sólo se reciben llamadas de WhatsApp.” 

Así que muchas veces, la coordinación para saber qué temas estaban trabajando o con qué actividad les podíamos esperar, seguía por teléfono. Ese contacto previo resulta fundamental, porque pensar y armar una visita para 72 estudiantes no es lo mismo que para 11. Tampoco esperar a un grupo de secundaria que está realizando la primera salida educativa de su trayectoria escolar. Escuchar e intentar dar la bienvenida a esa diversidad es lo que hace que, como siempre decimos, no haya dos visitas iguales. 

Sobre estos modos de entrar en relación charlamos a lo largo del año con varias colegas. La primera fue Paula Laurencena, que vino como docente acompañante y volvió días más tarde con la intención de hacer una crónica periodística a la que tituló “Un museo en movimiento”. Después conocimos a Laura Martínez Bigozzi, quien pronto presenta en Valencia “MARRÓN. Mediadoras Artísticas Rioplatenses y evaluación”, una investigación acerca de las metodologías e instrumentos de evaluación que los equipos de educación usan sobre sus propias prácticas.

Y hace unas semanas intercambiamos con Luciana Levin, quien integra el equipo de Ciencias Sociales de Primaria del Ministerio de Educación Nacional. En el marco de unas jornadas de formación docente, ella nos propuso pensar en la relación entre los museos y las propuestas de enseñanza de la escuela a partir de las preguntas: “¿Cómo establecen el vínculo con las escuelas primarias? y ¿Sobre qué temas que les parezcan que están relacionados a las Ciencias Sociales organizan las visitas de las escuelas?”. En este video del Instituto Nacional de Formación Docente (InFoD), dedicado a “las salidas escolares”, están nuestras respuestas y otras más que interesantes experiencias.

El juego de las palabras

Cada grupo que nos visita, nos permite replantear el modo en que transcurren las dos horas de recorrido por el museo. En ese sentido, las visitas educativas también son momentos de exploración, ocasiones para salir de nuestros lugares habituales como educadoras y probar con otras estrategias pedagógicas. 

Este año, participamos en FLACSO del curso “La narración oral en contextos educativos formales y no formales”, con la intención de acercarnos a ese ancestral (pero vigente) modo de transmisión cultural que tiene que ver con la voz y la escucha. La consigna final nos invitó a narrar relatos populares y leyendas que tengan que ver con el lugar donde vivimos. Y así fue que nos animamos a ensayar algunas historias que circulan por acá, como La mujer de la urna o la de Jorge y el dragón. 

Impulsadas por lo que pasaba en ese curso virtual, en algunas visitas educativas, como la del Jardín Sarmiento, o las Escuelas Primarias N° 29, 69 y 84, hicimos una ronda, invocamos a la escucha atenta y compartimos lecturas en voz alta en el espacio de la Estación. 

Así, pasaron el poema “Trenes” de María Teresa Andruetto, el cuento “Había una vez un barco” de Graciela Montes y “Cuando San Pedro viajó en tren” de Liliana Bodoc. De la mano de estas grosas de la literatura, pudimos abordar el tema “medios de transporte” del diseño curricular de primaria, o simplemente vincularnos con la colección ferroviaria del museo, haciendo uso de “otras palabras”. Palabras de ficción que se entremezclan con las de “la realidad” y que resultan imprescindibles para mirar todo lo que nos rodea con otros ojos.  

El abismo

Si jugar con las palabras es abrir mundos, eso fue lo que hizo Juan Carlos Sandoval durante la visita del Centro Provincial de Prevención de las Adicciones, que funciona en el Hospital Penna. Pendiente desde el año pasado, esta visita venía motivada no sólo por conocer el museo “en sí”, sino para darse ideas de cómo hacer una muestra. 

Resulta que desde que se recuperó el edificio donde hasta el 2011 funcionó el “ex neuropsiquiátrico”, la intención es hacer una exhibición que trate un tema tabú para nuestra sociedad: la historia y el presente de la salud mental. De esta visita participaron integrantes y coordinadores del espacio recreativo “Pilares” y del “Anti-taller” literario que sucede todas las semanas en el CPA. 

Cuando estábamos en el Prende, después de imprimir unos parches con la consigna “Sin mí tampoco hay historia”, Juan Carlos, como un payador que improvisa con lo que sucede en el momento, nos regaló este poema: 


Saberes y modos de conocer

El tema del “modelo agroexportador” ya es un clásico en encuentros con escuelas de nivel primario o secundario. Este año, muchos de los grupos lo complementaron con otros contenidos como “la inmigración” y “el trabajo”; y otros tantos lo tensionaron con problemáticas como “el dragado” e incluso “la soberanía alimentaria”. 

En un año en que se inventó “el dólar soja” para estimular la exportación de cereales (y llenar así las arcas del Estado con verdes billetes), no faltó la pregunta por cómo se distribuye la renta millonaria que por este puerto circula. Y aunque cuesta encontrar respuestas (y no sólo porque no seamos especialistas en economía), valió la pena habilitar esa inquietud mientras, a lo lejos, veíamos cómo barcos de distintas procedencias cargaban miles y miles de toneladas de maíz o de soja para llevarlas a lejísimos destinos. 

     

   Habilitar esas preguntas a cielo abierto tiene que ver con reconocer que en Ciencias Sociales no sólo son importantes los conceptos o los contenidos, sino también los modos en que conocemos: relacionando lo que leemos en los diarios o en las redes sociales con lo que encontramos en una visita educativa; escuchando las experiencias de trabajo de vecinxs; imprimiendo una consigna o una imagen en el taller o bajando a la marea para contemplar todo lo que ahí interactúa. 




Hablar de soberanía alimentaria nos permitió conectar lo que sucede en este puerto con estos asuntos de la escala nacional y problematizar, de esa manera, “los modelos de desarrollo”. Pero también fue el puntapié para compartir con estudiantes y docentes lo que venimos probando en la pequeña escala de nuestros patios. Así, pudimos visibilizar los proyectos de huertas y de distribución de verduras, que se vienen dando desde el 2020 en articulación con el programa Pro-Huerta del INTA, las familias productoras de Sauce Chico y el Hospitalito de White. Fue otro modo de poner en común las reflexiones que, por ejemplo, llevamos al Congreso de Socialización del Patrimonio (SOPA) con el nombre de “La siembra que surca lo que hacemos”, así como también a las Jornadas “La cultura es Salud”, donde contamos la experiencia junto con Gabriela Cabeza, la nutricionista del Hospital. 

Objetos que brillan 

Así como hay temas estrella, este año podemos decir que, para lxs chicxs y jóvenes también hubo “objetos estrella''. La incorporación de una “cajita feliz” de Mc Donald’s a la muestra permanente del museo (en diálogo con un canasto de maquinista) atrajo todas las miradas. Y no hubo una visita en la que alguien no preguntara: “¿Qué hace una cajita feliz en el museo?” 

Reflexionar acerca de lo que puede significar la presencia de este objeto cotidiano pero en el contexto “extraño” del museo, nos llevó a esbozar estas líneas. Porque así como para un ferroviario, encontrarse con una llave inglesa es la puerta para abrir su testimonio de vida y de trabajo, para unx chicx o unx joven, una cajita feliz también despliega la conversación sobre sus vidas. Y, de pronto, los roles se invierten, y somos nosotras las que escuchamos acerca de sus comidas favoritas, de sus consumos cotidianos y hasta de sus primeras experiencias de trabajo. 

Derecho a la ciudad, derecho a la cultura

En otras oportunidades, toparnos con el cajón de cultivos lleno de perejil o con los plantines de tomate en la puerta del Prende, fue lo que nos permitió descubrir que no estamos solxs en este camino de la agroecología. Por el contrario, son muchas las instituciones que están llevando adelante proyectos similares en sus barrios, tanto de huertas y como de iniciativas comunitarias para transformar los espacios cotidianos. 

Por ejemplo, conocimos el proyecto “La escuela y la comunidad cercana. Ecología y derecho” que la Escuela N°510 gestó para el barrio Villa Caracol. Durante este año, en los talleres de huerta y construcciones, lxs chicxs fabricaron canastos de basura a partir de pallets reutilizados para que lxs vecinxs puedan identificar sus casas y de esta manera facilitar el ingreso de los camiones recolectores. 

Se trata de respuestas desde abajo a las problemáticas de “vulnerabilidad ambiental” que son comunes a muchos barrios. Como planteó Mauro Reyes Pontet en el “Informe de Vulnerabilidad Ambiental de Bahía Blanca EPUE – II Semestre de 2021”: “la vulnerabilidad ambiental urbana refiere [no solo] al riesgo de sufrir eventos súbitos de la naturaleza, [sino] también aspectos continuos de daño eventual, como la contaminación y el acceso escaso o nulo a infraestructura y servicios básicos.” 

Este informe hace público lo que es cotidiano para muchxs vecinxs de la gran Bahía Blanca: la vivencia desigual de la ciudad según donde vivamos. Que si un barrio tuvo un crecimiento más espontáneo y no tan planificado, faltan los servicios básicos de luz, gas y agua; que si las calles son demasiado angostas, es difícil que una ambulancia pueda entrar en un caso de emergencia; que si las calles son de tierra, cuando llueve se complica para que entre el colectivo y por lo tanto muchas veces no se puede ir a la escuela.

En este punto, el derecho a la ciudad se vincula con el derecho a la educación y a la cultura. Fueron muchxs lxs docentes que nos contaron de las dificultades para juntar la plata y pagar el colectivo, o que optaron por venir en la 500 porque era más económico que un ómnibus contratado. También recibimos varias consultas, como la de Sandra, de la Escuela N° 48 "Eduardo Mallea”, quien “quería saber si tienen servicio de colectivo. Nuestro alumnado no cuenta con recursos económicos para afrontar los costos del viaje. Otros años hemos estado de visita con un guía de turismo partiendo de la Municipalidad.” 

La postpandemia evidenció la profundidad de la crisis económica que afecta a muchísimas familias. Un dato para señalar es que de la totalidad de las visitas recibidas, más de un tercio fueron de establecimientos de educación privada. Y esta tendencia en alza respecto de otros años, nos hace señalar con preocupación la hipótesis de que la visita al museo, en lugar de ser un derecho, se esté volviendo un elemento de desigualdad social. En ese sentido, si no se garantizan desde el Estado los recursos para que las escuelas puedan llegar hasta acá, sólo van a tener “acceso a la cultura” aquellos grupos que puedan pagarlo. 

El principio no tiene fin

Como estas preocupaciones, que nos acompañan no sólo un día, sino muchos, las visitas tampoco arrancan con poner el pie en el museo. Además de llenar un montón de papeles y autorizaciones, en las semanas o meses previos, lxs docentes van amasando la salida educativa con lxs estudiantes: hacen lecturas, discuten temas o investigan diversas cuestiones. 

El grupo de Historia del Arte de la carrera de Historia de la UNS, por ejemplo, estuvo trabajando previamente con la lectura del libro “Las hebras de la trama” de la Asociación de Trabajadores de Museos (ATM), tratando de pensar en la distinción entre “museos para ver y museos para hacer”. 

Antes de venir, hicieron una “etnografía digital” de las redes de los museos de la ciudad para detectar: “¿Qué representaciones acerca del rol de los museos en la sociedad se hace manifiesta en los posteos analizados? ¿Es posible detectar cambios antes y después del establecimiento del ASPO por la pandemia Covid 19?” 


La profesora Ana Vidal nos compartió algunas de las miradas atentas de lxs estudiantes, como la de Catalina, quien, tras un minucioso repaso por los posteos del museo en redes sociales, escribió esto:

“Si algo caracteriza a Ferrowhite es que abandona absolutamente aquella idea del museo donde sólo se observa y no se toca. (...) Ferrowhite ha implicado un espacio de acción y un lugar de encuentro desde siempre, sea en el emplazamiento mismo del museo durante el segundo semestre del 2019 o en los hogares de cada unx de lxs adultxs y niñxs que lo conforman a él y su taller, el Prende, durante el 2020. 

(...) Habiendo navegado por las publicaciones que comprenden desde julio del 2019 hasta junio de 2020 es fácil notar que es un lugar que establece relaciones horizontales, se guía por la idea de fratrimonio, entendida como la socialización y creación de saberes y bienes culturales construidos de forma horizontal con lxs pares (ATM, 2021:34). Ferrowhite y el Prende están al servicio del desenvolvimiento social y cultural…”

Panaderos al viento 

Un parche pegado en la espalda de una campera, un folleto hecho con dibujos y palabras de lxs chicxs del Jardín N° 905, el haber escuchado a tu abuelo (a quien no conociste personalmente) en los teléfonos del museo… ¿Hasta dónde llega la visita? No sabemos. El gesto educativo es un poco como lanzar un panadero al viento: no se puede predecir qué rumbos seguirá o cuándo volverá a germinar en otro lado. 





Fotos que nos compartieron Daniel y Rocío después de las visitas del CPA y el Jardín N° 905.

Sin embargo, a veces llegan ecos de lo que queda resonando tras la visita al museo, estelas como las que deja la marea en la playita de la usina. Y esa noticia inesperada es la que vuelve a encontrarnos con el sentido, la razón por la que hacemos lo que hacemos, tanto en el museo, como en las escuelas. Como el testimonio de Esteban Sabanés, docente de la Escuela Técnica Nº1 de White, quien puso en palabras la sorpresa que significó para todxs cruzarnos en sala con Nicolás Angel Caputo, antiguo trabajador de la usina y amigo del museo


Angelito Caputo y lxs pibes de la Técnica N° 1 de White


“Los laburantes del museo juran y perjuran que hacía mil años que Angelito Caputo no pisaba el suelo adoquinado de ese lugar. Y volvió justo este jueves, que estábamos de visita con les pibes de la Técnica de White. La imagen no miente, el cruce no pudo haber salido mejor: saberes, escuchas, recuerdos y callada admiración mientras el hombre escafandra contaba una y mil historias del trabajo en tiempos de la Usina y del presente también, que parece ser, lo tiene tan ocupado como entonces. Y a fuerza de suceder, de tanto en tanto, uno cree en estos pequeños milagros, en esas hermosas casualidades que, ni más ni menos, te alegran lo que queda del día. Y más también.”

O la conclusión que Andrea, una estudiante del 1er Año del Profesorado de Educación Especial del Instituto Avanza, escribió para el informe que tenía que realizar para la materia de Práctica sobre la visita al museo como espacio de educación no formal:

“Ya he asistido varias veces a Ferrowhite por mi cuenta, pero con visita guiada cambia mucho la experiencia, es uno de los lugares que más me ha gustado de todos los que visitamos, me sentí muy cómoda con el trato de las personas que se encuentran allí trabajando. Volvería mil veces a disfrutar del establecimiento ya que me conecta con mi papá, quien ha crecido en White y siempre me cuenta historias de lo que vivió allá… A partir de esta visita y conociendo un poco más sobre la historia de las instalaciones, me deja intervenir en sus recuerdos haciéndole preguntas para refrescar su memoria.” 

¿Dónde está usted? 

Este texto llega a su final con un pedido de disculpas para quienes, del otro lado de la pantalla, hayan sentido atravesar un torbellino de temas. Pero creemos que esa multiplicidad da cuenta de la tarea educativa. Parafraseando un poco al artista Luis Camnitzer, podemos decir que un museo (público) es como una escuela (pública) precisamente por todas las conexiones diversas e inesperadas que aloja como posibles. Y porque asume al aprendizaje como una tarea infinita que, sin embargo, se juega día a día en lo concreto.

Tal vez por eso, “Aquí está el presente”, fue la consigna con la que arrancó el encuentro sobre prácticas pedagógicas en espacios culturales que tuvo lugar en septiembre en el Centro Cultural Kirchner en CABA. Pero inmediatamente apareció la pregunta: “¿Sobre qué presente?” 


Durante tres días, educadores de museos, bibliotecas y centros culturales de muchos lados del país compartimos experiencias, exploramos herramientas desconocidas y discutimos sobre políticas públicas, diversidades y los efectos de la pandemia, entre otro montón de temas. Fue necesaria y muy valiosa esa pausa para habitar un espacio de formación y (re)creación de educadores y poder pensar acerca de los bordes y desbordes de nuestra práctica cotidiana. En el micrositio Usted está aquí quedaron guardados distintos materiales (podcast, registros, audios, charlas, imágenes) de lo que fue la previa, los ecos y el día a día del encuentro.

Y en este diciembre de muchas copas alzadas, queremos sumar otro motivo de festejo: la publicación de Escribir al hilo, el libro que salió de la clínica de escritura que el año pasado organizaron la Fundación PROA, de Argentina, y el Museo Universitario de Arte Contemporáneo (MUAC), de México. 


Se trató de una experiencia que nos estimuló a escribir sobre las prácticas educativas que llevamos a diario como un modo de dejar memoria de lo que hacemos, pero también de sistematizar todo lo que se reflexiona alrededor de lo que se hace. “Andá vos a lavar los platos” es el nombre del texto que escribimos y en él tratamos de recuperar lo que fue el proceso de trabajo colectivo alrededor del juego que está en sala para pensar sobre los trabajos de las mujeres. 

Nos despedimos hasta el año que viene, no sin antes mencionar a todos los grupos que nos visitaron durante el 2022 y agradecer a lxs docentes y coordinadores, que son quienes hacen lo imposible para llegar hasta acá. 

¡Gracias!

Martín Sequeira - Luciana Kellner - Oscar Benítez Jara - Ana Nebbia - Gabriela Beretta - Andrea Pasquaré - Daniel Benavidez - Romina Brizzola - Florencia Molina- Natalia Martinez- Federico Baez - Cinthia Stefanu- Andrea - Veronica Breglia - Carla Volonterio - Maribel González- Paula Laurencena- Silvia Pellegrini- Leonardo Diez - Rocío Méndez Perrone - Claudia Flores -Sandra - Analía Pereyra - Emanuel Rundau - Esteban Sabanés - Thelma Rusin - Alejandro – Alejandra Gonzalo - Sandra García - Isabel Morán - Ana Lucía Carta- Carla Harispe - Anabella Muller - Juan María Pianessi- Carolina Trobbiani - Maia Nosei- Mariana Peralta- Eugenia Justo - Hugo Carabajal - Carmen Lambrecht - Gisselle Virginia Cassano – Mariana Pratz - Maricruz Tolosa- Sonia Fuentes- Miriam Cony - Sonia Escarza- María José Durán - Carla Fernández- Silvana - Luján Cocce - Paola Solanilla -Juliana Peter - Marisol González - Gabriela Galiana - Tatiana - Natalia Sardiña - Rocío Belapolsky.

Instituciones de Educación de Nivel Superior: UTN - Historia del Arte de la UNS - Profesorado de inicial de la UNS - Profesorado de Educación Primaria, de Educación Especial y de Historia del Instituto Avanza - Espacios de Educación no formal: Centro de Prevención de las Adicciones del Hospital Penna - Grupo Scout San Roque - Sueños de Barrilete - Programa ENVION Boulevard- Saladero Educación Especial: Escuela Nº 510 - Escuelas Rurales: Centro de Educación de la Producción Total de Aparicio - 2do y 6to grado Escuelas Rurales de Pringles – 2do a 6to grado Escuela Rural Nº 51 - Escuelas de Educación Secundaria: 5to año de la Escuela de Educación Media Nº 19 - 6to año Colegio Sarmiento - 6to año Colegio Sagrado Corazón –  4to y 60 año Escuela Media Nº 11 - 4to y 5to año Colegio Juan José Passo - 2do, 3ero, 5to año Escuela de Educación Técnica Nº 2 - 4to año Escuela Técnica Nº 1 - Escuela de Educación Secundaria Nº 43 - 5to año Escuela Secundaria Nº10 - Anexo Escuela Secundaria Nº 32 - 5to año Escuela Media Nº 8- Escuela Secundaria Nº 2 de Buratovich-  6to año Escuela Secundaria Nº 6 - 6to año Colegio La Asunción - 5to año Colegio Don Bosco- 4to año Colegio Claret - Escuela Media Nº 3 - 1er año Escuela Secundaria Nº 38-  5to año Escuela Nº 1 Ascasubi 4to año Escuela Media Nº 13- 5to año Instituto San José de Dorrego - 4to año Escuela Media de la Universidad de La Pampa - 5to año Colegio Thompson - 3er año Escuela Secundaria Nº 44 - Escuelas de Educación Primaria: Centro de Educación para Adultos Nº 703 - 5to grado Colegio Victoria Ocampo-  5to y 6to grado Escuela Primaria Nº 78- 3er grado Escuela Nº 55 - 2do grado Escuela Nº 84 - 6to grado Colegio Rosario Vera Peñaloza - 1er grado Escuela Nº 29 - 4to y 5to grado Escuela Nº 74 – 6to grado Escuela Nº 39 - 2do grado Escuela Nº 29 - Instituciones de educación de nivel inicial: Sala de 5 Jardín de Infantes Nº 905 - Sala 4 Jardín - Sala de 3 Jardín Colegio Sarmiento.