miércoles, 6 de marzo de 2013

CONTRA VIENTO Y MAREA



¡Qué linda nos salió la fiesta que no hicimos! El último sábado la “batalla del agua” la ganó la lluvia, y por paliza. Hubo que suspender el Carnaval de la Marea, y sin embargo, difícil decir que la fiesta no tuvo lugar en absoluto, si tenemos en cuenta todo lo que se remó y que tal la pasamos en eso.

Porque un carnaval no dura dos o tres horas sino varias semanas, unos cuantos meses, y si se piensa bien, todo el año. El tiempo que les lleva a Ida, Julián, Norita, Marcelo, Alejandro, Titi y Nenucha agruparse en la Asociación de Amigos del Castillo, las mañanas que Roberto le dedica al armado de una balsa, los francos que su hijo Federico, oficial dragador, se patina pintándola, las dos quincenas completas de enero que Abril, Agostina, Agustina, Azul, Carla, Celina, Luciano, Melina, Pilar, Sebastián, Tiziana y Valentina, se pasan en la Escuelita de Verano de la Escuela 21, fabricando banderines y un cardúmen de peces de cartapesta.
   
Nuestro carnaval de este año no va a posponerse ya que el calendario de mareas, al menos en el futuro inmediato, no nos favorece, pero todo lo que se hizo hasta acá ya es nuestro, no se pierde, y por eso, se comparte: ayer pasó Sol del Saladero y se llevó los antifaces cangrejo que armamos con cartón tetra brick, para repartirlos en el corso que se festeja el próximo viernes 8 en la canchita del barrio.


“Viva el Carnaval, donde la mezcla nos hace únicos”, se entusiasma Francisco en Facebook, comentando desde España la foto que aparece arriba. Y quien sabe si, desde tan lejos, no acierta en el planteo. Exageramos un poco al afirmar esto, pero lo decimos igual: junto con lo que produce, un museo taller le da forma al sujeto grupal de esa producción, un colectivo que reivindica una identidad al mismo tiempo que la amplia, la desplaza, la transforma, en el que mujeres y hombres -disculpen el rapto filosófico- se “co-pertenecen” sin establecer una condición definitiva de pertenencia, un colectivo, en fin, que pisa firme pero con gambetas de cangrejo, cuyo paso es tan poco previsible como la lluvia o el viento en este lugar.

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