jueves, 14 de abril de 2016

BENEFICIO DE INVENTARIO




Es el lugar más silencioso de Ferrowhite. Aquel del que menos se habla y, a la vez, en el que todos hablan en voz baja, como si estuvieran en misa. Es que el depósito, incluso en este museo con "fiebre fabril", tiene algo de recinto sagrado. Tanto tiempo, tanto trabajo, tanta experiencia acumulada en tantos objetos imponen cierto respeto.

Por eso, quizá, la tarea de inventario requiere un poco de la paciencia del monje, y otro poco, de la sagacidad de un detective. Cada cosa representa uno o varios enigmas. ¿De dónde proviene? ¿Para qué sirve? ¿Quiénes la usaban? ¿En qué lugar del inmenso rompecabezas ubicar esta pieza? Pequeñas preguntas que convergen en otra, mayúscula: ¿No es el archivo el primer lugar en el que una historia se constituye incluso antes de ser contada?

El Sancta Sanctorum de Ferrowhite tuvo más de un guardián celoso. Sus estanterías fueron encontrando un orden gracias al empeño porfiado de Adolfo Repetti, Cristian Peralta, Gustavo Monacci, Héctor Guerreiro y Ana Miravalles. Contamos ahora, además, con la inestimable colaboración de Héctor Herro, con quien de 2015 a esta parte hemos fotografiado e incorporado a nuestros registros más de mil objetos. Investigar, fotografiar, clasificar: en un país en el que las políticas de preservación del patrimonio son menos una realidad que una expresión del deseo, la fe de los archivistas mueve montañas, piedra por piedra, grano por grano.