jueves, 26 de mayo de 2016

TREN PARA ARMAR

La muestra itinerante que paseó una colección de trenes de juguete de todas las épocas por los vagones del servicio ferroviario que viaja entre Constitución y la Estación Sud, llega a su fin. Y lo hace con un taller para chicos y no tan chicos que pondrá en marcha una gran fábrica de locomotoras y vagones de cartón. Armá tu tren y volvé en él a tu casa.

Vienen a jugar al "Cartero" y al "Martín Pescador" los amigos del Museo del Juguete de San Isidro, socios en este proyecto que ganó en octubre pasado el concurso "La Coronación", organizado por la Fundación TyPA, de Argentina, y la American Alliance of Museums, de los Estados Unidos, en el marco de las jornadas "El Museo Reimaginado".

La actividad es gratuita y para todo público. No se suspende por lluvia ni hace falta inscripción previa.


QUÉ RÁPIDO RUEDAN LAS RUEDAS DEL FERROCARRIL
Un museo de juguete para los trenes de verdad

El Museo del Juguete de San Isidro y Ferrowhite -museo taller del puerto de Ingeniero White-, se subieron al tren de pasajeros que une Bahía Blanca con Buenos Aires para inventar por sus pasillos un pequeño museo ambulante con locomotoras de lata que preguntan: ¿Dónde quedó aquella promesa de un mundo en el que todo iba a marchar sobre rieles?

Existen muchos medios de transporte pero la imaginación, señoras y señores, viaja en tren. ¿Será por eso que existiendo cohetes, submarinos e internet, los chicos siguen jugando con trenes a vapor? En nuestra colección minúscula cabe la historia de un país. O la historia de cómo ese país se soñó a lo largo del tiempo: trenes que acarrean frutas desde la Patagonia, trenes que transportan combustible de YPF, trenes llenos de pasajeros felices en épocas en que “el tren de la alegría no anda por la vía”.

14 horas dura el viaje entre Buenos Aires y Bahía Blanca arriba de la formación de Ferrobaires. 14 horas sobre una ruina que rueda sobre vías que parecen más viejas que el Partenón. Mucho tiempo con poco y nada por hacer. Correr un trencito “Matarazzo” por los pasillos de un coche clase turista que traquetea destartalado, acaso sea la ocasión para tensar la imagen de los servicios ferroviarios de los últimos años -y sus recientes tentativas de recuperación- con los pronósticos de prosperidad que forjaron nuestro imaginario sobre este medio de transporte.

La idea, entonces, fue crear un museo en miniatura. Un museo de juguete sobre los trenes de juguete que viaje en tren de Boulogne a Ingeniero White. Un museo con rueditas para llevar las reliquias del ferrocarril soñado hasta los postergados pasajeros del ferrocarril real. Y para jugar, porque de eso depende, en definitiva, nuestra capacidad para modelar el porvenir. Puede que al cabo del trayecto ya no se sepa si viajamos en un tren de juguete o jugamos con un tren de verdad.