miércoles, 6 de julio de 2011

CON LA CAMPERA PUESTA



Buen día. Puede que Ferrowhite sirva, en ocasiones, para contar la historia del trabajo en el ferrocarril y el puerto, o para repensar las formas en que esa historia se cuenta, pero puede que otras veces, simplemente, sirva. Dentro de sus posibilidades modestas, este museo taller busca desarrollar herramientas para mejorar la vida de la comunidad de la que forma parte a partir de organizarse con otros en el hacer. Durante estas jornadas de frío bajo cero, Malena Corte, Silvia Gattari y Guillermo Beluzo, nuestros maestros serigrafistas, estuvieron trabajando en el estampado de más de 50 equipos de gimnasia destinados a los pibes que juegan al fútbol en las inferiores del Club Huracán. Pantalones y camperas que, salvo por la tela que viene de China, fueron confeccionados íntegramente en el Bulevar Juan B. Justo. Vanyna Vena, mamá de uno de los chicos, nos dejó está carta cuyo comienzo transcribimos a continuación.
  
HOLA!!! Quisiera contarles que somos un grupo de MAMÁS trabajando para nuestros hijos que están en el CLUB ATLÉTICO HURACÁN. Ellos juegan al futbol en las inferiores de dicho club, mi nombre es Vanyna y me acompañan Karen, Teresa, Miriam, Mary, Claudia y Mimi.

Hace un tiempo fui a ver a mi hijo jugar porque después de unos años habían logrado el ascenso a la categoría Primera A, ellos estaban súper contentos, pero es un año difícil, es una categoría que hay que mantener, y mi club es de gente muy humilde que está en un barrio de ferroviarios y portuarios castigados a veces por el mar. Aquí todos son fanáticos de HURACÁN y tendría mil anécdotas para contar, en fin, son 96 años de historia de este club. Como les decía, fui a ver a mi hijo jugar, era un día soleado pero muy fresco, jugaban contra un gran equipo de la ciudad y al verlos sentaditos en el banco de suplentes, con sus pantaloncitos cortos tiritando de frío, esperando el momento en que su DT diera la señal para entrar a jugar, mi cabeza hizo un click y mi corazón se estrujó, no sé si era de angustia, de tristeza, de enojo… creo que fueron muchas las emociones en ese momento y dije: hay que hacer algo! ¿Qué estoy esperando?

La carta completa acá.

lunes, 4 de julio de 2011

EL SECRETARIO


¿Quién era ese secretario a quien los jefes consideraban como la clave de la eficiencia administrativa de los Talleres?
¿Quién era ese jefe de oficina que se ocupó de que todos los empleados de la oficina aprendan y progresen?
¿Quién era el que repartía las masas o facturas cuando había algún festejo?
¿Quién es ese ferroviario jubilado que va y viene por todos lados en White, al que todos conocen?

Él es Osvaldo Danei, 80 años, whitense, administrativo en la usina inglesa desde 1946, y jefe de oficina y secretario de Talleres Bahía Blanca Noroeste: contratos, licitaciones, compras, planillas de control de los trabajos de taller, el censo de los bienes, pases para jubilados ferroviarios, toda la papelería referida al funcionamiento del taller pasaba por sus manos.

Cuando en el '91 empezaron a dar los retiros voluntarios, Danei se fue, después de 46 años y varios meses de servicio en el ferrocarril.



Osvaldo Danei trae su álbum de fotografías, y esta es la primera que me muestra:

En la usina del Ferrocarril Sud (la de ladrillos, esa que se ve cuando uno cruza el puente La Niña), 1 de marzo de 1948, día de la nacionalización de los ferrocarriles, el personal del Departamento Eléctrico posa para la foto, incluso el propio Danei que trabaja ahí, como auxiliar administrativo, desde 1946.
Tres años después, pasa -pared por medio- al Departamento Mecánica White siempre como administrativo en ese mismo edificio. Hasta 1970, cuando va por una semana a hacer una suplencia en Talleres Bahía Blanca y se queda 21 años, como jefe de oficina y secretario del jefe del taller.

viernes, 1 de julio de 2011

DÓNDE



El martes 28 de junio comenzaron en Bahía Blanca los juicios por crímenes de lesa humanidad cometidos en jurisdicción del V Cuerpo de Ejército durante la última dictadura militar. Desde Ferrowhite (museo taller) queremos compartir este video de una acción realizada por las calles de Ingeniero White en junio de 2007.

En la avenida Dasso, en Plunkett o Cárrega, saliendo de paredes o ventanas, es posible ver la figura del Eternauta. Viajero del tiempo, el personaje creado hace más de 50 años por Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López, aparece por el puerto. Llega para escuchar historias que aún hoy parece difícil contar en público, y deja esta pregunta en los muros:

jueves, 30 de junio de 2011

LA PELUQUERÍA COMO SITIO DE DESCONFINAMIENTO

El domingo pasado volvió a abrir nuestra peluquería. Una peluquería de barrio, aunque no de cualquier barrio, dijimos, sino de uno en el que materiales como el pvc, la urea y la soda caústica se producen por miles de toneladas a pocos metros de casa. Al sillón de Titi Sedrani vino a sentarse Braulio Laurencena, ingeniero químico con posgrado en Berkeley, ex docente de la UNS y responsable de Medio Ambiente de la Municipalidad durante los escapes (de cloro, en un caso, de amoníaco, en el otro), acaecidos en las plantas de Solvay y Profertil durante el año 2000. Alrededor, fueron arrimando vecinos y visitantes con ganas de preguntar por lo que pasó entonces, por lo que puede pasar y lo que se hace para que no, pero también de conversar sobre el día a día de la relación entre industria y comunidad.




¿Qué hay en el humo que vemos salir por las chimeneas? ¿Cuáles fueron las negligencias que desencadenaron los famosos escapes del año 2000? ¿A qué distancia de la población tendrían que estar instalados "vecinos" de semejantes dimensiones? ¿Cuál es la vida útil de una planta que funciona las 24 horas del día y trabaja con elementos químicos que la van agrediendo? Estos fueron algunos de los interrogantes planteados por los participantes del encuentro a los que Braulio, desde su saber especializado, intentó ir dando respuesta. Pero quedó claro que a la hora de hablar estos temas la voz del "técnico" no es la única a tener en cuenta.

Porque si de dar cátedra se trata, los chicos y chicas de El futuro contra la contaminación y Cuidemos el futuro & el de nuestra comunidad demostraron que también tienen mucho para compartir. A través de sus láminas, pudimos aprehender el esquema productivo de las empresas como un proceso en el cual ya no sólo se produce urea, PVC y polietileno. En su planteo, el funcionamiento de cada empresa rompe el cerco perimetral, produciendo un montón de cosas que están presentes en la vida de todos.





lunes, 27 de junio de 2011

ROBERTO CARLOS, CAMBISTA


Lo mío era ir y venir, dentro del taller, de punta a punta, no me lo bancaba eso de estar encerrado en un galpón.

Esto dice Roberto Carlos Gonzalez, quien empezó a trabajar hace un par de meses como personal de mantemiento en Ferrowhite.

Entró en Talleres Bahía Blanca Noroeste en 1978, y después de haber estado un tiempo como peón, ayudante en la sección fundicion, en montaje, y también en tornería, Roberto pudo ocupar la vacante que más quería: ser cambista, estar en la maniobra. Acompañando al capataz y al cabecilla (que iban en la locomotora), él y sus tres compañeros iban encaramados en el "torpedo", de arriba abajo en el taller, entrando o sacando los vagones que iban a montaje o a pinturería, llevando el gasoil o el petroleo a la herrería, o llevando los vagones con materiales al nuevo Almacén Local: había que engancharlos, o desengancharlos, armar los cortes, llevarlos hacia la playa de Juan Molina, o entrarlos desde la playa que estaba al lado de la estación Noroeste.

El taller tenia una bajada, como una pendiente, de Juan Molina a Rondeau, si se te iba un vagón, correte, agarraba una velocidad... Una vez se nos escapó un vagón, entrando a montaje, entró  con portón y todo, pero como ya sabían todos que venía un corte, no había nadie, pero si vos no avisas, hacés un desastre; una vez que avisas, se van todos no queda nadie, sacan los cables, todo las mangueras esas de tension, los que se ponen para cargar los frenos, o cables de electricidad, los cables de las portátiles.

Otra vez se nos escapó la pilota anaranjada, la Cokerill, tenía un seguro, dice el muchacho "yo tengo que ir a la oficina a buscar un papel", la dejó y no quedó nadie: el fue para alla, yo aproveché a hacer mis cosas. No va que se zafa la palanquinta y se pone marcha atrás y agarra para el lado de Rondeau, la pendiente. A la altura de Patricios empezó a agarrar velocidad, ese fue el peor día negro que tuve en el ferrocarril, porque cuando llego a Rondeau los abrió los portones, pasó de largo, ¿sabés a donde fue a parar? Debajo del puente Colón.  Podría haber sido un desastre...
 
Hasta que llegaron los retiros voluntarios, el vaciamiento progresivo del taller y el fatídico telegrama del 30 de abril de 1993:  a las 13.45, llegó, la hora y todo me acuerdo. Al día siguiente, que era el primero de mayo, fue el día mas triste de mi vida, el dia del trabajador, yo ya no tenia más trabajo, me pagaron un año, cobré el fondo de desempleo, a mí me cortaron las piernas, podría tener ahora más de 30 años de servicio.
 
Todavía no sabemos cuánto vamos a conversar, aprender y trabajar con Roberto Carlos Gonzalez. Él viene al museo todos los días a la tarde.

viernes, 24 de junio de 2011

PELO & POLO


Mientras corremos sillas, corremos a comprar café, recibimos al representante de Lule, lo convencemos de que el domingo se siente a cortarse el pelo y buscamos la manera de transformar el espejo de la peluquería en una pantalla de proyección, Pedro se arrima y nos cuenta

jueves, 23 de junio de 2011

PELUQUERÍA DE BARRIO (¡PERO QUÉ BARRIO!)

Este domingo volvemos a abrir nuestra peluquería. Una peluquería de barrio, aunque no de cualquier barrio, sino de uno en el que materiales como el pvc, la urea y la soda caústica se producen por miles de toneladas a pocos metros de casa.

No es extraño que la fabricación de estos productos nos sea presentada en esquemas como el que acá ven:




En este planteo, hay un conjunto de materias primas -gas, agua, energía eléctrica, sal, aire…-, y hay diversas tecnologías que los procesan -hornos, calderas, compresores, reactores, saturadores, clarificadores, filtros, catalizadores, antorchas, torres de enfriamiento…-, para obtener por fin un producto -etano, polietileno, pvc, urea…-. Todo eso hay pero, al parecer, nada alrededor. Desde tal punto de vista, el funcionamiento de cada empresa se encontraría perfectamente circunscripto al interior de sus cercos perimetrales. ¿Pero cómo se ve la cosa del otro lado del alambre? ¿Qué implica tener a un puerto industrial como vecino?


Junto a las chicas y chicos de “El futuro contra la contaminación” y “Cuidemos el futuro & el de nuestra comunidad” empezamos a situar estos procesos en el lugar en el que se desarrollan, ubicando personas e instituciones, acciones y conflictos, y los programas de intervención de las compañías en la propia vida de la localidad. Sobre lo que ellos escribieron, colorearon y dibujaron, nos sentaremos a charlar este domingo.

martes, 21 de junio de 2011

FELIZ DÍA, PEDRO

Este es Pedro Marto repartiendo boletos entre los visitantes del museo el último domingo, Día del Padre.


Pedro tiene una hija, Rosa Estela, a quien por esas cosas de la vida conoció recién de grande. Es una historia larga, difícil, que Pedro decidió compartir con nosotros un día, y que juntos transformamos en una de las escenas de Marto Concejal, el “documental en vivo” en el que cuenta su vida.

Durante todo el tiempo que estuvieron separados, Pedro buscó a Rosa Estela en el rostro de cada chica que se cruzaba por la calle. “Cualquiera podía ser”. Para facilitarse esa tarea imposible, un día se fabricó un identikit. Razonó que esa hija a quien casi no había visto debía parecerse a él y la dibujó, tal como la imaginaba, mirándose a sí mismo al espejo.

Cuando Pedro dio finalmente con el paradero de Rosa Estela -ella vivía en el sur, en un pueblo de la cordillera-, le mandó una carta junto con el retrato soñado. Y desde el sur llegó una noche la llamada que le cambió a Pedro la cara y un poco la vida. “Pero vos, papá, ya me conocías -dice él que escuchó por teléfono esa noche- porque me sacaste igualita.”

Durante cada función de Marto Concejal, la obra que realizamos entre 2007 y 2008, Pedro contaba esta historia mientras con una birome reproducía las líneas de ese dibujo profético sobre una hoja A4 de 80 gramos que unos minutos antes habíamos tenido el cuidado de robarnos de alguna de las oficinas del museo, y que al cabo de la obra quedaba pegada a la vista del público en una de las paredes de la sala. Esas hojas se fueron juntando, con el paso de las semanas, una sobre otra. Hasta que una mañana mirándolas todas juntas nos dimos cuenta, perplejos, que ningún dibujo era exáctamente igual al otro, que Pedro se acordaba de su hija y de esta historia siempre distinto.

Fue entonces que se nos ocurrió lo que no terminamos de hacer hasta este domingo: meter todos esos dibujos en la compu y hacer con ellos una secuencia de video. Un dibujo animado brevísimo en el que, si se quiere, aquello que se anima no es tanto el rostro de Rosa Estela como la serie de movimientos que la memoria de Pedro ejectua en el intento de fijar la imagen de su hija. Así que feliz día también para vos, Pedro. Este fue nuestro reporte de fin de semana desde Ferrowhite (museo taller). Cambio y fuera.

lunes, 20 de junio de 2011

BUENA PREGUNTA

El sábado 18 de junio, a pesar de la lluvia y la distancia, recibimos la grata visita de los chicos y chicas de los grupos Guía- Scout Cnel. Ramón Estomba y San Antonio de Padua.

Entre que nos acercamos al castillo, conocimos 'el piletón de la usina', el guarda Pedro Marto nos picó el boleto, miramos las fotos de la construcción de la usina, Pedro Caballero nos mostró su cajón de herramientas, hicimos funcionar las máquinas de contar la historia y nos asombramos con los barcos portacontenedores en miniatura de Roberto Conte, no alcanzamos a tomarnos una fotografía. Pero que fue cierto, fue cierto.

Casi al terminar uno de los recorridos y después de compartir el video en el que Mario De Simón recorre lo que queda (por poco tiempo) de los Talleres Bahía Blanca Noroeste, tras el desguace, el olvido y la desidia, uno de los chicos dijo algo así: '¿por qué en vez de destruir no se guardó todo para un museo?'

Ante un planteo cuya respuesta resulta difícil de imaginar, nos quedamos un ratito en silencio. Y luego coincidimos: 'Qué buena pregunta'.

sábado, 18 de junio de 2011

EL SANCTA SANCTORUM DE TALLERES BAHIA BLANCA NOROESTE: EL ARCHIVO


Viviana Padellaro ingresó en Talleres Bahia Blanca Noroeste en noviembre de 1978, dos años y medio despues que su padre, Alberto Padellaro, mecánico del Galpon de Ingeniero White muriera como consecuencia de un accidente en una locomotora. Trabajó allí durante 14 años, hasta el 30 de marzo de 1993, en la secretaría del taller.

Toda la correspondencia que llegaba con el tren de la mañana en las consabidas sacas de cuero era clasificada y preparada por ella en los escritorios de los jefes. Ella volcaba en un único informe semanal o mensual, todos los informes que regularmente entregaban los supervisores de cada una de las secciones del taller. Todos los legajos de personal y expedientes de trabajos del taller pasaban por su máquina de escribir y por sus manos: cartulina, maderita, y ganchos para ir archivando cada papel (licencias, cambios de categoría, notificaciones) de cada uno de quienes trabajaban alli, y cada planilla referida a cada trabajo de los que se realizaban en el taller. En su oficina, Viviana disponía de un mueble para tener a mano las carpetas usadas con mas frecuencia, los formularios y las planillas en blanco, y los materiales de oficina.

Y detrás, tambien bajo su responsabilidad, el sancta sactorum del Taller, el archivo: una habitación sin ventanas, con estantes de madera gruesísima, de pared a pared, y del techo al piso, estantes y estantes, y al frente puertas corredizas,  con todos los expedientes que ya estaban cerrados y los miles de legajos personales de miles de obreros.*

(Ciertas leyendas refieren también -pero no Viviana, desde ya- que, muchos años antes de que ella llegara a esa oficina, hubo en ese archivo un suicidio con arma de fuego, que lo usaban a veces los jefes administrativos  para "entrevistar" a algun empleado discolo o que hubiese cometido algun error grueso en su tarea, y también que en una época en que eso podia ser considerado una transgresión, aprovechando la oscuridad reinante y la ubicacción recóndita de ese cuarto, un par de espectadores VIP se hacían proyectar películas subidas de tono. )

Viviana, aún durante los años que trabajó en Talleres, se dedicó a la docencia; actualmente es orientadora educacional en la escuela 13, de Ingeniero White.

* Cuando le cuento lo que me contaron, que todos esos legajos fueron quemados en el horno de la herrería, casi se muere. Y me dijo: el último día que estuve ahí, en marzo de 1993 pensé: ¿qué irán a hacer con todo esto?

UN ACCIDENTE EN EL GALPON DE MAQUINAS, ABRIL DE 1976


Abril de 1976. El galpón está en manos de los militares. Como tienen que sacar rápido una cierta cantidad de máquinas, ordenan a dos mecánicos hacerse cargo de la limpieza del tablero de una locomotora, y como hay apuro, el trabajo se hace con la máquina encendida no más: Ruiz comienza a pasar solvente, se prende fuego, Padellaro se acerca, Ruiz en la desesperación lo abraza, los dos en llamas se lanzan a la fosa contigua, en la que hay grasa y combustible.

Ruiz muere casi de inmediato, Padellaro alcanza a llegar, en un avión de la marina, al Hospital del Quemado en Buenos Aires, conversa todavía con su mujer y sus hijas, y muere recién dos días despues, el 13 de abril, con 49 años.

Siguiendo con una tradición ferroviaria, dos años después, una de las hijas de Padellaro, Viviana, ingresa como secretaria en Talleres Bahía Blanca Noroeste.

Su esposa, Anita Muñoz de Padellaro conserva dos recortes de diario, uno de un diario de Viedma, el otro de La Nación. De La Nueva Provincia tiene, sí, el recorte con el Agradecimiento por las expresiones de condolencias recibidas.


miércoles, 15 de junio de 2011

EL QUE TENÍA LA MANIJA

Ayer a la tarde la municipalidad del Bahía Blanca presentó ante los vecinos del barrio Noroeste un plan para la reutilización de los terrenos que aún ocupan los desmantelados Talleres Bahía Blanca Noroeste



Hace unos días nos visitó Carlos Barros quien fue el encargado de la sección eléctrica en Talleres Bahía Blanca hasta que pasaron a manos de Ferrosur. El funcionamiento de motores de tornos, horno eléctrico, y compresores, las máquinas de soldar, los inmensos puentes grúa del galpón de montaje y el sistema de transmisión del aserradero; la iluminación de las oficinas y de cada una de las secciones eran su responsabilidad. Conocía hasta el último detalle cada uno de los cables, los interruptores y los transformadores, los viejos y los nuevos, y tuvo una participación fundamental en la edificación e instalación de la nueva subestación eléctrica que se terminó de construir en 1989.

He aquí que trajo al museo el instrumento fundamental para su tarea: un medidor de diferencia de potencia con el que podía localizar con exactitud cualquier falla.



lunes, 13 de junio de 2011

LECTORES DE FIERRO



Arrancando la semana, dejamos por acá algunas, unas cuantas, un montón de fotos de lo que pasó en Ferrowhite el sábado durante la presentación de "Los ferrocarriles en Bahía Blanca", libro de nuestro "socio" Héctor Guerreiro a quien verán en estas imágenes feliz junto a amigos, familia y perfectos desconocidos que a partir de ahora, brindis mediante, ya no lo serán tanto porque para eso está, en definitiva, este museo. A los que no pudieron venir les avisamos: quedan libros pero nada, nada de torta.

viernes, 10 de junio de 2011

miércoles, 8 de junio de 2011

LOS FERROCARRILES EN BAHIA BLANCA (1884-1948)

Este sábado, a las 18 hs., en Ferrowhite presentamos “Los ferrocarriles en Bahía Blanca (1884-1948)” libro de nuestro amigo y colaborador Hector Guerreiro, publicado en dos volúmenes gracias a un subsidio del Fondo Municipal de las Artes. Aquí una presentación a cargo de Ana Miravalles y Nicolás Testoni.


Que Bahía Blanca es una ciudad ferroportuaria, que su “segunda fundación” tuvo lugar con la llegada del ferrocarril y la inauguración de un muelle de hierro en el puerto y que las empresas ferroviarias cumplieron un papel preponderante en el “progreso” de toda esta región, son afirmaciones que muchos hemos escuchado. Pero no era tan fácil -hasta ahora- reunir los materiales necesarios para comenzar a establecer una cronología precisa, un mapa detallado y una descripción certera y bien documentada de este proceso. De eso se trata este libro de Héctor Guerreiro. Datos, fechas, nombres y apellidos exactos, basados en una cuidadosa revisión de materiales de archivo, permiten seguir la progresiva extensión de las líneas férreas hacia nuestra ciudad y desde ella hacia la región, la construcción de vías y empalmes, de muelles y colosales elevadores para la exportación de cereal, así como la incorporación de novedades técnicas en el material rodante y de tracción.

No hay que olvidar que Hector Guerreiro es un experimentado ferromodelista. De algún modo, tanto estas páginas  como la maqueta que Guerreiro amplía sin pausa en una de las salas de Ferrowhite (museo taller), son construcciones afines, rieles paralelos que se cruzan en un horizonte imaginario. Por un lado, la lectura de “Los ferrocarriles en Bahía Blanca” permite comprender que ese ferrocarril en miniatura que cada fin de semana fascina a los visitantes del museo no es cualquier maqueta, sino una en la que cada pieza ha encontrado su lugar sostenida por un enorme cúmulo de información: planos, fotos, mapas, recortes de diarios de antigua data vendrían a ser el cemento que mantiene unida esa ficción a escala de un tren “con pasajeros felices”. Pero por otro, nos interesa pensar desde este museo taller, es también el oficio de modelista el que imprime al trabajo con los documentos del pasado algo de su método y secreta lógica.

El objetivo declarado en la introducción de este libro refuerza dicha conexión. El propósito es “ubicar” en el tiempo los momentos relevantes de un proceso cuyo resultado la maqueta traduce al espacio.  En efecto, las obras realizadas en Bahía Blanca y la zona por las empresas ferroviarias de capital extranjero hasta su nacionalización, en el año 1948, son prolijamente enumeradas y descriptas aquí, no solamente aquellas vinculadas al transporte de cargas y pasajeros, o al funcionamiento de los puertos locales, sino también las que determinaron la infraestructura urbana local: la construcción de estaciones ferroviarias, usinas eléctricas, molinos harineros, depósitos de vino, mercados de frutos y balnearios; los puentes, caminos adoquinados y barrios obreros; los servicios de carros, tranvías y colectivos; la provisión de servicios de luz, agua corriente y gas que estuvieron a cargo de las compañías ferroviarias, encuentran también su lugar en este libro bajo la idea de que tanto Bahía y sus barrios (Villa Mitre, Villa Rosas, Villa Harding Green) como las localidades de Ingeniero White, Cerri o Punta Alta, son parte constitutiva e inseparable de una misma estructura de producción.


Sin embargo, este libro comparte con la miniatura ferroviaria no solo la pretensión panorámica, también aquel rasgo que en la representación a escala funciona como su opuesto y necesario complemento. Cronología y maqueta son pródigas en pormenores. Se trata, en ambos casos, de construcciones minuciosas, que proceden menos por planteos de índole general, que a partir del ordenamiento o puesta en serie de innumerables detalles. Y los detalles tienen por función, a pesar o en razón de su aparente irrelevancia, volver vívido al conjunto. Así, el uso de material periodístico no queda circunscripto en este libro a la corroboración de fechas, nombres y lugares: las crónicas aparecen citadas, transcriptas a veces en su integridad, de manera que es posible “ver” a través de los ojos de los cronistas de otras épocas la actividad de los directivos de las empresas, de los políticos o de los usuarios, como si una fotografía se pusiera por unos instantes en movimiento, y uno pudiera, junto a Coleman, Harding Green o d’Abreu compartir un suculento banquete con personalidades de la “sociedad” local y nacional, sumarse al recorrido original de una línea, inspeccionar el flamante hotel de inmigrantes  preparado para recibir a uno de los pocos contingentes que llegaron directamente desde Europa al puerto de Ingeniero White, o retozar al aire libre en alguno de los pic-nics que las compañías ferroviarias organizaban para su personal. Referencias aparentemente triviales como la temperatura, el menú de un coche comedor, la cantidad de minutos que tardaba un tren, o los horarios de partida y llegada de un paseo, permiten percibir parte de la experiencia de quienes eran protagonistas de las noticias de aquel tiempo, e inferir, por contrapartida, la de quienes raramente aparecían mencionados en los artículos de prensa, pero cuya labor muda resulta ineludible considerar a la hora de comprender el sentido de las cifras de exportación, la fecha de inauguración de un elevador o la cantidad de kilómetros de un ramal. 

Empresas que halagan a sus clientes, un sistema de producción y comercialización que parece ser homogéneo y funcional para todos, edificios levantados por impulso del destino, una ostentación del lujo y  los privilegios que aparenta no molestar a nadie... no sería difícil llegar a pensar, en una primera lectura que todo esto corresponde a la realidad de una Bahía Blanca que ya -definitivamente- no existe y que con la ciudad actual comparte solo el nombre. Pero no hay que olvidar que esa imagen es producto del punto de vista con el que la estamos observando: tal como el autor afirma, en esta obra se han tomado en cuenta "los sucesos más destacados... y que obviamente no fueron los únicos"; las fuentes consultadas provienen de sectores inevitablemente interesados en ese proceso (diarios, informes, libros, etc.); y el estado actual de deterioro y desmantelamiento de buena parte de esas instalaciones acentúa los contrastes. No solo las vías aún cruzan Bahía Blanca de punta a punta, o los edificios ferroviarios, aunque ignorados, arrasados o refuncionalizados, todavía lucen imponentes: una compleja trama de inversiones, trabajo, políticas de Estado y resistencias obreras une secretamente el pasado a la ciudad actual. Reconocer ese vínculo depende de un trabajo, en ocasiones nada sencillo, que encuentra en Héctor Guerreiro a un artífice tenaz, y a partir de ahora, en estas páginas, una herramienta imprescindible. 

viernes, 3 de junio de 2011

EL CORAZON DEL CAMBIO: EL TALLER DE VIAS Y OBRAS EN LA USINA DEL BAP

Cambio de vía, taller del distrito Vías y Obras Bahía Blanca, UEPFA, que funciona
en la vieja usina del BAP, en Donado y Brickman.

El jueves 3 fuimos con Héctor Guerreiro a visitar el edificio que perteneció a la primera usina eléctrica del BAP (Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico) y en cuyas adyacencias funciona aún el taller del Distrito Vías Obras (tal como al parecer vino sucediendo desde principios del siglo XX). Cuando le pregunté a Guerreiro cómo se denomina este juego de vías me dijo: "¿Ese? Ese es el corazón del cambio".

Lo que tiene en sus manos Carlos Alfaro, actual jefe del Distrito, es un ancla de vía, las paredes que se ven al fondo son las del magnifico edificio de ladrillos y lo que se ve al fondo son algunas de las antiguas máquinas ya desmontadas y desarmadas después de la privatización.


En esta otra imagen, Alfaro nos explica cómo funcionaba el martinete con el que se hacías las eglisas para los rieles:


En el interior de las dos inmensas naves, se puede ver aún el sistema de transmisión montado, con sus correas, poleas y motores, y se ven también las repisas con las herramientas y los objetos fabricados en este taller. "Acá, cuenta Alfaro, trabajaron en otros tiempos más de 400 personas: herreros, carpinteros, torneros, mecánicos y también, en las cuadrillas de vías, los catangos o catalinos". Desde este taller se proveía a todo el distrito, hasta Carmen de Patagones  de cada uno de los elementos necesarios para el mantenimiento de las vías: desde rieles, cambios, agujas para garitas, clavos, tirafondos, flejes y durmientes, a herramientas como criques de vía, barretas o picos pisón, tanto en las vías como en las playas de maniobras.


El edificio es impactante, con sus muros de ladrillos "alpargata" traídos de Inglaterra, los techos a dos aguas con enormes aberturas vidriadas y los más hermoso, los ventanales que dan en el interior una gran luminosidad. Este área del taller, sin embargo, se encuentra en desuso desde la década del 90: actualmente el taller de Vías y Obras del ferrocarril provincial sigue funcionando en los galpones adyacentes al edificio de la usina, en la reparación de zorras, velocípedos, carpintería y mecánica.

El edificio parece abandonado, las máquinas duermen su sueño reposando de horas y horas de labor, las palomas dejan sus marcas por todos lados. Pero cuando le decimos a Alfaro: "esto podría ser un museo", él dice que no, "qué museo, esto tendría que ser una escuela de oficios, si está todo para hacerlo".

jueves, 2 de junio de 2011

¡TENEMOS KIOSCO!


Ferrowhite es un museo que además de exhibir objetos los fabrica. Imanes, libros, postales, bolsas para las compras... a partir de este fin de semana, todo lo conseguís en nuestro remozado kiosco obrero.

martes, 31 de mayo de 2011

A PULSO

Pedro Marto y Roberto Orzali, el domingo pasado en el museo.



Más dibujos.

jueves, 26 de mayo de 2011

PERDIDOS EN LA NIEBLA

 ¿Quién llega hasta este rincón remoto de la ciudad una mañana de niebla como esta?

 
Ellos son Juan Manuel Levetti y Alejandro Lezcano. Vienen del partido de Lincoln, en el noroeste de la Provincia de Buenos Aires, para cumplir con el curso de conductor de locomotoras que dicta la seccional Ingeniero White de La Fraternidad.

Juan Manuel se detiene ante la cifra, escrita con fibrón en una pizarra, que señala el número de trabajadores que las cuatro empresas integrantes del Polo Petroquímico emplean de manera directa. "¿1100 nada más?". Y nos cuenta que antes de ser "aspirante" a maquinista trabajaba en la fábrica que Sancor tiene en la localidad de Arenaza. "Una planta enorme, también con muy poca gente. Yo atendía la máquina que hace los postrecitos Shimmy. Ocho horas por turno, acomodando los vasitos en cajas y las cajas en palets. Imaginate que la máquina te tira tres postres por segundo, cada vasito sale a 80 grados y no podés usar guantes. Por eso emplean pibes jóvenes. Se gana bien, pero pocos aguantan." 

martes, 24 de mayo de 2011

MOVIENDO LAS CABEZAS



Algunas impresiones, escoba en mano, acerca de lo que pasó por acá durante la Noche de los Museos:

1) El olor a sopa va a tardar días en disiparse y hay pelos por todos lados. Esto fue un éxito.

2) La luz de la mañana vuelve más nítida la siguiente sospecha: un museo taller conserva mejor lo que es capaz de transformar. Mirando la enorme tenaza de herrería que abre la muestra de Ferrowhite, uno de los tantos chicos que llegó hasta acá el sábado le preguntó a su mamá quién era el que usaba semejante pinza para depilar. Pero es factible que la asociación funcionara también en sentido opuesto. Quizás a esa madre le haya resultado difícil atravesar nuestra peluquería sin relacionar por un momento el ingrato deber femenino del depilado con la labor rigurosa del herrero.

3) Sin espejo no hay peluquería. El resto del mobiliario puede variar. En lugar del sillón podemos poner una silla. Resultará sin duda menos cómoda pero, a fin de cuentas, nos va a servir igual. Incluso las herramientas del peluquero son permutables. La emblemática tijera, por ejemplo, tiene un suplente venerable en la navaja y otro, más reciente, en la máquina de rasurar. El espejo, en cambio, es imprescindible. No sólo porque precisamos de él para inspeccionar al milímetro lo que le hacen a nuestra cabeza, además, y esto es más difícil de poner en palabras, porque a través suyo nos miramos, y miramos a los otros, y les hablamos, de otro modo. No necesariamente mejor, distinto. En la pista de ese corrimiento sutil (y a la vez, abismal) andamos.

4) El de la peluquería del museo es un espejo en el que muchos se miran a la vez.

miércoles, 18 de mayo de 2011

SIN PELOS EN LA LENGUA

El sábado 21 de mayo, durante la Noche de los Museos, en Ferrowhite inauguramos una peluquería. Sí, vas a poder cortarte el pelo en el museo, pero también hojear revistas que ya no se consiguen, enterarte de cosas que solo se cuentan al oído, y discutir sobre los temas que inquietan a esta comunidad, que es lo que se hace en toda buena peluquería de puerto.


Titi te invita a sentarte en su sillón
"CEPILLAR LA HISTORIA A CONTRAPELO"
Pero ¿Qué tiene que ver una peluquería con la historia de los trabajadores? Poco y nada si esquivamos la pregunta, ¿Qué hacen los que trabajan además de trabajar? Corto o largo, lacio o crespo, con jopo o flequillo, con raya al costado o al medio, el pelo es esa parte de nuestro cuerpo que más temprano que tarde se trenza (o enreda) a la sociedad y a la época que nos tocaron en suerte. Sobre nuestras cabezas se modela el signo de los tiempos, marcas de sumisión o de rebeldía, señas de pertenencia a un género, a una generación, a una clase.

Pero mejor que lo explique Titi Sedrani, nuestra anfitriona del próximo sábado: “La cabeza de White cambió. Cambió por afuera, pero ojo, también por adentro. Cambió el puerto y sus peluquerías cambiaron a la par”. Titi abrió la suya allá por 1982, en el local que durante décadas ocupó otro peluquero, Raimundo Morelli. “Un gran laburante de la navaja y la tijera, un tipo muy querido”, define Titi, quien además tuvo entre sus primeros clientes a otro colega célebre, José “Pepe” Lamas.

“Al principio fue muy duro, porque yo abrí directamente para caballeros y niños, y acá las peluquerías de hombres las atendían hombres. Los señores que abrían la puerta me preguntaban ¿Y el peluquero? Cuando se enteraban que el peluquero era yo, ni hasta luego me decían, pero bueno, lo que te digo, empezó a cambiar después nuestra cabeza…”

GOMINA Y PLENO EMPLEO
Tal vez el encuentro del sábado ayude a despejar un modesto enigma que apremia a los trabajadores de este museo: ¿por qué en las fotos ferroviarias de los años cincuenta y sesenta nadie o casi nadie, ni siquiera aquel que asoma la cabeza desde adentro de una fosa, sale despeinado? Junto a las cantinas, los bares y los cabarets, las peluquerías whitenses perduran en el recuerdo de calvos y canosos como un negocio próspero. Repasemos: Salvador Puglisi en la calle Belgrano, los hermanos Antonio y Américo Luciani por Avenente, sobre la misma calle los hermanos Villalba, el maquinista Juan Antonio Schbib en Mascarello y Sisco, su hermano Cesar junto a Horacio Faccini en Siches sobre mano par, sobre mano impar Severo Polio, también por Belgrano Santiago Boccanera y su yerno Raimundo Morelli, en la vereda de enfrente Betino Vitale y Antonio Villa, sobre Guillermo Torres Atanasio Dimuchicos, y casi llegando a San Martín, Manuel y José Lamas… ¿Nos olvidamos de alguien?

 “Todas peluquerías de hombres*, ¡y estaban todas llenas!”. Su número y extensa clientela no habla solo de la pertinaz coquetería de los varones que se afincaron en este arrabal ventoso, también de la cantidad de trabajadores que concentraban el ferrocarril, la Junta Nacional de Granos, el Ministerio de Obras Públicas, YPF, la pesca; y de las salidas, las fiestas, las funciones de cine, las cenas, los bailes, y otras tantas ocasiones sociales en las que un buen corte y una afeitada al ras eran requisito indispensable.



CAMBIAR LA CABEZA
A través del espejo del local que bautizó con el nombre de sus hijos (“Mari Mau”), desde ese pequeño sillón giratorio tan alejado de tronos y sitiales, Titi lleva un registro minucioso, capilar, de los cambios sucedidos en White en los últimos treinta años.

“Yo me acuerdo que mi papá, que trabajaba en la Junta, por ahí se iba al puerto a las seis de la mañana y en tiempos de cosecha no volvía hasta la una de la madrugada. Un barco podía estar dos, tres días cargando. Hoy el barco, con las máquinas que hay ahora, llega, está unas horas y se va. Esa gente que no se precisa más para la carga, esa tripulación que no baja más a puerto, tampoco se sienta en este sillón”.

Para Titi la transformación del puerto implicó una merma de clientes, al mismo tiempo que un significativo aumento de la competencia. “En los noventa, mientras muchos negocios cerraban, se abrían peluquerías, porque la gente hacía cursos rápidos y se ponía una en la casa. Yo creo que la situación general en estos últimos años se ha ido acomodando, pero lo que es acá, en White, con tanta riqueza pasando de largo frente a nuestras narices, si no nos organizamos en serio, la vamos a tener difícil.”

VAYAN SACANDO TURNO
Una peluquería –esta es la hipótesis, un poco delirante, que vamos a testear el sábado- puede llegar a funcionar como un laboratorio de narración oral, en el que la historia de una comunidad suma a sus capítulos habituales el relato con el que cada nuevo cliente resume su vida, sus puntos de vista y sus expectativas, en los 15 o 20 minutos que dura un corte. “Esto es un confesionario. Me costó mucho a mí aprender a callarme la boca, la peluquería es política, fútbol… encima yo hincha de Huracán, acá en el centro de White, rodeada de hinchas de Comercial, he perdido muchos clientes por eso, hasta que entendés que tenés que poner el oído y callarte un poco.”

Hace casi 53 años, el 1 de diciembre de 1958, 4000 ferroviarios que reclamaban el pago de una retroactividad se declararon en huelga. A pesar del vigente Plan CONINTES, a pesar del estado de sitio, y de estar “movilizados”, es decir, sujetos a disciplina militar por el gobierno de Frondizi, los ferroviarios de White, Noroeste, Maldonado y Bahía Blanca Sud se concentraron en la Plaza Rivadavia y marcharon por Avenida Alem y calle Florida hasta llegar a las mismísimas puertas del regimiento donde, ¿adivinen qué?, terminaron todos presos. Hay 4000 versiones de esta historia, pero ninguna que no coincida en este punto: cómo los sentaron a todos en la inmensa plaza de armas, con aviones de guerra sobrevolando y soldados apostados, apuntado desde los edificios más altos, y cómo los peluqueros del regimiento fueron rapando cabelleras y bigotes, hasta que, literalmente, las cuchillas de las máquinas rasuradoras se quedaron sin filo.

Mucho antes de que existieran museos con ganas de copar la noche del puerto, esta historia circuló seguramente por sus peluquerías -que según quiere la leyenda, alguna vez permanecieron abiertas hasta la madrugada-, porque una peluquería, en definitiva, es ese lugar donde se corta pelo para que la conversación no pare de crecer. 


* Para “señoras y señoritas” estaban Nelly en calle Brown, y en Brown y San Martín, la peluquería del Italiano. 

domingo, 15 de mayo de 2011

JOAQUÍN Y SUS AMIGOS

Entre las personas que nos visitaron el sábado (que fueron muchas) estuvieron Pamela Brownel, investigadora y crítica teatral, que aprovechó su visita a Bahía Blanca para buscar noticias acerca de la experiencia de teatro documental de Ferrowhite. Y se encontró con las anécdotas de Flying Fish y las peripecias de Pedro Marto contadas en primera persona, y la interpretación exclusiva del bolero de Ravel por Pedro Caballero. Además de los mates de Cacho Mazzone y la compañía de Cacho Romero para conocer la Rambla de Arrieta y ‘la playita de la usina’.



Más tarde, llegó la familia González. Verónica, Alejandro, Candela y el pequeño maquinista Joaquín, que vino preparado para hacer rodar su par de locomotoras de juguete por las vías de la mesa de señales de la sala de ‘La Fraternidad’.



Y que nos recomendó que viéramos alguno de los capítulos de ‘Thomas y sus amigos’, la serie de dibujitos animados que le enseñó algunas cosas acerca del ferrocarril. Aquí va uno.

viernes, 13 de mayo de 2011

APROVECHÁ GAVIOTA






Si pasás por Ferrowhite este fin de semana no dejes de llevar tu "Vera Bolsa Libre de Trust", una bolsa para las compras hecha en el museo junto a trabajadoras de las fábricas de bolsas para cereal que existieron en este puerto. Viene con el libro "Bolseras" de regalo. Y entonces sí, con bolsa y libro bajo el brazo, tomate un café en La Casa del Espía, vos elegís si mirando la playita de la usina, las fotos tomadas por Rodolfo Díaz a las aves de este humedal, o la playa de camiones de una cerealera trasnacional.

miércoles, 11 de mayo de 2011

FARDOS, BLEQUE Y MAMELUCOS CORTADOS EN TIRITAS

El próximo 26 de octubre se cumplen 50 años del inicio de la huelga de 42 días que los ferroviarios de todo el país sostuvieron contra el plan de reducción de los ferrocarriles implementado por el gobierno de Arturo Frondizi.

Para ir entrando en tema, Pedro Caballero nos pone al tanto de lo que pasaba por aquel entonces entre los trabajadores del Galpón de Locomotoras de Ingeniero White.


La huelga de 1961 fue el principio de la lucha para impedir que el gobierno de Fondizi empezara el desguace de los ferrocarriles, al empezar aplicar el plan del ministro Acevedo que implicaba cierre de talleres, galpones, reducción de personal y demás ítems. El 27 de octubre empezó la huelga, hasta el 10 de diciembre.


Durante esa huelga que duró 42 días, la mayor parte de los ferroviarios adhirió y durante ese tiempo se dedicaron a conseguir otros trabajos, yo me dediqué a pintar sillas en Comercial, otros buscaron trabajo en el puerto, en la construcción, de serenos.

Pero hubo algunos que siguieron trabajando en el galpón, durante esos días alistaban locomotoras para correr trenes de emergencia, y eso lo hacían fuera de su tarea específica, hacían el trabajo del personal que estaba en huelga.


Por eso, cuando se levantó la huelga, no la pasaron bien: todos los días les colocaban fardos de pasto en la puerta de la oficina, engrasaban con bleque los picaportes, un día les cortaron los mamelucos, también, a uno de ellos que venía en moto, le pusieron azúcar en el tanque.

Con las bocinas de las diesel tocaban y vos escuchabas car ne ro car ne ro, tocaba la bocina, capaz de dos o tres máquinas; o de las culatas de la Baldwin les tiraban tuercas y tornillos a la ventana de la oficina, el carpintero no daba a basto a colocar vidrios en la puerta de entrada.


Tanto tanto que tuvieron que desaparecer por tres meses del galpón de locomotoras, fueron a trabajar a otras dependencias, hasta que se aplacó todo. Pero quedó mucho resquemor entre la gente.

A mí, igual, no gustaban mucho esas cosas.

lunes, 9 de mayo de 2011

MATE, RAMBLA Y PASTAFROLA

Cuando llegó la noticia, acá estaban ellos para recibirla.




Ayer domingo Ida Muhamed y Nenucha Fordhigini improvisaron una mateada junto a las aguas de la Rambla de Arrieta.



Ocasión inmejorable para conversar con todo el mundo sobre el futuro dragado del estuario, el nuevo muelle que la cerealera Toepfer proyecta para el sector, y la idea, cada vez más firme, de un paseo comunitario que conecte la usina castillo con el viejo muelle de los elevadores de chapa, y a través suyo, a White con su ría.