miércoles, 16 de julio de 2014

NO ME LO VAS A CREER


Durante estas vacaciones de invierno en el museo taller vamos a contar historias. Historias que no inventamos nosotros, sino que nos contaron vecinos y amigos que en lugar de decir "Había una vez..." suelen arrancar advirtiendo: "No me lo vas a creer...". Historias extraordinarias, como la de Celestina, la Reina del Mar, esa chica que se convirtió en sirena de tanto esperar en la playita de la usina el regreso de su novio marinero. Relatos que se cuentan hasta el cansancio pero nunca parecen los mismos, y que en su permanente variación -apostamos acá- pueden llegar a dar cuenta de la capacidad de un pueblo para conjurar sus miedos e imaginar, a pesar de todo, una vida mejor. Porque las leyendas de un lugar cambian con las épocas, se enriquecen de quienes las narran, mezclan las experiencias pasadas con las circunstancias presentes, y así, en el boca a boca que mantiene vivas a las aventuras jamás escritas, adquieren ese espesor colectivo que las vuelve de ninguno y de todos a la vez. Por eso en estas vacaciones, además de dragones, gigantes y hombres chancho, con los pibes vamos a contar, dibujar y armar no una sino cien Reinas del Mar, centenares de Celestinas que poblarían una playa entera si todavía la hubiese. A propósito: ¿Cómo es que la idea de un balneario en Ingeniero White ha llegado a parecernos tan o más increíble que la propia existencia de las sirenas? Las historias extraordinarias también portan esta clase de preguntas, extraordinariamente difíciles de responder.