miércoles, 6 de agosto de 2014
ROMÁNTICO INCURABLE TE RECUERDO
martes, 5 de agosto de 2014
SOY LEYENDA
En el álbum de estas vacaciones de invierno no podían faltar las fotos del último encuentro de "No me lo vas a creer", un taller que ya se convirtió en leyenda.
viernes, 1 de agosto de 2014
SE VIENE EL GRAN FINAL
Sábado 2 de agosto, 16 hs.
NO ME LO VAS A CREER
La sideral historia del ferroviario que viajó a Saturno, la misteriosa nube amarilla, el aterrador hombre chancho... En vacaciones de invierno, Ferrowhite te invita a compartir un taller para contar historias, enterarse de otras, dibujarlas y, juntos, construir un Atlas de las Criaturas y los Fenómenos Extraordinarios (y no tanto) de este lugar.
jueves, 31 de julio de 2014
VOLARE
Se viene
el quinto encuentro de “¿Lo decimos cantando?”, el ciclo que coordina la
legendaria pianista Sarita Cappelletti. La cita es el próximo domingo 3 de
agosto. Desde Villa Don Bosco aterriza en la Casa del Espía José Guerrero, ex
helicopterista que a sus 56 años decidió embarcarse en el viaje de
la música.
Sarita dió en la tecla
Llegó al taller de La
Siempre Verde sin tener mucha idea del estilo musical que le sentaría mejor.
Pero parece que -una vez más-, la maestra Sarita dio en la tecla y José, de a
poco, descubrió su estilo:
“Uno tiene pudores y prejuicios
incorporados, aunque no debería tenerlos, pero están. A esta altura de mi vida
ir a hacer el ridículo y pasar vergüenza no me gusta. Pero como Sarita es una
excelente motivadora, logró ver dónde podía estar sin que eso me costara mucha
exigencia; me dijo muy didácticamente '¡vos, hacé bolero!' y eso me abrió las
puertas para cantar otras cosas”.
En casa de
José se escucha música todo el día. El asunto es compartir gustos en familia:
“Y, mirá, María Luz hace teatro,
Evangelina estudió música porque le encanta y cuando podemos armamos unos dúos
de folclore o melódicos, a Pablo también le gusta la música pero tiene otro
estilo, le encanta el reggaeton, yo estoy medio al margen de eso, pero trato de
acompañarlo”.
Volver para contarlo
Uno de los capítulos ineludibles
de la vida de José lo muestra como veterano de guerra de Malvinas. La experiencia que allí vivió marcó
un antes y un después en sus días:
“En esta vida si hay algo que aprendí es
que sólo me condiciona mi conciencia y mi conciencia me dice que soy ex
combatiente simplemente por haber participado, más allá de las jerarquías y
distinciones. Haber estado en Malvinas es un orgullo, no una satisfacción, y es
una gracia de Dios haber vuelto y poder decirlo. El país me exigió arriesgar la
vida y la puse. ¿Qué me devolvió a cambio? La gracia de volver”.
¿Vos qué querés ser?
Recordando, José habla de
la importancia de asumir decisiones que a uno lo hagan feliz:
“Treinta años atrás me hubiese gustado
que me consideren un trabajador de la música, aunque es fundamental que se den
varias causas para progresar. Te lo explico de esta manera: mi hija iba a
estudiar contador, se había inscripto en la Universidad y todo y, a último
momento nos planteó a mi esposa y a mí que quería estudiar actuación. De lo
blanco pasó a lo negro y yo le dije, '¿vos qué querés ser?: ¿una triste
contadora o una feliz actriz?'”.
¡Un aplauso para el asador!
José se describe como un buen asador. Su especialidad es el pollo a la pizza. Así que antes de despedirse nos revela un par de secretos a la hora de preparar su plato preferido:
José se describe como un buen asador. Su especialidad es el pollo a la pizza. Así que antes de despedirse nos revela un par de secretos a la hora de preparar su plato preferido:
“Me
gusta mucho preparar dos platos: asado y pollo a la pizza, esas son mis
especialidades. Igual cocino de todo porque me encanta hacerlo. Para que el
pollo a la pizza te quede bien, tenés que ponerle de todo y que te salga bien
dorado abajo, que eso es lo más complicado. Con cualquier guarnición que le
pongas, con una porción quedas satisfecho”.
lunes, 28 de julio de 2014
viernes, 25 de julio de 2014
CARAS Y CARETAS
Hoy nos visitaron los chicos de la Sociedad de Formento de Villa Duprat. Con ellos convertimos las historias de leyenda que se cuentan en el ferrocarril y el puerto en mascaras extraordinarias. Un anticipo de lo que va a pasar este fin de semana en el taller "No me lo vas a creer".
martes, 22 de julio de 2014
ENTRE TANTO, EN LA CASA DEL ESPIA...
...Andrea Bohn, Luana Córdoba y Federico Grittini se lucían en un nuevo encuentro de "¿Lo decimos cantando?".
viernes, 18 de julio de 2014
LAS VACACIONES SON UN TRABAJO
Estas vacaciones de invierno esperamos que los chicos la pasen bárbaro. Tanto como nosotros preparándonos para su visita.
jueves, 17 de julio de 2014
VACACIONES EXTRAORDINARIAS
Sábados 19 y 26, Domingos 20 y 27 de julio, y Sábado 2 de agosto, 16 hs.
NO ME LO VAS A CREER
La sideral historia del ferroviario que viajó a Saturno, la misteriosa nube amarilla, el aterrador hombre chancho... En vacaciones de invierno, Ferrowhite te invita a compartir un taller para contar historias, enterarse de otras, dibujarlas y, juntos, construir un Atlas de las Criaturas y los Fenómenos Extraordinarios (y no tanto) de este lugar.
EL MECANO DE LA MAREA
Ayudanos a poner en marcha un puerto agroexportador en miniatura con trenes, camiones, silos, elevadores, muelles y barcos en el que siempre se juega por los porotos.
Domingos 20 y 27 de julio, de 15 a 19 hs.
FERROCARRIL PAGO CHICO
Una supermaqueta que a la vez es un sueño en movimiento: trenes con ferroviarios y pasajeros 100 % felices. ¿Cómo que todavía no la viste?
Todas las actividades de vacaciones en el número especial de la revista ROMPEVIENTO para descargar, o consultar online.
miércoles, 16 de julio de 2014
NO ME LO VAS A CREER
Durante estas vacaciones de invierno en el museo taller vamos a contar historias. Historias que no inventamos nosotros, sino que nos contaron vecinos y amigos que en lugar de decir "Había una vez..." suelen arrancar advirtiendo: "No me lo vas a creer...". Historias extraordinarias, como la de Celestina, la Reina del Mar, esa chica que se convirtió en sirena de tanto esperar en la playita de la usina el regreso de su novio marinero. Relatos que se cuentan hasta el cansancio pero nunca parecen los mismos, y que en su permanente variación -apostamos acá- pueden llegar a dar cuenta de la capacidad de un pueblo para conjurar sus miedos e imaginar, a pesar de todo, una vida mejor. Porque las leyendas de un lugar cambian con las épocas, se enriquecen de quienes las narran, mezclan las experiencias pasadas con las circunstancias presentes, y así, en el boca a boca que mantiene vivas a las aventuras jamás escritas, adquieren ese espesor colectivo que las vuelve de ninguno y de todos a la vez. Por eso en estas vacaciones, además de dragones, gigantes y hombres chancho, con los pibes vamos a contar, dibujar y armar no una sino cien Reinas del Mar, centenares de Celestinas que poblarían una playa entera si todavía la hubiese. A propósito: ¿Cómo es que la idea de un balneario en Ingeniero White ha llegado a parecernos tan o más increíble que la propia existencia de las sirenas? Las historias extraordinarias también portan esta clase de preguntas, extraordinariamente difíciles de responder.
martes, 15 de julio de 2014
DE CADA PUEBLO UN CANTOR
El próximo domingo 20 de julio, a partir de las 17 hs., arranca en La Casa del Espía, el cuarto encuentro del ciclo "¿Lo decimos cantando?". Desde el taller de canto que coordina Sarita Cappelletti en la “Siempre Verde”, llegan Andrea Bohn, Luana Córdoba y Federico Grittini para demostrarnos todo lo que saben.
Andrea Bohn, Marisol Rodríguez, Luana Cordoba y Federico Grittini
Música sanadora
Llegan desde White, desde el Saladero y Villa Serra, con la idea de sacar en cada canción “cosas de adentro”. Comparten la idea de que el canto “sana”:
“La música es una especie de liberación y una muy linda terapia,
uno puede cantar bien o cantar mal,
pero lo importante es que es algo sumamente liberador”.
Compañeros de la vida
Sin embargo, el taller no es la única coordenada de espacio y tiempo que los reúne. Digamos que el taller les permitió conocerse y entrar en confianza y, con ello, la posibilidad de encontrarse en otros ámbitos. Sus integrantes se juntan a comer, se invitan a cumpleaños, abren sus casas para los ensayos grupales; juntos descubrieron que el taller es una fuente de vínculos que no dejan de afirmarse. Andrea habla de las cosas que los unen:
“Nos hemos hecho amigos, nos hemos reunido, estamos todos conectados... Es que hablamos de los mismos temas, por ahí cuando escucho alguna canción en casa y hago un comentario se me quedan mirando como diciendo: “¿Y ésta qué dice?” Son comentarios que nosotros entendemos nomás y que tienen que ver con que vamos teniendo otra clase de oído”.
Hacerse el hueco para abrir el pico
Así, lo que comenzó como un ejercicio se volvió para los tres un modo andar por la vida. Cantan en todos lados, en sus casas, en la calle o en el trabajo. Federico, por ejemplo, aprovecha huecos de sosiego en su lugar de trabajo para ponerse a practicar:
“Yo suelo cantar mientras mis compañeros no están.
Canto solo en mi Oficina de Turismo. Cuando tengo momentos de ocio y
no tengo que atender gente, ¿qué hago? Me tengo que poner a cantar”.
Andrea Bohn, Marisol Rodríguez, Luana Cordoba y Federico Grittini
Llegan desde White, desde el Saladero y Villa Serra, con la idea de sacar en cada canción “cosas de adentro”. Comparten la idea de que el canto “sana”:
“La música es una especie de liberación y una muy linda terapia,
uno puede cantar bien o cantar mal,
pero lo importante es que es algo sumamente liberador”.
Sin embargo, el taller no es la única coordenada de espacio y tiempo que los reúne. Digamos que el taller les permitió conocerse y entrar en confianza y, con ello, la posibilidad de encontrarse en otros ámbitos. Sus integrantes se juntan a comer, se invitan a cumpleaños, abren sus casas para los ensayos grupales; juntos descubrieron que el taller es una fuente de vínculos que no dejan de afirmarse. Andrea habla de las cosas que los unen:
Así, lo que comenzó como un ejercicio se volvió para los tres un modo andar por la vida. Cantan en todos lados, en sus casas, en la calle o en el trabajo. Federico, por ejemplo, aprovecha huecos de sosiego en su lugar de trabajo para ponerse a practicar:
“Yo suelo cantar mientras mis compañeros no están.
Canto solo en mi Oficina de Turismo. Cuando tengo momentos de ocio y
no tengo que atender gente, ¿qué hago? Me tengo que poner a cantar”.
viernes, 11 de julio de 2014
"LOS QUE MANEJÁBAMOS LOS TRENES ERAMOS NOSOTROS"
El domingo pasado estuvo en el museo Fabio Adrover (1965), que fue señalero
durante varios años hasta la privatizacion de los ferrocarriles. Estuvimos conversando sobre cómo funcionaban las señales, la cabina de Juan Molina (que tenía el piso de parquet tan brillante que Toledo te hacía poner patines), el sistema del aparato staff y varias cosas más. Este es solo un minuto de la conversación que tuvimos en una de las salas del museo:
viernes, 4 de julio de 2014
EL PATRIMONIO EN EL BANQUILLO
Este museo se armó con herramientas que algunos ferroviarios, a veces sin permiso, se llevaron a su casa para tomarse el trabajo, después, de traerlas acá. Todavía en buena medida funciona así. Pero puede que hoy por hoy el gran donante de objetos de esta institución no sea una persona sino el mar. Por esa lengua de ría que lame la platea de hormigón sobre la que se levanta el castillo, llegan cientos de cosas a diario. Restos, dirá alguno, de ese naufragio en perpetua expansión y fuga que llamamos capitalismo. Aparecen cascos, neumáticos, granos de soja, cartones de vino y, cada tanto, puntales y placas fenólicas que la marea arrastra desde el flamante muelle de la cerealera Toepfer o las suspendidas obras de la minera Vale. Con esas maderas, en este museo fabricamos cajas de herramientas, mesas de bar, bancos como el que les mostramos en esta entrada y algunas de las piezas de un juego, el Mecano de la Marea, que nos sirve para estudiar el movimiento portuario junto a las escuelas que nos visitan.
¿Pero por qué valdría la pena incorporar estos deshechos a la colección de un museo? Porque, trabajo mediante, un puntal de obra es la punta de un ovillo. La astilla de un árbol de relaciones que nos lleva, por el espacio y a través de las épocas, del flamante muelle de una cerealera trasnacional a la infraestructura y las labores que han facilitado, a lo largo del tiempo, el negocio agroexportador, con sus cambiantes protagonistas, con la renta, a menudo extraordinaria, que ha sido capaz de generar, y su desigual apropiación por parte de los capitalistas, los trabajadores, la comunidad y el Estado.
Silos, rutas, vías, elevadores y muelles; cosechadoras, trenes, camiones y barcos; peones, chacareros, latifundistas, agrimensores, agrónomas, genetistas, camioneros, maquinistas, operarios, ingenieros, contadoras, contratistas, albañiles, ejecutivos, delegados sindicales, corredores de bolsa, legisladores, funcionarios, fomentistas... todo un mundo encuentra sostén en este puntal que ponemos en tus manos, pero comprender eso depende en un punto de que hagamos algo con él, entre él y las demás cosas que pueblan este museo, entre él y aquellos que brindan testimonio sobre su vida y trabajo, entre ese preciso puntal y los brazos que se organizan en este lugar para darle un uso imprevisto. Porque en un museo taller se vive con la sospecha de que, en definitiva, sólo es posible conservar aquello que se transforma. Habría que considerar, en todo caso, el cuidado amoroso del conservador hacia los objetos como un primer acto de transformación en relación con las condiciones de obsolescencia y deterioro a las que se ven sometidas la mayor parte de las cosas fuera de un museo. Por lo pronto, el humilde puntal de pino paraná que por accidente o descuido se dejó caer al agua, encuentra hogar entre nosotros, pero también perspectiva histórica, rodeado de cientos de voces y miles de papeles, junto a durmientes de quebracho misionero y relojes de roble francés que alguna vez cumplieron su función dentro del gran mecanismo.
Construir con puntales en este museo municipal implica hacer propias, transformar y en ese acto volver -en modesta medida- una cuestión pública, la lógica y las prácticas de la escasez, para reconfigurar a partir de la parte descartada una imagen de conjunto que, aún en su parcialidad, nos ayude a advertir las continuidades pero también los desequilibrios, los conflictos y las alternativas a un orden que suele negociar en el cambio su permanencia. Misión, para qué les vamos negar, poco menos que imposible, pero a la que vale la pena, creemos, ponerle algo de banca.
¿Y el banquito? El banquito es un punto de apoyo provisorio. Un lugar para deshacernos por un rato de lo que traemos entre manos, para tomar distancia de las cosas que nos ocupan, descansar de ellas o estudiarlas mejor. El banquito es también la oportunidad portátil de tomarnos un respiro y apoyar el culo para empollar una idea. Y es el escalón donde hacer pie, después, para pegar el salto.
¿Pero por qué valdría la pena incorporar estos deshechos a la colección de un museo? Porque, trabajo mediante, un puntal de obra es la punta de un ovillo. La astilla de un árbol de relaciones que nos lleva, por el espacio y a través de las épocas, del flamante muelle de una cerealera trasnacional a la infraestructura y las labores que han facilitado, a lo largo del tiempo, el negocio agroexportador, con sus cambiantes protagonistas, con la renta, a menudo extraordinaria, que ha sido capaz de generar, y su desigual apropiación por parte de los capitalistas, los trabajadores, la comunidad y el Estado.
Silos, rutas, vías, elevadores y muelles; cosechadoras, trenes, camiones y barcos; peones, chacareros, latifundistas, agrimensores, agrónomas, genetistas, camioneros, maquinistas, operarios, ingenieros, contadoras, contratistas, albañiles, ejecutivos, delegados sindicales, corredores de bolsa, legisladores, funcionarios, fomentistas... todo un mundo encuentra sostén en este puntal que ponemos en tus manos, pero comprender eso depende en un punto de que hagamos algo con él, entre él y las demás cosas que pueblan este museo, entre él y aquellos que brindan testimonio sobre su vida y trabajo, entre ese preciso puntal y los brazos que se organizan en este lugar para darle un uso imprevisto. Porque en un museo taller se vive con la sospecha de que, en definitiva, sólo es posible conservar aquello que se transforma. Habría que considerar, en todo caso, el cuidado amoroso del conservador hacia los objetos como un primer acto de transformación en relación con las condiciones de obsolescencia y deterioro a las que se ven sometidas la mayor parte de las cosas fuera de un museo. Por lo pronto, el humilde puntal de pino paraná que por accidente o descuido se dejó caer al agua, encuentra hogar entre nosotros, pero también perspectiva histórica, rodeado de cientos de voces y miles de papeles, junto a durmientes de quebracho misionero y relojes de roble francés que alguna vez cumplieron su función dentro del gran mecanismo.
Construir con puntales en este museo municipal implica hacer propias, transformar y en ese acto volver -en modesta medida- una cuestión pública, la lógica y las prácticas de la escasez, para reconfigurar a partir de la parte descartada una imagen de conjunto que, aún en su parcialidad, nos ayude a advertir las continuidades pero también los desequilibrios, los conflictos y las alternativas a un orden que suele negociar en el cambio su permanencia. Misión, para qué les vamos negar, poco menos que imposible, pero a la que vale la pena, creemos, ponerle algo de banca.
¿Y el banquito? El banquito es un punto de apoyo provisorio. Un lugar para deshacernos por un rato de lo que traemos entre manos, para tomar distancia de las cosas que nos ocupan, descansar de ellas o estudiarlas mejor. El banquito es también la oportunidad portátil de tomarnos un respiro y apoyar el culo para empollar una idea. Y es el escalón donde hacer pie, después, para pegar el salto.
jueves, 3 de julio de 2014
miércoles, 2 de julio de 2014
martes, 1 de julio de 2014
AMOR A LA CAMISETA
Daiana Roa, fanática del Globo, nos vino a dar una mano con la impresión de las camisetas.
El taller de serigrafía de Ferrowhite no para. En pleno furor mundialista, imprimimos las camisetas de entrenamiento de los chicos que juegan al futbol en Huracán, el club del Bulevar, barrio del que este museo está orgulloso de formar parte.
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