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sábado, 11 de abril de 2020

AL GRANO

Acerca de los Elevadores de Chapa 1 y 2 del puerto de Ingeniero White.

Partamos de un enunciado polémico: la importancia patrimonial de un edificio no se encuentra garantizada por ninguna de sus cualidades intrínsecas. No depende de su tamaño, ni de su estilo, ni de su antigüedad. Y apuntemos, enseguida, que Ingeniero White ofrece en favor de este postulado el mejor ejemplo imaginable. Los Elevadores de Chapa, inaugurados en 1908 y 1909 por el Ferrocarril Sud, eran únicos en su tipo. Un ejemplo deslumbrante de la que por entonces era considerada la "arquitectura del porvenir". Pero el futuro no suele reservar un destino venturoso para sus hitos precursores. Al menos no por estos pagos. Aunque en 1974 se consideró incorporarlos al Patrimonio Arquitectónico de la UNESCO,[1] los elevadores fueron desmantelados apenas cuatro años más tarde mientras Bahía Blanca celebraba, en plena dictadura, su sesquicentenario.



“Dos grandes catedrales grises, imponentes, mirando la inmensidad con los párpados levantados de sus cien ventanas”.[2] Así los describe el poeta Enrique Banchs durante su visita a la ciudad, en 1910. Levantados sobre el linde barroso que une a la pampa con el mar, la silueta de los elevadores no sólo terminó por definir la fisonomía del puerto establecido por la empresa ferroviaria veintitrés años antes. Volvió tangible, sólida como el metal del que estaban hechos, la imagen pregnante y problemática que, quizás hasta hoy, identifica a todo un país con el interés de su clase terrateniente: la de la Argentina como un granero, el “granero del mundo”.

Aquel mundo era, en primer lugar, Inglaterra, cabecera del imperio donde fijaba residencia el directorio del Great Southern Railway, y desde donde partieron, en barco, cada una de las piezas que, fabricadas por la firma Spencer & Co, en la localidad de Melksham,[3] dieron forma a esta suerte de mecano monumental: 72 silos hexagonales por elevador, cada silo con espacio para almacenar entre 125 y 130 toneladas de trigo, además de varios pisos para depositar bolsas. Una capacidad de acopio equivalente, en total, a 9000 toneladas de cereal a granel y 4000 embolsado.

El granero funcionaba, en realidad, como un gran embudo a dónde iban a parar las cosechas de una zona agrícola por entonces en plena expansión. Aunque desde 1900 no cesan las obras de ampliación de la infraestructura portuaria, un repaso a los diarios de la época sugiere que, por entonces, el Ferrocarril Sud corría con demora detrás de la demanda creciente de productores y casas cerealeras. A principios de 1906, según La Nueva Provincia, “todavía no ha empezado el embarque de los trigos de la nueva cosecha y ya hay en el puerto de Bahía Blanca cuarenta buques de ultramar de los cuales 29 esperan turno en los muelles para hacer sus operaciones de carga”.[4] Construir los elevadores era una cuestión urgente. Pero antes de alzar esos “monstruos de mil piernas”, fue preciso asentar sobre el cangrejal el muelle que los sostuvo y les sobrevive. La obra fue adjudicada a la empresa C. A. Walker, bajo la dirección del Ingeniero Alberto Pringles. En mayo de 1906, arriban a puerto los equipos de dragado que comienzan a trabajar en la profundización de las dársenas del nuevo muelle. El 26 de noviembre, tras varios cambios en el diseño original, el Ferrocarril Sud solicita al Estado la aprobación de los planos de la obra,[5] versión reducida y provisoria de un programa más ambicioso que, finalmente, nunca se llevará a cabo.[6]

La construcción no sucede sin incidentes. En julio de 1907, los remachadores del muelle se declaran en huelga.[7] Reclaman por la reincorporación de dos compañeros despedidos. Ante la negativa de la empresa, exigen mejores condiciones seguridad, un aumento de salarios del 30% y la reducción, de ocho a nueve horas, de la jornada de labor.[8] La protesta se extiende y amenaza con detener la obra. El 23 de julio, un piquete de marinos de Subprefectura abre fuego sobre un grupo de trabajadores reunidos en la Casa del Pueblo. Los disparos de mauser hieren de gravedad a Atelano Pascual y José Falcioni. Ambos mueren días más tarde. El paro se convierte en pueblada. Al velatorio de Falcioni concurre una multitud que marcha en procesión fúnebre. Al pasar frente al edificio de la Subprefectura, se produce un altercado. Los trabajadores señalan al Subprefecto Enrique Astorga como responsable de los asesinatos. Los marinos vuelven tirar, esta vez sobre el cortejo. La gente corre, abandonando sobre la calle de tierra el ataúd acribillado. Para entonces, herreros, lecheros, panaderos, carpinteros, albañiles, repartidores y conductores de carros de toda Bahía Blanca se han sumado a la huelga. El conflicto es noticia nacional. El puerto y la ciudad se paralizan. Aunque la empresa no cede a ninguno de los reclamos, la huelga y su represión salvaje perduran como el testimonio de una época que forjó sus grandes obras con el metal caliente de los remaches y las balas.

Cuatro meses más tarde, el muelle arde. Durante el anochecer del 29 de noviembre, las llamas devoran el sector sudeste de la construcción. ¿A qué, o a quién, atribuir el incendio? ¿Fue la chispa “de alguna de las tantas fraguas que funcionan allí” o “el resultado de la propaganda ácrata”? Como sea, la obra se sobrepone a la peripecia. En enero de 1908 comienza a operar la maquinaria del Elevador 1, y el 24 de marzo se lleva a cabo la primera carga sobre el vapor Hutton. Para la ocasión, la firma Bunge y Born, beneficiaria del despacho, “ofrece a los numerosos invitados presentes una copa de champagne”[9]. Algunos meses más tarde, el 10 de enero de 1909, entra en funcionamiento el Elevador 2.[10] Ambos permiten incrementar las cantidades de cereal exportado, pero cumplen, además, una función fundamental como depósito de acopio para las casas exportadoras establecidas en el puerto.

“Todo allí es colosal y todo se pone en movimiento mediante una manivela que cabe en el puño de un chico de la escuela.” La maravilla mecánica fascina al cronista de la Revista Comercial de Bahía Blanca. Le permite soñar con un mundo en el que la riqueza circula y se acumula sin otra intervención que la mano de un niño. Sin embargo, cada elevador demandaba de la labor coordinada de decenas de personas. Además del jefe, trabajaban en el lugar encargados de balanzas y de cabrestantes, dependientes, apuntadores, llaveros y mensajeros, junto a los numerosos peones de estiba, en jornadas corridas, de 6 a 23 horas, o en dos turnos, mañana y tarde -hasta las 22.30 hs.-, de acuerdo con la demanda de las casas exportadoras. En el archivo de Ferrowhite encontramos una libreta manuscrita que atesora los nombres de algunos de aquellos primeros operarios, junto a las sanciones que recibían por “quedarse dormido”, por “causar un descarrilamiento”, “por causar la rotura de la noria nº 4”, o por haber sido pescado, in fraganti, “recostado sobre un cuero con lana”.[11]

La reparación del muelle y los elevadores estuvo desde un principio a cargo de la División mecánica-muelle del Ferrocarril Sud. Mitad en castellano, mitad en inglés, los registros de esta dependencia hablan de las transformaciones sucedidas en ambos edificios. Es interesante notar que, aunque lucían casi iguales, sólo el Elevador 1 contaba con instalaciones para secar, ventilar y limpiar el cereal (además de una capacidad de almacenamiento que superaba en 700 toneladas a la de su gemelo). Por eso, en 1920, el Elevador 2 incorpora maquinaria para el acondicionamiento de granos. A la que suma, en 1935, una “oat clipper” (o cortadora de avena). Las mejoras dan cuenta también del desarrollo de una incipiente industria local al interior del gran mecanismo británico. En 1942, las despuntadoras Dreyfus del Elevador 1 son reemplazadas por equipos construidos por la metalúrgica Marchesi, una firma bahiense dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola.[12]


La nacionalización de los elevadores fue anterior a la de los trenes. Previa incluso al primer gobierno peronista. En 1944, casi dos años antes de la llegada de Perón a la presidencia, un decreto del Poder Ejecutivo (10107/44) declaró de utilidad pública el uso de las instalaciones y maquinarias dedicadas al acopio de granos. Luego de un acuerdo económico con el Ferrocarril Sud, el Estado argentino tomó posesión de los elevadores que, a partir del 15 de julio de 1944, quedaron a cargo de la Comisión Nacional de Granos y Elevadores.[13] Fue el primer paso en el intrincado proceso institucional que llevó a deslindar la administración del ferrocarril de la de los puertos. Cuando, en julio de 1945, el conjunto de los bienes portuarios del Ferrocarril Sud (plantel de dragado,[14] remolcadores y elevadores 1, 2 y 3) es transferido al Ministerio de Obras Públicas de la Nación, los elevadores quedan en manos de la Dirección de Granos y Elevadores. Este cambio implicó que su personal abandonara también la órbita de la empresa ferroviaria.[15] En 1955 esta Dirección se convierte en el Instituto Nacional de Granos y Elevadores, y en 1956 se realiza el traspaso de los bienes físicos de los puertos de White y Galván -hasta ese momento a cargo de la administración del Ferrocarril Gral. Roca- a la Administración General de Puertos de la Nación; para 1958 ya se denomina Junta Nacional de Granos.

“Colosos”, “catedrales”, “auténtico arte monumental capaz de simbolizar la era de la máquina”. Si alguien está pensado ahora en edificios que le muestren al mundo quienes somos, cual es nuestro perfil como ciudad portuaria, esos edificios son, perdón, eran los Elevadores de Chapa. Pero si eran grandes, singulares y antiguos, todo lo antiguos que un par de edificios pueden resultar en un puerto que terminó de constituirse con ellos, ¿por qué los tiraron abajo? Puede que por la misma razón que por la que fueron construidos. Por simple cálculo económico. Al momento de ser desguazados, hacía tiempo que tanto el muelle como los elevadores eran considerados obsoletos. Tanto su construcción como su demolición, son ejemplos contrapuestos de una misma mentalidad: aquella que sólo considera el rinde y la eficiencia como criterio de valor.



La historia de los elevadores que supo elogiar el mismísimo Walter Gropius[16] tal vez sirva para reconocer que, más allá de las particularidades de cada edificio, no hay patrimonio sin una comunidad que se reconozca en él. Y no hay comunidad sin una historia que establezca un sentido de conjunto y de continuidad que nos vincule con todo eso que, en su ausencia, no serían más que un montón de cosas viejas. Es decir, no hay patrimonio sin relatos sobre el pasado compartido. Esos relatos suelen provenir del discurso de periodistas, historiadores, urbanistas y arquitectos. En Ferrowhite creemos que se nutren, además, de las innumerables voces de quienes habitan, en concreto, este lugar. Modistas como Perla Costanzi, quien dice seguir viendo aquellas dos moles grises desde la ventana de la casa que habita hoy, como cuando vivía en las colonias ferroviarias que había a un costado del puente La Niña. Ferroviarios como Pedro Caballero que, de pantalones cortos, caminaba desde Galván hasta el pie de los elevadores para ir a comprar carne de oferta a la proveeduría que había instalado allí la Junta Nacional de Granos. O estibadores como Pedro Marto, que hombreó bolsas ahí adentro, y aún recuerda la tarde en que una lluvia persistente detuvo por un rato la carga, y desde la bodega de un buque emergió la voz inmensa de Antonio Campos, legendario cantor de tangos, sonando, "como por un altoparlante", a través de las galerías metálicas de la construcción. Ellos logran el pequeño milagro de que un par de edificios que fueron desguazados, desmontados pieza por pieza, demolidos con minucia, se mantengan todavía en pie, clavados en la memoria terca de quienes, además de rentable, hacen de este puerto un lugar digno de ser recordado.

Esta artículo fue escrito por Ana Miravalles y Nicolás Testoni a solicitud de los editores del libro "Muelle de los Elevadores. Concurso de ideas. Refuncionalización y puesta en valor.", publicado por el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca en octubre de 2019.

[1] Según una nota del diario La Nueva Provincia publicada en enero de 1999, a mediados de los años 70, el arquitecto Jorge Gazaneo, especialista en patrimonio, visitó el puerto de Ingeniero White e incluyó luego a los Elevadores 1 y 2 en un libro sobre arquitectura de la Revolución Industrial de su autoría. Habría sido el propio Gazaneo el que sugirió, en 1974, que los elevadores fueran considerados para ser incorporados al listado de Patrimonio Arquitectónico Mundial de la Unesco. LNP, 1-9-1999.
[2] BANCHS, Enrique, Ciudades Argentinas. Selección y Estudio Preliminar: Omar Chauvié, 17grises editora, Bahía Blanca, 2010.
[3] Spencer & Co era una fábrica especializada en la construcción de plantas de depósito y manipulación, silos para cereal y elevadores, tanto fijos como flotantes. El equipamiento eléctrico (los motores y ascensores de grano) fueron adquiridos a las firmas estadounidenses Westinghouse y General Electric, y a la empresa Vickers, con sede en Sheffield, Inglaterra. Archivo Ferrowhite (FW-566).
[4] La Nueva Provincia, 26-1-1906.
[5] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 368.
[6] GUERREIRO, Héctor, Los ferrocarriles en Bahía Blanca, FCS-FCRPB, Edición de Autor, 2011, p. 121-129.
[7] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 379.
[8] La Nueva Provincia, 24-7-1907.
[9] Diario Bahía Blanca, 25-3-1908.
[10] Los motores de los elevadores funcionaban con electricidad a 440 volts, lo que obligó a instalar en la usina que el Ferrocarril Sud construyó en simultáneo una subestación de transformación desde la cual se proveer de energía al nuevo muelle. Entrevista a Amílcar Bournod, 2011. Archivo Ferrowhite.
[11] Archivo Ferrowhite (FW-609).
[12] Por contrato, el Ferrocarril Sud acordó con Marchesi Hnos. la provisión e instalación de “una despuntadora de grano, una separadora de trigo, avena, cebada y cebadilla, una máquina ventiladora de hierro, una noria de 30 toneladas por hora y 15 metros de largo, limpiadora, escalera marinero y transmisión para contramarcha de noria.” Archivo Ferrowhite (FW-566).
[13] Ley 11.742, Art. 14. La Nueva Provincia 16-7-1944; 15-6-1972.
[14] “Venta del plantel de dragado FCS White-Pto. Galván, decreto 9905/45, 4-5-1945”. Archivo Ferrowhite (FW-1246).
[15] La Nueva Provincia, 1-1-1953.
[16] Gropius los menciona en el anuario de la  Deutscher Werkbund (1913) y Karls Scheffler en su obra Der Geist der Gotik (1919). MEDINA WARMBURG, Joaquín, “Tres temas circulares. Variaciones del arte integral en el Río de la Plata”, en El mundo entero es una bauhaus, Magazine nº 1, 2018.

lunes, 24 de febrero de 2014

ARQUITECTURA FERROPORTUARIA: PUERTO GALVÁN (1902-1924)

El Ferrocarril Bahía Blanca al Noroeste (FCBBNO) libró al servicio público la primera sección de su línea -entre Bahía y Bernasconi-, el 29 de enero de 1891. En julio de ese año, la linea ya se extendía hasta Hucal, llegando a General Acha, en lo que hoy es la provincia de La Pampa, en julio de 1896.

Toda la carga de cereales con destino a la exportación captada por el FCBBNO en ésta amplia zona debía embarcar, sin embargo, a través de los muelles que el Ferrocarril Sud (FCS) había construído en Ingeniero White. Es por eso que el 22 de marzo de 1902 el FCBBNO inaugura su propio muelle sobre el estuario de Bahía Blanca, levantado en proximidades de un riacho llamado Galván, de allí el nombre del nuevo puerto.

Concebidas durante la gerencia de William Harding Green, las obras dieron comienzo en el año 1900 bajo la dirección del ingeniero Frank O. Steeven. Consistieron, en un principio, en la construcción de un muelle de madera de 468 metros de longitud.

Muelle de madera de Puerto Galván, en ocasión de la visita del crucero italiano Umbría, al mando del capitán de navío León Viale, septiembre de 1903. 

Cuando en 1904 el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (FCBAP) toma a su cargo la administración del FCBBNO inicia, entre otras grandes obras, la ampliación de Puerto Galván. El diario Bahía Blanca informaba el jueves 17 de enero de 1907 que quedaba "...librado al servicio el muelle de la empresa FCP en Puerto Galván. En el nuevo muelle podrán tener colocación seis grandes trasatlánticos”. La ampliación del muelle se realizó en hormigón armado y para 1915 había alcanzado los 1363 metros de longitud, conservando aquellos primigenios 468 metros de madera. Por aquel entonces Puerto Galván tenía, con marea baja, un calado de 25 pies. Su extensión permitía el amarre de hasta 21 barcos, por lo que el muelle había sido dividido en varios sitios de distinta longitud:

2 sitios de 68 mts.
1 sitio de 114 mts.
3 sitios de 120 mts
1 sitio de 143,94 mts
1 sitio de 150 mts.
1 sitio de 160 mts
1 sitio de 177 mts

Galván contaba también con 8 sitios para aquellas embarcaciones que esperaban turno.
Para la carga y descarga estaba equipado con elevadores, depósitos, elevadores más pequeños unidos a guinches, y guinches. El elevador Nº 1 y los depósitos identificados con los números 2 y 3 se encontraban a orillas del muelle y cargaban directamente a los vapores. Un segundo elevador, nominado con el número 4, estaba emplazado hacia el centro del muelle y trabajaba en combinación con el elevador Nº 1. El movimiento de cereales de uno a otro elevador era efectuado por cintas transportadoras instaladas en túneles subterráneos.

El elevador Nº 1 tenía una capacidad de 8.480 tons. de cereal a granel y 6.000 tons. en bolsas.
El depósito Nº 2 con capacidad de 9.000 tons. de bolsas.
El depósito Nº 3 con capacidad para 10.000 tons. de bolsas.
El elevador N º 4 con capacidad para 3.000 tons. en bolsas y 10.000 tons. a granel.
La capacidad alcanzaba las 18.480 tons. de cereal a granel y las 28.000 tons. en bolsas.

Cada elevador o depósito disponía de un determinado número de embudos para la descarga de vagones: 28 el Nº 1, 16 el Nº 2, 8 el Nº 3 y la misma cantidad el Nº 4. A través de ellos se podían descargar por día 5.350, 2.100, 2.100 y 720 tons. de grano respectivamente.











Elevador de granos de Puerto Galvan, con el vapor "Breynton" de Cardiff cargando cereales. Imagen: Histamar.

El elevador Nº 1 operaba con 7 cintas para cereales a granel, 7 para embolsado y 1 cinta en combinación con el elevador Nº 4. Contaba además en el primer piso con 7 cintas, en el segundo piso con 3 y en el tercer piso con 3 cintas, solo para embolsado. Tambien había una cinta para transportar hacia el mencionado elevador los productos de un molino harinero también edificado sobre el muelle.
El depósito Nº 2 tenía 2 cintas, extendidas a lo largo de toda esta construcción y divididas en cuatro secciones; 2 cintas en combinación con el elevador Nº 4; y 2 cintas en el segundo piso, en combinación con los dos laterales del elevador para el envío a bordo.
El depósito Nº 3 contaba con tres cintas.
El elevador Nº 4 estaba provisto con una cinta que se extendía todo a lo largo de la construcción; otra bajo el embudo para recepción de vagones; otra sobre los silos; y, por último, dos cintas de salida de los silos, que combinaban con el depósito Nº 2.

La capacidad por cada cinta en combinación con norias era de 180 tons./hora, en tanto las cintas transportadoras operaban a razón de 300 tons/hora. Desde el elevador Nº 1 se podían concentrar en un mismo barco 7 cintas para embolsado y siete tubos o cintas para granel; desde el depósito Nº 2, dos cintas; y desde el depósito Nº 3, cuatro cintas.

Los barcos podían atracar en primera y segunda andana. Junto al elevador Nº 1, en 1ra. andana uno, en 2da. uno y en 3ra. uno. Junto al depósito Nº 2, en 1ra. andana uno y en 2da. andana uno. Junto al depósito Nº 3 1ra. andana uno y en 2da. andana uno. La extensión del muelle del elevador Nº 1 era de 123 mts.; del depósito Nº 2, 130 mts.; y del depósito Nº 3, 150 mts.

Para otro tipo de cargas, el puerto estaba equipado con guinches de 5.000 kgs, de 2.000 kgs. y de 1.500 kgs. El espacio libre para planchada sumaba 10.000 m2, repartidos en varios sitios. Galván disponía de elementos para facilitar el rápido movimiento de los vagones ya sea cargados o vacíos, junto con las playas adyacentes, de las estaciones de Garro y Loma Paraguaya admitía 4.000 ejes sin que se interrumpiera la entrada, salida o maniobra de los mismos. Para efectuar el movimiento de vagones había 5 mesas trasladoras y 41 cabrestantes de 2 tons. cada uno. Había tambien 3 guinches a vapor de 30, 10 y 5 tons.

Las casas importadoras y exportadoras que operaban en Puerto Galván eran, entre otras, Bunge y Born, Mercantile, Ford y Cia, H.C. Elhret. Cada una con un sitio de atraque, asignado según su importancia.



Este plano documenta la ubicación de los elevadores, los depósitos y el molino harinero de Puerto Galván. Arriba figura la estación Galván, habilitada en 1905. Esta estación servía para el ascenso y descenso de pasajeros, en su mayoría de Bahía Blanca e Ingeniero White, que llegaban a trabajar en las distintas dependencias del puerto. Junto a la estación existía una colonia de empleados del ferrocarril constituida por casas y casillas de madera y zinc.

Además de los embarques de cereales, en este puerto se descargaban sustancias inflamables a granel de las empresas Shell - Mex, Tide Water, Compañía Nacional de Petróleos y La Isaura. Todas estas operaciones estaban concentradas en un sitio de atraque nominado con letra N.

Croquis con vista general de Puerto Galván en el que figuran ampliaciones que no se realizaron.

El muelle ofrecía un servicio de agua para los barcos suministrado por 24 bocatomas a razón de 10 tons. por hora. En caso de incendios existían 14 bocatomas más, distribuídas en diferentes puntos de las instalaciones. Para la provisión de agua a las locomotoras de vapor el ferrocarril disponía de 3 tanques. Además de los galpones unidos a los elevadores existían dos galpones más indicados con las letras A y N, el primero de 10.000 tons de capacidad, de 130 x 25 mts, y el segundo con 6.200 tons de capacidad, de 125 x 14,52. Por último, había un galpón arrendado a la firma operadora del molino harinero que operaba en Galván.

El puerto contaba con remolcadores para el servicio de remolque, y para el alije (aligerar una embarcación trasladando parte de su carga a otra) disponía de varios lanchones.

En 1924, después de 20 años, caduca la concesión de la empresa Buenos Aires al Pacífico sobre la línea ferroviaria Bahía Blanca al Noroeste, y ésta última es adquirida por el Ferrocarril Sud, junto con sus instalaciones subsidiarias, entre ellas, Puerto Galván.


Puerto Galván, playa y muelle


Puerto Galván vista este


Puerto Galván vista sud


Puerto Galvan vista norte

Publicado por Hector Guerreiro en Caminos de Hierro en Bahía Blanca.

jueves, 19 de septiembre de 2013

ARQUITECTURA FERROPORTUARIA: GALPONES PARA CEREAL DEL FCBAP

Los enormes elevadores de granos construidos en Ingeniero White y puerto Galván no hubieran tenido ninguna utilidad sin los más modestos pero muy numerosos galpones de acopio que las empresas ferroviarias construyeron junto a las vías a largo de una extensa región. A continuación, Héctor Guerreiro y Viviana Patricia Conti, Ingeniera del Departamento de Agrimensura de la UNS, parten de algunos documentos llegados a nuestro archivo para hacer un exhaustivo relevamiento de los galpones para cereal del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico durante las primeras tres décadas del siglo XX.



Galpones para cereales del ramal ferroviario Bahía Blanca Noroeste – Toay

En sus comienzos, el ramal ferroviario Bahía Blanca Noroeste – Toay poseía una muy importante capacidad de acopio de cereal dado que los granos de su zona de influencia eran transportados en tren en bolsas de arpillera. Este corredor férreo comenzó a operar en su totalidad en 1898. En 1904 el Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (FCBAP) adquirió esta línea pasando a administrarla hasta 1924. Después de esa fecha la empresa Ferrocarril Sud (FCS) se hizo cargo del servicio hasta su nacionalización en 1948.

Un mapa correspondiente al período señalado, elaborado por el FCBAP con datos de los galpones de cereales existentes, es fiel evidencia de la importante superficie cubierta por este tipo de construcciones aledañas a las estaciones de este ramal, que oportunamente fueran considerados por muchos como de interés local o secundario. En el plano B.B.N.O. Nº 7226 al que se hace referencia, aún puede apreciarse la conexión del ramal Bahía Blanca – Carmen de Patagones desde la Estación Bordeu.

La infraestructura de acopio de granos del ramal Bahía Blanca Noroeste – Toay, contaba con 44 galpones de cereales distribuidos a todo lo largo de este corredor ferroviario, cantidad de significativa relevancia, sobre todo si se tiene presente la época en que fueran emplazados.

Detalle de la superficie cubierta por los galpones de cereales en las distintas estaciones del ramal Bahía Blanca Noroeste - Toay durante la administración del FCBAP:



Estación
Galpón
 10 m x 15 m
(150 m2)
Galpón de
15 m x 30 m
(450 m2)
Galpón de
15 m x 45 m
(675 m2)
Galpón de
15 m x 60 m
(900 m2)
Sup. total cubierta con galpones (m2)
Nueva Roma
-
1
1
-
1.125
Choique
-
1
-
-
450
Berraondo
-
1
2
1
2.700
San German
-
-
-
1
900
Rondeau
-
2
-
1
1.800
Villa Iris
-
2
1
2
3.375
Jacinto Arauz
-
6
-
-
2.700
Villa Alba
-
1
3
1
3.375
Bernasconi
-
1
2
1
2.700
Abramo
-
-
-
1
900
Hucal
-
-
-
-
0
Perú
-
-
2
1
2.250
Epu-pel
1
-
-
-
150
Unanué
-
1
1
1
2.025
Gamay
-
-
-
-
0
General Acha
-
-
-
-
0
Utracan
-
-
-
1
900
Quehué
-
-
1
2
2.475
Naicó
-
-
-
-
0
Cachirulo
-
-
-
-
0
Toay
1
-
-
-
150
Totales
2
16
13
13
27.975

Características de los galpones para cereales de la vía Bahía Blanca Noroeste – Toay


Los galpones de cereales construidos inicialmente en los cuadros de estaciones de este ramal ferroviario eran de chapas acanaladas de hierro galvanizado Nº 24 que se fijaban con tres hileras de cuatro tornillos cada una. La estructura, compuesta por columnas, cabriadas y tirantes, era de madera tipo pinotea y la pendiente del techo de 1 en 2. La altura del galpón desde el piso a la parte inferior de la cabriada se fijaba en 5,425 m., mientras que la altura total desde el nivel del piso interior a la cumbrera alcanzaba los 9,65 m.

Los portones laterales medían 2,74 m de alto x 2,10 de ancho, eran de chapa y madera, del tipo corredizos con sistema de rondanas en su parte superior. Los galpones podían tener 2, 4, 6 u 8 portones. La mitad de cada uno de ellos se ubicaban en cada lateral mayor, dependiendo del largo de estos depósitos. Los pisos de estos galpones podían ser de adoquines de madera, asfalto o tablones. Después de más de un siglo de haber sido construidos, muchos de ellos permanecen en pie.




Galpones en la línea Nueva Roma - Huinca Renancó del FCBAP (sección BBNO)

El FCBAP a poco de hacerse cargo de la administración del Ferrocarril Bahía Blanca Noroeste (FCBBNO), en 1904, comienza una nueva línea, a partir de un empalme en la estación Nueva Roma. Esta línea pasa a ser considerada como principal con respecto a la línea original del BBNO.

La traza entre Nueva Roma y Catriló se libra al servicio en forma provisoria en el año 1906, y en forma definitiva en 1907 la sección entre Nueva Roma y Darregueira, y en 1908, la sección entre Darregueira y Catriló.

En 1906 el FCBAP (sección BBNO) comenzó la construcción de los edificios de pasajeros y de los galpones de cargas. En 1907 se autoriza al FCBAP, en forma provisoria, el transporte de cargas y pasajeros entre Catriló y Huica Renancó y en forma definitiva en 1909. Para los primeros años de la década de 1910 la línea entre Nueva Roma y Huinca Renancó tenía una superficie de galpones en las distintas estaciones que sumaban 60.930 m2.


Estación         
Galpón
15 x 30
Galpón
15 x 45
Galpón
15 x 60
Otros tipos
Superficie m2
Nueva Roma





Desvío





Chasicó

         2
        1

       2250
Pelicurá


        1
        1 
       2070
Cantera





López Lecube
         1
         2
        2

       3600
Piedra Echada





Felipe Sola
         3
         3


       3375
Sáenz
         1
         1
        3

       3825
Bordenave

         2

        1
       2925
Darregueira
         2
         1
        2

       3375
Gorriti
         2
         2


       2925
Gascón
         2
         2
        1

       3150
Huergo
         1

        1

       1350
Rivera

         2
        2

       3150
Arano





Thames

         2


       1350
Maza

         1
        2

       2475
Murature


        2

       1800
Ivanowzky




    
Catriló





Cayupán





Relmo





Miguel Cané

         1
        3

       3375
Quemú Quemú

         1

        2
       3270
Trili
         1
         2


       1800
Dorila


        2

       1800
Pico

         1
        1

       1575
Carlos Berg





Speluzzi
         1
         1


       1125
Vértiz

         2
        2

       3150
Chanilao
         1

        1

       1350
Falucho
         1
         2
        2

       3600
kº 468,2





Yacurú

        

         1
         720
Realicó



         2
       1095
Watt
         1



         450
Huinca Renancó





Totales
       17
       30
      28
         7
    60930

Depósitos para cereales en los ramales del FCBAP (sección BBNO)

El Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico (sección BBNO) construyó varios ramales que aportaban cargas a la línea principal Nueva Roma - Huinca Renancó. Estos ramales sumaban en su conjunto una importante superficie de galpones cuyo total era de 24.525 m2. según el siguiente detalle:

Ramal de Darregueira a Remecó
Este ramal fue construído por el FCS y adquirido por el FCBAP en 1907.
Con las estaciones de Cañada Mariano, Avestruz -con un galpón de 15 x 30 m. y otro de 15 x 60 m.-, Guatraché -con uno de 15 x 45 m., dos de 15 x 30 m. y dos de 15 x 60 m.- y Remecó -con dos galpones de 15 x 30 m., uno de 15 x 45 y dos de 15 x 60 m.-. Superficie total cubierta 7.200 m2.

Ramal Piedra Echada - Villa Iris
Con dos estaciones intermedias Estela y Rivadeo libradas al servicio definitivo en 1909.
La primera estación con dos galpones de 15 x 45 m., la segunda con dos galpones de 15 x 30 m. y 1 de 15 x 45 m. Superficie total cubierta 2.925 m2.

Ramal de Rivera a Doblas
Autorizado al transporte de cargas y pasajeros en forma definitiva en 1909.
Con las estaciones de Rolón, Macachín y Doblas.
La primera de las estaciones con un galpón de 15 x 45 m., la siguiente con otro galpón de 15 x 45 m., y la última con uno de 15 x 60 m. Superficie total cubierta 2250 m2.

Ramal de Maza a Cereales
Autorizado al servicio en forma definitiva en 1911.
Con un galpón de 15 x 30 m. en estación Anchorena, en Riglos un galpón de 15 x 45 m. y otro de 15 x 60 m. y en Cereales. Superficie de estiba 3.600 m2.

Ramal de Maza a Tres Lomas
Habilitado en 1911 en forma definitiva.
Con un galpón de 15 x 30 m. en la estación Gauchos, Graciarena y Quenomá, y un galpón de 15 x 60 m. en Tres Lomas. Superficie total de galpones 2.250 m2.

Ramal de Guatraché a Alpachiri
Habilitado definitivamente en 1917.
Con las estaciones de Manuel Campos, Apuyaco y Alpachiri, las dos primeras con un galpón de 15 x 60 m. y la última con 5 galpones de 15 x 60 m. Superficie total 6.300 m2.



Facilidades de depósitos para cereales en el ramal a Stroeder del FCBAP

Este ramal cuya concesión es adquirida por el FCBAP (línea Bahía Blanca a Patagones) inicia su construcción en empalme Bordeu, en 1910, llegando a Stroeder en 1913, localidad que sería punta de rieles por varios años hasta que, adquirida la línea por el FCS, se continuan los trabajos hasta llegar a Patagones.

Las estaciones hasta Stroeder a partir del empalme fueron: Aguará, Ombucta -con un galpón de 15 x 60 m.-, Teniente Origone -con un galpón de 15 x 45 m. y dos de 15 x 60 m.-, Buratovich -con dos depósitos de 15 x 45 m.-, Ascasubi -con un galpón de 15 x 60 m.-, Pedro Luro -con uno de 15 x 45 m.-, Pradere, Igarzabal, Villalonga, Lamarca y finalmente Stroeder con un galpón de 15 x 60.
Suma total de la superficie de galpones de las estaciones: 7200 m2

Publicado en Caminos de hierro en Bahía Blanca.