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martes, 15 de noviembre de 2016

EL APLAUSO DEL FINAL

Sarita Cappelletti y sus estrellas del Taller de Canto de la Asociación La Siempre Verde cerraron otro año de "Conozco la canción".





miércoles, 9 de noviembre de 2016

jueves, 29 de septiembre de 2016

miércoles, 28 de septiembre de 2016

QUERIDO PÚBLICO

Junto a Lucrecia Palacios (Coordinadora de Programas Públicos del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires) y María Eugenia Salcedo (coordinadora de Formación y Educación de la 32a Bienal de San Pablo), participamos de la charla "Lo/s público/s en los museos", organizada por Fundación TyPA en el auditorio del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Esto fue más o menos lo que contamos:



El equipo de Ferrowhite se cuenta con los dedos de las manos. Somos justito diez para todo. Diez distribuidos en un predio descomunal que arranca en las vías, abarca un castillo y termina en el mar. Diez para eventos de cinco o de cinco mil almas. Si este no resulta el museo con menor densidad de laburantes por metro cuadrado del sur del continente le pega en el palo. En una institución con más áreas que personas, la atención del público nos toca a todos. El diseñador gráfico, la archivista, el montajista, la educadoras, este director, todos nos turnamos en la atención de las salas los sábados y domingos. Así que cuando los amigos de TyPA nos invitaron a esta mesa para conversar con ustedes sobre lo público y los públicos en los museos, lo primero que se me ocurrió fue compartir con ustedes estos apuntes tomados una tarde de domingo.

DÓNDE VA LA GENTE CUANDO LLUEVE

Este domingo no vino nadie a Ferrowhite. Bueno, casi nadie.

Este museo podría ser definido tanto por los objetos que aloja como por las personas que lo frecuentan, o mejor, por lo que nos imaginamos que todas esas personas pueden llegar a hacer cuando se juntan. A la posibilidad de ese encuentro está referida la amalgama inestable entre la palabra museo y la palabra taller. Pero el domingo llovió -"cayeron barretas de punta", dijo Zulema- y Ferrowhite quedó vacío. Un museo taller es una máquina de soñar identidades colectivas, una bicicleta en tándem que en días como este parece pedalear en el aire. Cosas que pasan. Digamos que el exceso de agua estropea el radical chic de nuestros mamelucos comunitarios, destiñe sus colores llamativos y va dejando ver, de a poco, la percha sobre la que están colgados. Y esa percha lleva el nombre del verdadero dueño de este boliche, dice “Estado”. ¿Un Estado infalible, "panóptico", total? No, un Leviatán cachuzo, argentino, siempre a medio hacer.

Porque la singular condición de posibilidad de este museo de los ferroviarios, de los alumnos de las escuelas, de los paseantes domingueros y de los ciudadanos “con conciencia social” es que sea al mismo tiempo “del Estado”. Todo junto. Una comunidad limando y a la vez mimando los barrotes de esa "jaula de hierro" fuera de la cual es probable que pocos sobrevivamos. A fin de cuentas, dice el ruido de la lluvia, un museo estatal es eso. Un lugar que sigue abierto cuando todos se han ido. Un espacio indiferente a la cantidad y a la cualidad de las personas que lo transitan. Estatal es la frase que brilla en la punta de la lengua del agente temporario que apostado en la entrada invita: “Pase, pase que acá no se cobra.” Estatal nuestra indignación frente al turista taimado que llega con los mejores días, ese que frena en la puerta e intenta dilucidar con un cogoteo si entrar vale una moneda o no: “Pase, señor, este es un museo para todos, incluso para usted.”

Y no está mal hacerse fan de ese universalismo municipal que algunos profesamos por acá, siempre y cuando no nos olvidemos que en la práctica las cosas no resultan del todo así -a Ferrowhite vienen muchísimas personas pero no todo el mundo y, claro, nadie se comporta del mismo modo-, y que en teoría tampoco. Porque atender un lugar como este supone, además, vivir bajo el asedio de un pensamiento fulero: aquel que sugiere que un museo es siempre un aparato en el que se reproduce el orden desigual de las cosas, o su justificación, o peor aún, sus “compensaciones simbólicas”, la victoria moral que se concede a los derrotados. Un sitio donde no para de fabricarse la aceptación de lo existente, aún a costa de su subversión imaginaria. Dicho esto, si no existe un afuera de las instituciones que nos constituyen, el asunto sigue siendo qué hacemos nosotros con ellas. ¿No te hacés unos mates?

Hoy no vino nadie, pero incluso un domingo como este, somos unos cuantos por acá. Al carrito que oficia de mostrador de entrada casi nunca faltan Pedro Marto, Zulema Soria, Cacho Mazzone, el chapa Orzali. Personas que no cobran un peso por entregarte este folleto, pero que hacen por nosotros mucho más. A ellos habría que preguntarles sobre el público de Ferrowhite. No sólo porque tratan con él sino porque hacen con el público y con la idea de “lo público” algo que, en un punto, estaría bueno aprender.

Con gorra y pinza de guarda, Pedro Marto entrega un boleto de tren a cada visitante. Después apunta, ceremonioso, en su cuaderno. Esta es la estadística que lleva. 


Pedro anota a los visitantes del museo como si fueran tantos de truco. Pero hace algo más: pregunta a todo el mundo de dónde viene, cómo se llama, qué tal la está pasando. No sabemos bien cómo, pero le saca charla hasta a las piedras. A veces convida un mate y si sos una chica, por ahí te saca a bailar. Es que para Pedro no existe el público, ni siquiera los públicos. Para Pedro hay vecinos. Importa menos si ese vecino viene de la mismísima China, es siempre un amigo por ganar.

A mi universalismo de empleado estatal Pedro parece responder con una suerte vecinalismo cósmico. En su actitud, sin embargo, hay menos candor del que parece. Pedro te entrega un boleto, que por cierto es trucho, fingiendo ser un guarda de tren que nunca fue. Para muchos es el ferroviario de Ferrowhite, pero Pedro nunca fue ferroviario. Fue mil otras cosas: estibador, candidato a concejal, extra de cine en una película de Armando Bo y asistente de payaso en un circo. Pedro anota visitantes como tantos de truco porque su rutina pone en juego algo de la astucia del tahúr. Mostrarse simpático y entrador resulta un modo de ganarse la vida. ¿Aprende el museo algo de él? Quizás Ferrowhite encuentra su público ahí donde logra que el público deje de serlo. Es decir, cuando de ese conjunto abstracto, encuestable, segmentable en nichos de población o de mercado, que llamamos "público" emergen nombres propios y con ellos historias, y entre esas historias la posibilidad de trazar itinerarios que convergen, con algo de suerte, en un hacer común.

En estos desvaríos había extraviado mi cabeza cuando de la tormenta emergieron Nilda y Adriana, y con ellas Aaron, Eric, Guillermina, Gonzalo, Luciana, Valentina, Verónica y la pequeña Zoe, trayendo consigo una definición con la que, por el momento, puedo pactar: este museo estatal y a la vez comunitario es un paraguas, un artefacto debajo del cual te podés meter si la cosa se pone fea, un refugio provisorio ante las formas de intemperie que una civilización sin afuera se entretiene en prodigar. Eso. Cuando por fin la tormenta paró, salimos al parque y les saqué esta foto.


lunes, 8 de agosto de 2016

FUERTE EL APLAUSO

Conozco la canción, ayer domingo, en el museo.





Gracias a Héctor Herro por las fotografías.

miércoles, 3 de agosto de 2016

martes, 28 de junio de 2016

¡ESTO ES GRAVE!

Nunca andamos demasiado lejos de los trenes. Incluso cuando no parece. Acompañado por Gisella Gregori al piano, Alejandro Sepulveda nos llevó de visita a la Europa de fines del siglo XVIII y principios del XIX. Las obras para contrabajo del austríaco Sperger, o del veneciano radicado en Londres Dragonetti, sonaron por primera vez en aquella Europa que vivió los albores de la "Era del Vapor". La edad de las revoluciones burguesas y de la revolución industrial.









miércoles, 22 de junio de 2016

lunes, 6 de junio de 2016

SOL DE OTOÑO




"Conozco la canción", ayer domingo, en La Casa del Espía.

miércoles, 1 de junio de 2016

UNA QUE SEPAMOS TODOS


Si de lunes a viernes Ferrowhite funciona como una caja de herramientas, el primer domingo de cada mes esa caja resulta, además, un instrumento. Un instrumento en el sentido musical del término. Una caja de resonancia que acumula y amplifica lo que vibra en cada garganta. ¿Por qué cantamos en un museo? Porque las canciones dicen, de vez en cuando, lo que sentimos, pero lo dicen mejor, con el ritmo y el énfasis que casi nunca nos está permitido. Por eso este karaoke dominguero puede que tenga menos que ver con imitar a alguien que con ser, a través de otros, nosotros pero distintos. Como si Manzanero, Aznavour o el Pity Álvarez fueran también whitenses o White tan ancho como el mundo entero.

miércoles, 18 de mayo de 2016

MÚSICA Y MUSEO

El domingo 15 de mayo se presentó en Ferrowhite el quinteto de vientos "Lakmé", en el marco del ciclo "Música de Cámara" 2016, y en conmemoración anticipada del Día Internacional de los Museos que se celebra en el mundo hoy, 18 de mayo.



El conjunto musical, integrado por Gabriel Braña (Flauta traversa), Andrés Vigil Mendoza (Oboe), Cristian Fabris (Corno), Micaela Scaramuzzino (Fagot), Diego Casoni (Clarinete) -integrantes de la Orquesta Sinfónica Provincial de Bahía Blanca-, interpretó obras de Samuel Barber (EEUU, 1910-1881), Claude-Paul Taffanel (Francia, 1844-1908), y Paul Hindemith (Alemania, 1895-1963).



El ICOM (International Council of Museums), una red compuesta por más de 35.000 museos y profesionales de la actividad, celebra cada año el Día Internacional de los Museos con el objetivo de compartir con el conjunto de la sociedad las motivaciones que movilizan a la comunidad museística mundial.



En 2016, el evento gira en torno a la relación entre "museos y paisajes culturales", tema que, acá en Ferrowhite, trabajando entre elevadores, usinas y muelles, nos toca de cerca. ¿Cuál es la responsabilidad de los museos con respecto al paisaje del que forman parte? ¿De qué manera contribuyen a su conocimiento y puesta en valor? son preguntas involucradas en nuestro quehacer cotidiano, tanto a la hora de construir La Rambla de Arrieta como de organizar un concierto que suma el sonido de oboes y fagots al de los camiones y las locomotoras que atraviesan este puerto.

miércoles, 11 de mayo de 2016

¡A LA FLAUTA!


Este domingo, a las 17 hs., en conmemoración anticipada del Día Internacional de los Museos, música de cámara en Ferrowhite con el quinteto de vientos "Lakmé".

lunes, 4 de abril de 2016

EL GRAN DEBUT

Sarita Cappelletti y sus estrellas, el último domingo, en el arranque de "Conozco la canción".






miércoles, 30 de marzo de 2016

FUERTE ESE APLAUSO


La pianista Sarita Cappelletti y sus estrellas del Taller de Canto de la Siempre Verde vuelven a llenar de música la tarde del domingo whitense.

lunes, 16 de noviembre de 2015

LA GARGANTA PODEROSA


Si de lunes a viernes Ferrowhite funciona como una caja de herramientas, los fines de semana esa caja es, además, un instrumento. Un instrumento en el sentido musical del término. Una caja de resonancia que acumula y amplifica lo que vibra en cada garganta. ¿Por qué cantamos en un museo? Porque las canciones dicen, de vez en cuando, lo que sentimos, pero lo dicen mejor, con el ritmo y el énfasis que casi nunca nos está permitido. Por eso este karaoke dominguero puede que tenga menos que ver con imitar a alguien que con ser, a través de otros, nosotros pero distintos. Como si Manzanero, Aznavour o el Pity Álvarez fueran también whitenses o White tan ancho como el mundo entero.





jueves, 12 de noviembre de 2015

domingo, 18 de octubre de 2015

MADRE MÍA

Domingo a viva voz en "Conozco la Canción".