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viernes, 11 de marzo de 2016

40 AÑOS



"El 24 de marzo no sólo recordamos violaciones a los derechos humanos, también rechazamos el uso de la violencia material y simbólica como fundamento político de la concentración económica pasada, presente y futura."

Ferrowhite participa de la muestra "Derechos Humanos. Museo abierto y en acción." que inauguró hace instantes en los Museos de Arte de Bahía Blanca.

viernes, 4 de diciembre de 2015

UN CHICHE

"Qué rápido ruedan las ruedas del ferrocarril" la muestra itinerante de trenes de juguete que llegó en tren a la ciudad, los espera en Ferrowhite este sábado y domingo, de 16 a 20 hs.


jueves, 3 de diciembre de 2015

QUÉ RÁPIDO RUEDAN LAS RUEDAS DEL FERROCARRIL

Apuntes sobre un viaje de Constitución a la Estación Sud
en el tren de Ferrobaires, 26 y 27 de noviembre de 2015.




"El vagón de ferrocarril es el gran nivelador de las diversas clases sociales."
Domingo Faustino Sarmiento, Discursos.

Los trenes nos dan miedo. Aunque trabajamos en un museo dedicado a los ferrocarriles, debemos confesar que al paso de la locomotora no podemos evitar un instante de escalofrío, un momento de terror fascinante. ¿Por qué? Tal vez porque delante del tren siempre vamos a ser chicos. Importa poco el metro setenta y pico al que trepamos tras abandonar la infancia. Ante la regia locomotora nuestra estatura no hace mayor diferencia. Si la máquina estuviese viva, como algunos ferroviarios parecen creer, nos vería a todos como juguetes. Será por eso que existen trenes de juguete. Porque es preciso domesticar a través de la miniatura el julepe que todavía nos inspira este viejo monstruo moderno.

La GT 22 espera en el andén 14 de la estación Constitución. Son las siete y media de la tarde y en un rato parte la formación para Bahía Blanca. Viajamos en el “tren viejo” de Ferrobaires (UEPFP). El tren tiene apenas cuatro vagones de pasajeros, dos de primera y dos de turista, un furgón de encomiendas y, a la mitad, un “vagón reservado” que la empresa puso gentilmente a nuestra disposición. También designó a una azafata para que nos acompañe. Se llama Tamara y no conoce el servicio al que acabamos de subir porque, claro, esto no es Aeroparque. Arriba del tren de Ferrobaires nunca hubo azafatas. Hay picaboletos con nariz de boxeador y no se llaman Tamara. En realidad, nuestra Tamara es azafata regular de los flamantes trenes chinos con los que la empresa Nuevos Ferrocarriles Argentinos (SOFSE) intenta remontar años de estatismo estatal en el tema.

En el reservado somos un montón: Daniela, Marcela, Fernanda y Tomás, del Museo del Juguete; Patricio y Ezequiel, de la Agrupación Boletos Tipo Edmonson; Analía, Guillermo y Nicolás, de Ferrowhite; y último, aunque no menos importante, Cacho Ramello, tío de Guille, y experto vendedor ambulante. Hecha la presentación, va siendo hora de contarles por qué estamos acá. Traemos un museo en nuestras valijas. Vamos a poner en marcha “un museo de juguete para los trenes de verdad”. ¿Es un chiste?, preguntaron nuestras madres. Hasta hace poco lo era. No teníamos vagón propio, ni valijas vitrina, ni carro exhibidor. Nuestro proyecto era liviano como una idea módica, tal vez -como dijo Reynaldo- un poco ñoña: montar una muestra de trenes de juguete para deambular por los trenes del mundo adulto, a ver qué pasa. Pero la idea tuvo la extraña fortuna de ganar un premio, fue “coronada”, y así adquirió peso, talante y contundencia. O sea, engordó. Suena el silbato. Arrancamos.



En la penumbra cavernosa de los coches nuestro carro refulge. Ilumina a los trencitos que porta pero también a los rostros de quienes se asoman para admirarlos. Hay sorpresa en esas caras. Pasajeros que despiertan a otros de un codazo. Y hay chicos, muchos chicos en el tren inhóspito de Ferrobaires. Un museo itinerante va en busca de su público. Pero ese público le resulta por definición desconocido. Un museo sobre ruedas juega siempre de visitante. Apuesta a capitalizar en su favor una situación que no domina. Y si tiene suerte, a transformarla.

Pasamos horas planificando nuestra acción. Nunca una exhibición se pareció tanto a un golpe comando. La secuencia es así: los primeros en entrar a cada vagón son Patricio Larrambebere y Ezequiel Semo. Trajeados con uniformes de guarda e inspector, patrimonio del archivo textil de ABTE, reparten los boletos de cartón que imprimieron especialmente para este viaje. A cara de perro, Ezequiel se divierte como un chico. Parece un inspector de verdad, salvo porque su atuendo luce demasiado impecable, su bigote anchoíta demasiado prolijo. Es un inspector, sí, pero de otro mundo. Un mundo en el que las cosas son como soñamos que fueron alguna vez. El boleto Edmondson dice: “Del Museo del Juguete -San Isidro- hasta Ferrowhite”. Como si a la vera de todos los museos de la patria existiera un camino de hierro. ¿Se imaginan? Dejar de ver a las estaciones ferroviarias como futuros museos para convertir a los museos en las estaciones de un trip fascinante.

Al rato entra Cacho al vagón, secundado por Marcela y Analía, y detrás, el carrito luminoso que Guillermo maneja con el mismo celo que puso en construirlo. Cacho no tarda en arrancar con su speech:

“Damas y caballeros, estimados pasajeros, tengan ustedes muy buenas noches. En esta oportunidad no les vengo a vender, les vengo a re-ga-lar. Directo desde fábrica, con la firma del afamado museo del juguete de Boulogne y el toque canchero del museo taller Ferrowhite llega para todos ustedes:

QUÉ RÁPIDO RUEDAN LAS RUEDAS DEL FERROCARRIL 

En este pequeño museo que mis ayudantes harán circular entre los asientos, ustedes podrán apreciar algunos de los trenes de juguete más famosos de la historia nacional. Auténticas joyas de la industria juguetera como el super tren Matarazzo del año 1938 o la encantadora locomotora Porteñita, fabricada por GEBES entre 1948 y 1955.”

Así comienza el libreto, pero esto no es teatro Isabellino, y Cacho no se destaca por recitarlo como un robot. Quien crea que los vendedores ambulantes repiten siempre lo mismo, se equivoca. Para vender también hay que saber improvisar, ajustando el discurso sobre la marcha. Y tal vez Cacho improvisa porque nota que algo no va bien. El traqueteo ensordecedor impide comprender lo que él vocea con oficio, y Analía y Marcela, con más tesón que cancha, intentan completar. Lo que queríamos contar parecía simple, pero que te escuchen en estas condiciones sería una auténtica proeza. Atienden, en todo caso, los que están más cerca. A los demás no les queda otra que leer los labios. Cacho se sale del guión y cuando eso pasa todo mejora. Grita: “¡un aplauso para el ferrocarril!” y hay ovación.


Marcela y Analía portan valijas de cartón con trencitos. Nicolás va y viene estorbando a todos para sacar una foto. Detrás del carro llegan Fernanda y Tomás con una tercera valija, más grande, y distintos juguetes para tocar. “Uh! yo siempre quise que me compren uno de esos.” Un juguete es un anzuelo que la memoria muerde. De pronto los vagones de Ferrobaires van repletos de historias. Y ahí es donde la cosa se pone linda. Distinto a como lo habíamos previsto, pero funciona. Funciona en proximidad, cara a cara, de mano en mano. Los vagones son menos parecidos al aula de una escuela que al reservado de un boliche. Un museo rodante debe aprender a hablar, con dulzura, en el oído de sus visitados.

Cierra la procesión Daniela que presenta a todos su muñeca Marilú. La Marilú (decimos la Marilú como en los programas de chimentos se dice la Gimenez, la Alfano o la Casán) es, o fue alguna vez, la gran diva de las jugueterías nacionales. Esta abuela argentina de Barbie (y ojo, progres, con bardear a Barbie porque salta Daniela y les hace una doble nelson conceptual digna del Ancho Peuchele) tiene más o menos la edad de Mirtha Legrand, pero se conserva mejor, y sigue siendo el sueño de tantísimas niñas que hoy soplan arriba de las setenta velitas. Esta muñeca de pasta que Daniela pone en brazos de nenas curiosas y varones llenos de prejuicio es la Marilú viajera. Una Marilú en tour ferrocarrilero a la Mar del Plata de los años cuarenta. Así que trae consigo su propio equipaje, en el que ha empacado sus vestidos e incluso, rizando su rizo de niña bien, sus propias muñequitas.



La primera vuelta rinde conclusiones contundentes -y no estamos hablando de las recientes elecciones-: nuestra intención didáctica ha sido derrotada y su fracaso ha resultado un éxito rotundo. El flaquito Proust noquea al robusto Sarmiento. Aplausos. ¿Pero qué es lo que no pudo o no supo explicar nuestro irrefrenable afán de maestros ciruela? Este museo itinerante saca a pasear una sospecha: que la historia de los trenes y la de los juguetes corren por rieles no tan distantes. Que la industria más pesada y la industria más ligera encarrillan o descarrilan con los vaivenes de una economía en perpetuas “vías de desarrollo”, enganchadas por igual a los periodos en los que el país importó casi todo lo que usaba y a las épocas en las que se promovió un complejo proceso de sustitución que reemplazaba los productos adquiridos en el extranjero por cosas fabricadas acá. A veces ambas historias se tocan. Y eso es lo que registran algunos de nuestros trencitos.

Fíjense, por ejemplo, en este tren Matarazzo de hojalata litografiada. Por efecto de la necesidad o de la circunstancia, este trencito engancha dos épocas en una misma formación. La locomotora dice FCNGR (Ferrocarril Nacional General Roca), en tanto en el vagón se lee la sigla del Ferrocarril Sud. Entre una referencia y la otra, el mundo entero ha cambiado: concluida la Segunda Guerra Mundial, el Imperio Británico declina, Perón nacionaliza los ferrocarriles y gobierna el país. "¡Ya son nuestros!" O presten atención a la Locomotora Porteñita, fabricada por Gebes entre 1948 y 1955. Auténtico ícono de la industria juguetera argentina, esta locomotora de madera esmaltada fue repartida entre miles de chicos de todo el país por la Fundación Eva Perón, tal como acredita la estampilla que lleva adherida con la sigla FEP. Su nombre, “Porteñita”, recuerda el de la primera locomotora utilizada en Argentina, “La Porteña”, y aparece mencionado en las licitaciones públicas de las que participa Gebes durante los años del primer gobierno peronista. O miren, si no, el Tren Tehuelche de la marca Elektro. Mírenlo bien, porque está buenísimo. Quién no quiso alguna vez tener un tren como este. Junto con “Puelche” y “Ranquel”, el “Tehuelche” es uno de los pocos trenes eléctricos fabricados en el país. Y aún hoy resulta un poco paradójico que su nombre haga referencia a una de las tribus exterminadas por el Ejército Argentino durante la “Conquista del Desierto” (1878-1885), con la excusa de hacer posible la llegada a estas tierras de esa “civilización” cuyo mayor emblema era -precisamente- el ferrocarril. Ese Ferrocarril Sud que, a partir de 1948, pasó a llamarse "General Roca".

Pero ¿Por qué pensar que los museos deben apelar siempre a la palabra santa del guía como forma privilegiada de relacionarse con sus públicos? Quizás alcanza con ayudar a que despunte un recuerdo, y con él, la sensación de que en el pasado las cosas fueron diferentes, para activar la percepción de que ningún mal puede durar para siempre (siempre y cuando nos ocupemos de ello). O tal vez se trata, simplemente, de confiar en el juego. "Los juguetes dijeron antes que los estudiantes politizados: la imaginación al poder", dice Daniela. ¿Quiénes, sino los que juegan, pueden hoy sostener sin cinismo esa consigna? Difícilmente los juguetes impulsen por si solos algún cambio (¡Perdón Woody! ¡Perdón Buzz!), pero sí pueden revolucionar un vagón. Ahora lo sabemos. Jugar a veces implica seguir reglas, y otras aprender a desobedecerlas. Y nosotros, en este tren, no hemos hecho otra cosa que jugar. Jugar a ser guardas, jugar a viajar, jugar al museo, desobedeciendo algún que otro mandato sobre lo que se supone que los museos deben ser.


Una nena de rulos viene con su mamá a jugar al vagón. Se llama Celeste y viaja a Azul. Al rato, se le suman dos chicos más grandes, presumiblemente hermanos. Celeste pinta un Tren Thomas. Como Frank Parish, presidente del Directorio del Ferrocarril Sud, o como Míster Coleman, Superintendente General de Tráfico en la zona de Bahía Blanca, allá por los años 30, o incluso como Duncan Mackay Munro, que se vino de Escocia para construir la línea de ferrocarril que llega a Boulogne, en San Isidro, Thomas es un señorito inglés. Aunque cabe aclarar que el ejemplar que llevamos en nuestra colección itinerante fue fabricado no en Inglaterra sino en China, antiguo dominio colonial británico. Thomas, el tren, es el célebre protagonista de la serie de televisión infantil que lleva su nombre. La serie está basada en los libros para niños “The Railway Series”, escritos entre 1945 y 2007 por William y Christopher Awdry, sobre locomotoras y otros vehículos de aspecto antropomorfo.

Pasando Olavarría, empieza a hacer frío. Si no fuera tan peligroso, no estaría mal hacer fuego en algún rincón. Cerca de los baños, un porro se enciende y pasa de mano en mano. Con Néstor nos ponemos a hablar en el fuelle que une un vagón con otro. Se abre la camisa y nos muestra la cicatriz de bala que lleva grabada en el pecho desde los 22 años. Dice que lo que de verdad mata es el cigarro. Lo invitamos al vagón y acepta. Nos hace compañía mientras cambiamos los trencitos de la primera vuelta por los de la segunda. Nos cuenta un poco de su vida para pasar el rato. Néstor es vendedor ambulante. Aunque de entrada aclara que en el oficio hay que distinguir especialidades: está el fuellero, que es el que viaja por los trenes, el mantero, que arma el puesto en alguna vereda, y el ambulante, que va casa por casa. Nuestro Cacho es un fuellero y Néstor un ambulante. La conversación entre ellos arranca con la pregunta de si Cacho alguna vez fue “mosqueta”. Cacho se ríe y le dice que no. Y tardan un ratito en aclararnos de qué hablan. Mosqueta significa punga. Néstor vendió de todo, pero lo primero que se cargó en el bolso fueron slips de algodón, toda una novedad para aquella época. Cada dos meses viajaba a Bahía Blanca. Así esquivaba el “mes malo”. Porque Néstor aprendió que en Bahía hay dos tipos de meses: los malos, que es cuando llegan todos los servicios juntos -la luz, el agua y el gas-; y los buenos en los que acaso se puede llegar a vender algo. Nació en Neuquén, vive en Buenos Aires pero piensa que Bahía sería un lindo lugar para quedarse. Viaja por el casamiento del hijo de un primo. Hace mucho que no va para el sur.




Los durmientes no dejan dormir. Por momentos el tren se hamaca como si la pampa fuera el Italpark. Hay quien sostiene que Ferrobaires no es una empresa ferroviaria sino un experimento sobre resistencia de materiales, o sobre la resistencia de las personas a su deterioro. “Nunca me cagué tanto de frío, y eso que viví en Ushuaia”, dice un graffiti escrito sobre las paredes de acero inoxidable del baño de damas. A pocos días de que inicie el verano, poco nos costaría suscribir al pie. Amanece. Estamos en Pringles.

Una señora entra al vagón y pregunta si tenemos un poco de agua caliente para el mate. Le damos la que nos queda, adecuada a lo sumo para un tereré. No es lo mismo viajar de Buenos Aires a Bahía en una hora o en siete que hacerlo en catorce. Los medios de transporte en los que nos movemos suponen distintas economías del tiempo. Si el tiempo es dinero, trenes, colectivos, autos y aviones traducen esa ecuación de manera diferente. Pasar tantas horas arriba del tren te fuerza a habitarlo. Nuestra condición pasajera se vuelve, en cierto modo, permanente. El tren es más lento pero permite, en su amplitud, un despliegue que el auto, el colectivo o el avión dificultan. En el tren nos levantamos para caminar y estirar las piernas. Llevamos frazadas y canastas con comida, hablamos con el pasajero que está al lado, le pedimos algo, le convidamos algo. ¿El tren de Ferrobaires es el museo de un modo de viajar “d’altri tempi” o el laboratorio lumpen de una sociabilidad viajera que tiene a las privatizaciones y a la larga crisis de los ferrocarriles como condición de posibilidad?


Repasemos. Anoche, partiendo de nuestro vagón juguetero, fuimos primero hacia clase turista, luego hacia los vagones de primera, intentando contar la historia del origen del ferrocarril y su expansión, los años del peronismo y el modo en que los trenes de juguete reflejaron el momento de su nacionalización. Ahora que salió el sol, con juguetes más recientes, fabricados por lo general fuera del país -muchos de ellos en China, igual que los nuevos trenes de SOFSE-, queremos hablar del progresivo cierre de ramales a partir de los años 60 y de la privatización de Ferrocarriles Argentinos a principios de los noventa. Pero hay un cambio de planes. Ya no vamos a vocear nuestros ajustados guiones, trataremos más bien de conversar. La distancia a Bahía se acorta, así que sin más demora nos lanzamos por los pasillos. Los ABTE salen a picar boletos, y atrás, como en una procesión, va el resto. Tenemos cara de dormidos. Pasamos buena parte de la madrugada fijando con tanza los nuevos trencitos a las bandejas acrílicas del carro exhibidor. Llevamos, además, las valijas vitrina y dos locomotoras grandes, de madera, para hacer circular de mano en mano. Marilú esta vuelta no es de la partida. Alguna gente aún duerme, a pesar de que la luz del sol entra de lleno por las ventanillas sucias. Son muchas las persianas que no funcionan. Quienes están despiertos desayunan galletitas. Nos saludan, advierten que somos más, notan el cambio de trenes, comentan, agradecen, convidan mates. Hubiera estado bien traer algo para devolver la atención. Hay pasajeros que subieron en las estaciones intermedias y recién ahora se percatan de nuestra presencia. Repartimos folletos de ambos museos. Nadie conoce el Museo del Juguete, algunos saben de la existencia de Ferrowhite. Vayan, los esperamos.



¿Qué hora es? Las 9 y media. A esta altura del viaje estamos todos cansados pero, si se nos permite, contentos. Convencidos de que el esfuerzo valió la pena. Lo advertimos en las caras, lo escuchamos en las preguntas y también en la intuición compartida de que, entre los pasajeros, algo pasa. No vamos a olvidar fácilmente este viaje. Es hora de reordenar todo, de desmontar los bancos y las mesas de cartón, de guardar lápices, termos y abrigos, de no olvidar nada. Tamara está maquillada, impecable, como si no hubiese viajado en el mismo tren que nosotros. Recién ahora nos percatamos del parecido: ¡Tamara es igualita a Marilú! Allá, en el horizonte, aparecen las primeras señales de que nos acercamos a Bahía Blanca.

Pasadas las diez de la mañana el tren entra por fin a la Estación Sud. Cuando, cargados como ekekos, ponemos un pie en el andén, nos impacta el comité de bienvenida: una decena de uniformados, pertrechados con chalecos antibalas, perros e ithakas. Un escuadrón en pleno de la División Drogas Ilícitas de la Policía Federal copando la parada. Pero tranquilos, que no vienen por nosotros. Tampoco por nuestros trencitos. Como en una película de suspenso, detienen a quien menos uno espera: la señora inofensiva que nos había pedido un poco de agua para el mate. Aunque de eso nos enteramos más tarde, cuando el suceso se convierte en noticia. Se la acusa, dice el diario La Nueva Provincia, de transportar junto a otra mujer “unos 130 paquetes con hojas de coca”. Ellas le dicen a la televisión que “no son para droga”, que “son para coquear”, que las llevan “para los que trabajan en los hornos de ladrillos”, que en los hornos se trabaja más y mejor mascando coca, que de donde ellas vienen eso es común. "Nosotros, como trabajamos pesado, para que nos de energía, entonces coqueamos".


El final provisorio de esta historia no lo cuentan los trenes de juguete sino la propia formación en la que viajamos. Los trenes, como la sociedad, están divididos en clases. El tren de Ferrobaires tiene, dijimos, sólo dos: primera y turista, aunque cuesta distinguir, hoy por hoy, cual es cual. Son la huella, a esta altura borrosa, de un tiempo en el que la sociedad entera, con sus notorias jerarquías, podía pensarse arriba de un tren. Coche dormitorio, pullman, coche comedor, primera clase, segunda clase, turista... un vagón adecuado a cada bolsillo y condición. Pero hace mucho que las clases altas y gran parte de las clases medias abandonaron los trenes interurbanos. Para ellas el ferrocarril representa, a lo sumo, una curiosidad. Ocasión de nostalgia o de turismo aventura. Cosa de alguna que otra vez. Nuestro viaje, admitámoslo, tampoco escapa a esa lógica. En el tren de Ferrobaires la lucha de clases terminó, y al cabo de ella, somos todos más pobres porque el propio tren lo es. Uno puede quedar prendado de esta imagen, ver allí la postal de un final tan cierto como inevitable. Pero sería un error. No sólo porque ahora existe un novísimo servicio estatal que alterna con este, sino porque resulta sencillamente falso afirmar que, a pesar de su precariedad, el tren de Ferrobaires agoniza. Por el contrario, va casi siempre lleno. Repleto de todos aquellos que no pueden pagar 800 mangos por un pasaje en colectivo, o 1600 por uno en avión. Armar una muestra por sus pasillos, conversar con sus pasajeros, implica empezar a reconocernos en la comunidad efímera que cada viaje reúne, en esas mil trayectorias vitales a las que muy a menudo tanto los estudiosos como los “amantes" del tren les dan la espalda, encandilados por el prestigio pasado del ferrocarril, o por el reclamo -sensato, sin duda, pero quizás un poco abstracto- de un ferrocarril “eficiente”. Entre tanto, esos pasajeros están ahí, los querramos ver o no, saliendo del paso por unos pesos gracias al tren de Ferrobaires, trazando en su ir y venir el sendero sinuoso, a veces clandestino, entre movilidad territorial y movilidad social, entre viaje y supervivencia.


jueves, 26 de noviembre de 2015

ARRIBA LOS QUE VAN A WHITE


Siendo las siete y media de la tarde todo marcha sobre ruedas en la estación Constitución. Subir al tren parece fácil. La cosa fue llegar hasta acá.










miércoles, 25 de noviembre de 2015

UN MUSEO DE JUGUETE PARA LOS TRENES DE VERDAD



Mañana, junto al Museo del Juguete de San Isidro y la Agrupación Boletos Tipo Edmondson, ponemos en marcha "Qué rápido ruedan las ruedas del ferrocarril", una muestra itinerante de trenes de juguete preparada para circular por los vagones del ferrocarril real.

Este pequeño museo ambulante, compuesto por alrededor de 30 trencitos de distintas épocas, viajará circulando de vagón en vagón en el servicio de la empresa Ferrobaires que partirá este jueves, a las 19:45 hs., desde la estación porteña de Constitución con destino a la Estación Sud de Bahía Blanca. Luego, la muestra quedará en exhibición en las salas de Ferrowhite, donde se realizaremos un brindis inaugural el próximo domingo 29 de noviembre, a las seis de la tarde.

En nuestra colección minúscula cabe la historia de un país. O la historia de cómo ese país se soñó a lo largo del tiempo: trenes que acarrean frutas desde la Patagonia, trenes que transportan combustible de YPF, trenes llenos de pasajeros felices. Este es un museo con rueditas para llevar las reliquias del ferrocarril soñado hasta los pasajeros del ferrocarril actual. Y para jugar, porque de eso depende, en definitiva, nuestra capacidad para modelar el porvenir. Si tenemos éxito, puede que al cabo del trayecto ya no se sepa si viajamos en un tren de juguete o jugamos con un tren de verdad.

El proyecto fue premiado en "La coronación", concurso de innovación museológica que se llevó a cabo en el marco de "El museo reimaginado", un encuentro de profesionales de museos de toda América organizado por la Fundación Typa y la American Alliance of Museums el pasado mes de septiembre. Su realización es posible gracias a un subsidio de la Fundación Williams.

El proyecto cuenta con la participación de Daniela Pelegrinelli, Marcela Giorla, Fernanda Tolaba y Tomás Caruso, del Museo del Juguete, Patricio Larrambebere y Ezequiel Semo, de la Agrupación Boletos Tipo Edmondson, Analía Bernardi, Guillermo Beluzo y Nicolás Testoni, de Ferrowhite (museo taller), y la colaboración experta del vendedor ambulante en trenes Eduardo "Cacho" Ramello.

martes, 17 de noviembre de 2015

SOBRE RUEDAS





La idea es convertir este viejo mueble burocrático en otra cosa. En unos días les contamos.

lunes, 16 de marzo de 2015

HAMMELIN



Este video acompaña la muestra "Cesto sentido". Lo grabamos no hace mucho sobre una de las banquinas de la ruta que va a Puerto Galván.
(...)

jueves, 24 de abril de 2014

130

El próximo domingo 27 de abril, Ferrowhite celebra los 130 años de la llegada del ferrocarril a Bahía Blanca presentando en La Casa del Espía la muestra "Caminos de hierro", compuesta por fotografías tomadas en sitios ferroviarios de nuestra ciudad y la región por Sergio y Gustavo Pirola.



1884: EL "TREN DE LA HISTORIA" PASA DE LARGO

La conmemoración de la llegada del ferrocarril a nuestra ciudad, el 26 de abril de 1884, tal vez opaca el hecho de que aquel primer tren, en realidad, pasó de largo.

Al parecer, no fue un tren sino dos los que arribaron a esta zona el 25 de abril de dicho año, alrededor de las siete de la tarde, un día antes de los festejos previstos frente a la Municipalidad para la tarde del 26. Sólo la segunda formación se detuvo unos minutos en la estación Bahía Blanca Sud (1). La primera, en cambio, con el gobernador Dardo Rocha entre su pasaje, continuó sin detenerse hacia la estación El Puerto (hoy Ingeniero White), donde la empresa británica Ferrocarril Sud (Great Southern Railway) concentraba sus instalaciones e intereses.

Allí una “suculenta cena” servida en el mismísimo Galpón de Locomotoras aguardaba a los visitantes. La inauguración oficial de la línea se realizó a las 12:30 hs. del día siguiente, en ese mismo galpón, con un gran almuerzo cuyo menú estaba escrito en francés:

Banquet Hors d´oeuvre – Canapés d´Anchois – Xerez
Potaje Prentanier á la Royale
Relevé Pescaret á la Normande - Aut. Sauterne
Entrées chaudes Bouchées á la Reine – Filet Durham aux Champignones –
Sauté de Volaille a la Perigueux – St. Emilion
Entrées Froide Aspic de Foie Grass Belle-vue – Bourgogne
Punch a la Romaine – Legume Petit pois á la francaise
Rot – Dinde á l´anglaise
Entremets Mille Feuilles á L´italienne – Gateaux de París – Champagne
Glaces - Napolitaines – Fruit frais glàce – Oporto – Café – Liqueurs (2)


Presidían una mesa con más de doscientos comensales, el Gobernador, Dr. Dardo Rocha; el Ministro de Hacienda de la Provincia, Vicente Villamayor; el Presidente del Directorio del Ferrocarril Sud en Londres, Frank Parish; su Secretario C. O. Barker; el Presidente de la Comisión Argentina de la empresa, Guillermo Moores; el Gerente General de la empresa, George Cooper; y el Canónigo Benjamín Carranza, quien bendijo los alimentos. (3)

¿Estaban los trabajadores del galpón invitados al banquete? Nada dicen las fuentes.

(1) “Bahía Blanca ha sido, en los días 25, 26 y 27 una verdadera romería. (…) La llegada del tren inaugural tiene preocupada la atención pública y solo espera el pueblo la menor señal para encaminarse a la estación, a recibir al coloso monstruo, emblema eterno del progreso de estos últimos siglos. No menos de ochocientas personas están en el andén de la estación... Al poco rato se oye un ¡ahí viene!... A este grito responden mil voces que atronan los aires con el hurra más espontáneo y entusiasta que se haya dado entre nosotros. El tren se deslizaba rápidamente por el camino de hierro que termina en el puerto. La obra se había consumado y los hombres con sus semblantes alegres y como poseídos de cierto orgullo por tan grande obra, así lo manifestaron. Sin embargo hubo un pequeño descontento, que desapareció casi enseguida, cuando llegaron hasta nosotros unos delegados del Gobernador que explicaron la causa por la cual había seguido hasta El Puerto el tren y no había parado en la estación (Bahía Blanca), como el pueblo lo esperaba y la razón lo aconsejaba.” Diario El Reporter, Bahía Blanca, 28 de abril de 1884.

(2) “Días atrás habían llegado, en tren, cocineros y mozos, de la empresa de los hermanos Roverano, amén de las correspondientes ‘vituallas’ a utilizarse en el banquete y en el buffet del baile oficial.” Héctor Francisco Guerreiro, Los Ferrocarriles en Bahía Blanca (volúmen 2, F.C.S. – F.C.R.P.B), en prensa.

(3) William Rogind, Historia del Ferrocarril Sud, Establecimiento Gráfico Argentina S.A., Buenos Aires, 1937.


Publicado hace un tiempo en este mismo blog. Investigación: Héctor Guerreiro.

jueves, 10 de abril de 2014

HISTORIA EN EL ANDAMIO

A mediados del año pasado Reynaldo Merlino, director de Ferrowhite, y nuestro compañero Guillermo Beluzo comenzaron a colaborar con el armado de las salas del nuevo Museo Histórico de Bahía Blanca en el viejo Hotel de Inmigrantes de calle Saavedra. El resultado está a la vista: una muestra montada sobre andamios de obra que invita a entender el pasado como una construcción diaria "con narraciones, investigaciones y estudios, mitos, intereses y verdades -como dice el guión de sala- muchas veces en disputa".

El Museo Histórico reabre sus puertas mañana al mediodía, celebrando el 186º aniversario de nuestra ciudad.

lunes, 31 de marzo de 2014

PARTIRÁ, LA NAVE PARTIRÁ

¡Zarpada botadura del Dundrum Bay! el nuevo buque archivo de Roberto 'Bocha' Conte, con relatos de Roberto Orzali y Rubén Santamaría, música de Los Nonnos de Atilio, cantina para chuparse los dedos y hasta sorteo de viajes por la ría.


   

jueves, 27 de marzo de 2014

martes, 25 de marzo de 2014

UN BUQUE ZARPADO

En Ferrowhite terminamos marzo botando el Dundrum Bay, un nuevo buque archivo de Roberto Conte, parte de una flota que transforma la memoria en acto constructivo.



Junto a llaves, martillos y tenazas, Ferrowhite presenta en sus salas artefactos que no provienen del pasado ferroportuario sino que han sido producidos por los propios trabajadores para contar ese pasado, problematizar el presente e imaginar el porvenir. Los barcos de Roberto “Bocha” Conte son buques archivo. Cargan con sus recuerdos, y con los recuerdos de los familiares y amigos que colaboran en su armado. Cada maqueta vuelve palpable la historia de sus constructores, pero también la idea de que toda memoria depende de actos presentes que transforman necesariamente lo recordado.

Allá por 2008, en coincidencia con el arribo del primer buque regasificador, botamos el Ingeniero White, la réplica de un portacontenedores que, como un arca, pone a salvo los nombres de clubes, bares, peluquerías y negocios que animaron la vida de este puerto. Tras la crisis y la "reconversión" de la pesca artesanal, llegó el San Silverio, un barco de ultramar que reúne el inventario de aquellas pequeñas embarcaciones que casi nunca se alejan de las aguas de la ría.

Ahora es el turno del Dundrum Bay, la réplica de un carguero “de la vieja escuela”, que convoca la historia de los whitenses que se subieron a él para recorrer el mundo cuando la navegación comercial podía ser también una aventura: la del “Chapa” Orzali, con barba y turbante, rezándole a la salida del sol en un cabaret de El Callao; la de “Pastilla” Rodríguez, “Pechito” Mancinelli, “Pinda” Siepe y el ururguayo “Kukú”, perseguidos por la policía de Los Angeles. “Otros tiempos de estadía en puerto, otras condiciones de trabajo”*, apunta el propio Orzali.

¿Pero cómo es que Bocha sabe tanto de barcos? Roberto fue patrón de las chatas barreras de la Dirección Nacional de Vías Navegables, esas mismas que ustedes pueden ver cortadas en pedazos al costado del museo. “Y… en la draga se contaban estas historias… se pasaba mucho tiempo entre barcos…” dice Bocha, para dejar en claro que cada buque transporta años de experiencia vivida. Cajas de vino, tijera y plasticola, con esos elementos Bocha produce su flota. Su hacer es el de un bricoleur que emplea materiales de descarte, con una historia de uso. “Nada se tira, todo se transforma”: sobre ese principio de economía doméstica, Bocha produce el retrato de una comunidad agitada por los vaivenes de la economía mundial.

* Ver al respecto el posfacio de "Flying fish. Los viajes de Roberto Orzali", editado por el museo en 2010.

viernes, 21 de febrero de 2014

lunes, 18 de noviembre de 2013

LA HABITACIÓN ÁLBUM


Sfogliatelle no quedó ni una, pero el álbum genealógico de los Repetti Volonterio sigue ahí, en la planta alta de La Casa del Espía, para que todos puedan conocer a una familia que tiene todo que ver con la historia de White y del ferrocarril.

jueves, 25 de abril de 2013

TODO TRENES


Entre fotos y piezas de locomotoras a vapor y diesel, Pedro Caballero exhibe y comenta su colección de “Todo trenes”, la revista que compra, puntual, desde sus años de mecánico ferroviario en el Galpón White. Para leer a la luz del farol de una vaporera y celebrar a pura erudición ferrófila el 129° aniversario de la llegada del tren a nuestra ciudad. Anoten: sábado 27 y domingo 28 de abril, de 15 a 19 hs.

martes, 25 de septiembre de 2012

127 AÑOS EN 127 FOTOS (Y OTROS TANTOS AMIGOS)




"Lindo domingo en Ferrowhite. Rica pastafrola, buenos mates y una muestra de fotografías que sólo es así de grata cuando hay un guía como Pedro Caballero." Esto escribe Rocío Chibli, hace apenas un rato, en nuestro muro de Facebook, y nos parece que no hay mejor resúmen de lo que pasó por acá el pasado 23.

"Álbum White", así se llama la muestra que organizamos junto a Pedro a partir de las imágenes recopiladas años atrás por otro ferroviario de este pueblo, Adolfo Repetti. Quien conozca la residencia Caballero acordará con nosotros en que algo en esta muestra recuerda a su patio. Cierto principio de acumulación que dota a las imágenes de un espesor extraño para los tiempos que corren, de un peso imposible de ponderar en cantidad de bits. Pilas de fotos que pasan de mano en mano. Fotocopias en marcos de madera barata que raspan y ensucian los dedos. Imágenes que exigen una, muchas voces, para ser salvadas de la isla del instante que capturan y en el que permanecen cautivas. Pedro es solo el primero de esos interpretes. Ahí están Ida Mohamed, Roberto Orzali, Carlitos Neira y cien vecinos más para tomar la posta, para ampliar o disentir, entre mate y mate, a la hora de hacer de este archipiélago un continente compartido.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

ÁLBUM WHITE


Este domingo Ferrowhite se suma a los festejos por un nuevo aniversario de Ingeniero White con una muestra de imágenes recopiladas en los años '90 por el ferroviario whitense Adolfo "Cachi" Repetti, seleccionadas y comentadas por otro ferroviario de este pueblo, Pedro Caballero.

127 años en 127 fotos (para mirar pero también tocar) de clubes, escuelas, sociedades de fomento, sindicatos y comercios, de fiestas, bailes, comilonas y amigos queridos que son parte de la historia de este puerto.

martes, 19 de junio de 2012

PIEZAS ESTRELLA


Hace unos días se incorporó a la muestra del museo este aparato del que en principio solo conocíamos la procedencia: Talleres Bahía Blanca Noroeste. Esta mañana estuvo de visita Sebastián Pacella (Chieti, 1924) quien trabajó en TBBNO entre 1945 y 1986, y nos contó:

Esta es una soldadora rotativa, habia tres en talleres de estas, y habia de las otras que eran monofasicas, algunas, o eklectricos fijos, con esto se soldaban los cilindros de las locomotoras, se parchaban algunos o se hacían directamente, los que había con rajaduras? de mucha potencia. Se usaban en talleres, era una soldadora de más potencia

Después volvió a explicarnos cómo fue que en su sección se armó el camion de bomberos que se usaba en los talleres (y que es una de las piezas estrellas de la muestra de Ferrowhite)

Y finalmente, cuando vio el famoso "pito del noroeste", dijo entusiasmado: "ese también lo hice yo, cuando estaba Agostini de encargado de la caldera fija, en los talleres".

jueves, 26 de abril de 2012

CASCOS AMARILLOS


En vísperas del Día del Trabajador, las mesas de La Casa del Espía se transforman en una fotogalería horizontal para mostrarte imágenes del trabajo ferroviario y portuario, hoy.

Debajo de la taza de café te vas encontrar con los catangos que reparan las vías de la playa de maniobras concesionada a Ferroexpreso Pampeano, o con los carpinteros que arman los enconfrados del nuevo elevador que edifica la trasnacional Toepfer. Obreros que la magnitud de sus obras suele volver, paradójicamente, invisibles.

Y para probar eso de que tanto el paisaje como su observador son complejas construcciones históricas, te proponemos comparar estas fotos con las imágenes de los contigentes obreros de otras épocas que hay repartidas por el museo. ¿Como puede ser que un puerto que hoy trabaja sin parar, parezca al mismo tiempo vacío?

Ah, Rodolfo Díaz, el autor de estas imágenes, invita a todos con el mejor café.

La Casa del Espía
Domingo, de 15 a 19 hs.
ex usina Gral. San Martín, Juan B. Justo 3885, Ingeniero White.