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lunes, 18 de julio de 2016
ESCALA REAL
Las maquetas que modelistas de todo el país pusieron en marcha durante este primer fin de semana de vacaciones de invierno representan un llamado a la acción. No nos muestran los ferrocarriles que fueron alguna vez, sino los que queremos que sean de acá en más.
miércoles, 13 de julio de 2016
MINIATURAS PARA DISFRUTAR A LO GRANDE
El próximo sábado 16 y domingo 17 de julio, entre las 12 y las 19 hs., se llevará a cabo en Ferrowhite el 2do Encuentro Nacional de Ferromodelismo. Modelistas de nuestra ciudad y de todo país exhibirán sus maquetas y modelos a escala. Además, se realizarán charlas, proyecciones y un taller en el marco del 1er Foro de Preservación del Patrimonio Urbano y Rural a través del Ferrocarril, destinado a promover el rescate del patrimonio ferroviario en favor del desarrollo turístico de nuestra región.
El sábado, a partir de las 16 hs., se presentarán la Orquesta Escuela de Ingeniero White y la cantante de tango Rosana Soler. En tanto en el parque de la ex usina General San Martín se instalará durante el fin de semana un patio de comidas. El evento, organizado por El Monitor Ferroviario, la Asociación Amigos del Castillo y la Sociedad de Fomento del Bulevar Juan B. Justo, es gratuito y para todo público.
Más información de la actividad en http://www.sien.com.ar/ferroexpoencuentro/index.htm
lunes, 31 de marzo de 2014
PARTIRÁ, LA NAVE PARTIRÁ
¡Zarpada botadura del Dundrum Bay! el nuevo buque archivo de Roberto 'Bocha' Conte, con relatos de Roberto Orzali y Rubén Santamaría, música de Los Nonnos de Atilio, cantina para chuparse los dedos y hasta sorteo de viajes por la ría.
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Encuentros,
Maquetas,
Muestras
sábado, 29 de marzo de 2014
LOS DOS ROBERTOS
De frente, Roberto Conte, y a sus espaldas, Roberto Orzali hablando para la televisión.
jueves, 27 de marzo de 2014
martes, 25 de marzo de 2014
UN BUQUE ZARPADO
En Ferrowhite terminamos marzo botando el Dundrum Bay, un nuevo buque archivo de Roberto Conte, parte de una flota que transforma la memoria en acto constructivo.
Junto a llaves, martillos y tenazas, Ferrowhite presenta en sus salas artefactos que no provienen del pasado ferroportuario sino que han sido producidos por los propios trabajadores para contar ese pasado, problematizar el presente e imaginar el porvenir. Los barcos de Roberto “Bocha” Conte son buques archivo. Cargan con sus recuerdos, y con los recuerdos de los familiares y amigos que colaboran en su armado. Cada maqueta vuelve palpable la historia de sus constructores, pero también la idea de que toda memoria depende de actos presentes que transforman necesariamente lo recordado.
Allá por 2008, en coincidencia con el arribo del primer buque regasificador, botamos el Ingeniero White, la réplica de un portacontenedores que, como un arca, pone a salvo los nombres de clubes, bares, peluquerías y negocios que animaron la vida de este puerto. Tras la crisis y la "reconversión" de la pesca artesanal, llegó el San Silverio, un barco de ultramar que reúne el inventario de aquellas pequeñas embarcaciones que casi nunca se alejan de las aguas de la ría.
Ahora es el turno del Dundrum Bay, la réplica de un carguero “de la vieja escuela”, que convoca la historia de los whitenses que se subieron a él para recorrer el mundo cuando la navegación comercial podía ser también una aventura: la del “Chapa” Orzali, con barba y turbante, rezándole a la salida del sol en un cabaret de El Callao; la de “Pastilla” Rodríguez, “Pechito” Mancinelli, “Pinda” Siepe y el ururguayo “Kukú”, perseguidos por la policía de Los Angeles. “Otros tiempos de estadía en puerto, otras condiciones de trabajo”*, apunta el propio Orzali.
¿Pero cómo es que Bocha sabe tanto de barcos? Roberto fue patrón de las chatas barreras de la Dirección Nacional de Vías Navegables, esas mismas que ustedes pueden ver cortadas en pedazos al costado del museo. “Y… en la draga se contaban estas historias… se pasaba mucho tiempo entre barcos…” dice Bocha, para dejar en claro que cada buque transporta años de experiencia vivida. Cajas de vino, tijera y plasticola, con esos elementos Bocha produce su flota. Su hacer es el de un bricoleur que emplea materiales de descarte, con una historia de uso. “Nada se tira, todo se transforma”: sobre ese principio de economía doméstica, Bocha produce el retrato de una comunidad agitada por los vaivenes de la economía mundial.
* Ver al respecto el posfacio de "Flying fish. Los viajes de Roberto Orzali", editado por el museo en 2010.
Allá por 2008, en coincidencia con el arribo del primer buque regasificador, botamos el Ingeniero White, la réplica de un portacontenedores que, como un arca, pone a salvo los nombres de clubes, bares, peluquerías y negocios que animaron la vida de este puerto. Tras la crisis y la "reconversión" de la pesca artesanal, llegó el San Silverio, un barco de ultramar que reúne el inventario de aquellas pequeñas embarcaciones que casi nunca se alejan de las aguas de la ría.
Ahora es el turno del Dundrum Bay, la réplica de un carguero “de la vieja escuela”, que convoca la historia de los whitenses que se subieron a él para recorrer el mundo cuando la navegación comercial podía ser también una aventura: la del “Chapa” Orzali, con barba y turbante, rezándole a la salida del sol en un cabaret de El Callao; la de “Pastilla” Rodríguez, “Pechito” Mancinelli, “Pinda” Siepe y el ururguayo “Kukú”, perseguidos por la policía de Los Angeles. “Otros tiempos de estadía en puerto, otras condiciones de trabajo”*, apunta el propio Orzali.
¿Pero cómo es que Bocha sabe tanto de barcos? Roberto fue patrón de las chatas barreras de la Dirección Nacional de Vías Navegables, esas mismas que ustedes pueden ver cortadas en pedazos al costado del museo. “Y… en la draga se contaban estas historias… se pasaba mucho tiempo entre barcos…” dice Bocha, para dejar en claro que cada buque transporta años de experiencia vivida. Cajas de vino, tijera y plasticola, con esos elementos Bocha produce su flota. Su hacer es el de un bricoleur que emplea materiales de descarte, con una historia de uso. “Nada se tira, todo se transforma”: sobre ese principio de economía doméstica, Bocha produce el retrato de una comunidad agitada por los vaivenes de la economía mundial.
* Ver al respecto el posfacio de "Flying fish. Los viajes de Roberto Orzali", editado por el museo en 2010.
miércoles, 2 de mayo de 2012
LA BALSA DE ANGELITO
El
miércoles 28 de marzo, Nicolás Ángel Caputo, Angelito, trajo a Ferrowhite una maqueta de la balsa que él y otros buzos de la usina ‘General San Martín’, usaban para sumergirse en los canales submarinos que unen al castillo con la ría. De inmediato, la miniatura pasó a integrar la colección de artefactos documentales del museo, junto con los barcos de Roberto Conte, las locomotoras de Domingo González, los elevadores de Héctor Guerreiro, los pasajeros de Carlos Di Cicco y la estación ‘Ingeniero White’ de Ernesto Micucci.
EL PROCEDIMIENTO CAPUTO
Ocho bidones de
agua destilada, celosías viejas, precintos de plástico, fierros, clavos y
tuercas, dos portarretratos, un retazo de lona de tapicería, tres arandelas de
madera para cortinas, un cartón de 100 x 75 centímetros, siete letras soldadas,
pintura verde, celeste, blanca y roja, sogas y una bandera argentina son
algunos de los elementos que componen esta balsa maqueta.
CECI N'EST PAS UN RADEAU (ESTO NO ES UNA BALSA)
Las maquetas muestran lo que no son, esto es así. Su
función suele ser representar a escala lo que en la realidad ocupa dimensiones menos
manejables. En este caso, la maqueta de Angelito (85 x 70 x 50 centímetros) refiere
a una balsa que, si pudiera ser exhibida, ocuparía gran parte del SUM del
museo.
Una maqueta no es una balsa, y sin embargo, al ver la
maqueta es posible imaginar una balsa. A partir del modelo podemos inducir las
características de la embarcación representada: 8 tambores, 2 vigas largas que
sostienen un piso de madera, una escalera, cuatro anclas, un toldo. En un museo
taller, sin embargo, la maqueta vale además por lo que no enseña por sí misma,
pero permite articular a través del acto de su construcción. La balsa maqueta es
la excusa para ensamblar y mantener a flote una historia, la historia de la
usina General San Martín desde la perspectiva de uno de sus trabajadores.
El artefacto se une, entonces, a lo que su constructor nos cuenta: “En el trabajo de limpieza, el buzo cerraba las
compuertas desde afuera y se bajaba al canal que tiene más o menos 1,50 de
diámetro. Se ponía la compuerta en el pontón
para que entraran los electricistas que ponían una portátil... cada 20
metros una luz... entrábamos con rastrillos,
palas, y todas esas cosas para sacar el barro. Adentro de la central, estaba
una bomba que cuando nosotros arrastrábamos el barro de la limpieza del canal,
lo chupaba, como era licuado, y lo mandaba al mar. Una vez nosotros hecho el
trabajo, dos meses y pico, se limpiaba uno y después se limpiaba el otro.”
MAQUETA, ARTE Y DOCUMENTO
Sin necesidad de conocer o ver una fotografía del
objeto “original”, cualquier visitante podría decir que la maqueta presenta
algunos elementos que no se corresponden con
la balsa original, y estaría en lo cierto. Pero lejos de pasar por errores, estas incorporaciones marcan, en realidad, una intención expresa.
Al margen, en parte, de un propósito meramente mimético, la
maqueta se vuelve un objeto plástico. Angel colorea los bidones de verde y
celeste, agrega un cartón pintado que simula el fondo de la ría, incorpora dos
portarretratos (uno con su foto, el otro con una imagen de su compañero Atilio
Miglianelli), y una leyenda: “fue construida el 22 de febrero de 2012”
rematada por las palabras “Angel y Atilio”, soldadas en hierro, sobre el toldo de
la maqueta.
Es en la supuesta falta de fidelidad o precisión técnica (la
balsa no llevaba inscripto un nombre ni una fecha de construcción y no tenía
dos grandes gigantografías sobre la cubierta) en donde reside, paradójicamente,
el vínculo de este artefacto con su original. Porque la maqueta no refiere a una embarcación genérica, una “balsa para buceo”, sino todo lo contrario: se trata de
la balsa que Ángel, Atilio y el equipo de buceo utilizaban en la usina Gral.
San Martín.
La maqueta
de Angelito es plástica porque no responde a un uso y un sentido precisos, sino
a muchos a la vez. Porque sirve tanto para describir una embarcación, como para
explicar un trabajo, contar anécdotas, recordar a los compañeros…
MI AMIGO SUBMARINO
Para Ángel, la maqueta materializa su experiencia de trabajo, pero también una parte de su historia personal. De modo que podríamos decir que Angelito la compuso al tiempo que compuso un relato en el que trayectoria laboral y vital van de la mano. Veamos cómo.
Angel decidió
comenzar a construir esta maqueta el 22 de febrero de 2012, día en que cumplió
cincuenta años de casado. La balsa se llama “Angel y Atilio” en clara
referencia a la dupla de buceo que Atilio
Miglianelli y él conformaron durante casi treinta años. Sobre la cubierta, dos
fotos que los muestran en traje de buceo, dan testimonio de las tareas que
realizaban. Pero la foto de Atilio no está en la maqueta para acreditar el
trabajo compartido, sino también para homenajear a quien fue su amigo desde la
infancia. Por eso Angelito se alegra al notar lo que hizo de casualidad: dejar
el portarretrato que tiene un detalle en color negro para la foto de Atilio, ya
que a su amigo le gustaba del sol y estar siempre bronceado.
En principio, la operación de construir la maqueta se asemeja al procedimiento utilizado para armar la balsa original. Ángel ajustó lo que tenía a los
requerimientos de la tarea: recicló viejas celosías, retazos de tela de
tapicería y un pedazo de madera de su casa como antes se reutilizaban los tambores
de combustible o se calculaba la distancia conveniente entre unos y otros, según la longitud del
tirante que conseguían.
En el
gesto del rebusque, la maqueta de Ángel dialoga no sólo con la balsa que intenta
representar, sino también con las locomotoras de “Patucho” González, el
portacontenedores de “Bocha” Conte o la estación de “Pupi” Micucci, artefactos de
su misma especie. Pero la maqueta de Ángel se diferencia de las otras por una
cosa. No se trata solamente de una maqueta que documenta algo del pasado.
Es, al mismo tiempo, el prototipo de una balsa que Angel se propone construir junto a nosotros, acá en el museo, para acompañar a “La Celestina” en el zanjón de la usina. Una balsa que, promete Angelito, sería la carroza ideal para pasear a las reinas del Camarón y el langostino y del Humedal en los próximos festejos de carnaval, o el escenario perfecto en el que cualquiera de las bandas de Rock in Ría podría tocar, con batería y todo.
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lunes, 25 de julio de 2011
LA FÁBRICA DE CIUDADES
jueves, 21 de julio de 2011
PIBES URBANISTAS
¿Ya fuiste al shopping, ya sacaste a pasear al perro, ya diste mil vueltas con la bici, ya jugaste a la pelota, a la “Play”, al ludo, al “Counter”, a la perinola, a la “Wii”? Qué tal si ahora fundamos una ciudad. En Ferrowhite estamos fabricando los ladrillos de una metrópoli que solamente entre todos podemos construir. Bahía cambia a toda velocidad y en el museo tratamos de entender cómo. ¿Nos ayudás?
La fábrica de ciudades. Taller de urbanismo para chicos.
Domingo 24, desde las 15 hs.
domingo, 14 de noviembre de 2010
DE PUNTA A PUNTA
Pamela Alarcón, con Nicolás Herrero, Lucas Leiva, Daiana Serrano, MIcaela Torres y Santiago Posniak
(¿quién es el que falta?)
- De una punta de la ciudad a la otra punta en el puerto, para entender cómo funcionó y cómo funciona (aunque esos talleres ya estén cerrados) el modelo agroexportador;
- de ese relato "glorioso" de la expansión del ferrocarril a una visión crítica de las tensiones que esa expansión trajo consigo; - de los recorridos - casi arqueológicos - por los edificios en ruinas a las discusiones en clase para pensar qué puede pasar en esas tierras, y con ese barrio y qué se puede hacer para que sea algo para todos.
Vinieron hasta Ferrowhite para volver a recorrer su barrio (el Noroeste), lo que queda de Talleres Bahía Blanca, las manzanas alrededor de su colegio (La Piedad) o de su pueblo (como los chicos de Cerri, por ejemplo) cada grupo con sus cámaras, sus planos y sus anotaciones y el viernes 12 de noviembre, los chicos de las cuatro divisiones de tercer año presentaron sus trabajos referidos a la historia del ferrocarril en la Expocole: fotografías y videos, maquetas, objetos encontrados, láminas y posters con datos históricos, reflexiones y propuestas.
Que un grupo de adolescentes de 15 años haga una maqueta de Talleres Bahia Blanca con cajitas de cartón, papel crepe y escarbadientes tiene también algo de operación de salvataje: la maqueta dificilmente sobreviva la limpieza de fin de año pero ellos, que conversaron con algunas de las personas que trabajaron ahí, recorrieron, sacaron fotos, armaron, imprimieron y montaron se vuelven depositarios del recuerdo de algo que fue fundamental en la constitución de su barrio, de su escuela, de la vida de la mayor parte de sus vecinos y de lo que, en poco tiempo, y con los vientos que soplan, no va a quedar nada en pie.
miércoles, 28 de octubre de 2009
EL PASADO COMO CONSTRUCCIÓN
El 1 de octubre de 1932 comenzaba a funcionar la usina General San Martín, o como la mayoría de los bahienses la conoce, “el Castillo” del puerto. Para celebrarlo, Ferrowhite presenta el próximo sábado a las 18 hs. una réplica (escala 1/100) de este monumental edificio, construida por nuestro amigo y colaborador Héctor Guerreiro.
Desde hace algún tiempo, el museo exhibe, junto a llaves, martillos y tenazas, artefactos que no provienen del pasado ferroportuario, sino que han sido producidos por los propios trabajadores para vincular ese pasado al presente. Esta maqueta continúa esa serie, bajo la idea de que en un museo taller el relato de la historia se convierte también en un acto constructivo. El armado de un castillo en miniatura apunta a tratar de entender cómo funcionaba la usina, al tiempo que nos invita a pensar en su recuperación y futuros usos.
Y decimos “réplica” solo por costumbre. A pesar del cuidado puesto en tantos detalles, esta maqueta no es una reproducción exacta de la realidad. El castillo de Héctor, a diferencia del original, se encuentra sano y estaría en condiciones de ser utilizado si los que transitamos este puerto midiéramos nuestra estatura en milímetros (pero ¿No nos ven así de chiquitos quienes planifican los destinos de este lugar?). Antes que una muestra de lo que ese edificio fue alguna vez, la maqueta de la usina representa un llamado a la acción: nos recuerda, a 77 años de su inauguración, qué castillo queremos.
Desde hace algún tiempo, el museo exhibe, junto a llaves, martillos y tenazas, artefactos que no provienen del pasado ferroportuario, sino que han sido producidos por los propios trabajadores para vincular ese pasado al presente. Esta maqueta continúa esa serie, bajo la idea de que en un museo taller el relato de la historia se convierte también en un acto constructivo. El armado de un castillo en miniatura apunta a tratar de entender cómo funcionaba la usina, al tiempo que nos invita a pensar en su recuperación y futuros usos.
Y decimos “réplica” solo por costumbre. A pesar del cuidado puesto en tantos detalles, esta maqueta no es una reproducción exacta de la realidad. El castillo de Héctor, a diferencia del original, se encuentra sano y estaría en condiciones de ser utilizado si los que transitamos este puerto midiéramos nuestra estatura en milímetros (pero ¿No nos ven así de chiquitos quienes planifican los destinos de este lugar?). Antes que una muestra de lo que ese edificio fue alguna vez, la maqueta de la usina representa un llamado a la acción: nos recuerda, a 77 años de su inauguración, qué castillo queremos.
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