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viernes, 30 de diciembre de 2011

PELUQUERÍA Y DEBATE: LA REVOLUCIÓN PERMANENTE

Antes de que el último brindis nuble por completo nuestra memoria y buen juicio, digamos algo sobre una actividad que nos mantuvo al trote a lo largo del año que termina. A menudo las obsesiones combinadas de este equipo de trabajo resultan en preguntas tan rebuscadas que a cualquier desprevenido le sonarían absurdas, pero que en este museo no vale no tomarse en serio, al menos hasta intentar una respuesta. La que nos atormentaba allá por marzo puede enunciarse más o menos así: Si Ferrowhite, los objetos que almacena, el espacio que ocupa, las historias que relata, nos hablan primeramente de un mundo hoy desecho, ¿cómo hacer para, a partir de lo que ya no existe, comprender lo que vino luego, lo que hoy pasa, y además, cómo hacerlo sin que el mundo del taller, del trabajo en el ferropuerto se nos presente como un dominio autónomo, divorciado de las calles y los hogares de este pueblo, es decir, cómo asociar, al mismo tiempo, el espacio público al privado, las tareas masculinas a las femeninas, las herramientas a los útiles domésticos, y por sobre todo, cómo hacerlo de manera de combinar, en dosis justas, acción y representación, relato y análisis, brazo y cerebro, ceño fruncido y sonrisa? Respuesta: ¿Y si ponemos una peluquería?


LA GRAN TRANSFORMACIÓN

En poco más de 10 años, en el lapso, si se quiere breve, que va de principios de la década del 90 al comienzo del nuevo siglo, Ingeniero White cambió y mucho. Cambió el ferrocarril, cambiaron el puerto y sus industrias, y como consecuencia de ello, también la vida de quienes habitamos este lugar.

Es frecuente asociar aquellos años, y este museo ha colaborado para ello, con la destrucción de todo un sistema productivo: reducción de los ferrocarriles, reestructuración del puerto, desguace de la usina, despido de miles de trabajadores, fin del Estado social y empresario... pero menos habitual resulta entender que la destrucción de aquel mundo implicaba, al mismo tiempo, la construcción de otro. Uno en el que la relación entre capital y trabajo, entre industria, población y medio ambiente, sufría una transformación drástica, al ritmo de mutaciones que excedían por mucho los límites de la localidad, de la región, del país, para poner en juego aquí mismo, a la vuelta de la esquina, nuevas dinámicas de alcance global que están en la base de nuestra realidad presente.

Ese vasto cambio de época que a vuelo de pájaro solemos caracterizar haciendo referencia al fin del Estado de bienestar, a la crisis de la sociedad del trabajo, a la inserción creciente de la ciencia y la técnica en los procesos productivos, a la mundialización de los flujos comerciales y financieros, tuvo en Ingeniero White hitos precisos: disolución de la Junta Nacional de Granos (1992), privatización del Ferrocarril Nacional General Roca (1991), reorganización del puerto como un ente autónomo (1992/3), privatización y ampliación del complejo petroquímico (1995/2000), radicación de empresas agroexportadoras de origen transnacional.*

De la reconfiguración de aquel viejo orden derivaron nuevas formas de riqueza y de miseria, nuevas maneras de repartir los beneficios y los costos derivados de la actividad económica en la zona. Pero también nuevos conflictos y nuevos modos de responder a ellos, en este nuevo siglo, por parte de las empresas y del Estado.** La ampliación del polo petroquímico insumió, durante la segunda mitad de la década del ́90, una inversión global de alrededor de 2.000.000.000 de dólares. Semejante cifra no fue destinada, sin embargo, al financiamiento exclusivo de edificios, equipos, insumos y sueldos. En ese montón de plata hay que contar, además, los costos derivados de la puesta en marcha de un dispositivo que no existía con anterioridad a la privatización de estas empresas. Un artefacto complejo, hecho de articulaciones múltiples, en ocasiones sutiles, que tiene por función ya no la producción de polietileno, urea o soda caústica, sino de palabras, imágenes y acciones coordinadas en el campo de los medios, de la cultura, de la sociedad civil, sin las cuales el normal desenvolvimiento de la primera producción se vería seguramente dificultado.

Por cierto “vecinos”, “comunidad”, “organización”, no son solo palabras clave para nuestros museos estatales. Enseñando a conducir, a tirar la basura, a plantar árboles, “acercando la cultura a la gente”, o financiando la obra pública, las empresas se convierten en fábricas de civilidad. Factorías del lazo social destinadas a desactivar, o al menor a acotar, el descontento social que su propia actividad material genera. Un resultado no menor de dicha actividad es la percepción mayoritaria del presente modelo productivo como un “dato duro” de la realidad. Es decir, una parte de nuestra naturaleza y destino, algo que ni siquiera nos sería dado pensar en modificar. El espejo de la peluquería nos devuelve nuestra imagen en medio de este paisaje. Sobre ella comienzan a hacer su trabajo el peine, la tijera y las ganas de conversar.

En lo que sigue, Emilce Heredia Chaz nos propone un repaso y algunas reflexiones en torno a lo leído y lo conversado antes, durante y después de cada encuentro de “Cambiá la cabeza. Peluquería y debate.”, ciclo que no sirvió, claro, para resolver el interrogante que nos planteábamos al principio, pero sí para compartirlo con un montón de gente que, creánlo o no, luego de participar de este experimento todavía nos saluda cuando la cruzamos por la calle.

Ahora, levanten sus copas y hagan click con nosotros sobre La revolución permanente.

* "En términos de relaciones económicas, la globalización planteó una nueva división internacional del trabajo que acentuó aún más las asimetrías entre los países centrales y periféricos. Así, se trata de una tendencia de los países del norte a desplazar fuera de sus fronteras las primeras fases de la actividad extractiva que abarca incluso las primeras etapas de los procesos, privilegiando el medio ambiente local pero a costa de un mayor deterioro del medio ambiente global, y particularmente de los países del sur cuyos territorios son utilizados como fuente de recursos y sumidero de residuos (Naredo, 56). 
   

En consecuencia, la actual etapa expresa una demanda cada vez mayor de los países desarrollados hacia los países dependientes, en términos de materias primas o de bienes de consumo, lo cual aparece reflejado en la consolidación de una matriz productiva de corte extractivista, basada en la sobre-explotación de recursos naturales y en la expansión de las fronteras hacia territorios antes considerados como 'improductivos': la megaminería a cielo abierto, la privatización de tierras, la construcción de grandes represas, el boom de los agro-negocios basados en los transgénicos y la siembra directa, los proyectos de infraestructura previstos por el IIRSA y los llamados  biocombustibles, ilustran a cabalidad esta nueva división territorial y global del trabajo entre el Norte y el Sur en el contexto del capitalismo actual, que repercute en una “desigual distribución de los conflictos ecológicos” (Martínez Alier: 2004) y territoriales. (…)  


Lejos de cualquier linealidad, este escenario va instalando a los diferentes gobiernos latinoamericanos, y muy particularmente a aquellos que se consideran de centro izquierda y de izquierda, frente a nuevas tensiones y conflictos, por no decir verdaderos dilemas y contradicciones visibles en la colisión incipiente entre, por un lado, las luchas por la defensa de la tierra y el territorio, en nombre de los “bienes comunes”; y por otro lado, el afianzamiento de matrices productivas, orientadas al mercado externo, en nombre de un discurso neodesarrollista, con base extractivista."  


Svampa, Maristella y Sola Alvarez, Marian "Modelo minero, resistencias sociales y estilos de desarrollo: los marcos de la discusión en la Argentina", disponible en ...

** Una mirada acerca de la relación, a lo largo de la última década, entre la actividad económica "neoextractivista" y los gobiernos progresistas en Sudamérica en Gudynas, 2009

jueves, 24 de noviembre de 2011

RIESGO CIUDAD



A pocos minutos de que vuelva a escucharse en este puerto, como cada jueves, la “sirena comunitaria”, dejamos por acá algunas imágenes de lo que pasó en Ferrowhite el sábado durante el último encuentro del año de “Cambiá la cabeza”, sesión de peluquería y debate que estuvo dedicada, esta vez, a indagar en la noción de “riesgo” y sus muy variadas definiciones, de acuerdo, en principio, con el lugar territorial, económico, social desde el que cada uno alza su voz.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA PELUQUERÍA, OFICIO DE RIESGO


En Ferrowhite le ponemos moño al ciclo que trenzó peluquería y debate. En el último encuentro del año, la charla vuelve sobre sí misma, y nos preguntamos por el sentido de muchas palabras que damos por supuestas en cada discusión. Términos que creíamos que querían decir una cosa y, situados en contexto, dicen otra. Si por un tiempo la Real Academia mudara sus gabinetes a la vera de esta ría, ¿Qué vocablos y definiciones debería incluir, sí o sí, un Diccionario Escolar White/Bahía 2012? Nuestro glosario experimental comienza este sábado con la "r" de "riesgo". ¿Cómo y quién define qué es un riesgo?

jueves, 22 de septiembre de 2011

RADICAL CHIC



Acá en Ferrowhite, en este museo en el que lo combativo jamás quita lo coqueto, 2011 quizás sea recordado como el año en el que nos dimos el gusto de abrir una peluquería. Este domingo vino a plantarse frente a nuestro espejo Monserrat Gayone. Tata, como la conocen quienes saben de su experiencia como docente y militante, puso a discusión sus puntos de vista sobre las transformaciones de la educación pública en las últimas décadas, mientras su amiga Titi Sedrani metía tijera entre sus rulos, llevaba a fondo un ajuste capilar que más de uno habrá juzgado de neto corte neoliberal.


Para repasar, repensar y, claro, también poner en cuestión, estos fueron algunos de los planteos con los que inició la charla:


1° No se puede entender la educación como un problema separado, la educación está necesariamente ligada a un proyecto de país.
2° Si bien los golpes militares, el del ’76 en particular, avanzaron sobre algunos aspectos hasta entonces en cierta medida inconmovibles del modelo de la escuela pública sarmientina, el gran cambio en la educación pública sucedió, paradójicamente, en democracia, durante la década del ´90.
3° En aquellos años, la reforma educativa fue parte de la reforma del Estado. Lo que quebró la Ley Federal de Educación, y no subsanó la nueva ley de educación del 2006, fue lo que Tata llama la "principalidad del Estado".
4° La nueva ley de educación dice que "todos" educamos. Suena lindo, pero esta idea conlleva un riesgo: si todo el mundo educa en la escuela, las empresas y sus ONGs satélites también, y nada nos asegura que no lo hagan en función de sus intereses particulares.
5° Los cambios en la educación fueron impuestos, pero hubo (¿hay?) resistencia: 1988, 1994 y 2001 representaron tres importantes momentos de lucha docente.
6° La incorporación de computadoras es bienvenida, pero no reemplaza un proyecto educativo nacional (¡epa!).

Un permanente olor a permanente
Pero como no solo de enunciados generales se ocupa la cabeza de una maestra, como todas estas cuestiones derivan de, y a la vez tienen consecuencias sobre, la realidad inmediata, Tata también trajo consigo un montón de carpetas llenas de actas, informes, recortes de diario y notas de reclamo acumuladas a lo largo de sus años de trabajo en Loma Paraguaya y el Bajo Rondeau. Papeles que documentan la pelea cotidiana de muchos docentes de la periferia. Hablando "de peluquería", Tata nos mostró las repetidas actas de denuncia por el “el permanente olor a permanente” con el que una empresa cercana a la Escuela 70 inunda cada tanto el aire de la Loma. También nos enseñó el mapa elevado a las autoridades desde la Escuela Especial 510, ubicada en Roca y Pacífico, para pedir la incorporación de este establecimiento dentro del área de cobertura del Proceso Apell, porque “en la Avenida Colón no hay un gran vidrio que impida que las cosas pasen para el otro lado”.




Del espejo al pizarrón
Un bocinazo de locomotora ofició de categórico timbre para convertir el salón de belleza en salón de actos. Cambiamos el espejo por un pizarrón, la tijera se transformó en tiza, corrimos a un costado el sillón de la peluquera y empezó a circular el mate. Listo: jornada de perfeccionamiento docente ¡un domingo!. Ahí nomás Adriana, nuestra hiperflexibilizada asistente de peluquería devenida secretaria de dirección, repartió entre los presentes una pila de material didáctico a fin de evaluar en común las ventajas y desventajas de su aplicación en el aula. ¿Qué distingue a estos materiales? Que todos fueron financiados, y en muchos casos diseñados, por empresas y organismos del complejo industrial radicado en la zona.

Natalia Burgardt, profe brava si las hay, expuso sus correcciones al cuadernillo "Disolución y Contaminación". Con birome roja, Nati apuntó sus dudas y precauciones a la hora de trabajar con este texto en la clase de química: descontextualización de los ejercicios propuestos (¿Los procesos químicos suceden en el éter?), relegamiento de la problemática de la contaminación a la última hoja de una publicación extensa (más que "Disolución y Contaminación", "Disolución -discursiva- de la Contaminación"), planteamiento parcial del problema del agua (¿Por qué se propone tirar el agua cuando técnicamente es posible reutilizarla?).

Rico el mate, ricas las galletitas, rica la reflexión cuando la palabra se toma y da. Y ahora, ¿Cómo sigue? ¿Qué podemos hacer? Así, entre acuerdo y disenso, se fue yendo la tarde. Y ya con el sol cayendo por el borde del espejo, como recién desembarcados de un bulk carrier jamaiquino, llegaron para imponer el recreo los chicos de la Reggae Bong:

Rebelión, Rebelión,
en la chacra
rebelión...


El día que arrancamos agitando la cabeza, lo terminamos moviendo la patita.

viernes, 16 de septiembre de 2011

TIJERA Y TIZA

Este domingo tiene turno en la peluquería del museo Monserrat “Tata” Gayone, quien compartirá con nosotros su experiencia como docente, militante y delegada del SUTEBA.   
   
   

Tata trabajó en la Escuela 21 del Bulevar y en la Escuela 70 de Loma Paraguaya, barrio en el que vivió durante 20 años. Actualmente es maestra de la Escuela especial 510, ubicada “al otro lado de la Avenida Colón”, en Roca y Pacífico.

Pero Tata no quiere limitar su participación en la peluquería al relato de una serie de anécdotas personales. Su fe docente y su razón militante la llevan a intentar poner las cosas en contexto:

“Así como el museo presenta lo que fue el trabajo ferroviario en el tiempo, para hablar de educación me parece que de alguna manera hay que dar como un pantallazo… con un formato teatral o lo que quieran… Yo hablaré como pueda, pero de lo que era el país y el modelo de país y de lo que es la educación, de esa relación; reforma educativa y reforma del Estado, que no son cosas distintas.”

La tesis a discutir, a contrastar con el presente y la realidad inmediata, sería esta: en Argentina, la instrumentación de la reforma educativa en la década de los ´90 coincidió con la aplicación de un nuevo modelo económico. Del mismo modo en que se modificaron el sistema productivo y las formas de organización del trabajo, se transformó la educación: privatización de lo público, descentralización de responsabilidades, repliegue del Estado y mayor intervención privada, precarización laboral, injerencia de organismos internacionales... Incluso, por esos tiempos, la educación se comenzó a definir a través de un conjunto de términos economicistas como calidad educativa, financiamiento, gestión, oferta educativa.  

¿Cómo eran las cosas antes? ¿Cambió el panorama a partir de la debacle del 2001? ¿Qué tienen que ver con este “cambio de paradigma” la actual instrumentación en las escuelas públicas de programas educativos fomentados, y en muchos casos también diseñados, por empresas transnacionales como Solvay, Dow, Vale u organismos como el Consorcio de Gestión del Puerto, la Bolsa de Cereales o la AIQBB?

A propósito, nuestra amiga Natalia Burgardt, la “profe de química”, se llevó para corregir, y ojo que es severa, la tarea de esos adorables charletas que diseñan algunos de los materiales con los que se trabaja en las escuelas de la ciudad. El domingo, las notas en rojo.  

Y si después de todo esto, cuando faltan 5 minutos para el próximo recreo, alguien distraído todavía se pregunta qué tiene que ver el trabajo ferroviario con el oficio de maestro, Tata dispara:

“Seguramente que trabajamos en las escuelas parecido a FerroExpreso Pampeano, con el toyotismo (…);  la descentralización educativa es como el toyotismo.”

miércoles, 14 de septiembre de 2011

TATA & TITI



Vení a cortarte el pelo en el museo y a conversar sobre los temas que preocupan a todo aquel que asoma su testa por las calles de White. En la peluquería de septiembre le pasamos el peine fino a un asunto enredado: la relación entre las escuelas, sus currículas y el presente de la localidad. Se sienta en el sillón de nuestra peluquera Titi Sedrani, la docente y militante Monserrat "Tata" Gayone. Despliega láminas y agita el puntero Natalia Burgardt. Recreo musical con los chicos de la Reggae Bong.

jueves, 30 de junio de 2011

LA PELUQUERÍA COMO SITIO DE DESCONFINAMIENTO

El domingo pasado volvió a abrir nuestra peluquería. Una peluquería de barrio, aunque no de cualquier barrio, dijimos, sino de uno en el que materiales como el pvc, la urea y la soda caústica se producen por miles de toneladas a pocos metros de casa. Al sillón de Titi Sedrani vino a sentarse Braulio Laurencena, ingeniero químico con posgrado en Berkeley, ex docente de la UNS y responsable de Medio Ambiente de la Municipalidad durante los escapes (de cloro, en un caso, de amoníaco, en el otro), acaecidos en las plantas de Solvay y Profertil durante el año 2000. Alrededor, fueron arrimando vecinos y visitantes con ganas de preguntar por lo que pasó entonces, por lo que puede pasar y lo que se hace para que no, pero también de conversar sobre el día a día de la relación entre industria y comunidad.




¿Qué hay en el humo que vemos salir por las chimeneas? ¿Cuáles fueron las negligencias que desencadenaron los famosos escapes del año 2000? ¿A qué distancia de la población tendrían que estar instalados "vecinos" de semejantes dimensiones? ¿Cuál es la vida útil de una planta que funciona las 24 horas del día y trabaja con elementos químicos que la van agrediendo? Estos fueron algunos de los interrogantes planteados por los participantes del encuentro a los que Braulio, desde su saber especializado, intentó ir dando respuesta. Pero quedó claro que a la hora de hablar estos temas la voz del "técnico" no es la única a tener en cuenta.

Porque si de dar cátedra se trata, los chicos y chicas de El futuro contra la contaminación y Cuidemos el futuro & el de nuestra comunidad demostraron que también tienen mucho para compartir. A través de sus láminas, pudimos aprehender el esquema productivo de las empresas como un proceso en el cual ya no sólo se produce urea, PVC y polietileno. En su planteo, el funcionamiento de cada empresa rompe el cerco perimetral, produciendo un montón de cosas que están presentes en la vida de todos.





viernes, 24 de junio de 2011

PELO & POLO


Mientras corremos sillas, corremos a comprar café, recibimos al representante de Lule, lo convencemos de que el domingo se siente a cortarse el pelo y buscamos la manera de transformar el espejo de la peluquería en una pantalla de proyección, Pedro se arrima y nos cuenta

jueves, 23 de junio de 2011

PELUQUERÍA DE BARRIO (¡PERO QUÉ BARRIO!)

Este domingo volvemos a abrir nuestra peluquería. Una peluquería de barrio, aunque no de cualquier barrio, sino de uno en el que materiales como el pvc, la urea y la soda caústica se producen por miles de toneladas a pocos metros de casa.

No es extraño que la fabricación de estos productos nos sea presentada en esquemas como el que acá ven:




En este planteo, hay un conjunto de materias primas -gas, agua, energía eléctrica, sal, aire…-, y hay diversas tecnologías que los procesan -hornos, calderas, compresores, reactores, saturadores, clarificadores, filtros, catalizadores, antorchas, torres de enfriamiento…-, para obtener por fin un producto -etano, polietileno, pvc, urea…-. Todo eso hay pero, al parecer, nada alrededor. Desde tal punto de vista, el funcionamiento de cada empresa se encontraría perfectamente circunscripto al interior de sus cercos perimetrales. ¿Pero cómo se ve la cosa del otro lado del alambre? ¿Qué implica tener a un puerto industrial como vecino?


Junto a las chicas y chicos de “El futuro contra la contaminación” y “Cuidemos el futuro & el de nuestra comunidad” empezamos a situar estos procesos en el lugar en el que se desarrollan, ubicando personas e instituciones, acciones y conflictos, y los programas de intervención de las compañías en la propia vida de la localidad. Sobre lo que ellos escribieron, colorearon y dibujaron, nos sentaremos a charlar este domingo.

martes, 24 de mayo de 2011

MOVIENDO LAS CABEZAS



Algunas impresiones, escoba en mano, acerca de lo que pasó por acá durante la Noche de los Museos:

1) El olor a sopa va a tardar días en disiparse y hay pelos por todos lados. Esto fue un éxito.

2) La luz de la mañana vuelve más nítida la siguiente sospecha: un museo taller conserva mejor lo que es capaz de transformar. Mirando la enorme tenaza de herrería que abre la muestra de Ferrowhite, uno de los tantos chicos que llegó hasta acá el sábado le preguntó a su mamá quién era el que usaba semejante pinza para depilar. Pero es factible que la asociación funcionara también en sentido opuesto. Quizás a esa madre le haya resultado difícil atravesar nuestra peluquería sin relacionar por un momento el ingrato deber femenino del depilado con la labor rigurosa del herrero.

3) Sin espejo no hay peluquería. El resto del mobiliario puede variar. En lugar del sillón podemos poner una silla. Resultará sin duda menos cómoda pero, a fin de cuentas, nos va a servir igual. Incluso las herramientas del peluquero son permutables. La emblemática tijera, por ejemplo, tiene un suplente venerable en la navaja y otro, más reciente, en la máquina de rasurar. El espejo, en cambio, es imprescindible. No sólo porque precisamos de él para inspeccionar al milímetro lo que le hacen a nuestra cabeza, además, y esto es más difícil de poner en palabras, porque a través suyo nos miramos, y miramos a los otros, y les hablamos, de otro modo. No necesariamente mejor, distinto. En la pista de ese corrimiento sutil (y a la vez, abismal) andamos.

4) El de la peluquería del museo es un espejo en el que muchos se miran a la vez.

miércoles, 18 de mayo de 2011

SIN PELOS EN LA LENGUA

El sábado 21 de mayo, durante la Noche de los Museos, en Ferrowhite inauguramos una peluquería. Sí, vas a poder cortarte el pelo en el museo, pero también hojear revistas que ya no se consiguen, enterarte de cosas que solo se cuentan al oído, y discutir sobre los temas que inquietan a esta comunidad, que es lo que se hace en toda buena peluquería de puerto.


Titi te invita a sentarte en su sillón
"CEPILLAR LA HISTORIA A CONTRAPELO"
Pero ¿Qué tiene que ver una peluquería con la historia de los trabajadores? Poco y nada si esquivamos la pregunta, ¿Qué hacen los que trabajan además de trabajar? Corto o largo, lacio o crespo, con jopo o flequillo, con raya al costado o al medio, el pelo es esa parte de nuestro cuerpo que más temprano que tarde se trenza (o enreda) a la sociedad y a la época que nos tocaron en suerte. Sobre nuestras cabezas se modela el signo de los tiempos, marcas de sumisión o de rebeldía, señas de pertenencia a un género, a una generación, a una clase.

Pero mejor que lo explique Titi Sedrani, nuestra anfitriona del próximo sábado: “La cabeza de White cambió. Cambió por afuera, pero ojo, también por adentro. Cambió el puerto y sus peluquerías cambiaron a la par”. Titi abrió la suya allá por 1982, en el local que durante décadas ocupó otro peluquero, Raimundo Morelli. “Un gran laburante de la navaja y la tijera, un tipo muy querido”, define Titi, quien además tuvo entre sus primeros clientes a otro colega célebre, José “Pepe” Lamas.

“Al principio fue muy duro, porque yo abrí directamente para caballeros y niños, y acá las peluquerías de hombres las atendían hombres. Los señores que abrían la puerta me preguntaban ¿Y el peluquero? Cuando se enteraban que el peluquero era yo, ni hasta luego me decían, pero bueno, lo que te digo, empezó a cambiar después nuestra cabeza…”

GOMINA Y PLENO EMPLEO
Tal vez el encuentro del sábado ayude a despejar un modesto enigma que apremia a los trabajadores de este museo: ¿por qué en las fotos ferroviarias de los años cincuenta y sesenta nadie o casi nadie, ni siquiera aquel que asoma la cabeza desde adentro de una fosa, sale despeinado? Junto a las cantinas, los bares y los cabarets, las peluquerías whitenses perduran en el recuerdo de calvos y canosos como un negocio próspero. Repasemos: Salvador Puglisi en la calle Belgrano, los hermanos Antonio y Américo Luciani por Avenente, sobre la misma calle los hermanos Villalba, el maquinista Juan Antonio Schbib en Mascarello y Sisco, su hermano Cesar junto a Horacio Faccini en Siches sobre mano par, sobre mano impar Severo Polio, también por Belgrano Santiago Boccanera y su yerno Raimundo Morelli, en la vereda de enfrente Betino Vitale y Antonio Villa, sobre Guillermo Torres Atanasio Dimuchicos, y casi llegando a San Martín, Manuel y José Lamas… ¿Nos olvidamos de alguien?

 “Todas peluquerías de hombres*, ¡y estaban todas llenas!”. Su número y extensa clientela no habla solo de la pertinaz coquetería de los varones que se afincaron en este arrabal ventoso, también de la cantidad de trabajadores que concentraban el ferrocarril, la Junta Nacional de Granos, el Ministerio de Obras Públicas, YPF, la pesca; y de las salidas, las fiestas, las funciones de cine, las cenas, los bailes, y otras tantas ocasiones sociales en las que un buen corte y una afeitada al ras eran requisito indispensable.



CAMBIAR LA CABEZA
A través del espejo del local que bautizó con el nombre de sus hijos (“Mari Mau”), desde ese pequeño sillón giratorio tan alejado de tronos y sitiales, Titi lleva un registro minucioso, capilar, de los cambios sucedidos en White en los últimos treinta años.

“Yo me acuerdo que mi papá, que trabajaba en la Junta, por ahí se iba al puerto a las seis de la mañana y en tiempos de cosecha no volvía hasta la una de la madrugada. Un barco podía estar dos, tres días cargando. Hoy el barco, con las máquinas que hay ahora, llega, está unas horas y se va. Esa gente que no se precisa más para la carga, esa tripulación que no baja más a puerto, tampoco se sienta en este sillón”.

Para Titi la transformación del puerto implicó una merma de clientes, al mismo tiempo que un significativo aumento de la competencia. “En los noventa, mientras muchos negocios cerraban, se abrían peluquerías, porque la gente hacía cursos rápidos y se ponía una en la casa. Yo creo que la situación general en estos últimos años se ha ido acomodando, pero lo que es acá, en White, con tanta riqueza pasando de largo frente a nuestras narices, si no nos organizamos en serio, la vamos a tener difícil.”

VAYAN SACANDO TURNO
Una peluquería –esta es la hipótesis, un poco delirante, que vamos a testear el sábado- puede llegar a funcionar como un laboratorio de narración oral, en el que la historia de una comunidad suma a sus capítulos habituales el relato con el que cada nuevo cliente resume su vida, sus puntos de vista y sus expectativas, en los 15 o 20 minutos que dura un corte. “Esto es un confesionario. Me costó mucho a mí aprender a callarme la boca, la peluquería es política, fútbol… encima yo hincha de Huracán, acá en el centro de White, rodeada de hinchas de Comercial, he perdido muchos clientes por eso, hasta que entendés que tenés que poner el oído y callarte un poco.”

Hace casi 53 años, el 1 de diciembre de 1958, 4000 ferroviarios que reclamaban el pago de una retroactividad se declararon en huelga. A pesar del vigente Plan CONINTES, a pesar del estado de sitio, y de estar “movilizados”, es decir, sujetos a disciplina militar por el gobierno de Frondizi, los ferroviarios de White, Noroeste, Maldonado y Bahía Blanca Sud se concentraron en la Plaza Rivadavia y marcharon por Avenida Alem y calle Florida hasta llegar a las mismísimas puertas del regimiento donde, ¿adivinen qué?, terminaron todos presos. Hay 4000 versiones de esta historia, pero ninguna que no coincida en este punto: cómo los sentaron a todos en la inmensa plaza de armas, con aviones de guerra sobrevolando y soldados apostados, apuntado desde los edificios más altos, y cómo los peluqueros del regimiento fueron rapando cabelleras y bigotes, hasta que, literalmente, las cuchillas de las máquinas rasuradoras se quedaron sin filo.

Mucho antes de que existieran museos con ganas de copar la noche del puerto, esta historia circuló seguramente por sus peluquerías -que según quiere la leyenda, alguna vez permanecieron abiertas hasta la madrugada-, porque una peluquería, en definitiva, es ese lugar donde se corta pelo para que la conversación no pare de crecer. 


* Para “señoras y señoritas” estaban Nelly en calle Brown, y en Brown y San Martín, la peluquería del Italiano.