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lunes, 8 de junio de 2026

LOS BOLETOS VÍA LIBRE Y VÍA CON PRECAUCIÓN

Entre marzo y mayo, un grupo de trabajadores de Ferroexpreso Pampeano S.A. realizó un curso de manejo de camionetas hi-rail en el museo1. Asistieron afiliados de la Unión Ferroviaria y operarios de vías –en la jerga ferroviaria, “los obreros catangos”, quienes desde la reestructuración de las empresas en los ’90 se ocupan del mantenimiento de las vías para el transporte de cargas–.

El maestro Néstor Ibarra recuperó el uso didáctico de la antigua mesa de señales de la escuela “Carlos Gallini” de La Fraternidad y fue más lejos y más acá en el tiempo, entre sistemas técnicos y operativos obsoletos, y otros que, por el contrario de lo que habitualmente se cree, siguen vigentes. 

La experiencia que él ha tenido en lo que es el ferrocarril

realmente la transmite a las demás personas”. 

(Juan Bautista López sobre el instructor)


EL DOCUMENTO EN LA PRUEBA

Cuando llegaron los inspectores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte y comenzaron las instancias de evaluación, Néstor me preguntó:

“¿me prestás el boleto de vía libre de un tal Arroyuelo,

y algún talonario de vía con precaución?

Los vamos a usar para la parte del oral”

Boleto de vía libre, conductor Luis Arroyuelo, Ing. White último local de Solier a BB Sud. 

4-2-1990. FW-1574.

Talonario VLP del tráfico estaciones La vitícola. 1981-1983. FW-2187.

Cuando el personal no contaba con aparatos de bloqueo porque se encontraban “descompuestos” o porque se había extraviado el bastón piloto, se entregaba este tipo de certificado. Los “VL” aseguraban la ocupación de las secciones y el maquinista o conductor estaba habilitado para circular. Y las “VP”, para notificar límites de velocidad en determinados lugares. 

Cuando había que disminuir la marcha,

ya sea por alguna precaución u anomalía, se daba esa boleta,

consignándose en ella lo que ocurría”. (Gabriel Vergara)

Esta autorización se daba, por ejemplo, hasta la estación “X”, aclarando motivos y advertencias: “incomunicaciones con líneas”, “estaciones intermedias clausuradas”, “cuadrillas trabajando por descarrilo de tren”, “obedecer señales de mano”. 


TRES OBREROS DE VÍAS

Al inicio de esta sección, del primer momento de la construcción del ferropuerto, vuelve la historia de Geniele Giretti y las cuadrillas firmes del B.B.N.O. que se desplazaban a caballo y excavaban y hacían zanjas: 

trabajábamos en el ferrocarril, y quien ha estado en América lo puede decir,

                      se duerme en carpa, verano e invierno, donde el viento sopla y la lluvia pasa”2.


Otro catango de Vías y Obras entre 1963 y 1970, Oscar Rodríguez, nos comentó en una oportunidad:

en los días de mucho frío, las cuadrillas hacían paradas para prender un fuego y calentarse, 

a veces incluso se quedaban sin agua, es que el capataz no era humano, 

era como un mecánico, sólo quería el trabajo terminado”3.

 

Los conductores de las hi-rail como Juan Bautista López, Gabriel Vergara y Ariel Schppert4 son parte de una red que se remonta a las experiencias de Giretti y de Rodríguez de Ferrocarriles Argentinos, construida por sus pares en distintas etapas de crecimiento. Ellos estudian la lógica de sus sistemas. Trabajan en cuidar lo que subsistió. Al parecer, algunos sacrificios son comunes a lo largo de esta genealogía: estén haciendo 5° bajo 0 o 37° de calor, no hay excusas para salir a remplazar durmientes viejos o rieles en mal estado. Van todos por el mismo ramal. 


DOCUMENTOS QUE SIGUEN ENSEÑANDO 

Tanto para Néstor como para los integrantes de la mesa, quienes se encuentran trabajando en el ferrocarril “deben” conocer “su historia” y comprenderlo en su “gran magnitud”, sus bases y detalles, previos a la privatización de la empresa estatal. Tal vez ese objetivo pedagógico los llevó a hacerles varias preguntas sobre el contenido del R.I.T.O. del año '58: el reglamento de Ferrocarriles Argentinos y sinónimo de Constitución (sí, con C mayúscula) entre los trabajadores del riel. 

Y ahora con todo esto que he aprendido acá, me ha intrigado más el ferrocarril,

fue bueno saber cómo trabajaban y las cosas que se han perdido.

Pero siguen en vigencia, ¿no?”. (Ariel Schepper)

Que estas boletas de circulación se hayan usado en el curso de manejo, supuso de algún modo recuperar la raíz común de las palabras ‘documento’ y ‘docencia’. Dice Inés Dussel: “docere significaba mostrar y también, dejar una marca o seña. Con el paso del tiempo el documento fue acentuando su carácter de evidencia, de acontecimiento que se quiere dejar asentado. Dejar huella o producir un efecto duradero es probablemente una de las mejores definiciones de la tarea pedagógica5. “El archivo”, el lugar en dónde se inscriben las huellas del pasado, con historias siempre incompletas y en dónde se intentan ordenar fragmentos supervivientes, aquí también puede formularse preguntas enraizadas en experiencias actuales. En las de los obreros que hoy trabajan en la vía. 


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Referencias:

1. La empresa concesionaria conecta a los puertos del complejo San Martín-Rosario con Bahía Blanca por medio de dos líneas troncales y varios ramales, y presta servicios a acopiadores y explotadores de cereales. En los últimos años, esta sección ha reemplazado las zorritas a motor por camionetas que tienen añadido un dispositivo de ruedas férreas.

2. Las Libretas de Geniale Giretti (1905-1907). Editor: Ferrowhite museo- taller. 2008 

3. Archivo oral Ferrowhite, 16/10/2016

4. De las localidades de Coronel Granada (provincia de Buenos Aires), Carmen (Santa Fe) de Catriola (La Pampa). Entrevistas realizadas por Julieta Ortiz de Rosas. Archivo Ferrowhite, 5/5/26 y 7/5/26. 

5. DUSSEL, I. (2024) La explosión de los archivos en las sociedades contemporáneas. Clase 6. DS- GIUPAED - CH 4. FLACSO.

viernes, 24 de octubre de 2025

GUARDAHILOS

Meses atrás, Luca Dilda y Sofía Gómez se acercaron al museo con el propósito de donar una serie de carpetas y papeles que había sido reunida por el abuelo paterno de Luca, Alfredo, durante su actividad laboral en el ferrocarril.

La misma mañana rastreamos el nombre del abuelo ferroviario en la base de personal del archivo y, con entusiasmo, descubrimos que Ana lo había ingresado en 2018 como ‘CONTROL BBNO AYUDANTE TELEGRAFO 1957’. 

Luca nos contó que no conoció a su abuelo, quien falleció en 1981. Aunque podemos pensar que sí, que lo hizo a través de los recuerdos de su papá Aldo: por él sabe que Alfredo nació en Cremona en 1902, que fue técnico electricista de la General Electric de Suecia y que fue, justamente, por un contrato de la misma empresa que decidió embarcarse en Génova hacia la Argentina, el 6 de junio de 1930, para trabajar en la filial de Córdoba. En unas cartas que estamos traduciendo con mi familia nos enteramos que él en realidad venía a Argentina por un año, ya tenía el pasaje de vuelta, pero decidió no volver1.

Durante todos esos años las cajas estuvieron bajo el resguardo de Aldo; faltaba que Luca se animara a dar este paso y que la experiencia laboral de su abuelo, particularmente desde la Superintendencia de Señales y Telégrafos, empezara a tramarse en una memoria colectiva.


Fotos del pasaporte que nos envió Luca hace pocos días. Se siguen reuniendo fragmentos de esta historia.


MAESTRO APRENDIZ

Entre los documentos encontramos numerosos manuales y catálogos de empresas, con fotos e ilustraciones referidos a aparatos de bloqueos y de comunicación, y sistemas de señalización. Entonces pensamos… “¡Quien puede ayudarnos a comprender parte de esto es nuestro vecino Néstor Ibarra!”: ingeniero mecánico, ferroviario en los críticos años ‘80 y ’90, y docente del “Curso de aspirante a conductor” de La Fraternidad.


Cada año, junto con sus alumnos, recorre el museo y les explica sobre reglamentos y conceptos de física, mecánica y electricidad: “el curso es un estudio introductorio al funcionamiento ferroviario y entendimiento de la locomotora”. Todo esto, sin dejar de transmitir otro conjunto de nociones sobre lo que considera “una visión general del ferrocarril, detalles que son necesarios recuperar al estar en las bases ferroviarias, previas a la privatización2.

Además, una gran cantidad de dibujos propios en papeles sueltos de distintos tamaños, se entremezclaba con estos ejemplares. La mayoría lleva la firma ‘Dilda’ o la palabra ‘Cremona’. Los grafólogos sostienen que las firmas son más que garabatos para rubricar papeles y que dicen mucho de la huella de la persona; al encontrar la firma ‘Dilda’ repetidas veces asegurarían que Alfredo o tenía mucha confianza en sí mismo o un fuerte amor por los vínculos familiares.

Un día Néstor llegó al museo para encontrarse con todos estos documentos que le habíamos comentado: “este hombre se dedicaba a la comunicación, a reparar los aparatos de comunicación. Él trabaja en telecomunicaciones; lo que debe haber sido en ese momento, el puesto el común, se le decía guardahilos, él hacía que todos esos aparatos anduvieran y esto probablemente sea de eso. Se ha hecho sus propios diagramas también3.



Completan este conjunto de documentos planos de conexiones de tendido de hilos que cruzan las vías, una libreta de diagramas sobre el funcionamiento del telégrafo, dos itinerarios de Trenes generales de FCGR, el libro Los ferrocarriles británicos en la República Argentina, la guía turística ‘Rumbo al Sud’ temporada 1946/47’, un suplemento de Electrificación de los Ferrocarriles Argentinos, una carta a la Superintendencia de Señales y Telégrafos (FCS) para solicitar la instalación de línea telefónica e/Juancho y Madariaga, planillas azules referidas a tareas en la zona de Villa Domínico y correspondencia que Alfredo Dilda recibió de la empresa General Electric el 28 de abril de 1955. 

GALGUEAR

Con Néstor, a la vez, pudimos conocer aspectos de Alfredo como electricista por fuera del ferrocarril. Encontramos dibujos de esquemas de radio y televisión; recortes de revistas sobre el funcionamiento de amplificadores; y catálogos de wincos, fonógrafos, estéreos y receptores.

Julieta: Esta carpeta dice ‘lavadoras’, se ve que también aparece el rubro de la electrónica o reparación de electrodomésticos.

Néstor: Son papeles para mirar dibujos, ¿qué le pasa a los técnicos? te interesa un tema, probablemente sea una cuestión particular o no te alcanza la guita, tenés que salir a hacer otra cosa y me las rebusco, pero lo tengo que mirar, lo conocía y sabía el tema, eso es para mí, lo que yo veo es una ampliación a otra actividad que lo obligaba a estudiar un poquito de todo esto. Mi papá también era ferroviario, y si te digo la expresión “galgueada”, ¿sabés de lo que hablo?

J. No.

N. Los galgos son perros flacos, yo creo que es eso, no tiene que ver sólo con el ámbito ferroviario, en una galgueada la pasamos mal, cuesta comer, un término de esa época4.


A través del lunfardo, recuperamos otra forma de expresar necesidades que continúan en las familias trabajadoras del país. Entre las memorias ferroviarias de Dilda e Ibarra y este presente, algunas privaciones se vivencian como algo en común. De lo que no nos privamos es de alegrarnos por haber podido conectar algunos hilos de la vida de Alfredo, por mucho tiempo guardados, con otras experiencias.

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1. Entrevista a Luca Dilda realizada por Julieta Ortiz de Rosas. Archivo Ferrowhite, 24/2/25 

2. Entrevista a Néstor Ibarra realizada por Ana Miravalles. Archivo Ferrowhite, 13/4/2016

3 y 4. Entrevista a Néstor Ibarra realizada por Julieta Ortiz de Rosas. Archivo Ferrowhite, 25/4/25


viernes, 23 de junio de 2023

VIAS, OBRAS, TORTUGAS, TRANVIAS Y POEMAS

David Sinclair, escocés, ingeniero ferroviario retirado y estudioso de la historia de los ferrocarriles en la Patagonia, estuvo en Bahía Blanca durante casi 15 días. Uno de los motivos de su viaje fue traer personalmente la medalla OBE que el gobierno británico entregó a W. H. Harding Green en 1923, y que él donó generosamente a Ferrowhite. 



    

Sin embargo, todos esos días fueron además de intenso trabajo en el museo.

Pudimos revisar y analizar buena parte de los planos, croquis y dibujos del archivo: rieles, cruzadas, cambios, señales y desvíos; edificios de estaciones, cabinas de señales y barrios de obreros (entre ellos el "barrio inglés" de Colón y Brickman); los planos de los puertos de Ing. White y Galván, y de las obras del Ferrocarril Sud sobre el arroyo Napostá)





Nos encontramos con la libreta de anotaciones del ingeniero David C. Bruce, jefe de Puerto Galvan hasta 1936, sus cálculos y croquis técnicos y también con sus notas de lectura. Recorrimos varios puntos de la ciudad rastreando las huellas de los tranvías eléctricos de la empresa BAP, visitamos el museo de la Base Naval de Puerto Belgrano, y los puentes ferroviarios de Río Colorado y Sierra de la Ventana. Y eso sirvió también para conversar sobre algunos elementos que forman parte de la colección del museo, como por ejemplo, las Tortugas Livesey:




 "Cuando se otorgó la concesión al Ferrocarril Sud para la línea a Neuquén estaba prohibido el uso    de las tortugas Livesey; tenían que usar durmientes de madera dura, que era la permitida, de    quebracho que traían desde el Chaco, así evitaban la importación de material extranjero y daban trabajo a los peones en el Chaco, cortando la madera.

¿En otros ferrocarriles se usaban las tortugas?

Sí, creo que en el Oeste y en el Central Argentino. Era común, no solamente en la Argentina sino en todas las colonias británicas por todas partes del mundo. Eran útiles porque en muchos lugares la madera no es dura, porque es comida por los insectos, en cambio el hierro no."

Cuando se otorgó la concesión al Ferrocarril Sud para la línea a Neuquén estaba prohibido el uso de las tortugas Liversey; tenían que usar durmientes de madera dura, que era la permitida, de quebracho que traían desde el Chaco, así evitaban la importación de material extranjero y daban trabajo a los peones en el Chaco, cortando la madera.

¿En otros ferrocarriles se usaban las tortugas?

Sí, creo que en el Oeste y en el Central Argentino. Era común, no solamente en la Argentina sino en todas las colonias británicas por todas partes del mundo. Eran útiles porque en muchos lugares la madera no es dura, porque es comida por los insectos, en cambio el hierro no."

lunes, 20 de marzo de 2023




En el archivo se lee con lupa y pincel. Se lee despejando la mugre, levantando una nube de polvo entre párrafo y párrafo, con un ojo puesto en el estado de conservación de los documentos y el otro en identificar quién los produjo. Se lee también revisando el conjunto, tratando de asignar a cada papel un lugar en el complejo rompecabezas articulado en guías, cajas de guarda y bases de datos.
Cada primicia del ayer es hija de la aparente monotonía de estas rutinas, que Ana Miravalles aplica por estos días a los legajos, cartas y abonos recuperados del sótano de la Estación Bahía Blanca Sud, con ayuda de Julieta Ortíz de Rosas, la colaboración voluntaria de Emiliano Randazzo y el asesoramiento experto de Julieta Ferraggine.



viernes, 14 de octubre de 2022

UN ARCHIVO ENTRE MUELLES Y RIELES





Aunque casi nunca es noticia, en el archivo siempre hay novedades. Primicias que llegan de muchos tiempos a la vez. A lo largo del último año, completamos la identificación y descripción de las unidades documentales que integran las series "Vía y Obras" y "Departamento Comercial" pertenecientes al fondo Ferrocarriles Bahía Blanca.
 
Esto representa un total de 2000 unidades documentales procesadas, para las que se produjeron 410 unidades de conservación: 7 cajas de guarda, 28 carpetas de gran tamaño, 15 estuches, 10 cajas para rollos y 357 carpetas de cartulina para legajos.

Cuando fue necesario, realizamos intervenciones sobre los soportes documentales a fin de atenuar su deterioro. Además, avanzamos en el ajuste de las herramientas de control y consulta interna, ampliando nuestras bases de datos, mejorando la rotulación de carpetas y cajas, y optimizando el uso del espacio disponible para la guarda; por último, ampliamos las guías especiales que se encuentran a disposición para la consulta en museotaller.blogspot.com

Un segundo subsidio de la Fundación Williams y la Fundación Bunge & Born ejecutado entre agosto de 2021 y julio de 2022 nos permitió comprar los materiales necesarios para la tarea, y contar nuevamente con la colaboración de Julieta Ferragine, quien ayer viajó a Buenos Aires para contar esta experiencia en el Primer Encuentro Nacional de la Red de Archivos de Empresas. Publíquese, notifíquese y archívese.

martes, 16 de marzo de 2021

SIEMPRE SE ENCUENTRA ALGO ACÁ

El archivo es un lugar, son las cosas que allí se guardan, pero también la lógica que pone en relación a ese lugar y a esas cosas entre sí y con el resto del mundo. El archivo no termina de existir sin los interrogantes que lo activan, que trazan un camino u otro entre sus estantes para dibujar no una sino muchas imágenes del pasado, todas incompletas, ninguna del todo igual a la otra. El viernes nos visitó Florencia Constantini, investigadora del Centro de Estudios Regionales del Departamento de Humanidades de la Universidad Nacional del Sud. Florencia se pregunta cómo es que se establecieron puertos en el estuario de Bahía Blanca y qué rol cumplieron el Estado, los capitales británicos y los comerciantes locales en ese proceso. En el archivo no hay respuestas pero, con algo de suerte, sí algunas pistas. "Siempre se encuentra algo acá" dice Florencia antes de partir. Y eso nos alegra el día.

(Para consultar nuestro archivo escribinos a ferrowhite@gmail.com).

lunes, 1 de marzo de 2021

¡FELIZ DÍA, FERROVIARIOS!

En la foto, trabajadores de los Talleres Bahía Blanca Noroeste, el 13 de diciembre de 1952. (Colección Miguel Cikes).

lunes, 3 de agosto de 2020

PÓNGASE LAS NARVIC!

¿De qué está hecha la colección de un museo? De cosas, claro, pero también de la curiosidad de quienes las interrogan como si en cada una se abriera la puerta a un mundo desconocido. En esta entrada al blog, Ezequiel Semo nos cuenta la historia detrás de un par de botas ferroviarias.


Hace algunos años, junto a un amigo, visitamos un taller ferroviario. No recuerdo si era Victoria, Mechita o Gambier, en La Plata. Recorriendo sus rincones y en un sector abandonado, con piletas, tipo vestuario o comedor, encontramos un par de botas. Apoyadas en un mueble, estaban muy dañadas por el intenso uso, pero con su suela amarilla y sus cañas todavía erguidas, con orgullo, resistiendo el paso del tiempo. Las mismas eran marca Narvic y en sus laterales izquierdos tenían el aplique de goma en relieve de FERROCARRILES ARGENTINOS: uno por bota. Ni lerdos ni perezosos, rescatamos los apliques que se despegaron sin casi hacer esfuerzo. Hoy me arrepiento de no haber llevado el calzado.

En el universo del uniforme ferroviario, las botas formaban parte del "equipo de lluvia" que junto a la capa azul, o al conjunto pantalón - chaqueta impermeable naranja eran provisto a cambistas, limpiacoches, auxiliares y peones de estación. Las había con punteras de acero y sin punteras.En la foto vemos a Esteban Martini, ferroviario y fundador del Museo Ferroviario Del Tuyu, como cambista en la estación Mercedes del Sarmiento, año 1985. y aunque las botas que calza no tienen los apliques de FA, nos permiten ilustrar muy bien a este calzado en su ámbito de trabajo: los durmientes, el aceite, el balasto, los coches y vagones. He visto otras marcas además de las Narvic y hasta algunas sin logo del fabricante pero con sello de Raies S.A., una empresa pergaminense proveedora de uniformes.


Para concluir, en el año 2015 investigando en la colección de uniformes del archivo de Ferrowhite, encontré un saco de gabardina verde, de maquinista, el cual en su bolsillo del pecho llevaba pegado un aplique de los que vemos en la foto! Sí, el usuario, le pegó un aplique de bota a un saco! De este "encuentro calzado", es que mi amigo me cantó una canción que seguro pertenecía a la publicidad y que hoy la sigo cantando: Póngase las Narvic!

sábado, 11 de abril de 2020

AL GRANO

Acerca de los Elevadores de Chapa 1 y 2 del puerto de Ingeniero White.

Partamos de un enunciado polémico: la importancia patrimonial de un edificio no se encuentra garantizada por ninguna de sus cualidades intrínsecas. No depende de su tamaño, ni de su estilo, ni de su antigüedad. Y apuntemos, enseguida, que Ingeniero White ofrece en favor de este postulado el mejor ejemplo imaginable. Los Elevadores de Chapa, inaugurados en 1908 y 1909 por el Ferrocarril Sud, eran únicos en su tipo. Un ejemplo deslumbrante de la que por entonces era considerada la "arquitectura del porvenir". Pero el futuro no suele reservar un destino venturoso para sus hitos precursores. Al menos no por estos pagos. Aunque en 1974 se consideró incorporarlos al Patrimonio Arquitectónico de la UNESCO,[1] los elevadores fueron desmantelados apenas cuatro años más tarde mientras Bahía Blanca celebraba, en plena dictadura, su sesquicentenario.



“Dos grandes catedrales grises, imponentes, mirando la inmensidad con los párpados levantados de sus cien ventanas”.[2] Así los describe el poeta Enrique Banchs durante su visita a la ciudad, en 1910. Levantados sobre el linde barroso que une a la pampa con el mar, la silueta de los elevadores no sólo terminó por definir la fisonomía del puerto establecido por la empresa ferroviaria veintitrés años antes. Volvió tangible, sólida como el metal del que estaban hechos, la imagen pregnante y problemática que, quizás hasta hoy, identifica a todo un país con el interés de su clase terrateniente: la de la Argentina como un granero, el “granero del mundo”.

Aquel mundo era, en primer lugar, Inglaterra, cabecera del imperio donde fijaba residencia el directorio del Great Southern Railway, y desde donde partieron, en barco, cada una de las piezas que, fabricadas por la firma Spencer & Co, en la localidad de Melksham,[3] dieron forma a esta suerte de mecano monumental: 72 silos hexagonales por elevador, cada silo con espacio para almacenar entre 125 y 130 toneladas de trigo, además de varios pisos para depositar bolsas. Una capacidad de acopio equivalente, en total, a 9000 toneladas de cereal a granel y 4000 embolsado.

El granero funcionaba, en realidad, como un gran embudo a dónde iban a parar las cosechas de una zona agrícola por entonces en plena expansión. Aunque desde 1900 no cesan las obras de ampliación de la infraestructura portuaria, un repaso a los diarios de la época sugiere que, por entonces, el Ferrocarril Sud corría con demora detrás de la demanda creciente de productores y casas cerealeras. A principios de 1906, según La Nueva Provincia, “todavía no ha empezado el embarque de los trigos de la nueva cosecha y ya hay en el puerto de Bahía Blanca cuarenta buques de ultramar de los cuales 29 esperan turno en los muelles para hacer sus operaciones de carga”.[4] Construir los elevadores era una cuestión urgente. Pero antes de alzar esos “monstruos de mil piernas”, fue preciso asentar sobre el cangrejal el muelle que los sostuvo y les sobrevive. La obra fue adjudicada a la empresa C. A. Walker, bajo la dirección del Ingeniero Alberto Pringles. En mayo de 1906, arriban a puerto los equipos de dragado que comienzan a trabajar en la profundización de las dársenas del nuevo muelle. El 26 de noviembre, tras varios cambios en el diseño original, el Ferrocarril Sud solicita al Estado la aprobación de los planos de la obra,[5] versión reducida y provisoria de un programa más ambicioso que, finalmente, nunca se llevará a cabo.[6]

La construcción no sucede sin incidentes. En julio de 1907, los remachadores del muelle se declaran en huelga.[7] Reclaman por la reincorporación de dos compañeros despedidos. Ante la negativa de la empresa, exigen mejores condiciones seguridad, un aumento de salarios del 30% y la reducción, de ocho a nueve horas, de la jornada de labor.[8] La protesta se extiende y amenaza con detener la obra. El 23 de julio, un piquete de marinos de Subprefectura abre fuego sobre un grupo de trabajadores reunidos en la Casa del Pueblo. Los disparos de mauser hieren de gravedad a Atelano Pascual y José Falcioni. Ambos mueren días más tarde. El paro se convierte en pueblada. Al velatorio de Falcioni concurre una multitud que marcha en procesión fúnebre. Al pasar frente al edificio de la Subprefectura, se produce un altercado. Los trabajadores señalan al Subprefecto Enrique Astorga como responsable de los asesinatos. Los marinos vuelven tirar, esta vez sobre el cortejo. La gente corre, abandonando sobre la calle de tierra el ataúd acribillado. Para entonces, herreros, lecheros, panaderos, carpinteros, albañiles, repartidores y conductores de carros de toda Bahía Blanca se han sumado a la huelga. El conflicto es noticia nacional. El puerto y la ciudad se paralizan. Aunque la empresa no cede a ninguno de los reclamos, la huelga y su represión salvaje perduran como el testimonio de una época que forjó sus grandes obras con el metal caliente de los remaches y las balas.

Cuatro meses más tarde, el muelle arde. Durante el anochecer del 29 de noviembre, las llamas devoran el sector sudeste de la construcción. ¿A qué, o a quién, atribuir el incendio? ¿Fue la chispa “de alguna de las tantas fraguas que funcionan allí” o “el resultado de la propaganda ácrata”? Como sea, la obra se sobrepone a la peripecia. En enero de 1908 comienza a operar la maquinaria del Elevador 1, y el 24 de marzo se lleva a cabo la primera carga sobre el vapor Hutton. Para la ocasión, la firma Bunge y Born, beneficiaria del despacho, “ofrece a los numerosos invitados presentes una copa de champagne”[9]. Algunos meses más tarde, el 10 de enero de 1909, entra en funcionamiento el Elevador 2.[10] Ambos permiten incrementar las cantidades de cereal exportado, pero cumplen, además, una función fundamental como depósito de acopio para las casas exportadoras establecidas en el puerto.

“Todo allí es colosal y todo se pone en movimiento mediante una manivela que cabe en el puño de un chico de la escuela.” La maravilla mecánica fascina al cronista de la Revista Comercial de Bahía Blanca. Le permite soñar con un mundo en el que la riqueza circula y se acumula sin otra intervención que la mano de un niño. Sin embargo, cada elevador demandaba de la labor coordinada de decenas de personas. Además del jefe, trabajaban en el lugar encargados de balanzas y de cabrestantes, dependientes, apuntadores, llaveros y mensajeros, junto a los numerosos peones de estiba, en jornadas corridas, de 6 a 23 horas, o en dos turnos, mañana y tarde -hasta las 22.30 hs.-, de acuerdo con la demanda de las casas exportadoras. En el archivo de Ferrowhite encontramos una libreta manuscrita que atesora los nombres de algunos de aquellos primeros operarios, junto a las sanciones que recibían por “quedarse dormido”, por “causar un descarrilamiento”, “por causar la rotura de la noria nº 4”, o por haber sido pescado, in fraganti, “recostado sobre un cuero con lana”.[11]

La reparación del muelle y los elevadores estuvo desde un principio a cargo de la División mecánica-muelle del Ferrocarril Sud. Mitad en castellano, mitad en inglés, los registros de esta dependencia hablan de las transformaciones sucedidas en ambos edificios. Es interesante notar que, aunque lucían casi iguales, sólo el Elevador 1 contaba con instalaciones para secar, ventilar y limpiar el cereal (además de una capacidad de almacenamiento que superaba en 700 toneladas a la de su gemelo). Por eso, en 1920, el Elevador 2 incorpora maquinaria para el acondicionamiento de granos. A la que suma, en 1935, una “oat clipper” (o cortadora de avena). Las mejoras dan cuenta también del desarrollo de una incipiente industria local al interior del gran mecanismo británico. En 1942, las despuntadoras Dreyfus del Elevador 1 son reemplazadas por equipos construidos por la metalúrgica Marchesi, una firma bahiense dedicada a la fabricación de maquinaria agrícola.[12]


La nacionalización de los elevadores fue anterior a la de los trenes. Previa incluso al primer gobierno peronista. En 1944, casi dos años antes de la llegada de Perón a la presidencia, un decreto del Poder Ejecutivo (10107/44) declaró de utilidad pública el uso de las instalaciones y maquinarias dedicadas al acopio de granos. Luego de un acuerdo económico con el Ferrocarril Sud, el Estado argentino tomó posesión de los elevadores que, a partir del 15 de julio de 1944, quedaron a cargo de la Comisión Nacional de Granos y Elevadores.[13] Fue el primer paso en el intrincado proceso institucional que llevó a deslindar la administración del ferrocarril de la de los puertos. Cuando, en julio de 1945, el conjunto de los bienes portuarios del Ferrocarril Sud (plantel de dragado,[14] remolcadores y elevadores 1, 2 y 3) es transferido al Ministerio de Obras Públicas de la Nación, los elevadores quedan en manos de la Dirección de Granos y Elevadores. Este cambio implicó que su personal abandonara también la órbita de la empresa ferroviaria.[15] En 1955 esta Dirección se convierte en el Instituto Nacional de Granos y Elevadores, y en 1956 se realiza el traspaso de los bienes físicos de los puertos de White y Galván -hasta ese momento a cargo de la administración del Ferrocarril Gral. Roca- a la Administración General de Puertos de la Nación; para 1958 ya se denomina Junta Nacional de Granos.

“Colosos”, “catedrales”, “auténtico arte monumental capaz de simbolizar la era de la máquina”. Si alguien está pensado ahora en edificios que le muestren al mundo quienes somos, cual es nuestro perfil como ciudad portuaria, esos edificios son, perdón, eran los Elevadores de Chapa. Pero si eran grandes, singulares y antiguos, todo lo antiguos que un par de edificios pueden resultar en un puerto que terminó de constituirse con ellos, ¿por qué los tiraron abajo? Puede que por la misma razón que por la que fueron construidos. Por simple cálculo económico. Al momento de ser desguazados, hacía tiempo que tanto el muelle como los elevadores eran considerados obsoletos. Tanto su construcción como su demolición, son ejemplos contrapuestos de una misma mentalidad: aquella que sólo considera el rinde y la eficiencia como criterio de valor.



La historia de los elevadores que supo elogiar el mismísimo Walter Gropius[16] tal vez sirva para reconocer que, más allá de las particularidades de cada edificio, no hay patrimonio sin una comunidad que se reconozca en él. Y no hay comunidad sin una historia que establezca un sentido de conjunto y de continuidad que nos vincule con todo eso que, en su ausencia, no serían más que un montón de cosas viejas. Es decir, no hay patrimonio sin relatos sobre el pasado compartido. Esos relatos suelen provenir del discurso de periodistas, historiadores, urbanistas y arquitectos. En Ferrowhite creemos que se nutren, además, de las innumerables voces de quienes habitan, en concreto, este lugar. Modistas como Perla Costanzi, quien dice seguir viendo aquellas dos moles grises desde la ventana de la casa que habita hoy, como cuando vivía en las colonias ferroviarias que había a un costado del puente La Niña. Ferroviarios como Pedro Caballero que, de pantalones cortos, caminaba desde Galván hasta el pie de los elevadores para ir a comprar carne de oferta a la proveeduría que había instalado allí la Junta Nacional de Granos. O estibadores como Pedro Marto, que hombreó bolsas ahí adentro, y aún recuerda la tarde en que una lluvia persistente detuvo por un rato la carga, y desde la bodega de un buque emergió la voz inmensa de Antonio Campos, legendario cantor de tangos, sonando, "como por un altoparlante", a través de las galerías metálicas de la construcción. Ellos logran el pequeño milagro de que un par de edificios que fueron desguazados, desmontados pieza por pieza, demolidos con minucia, se mantengan todavía en pie, clavados en la memoria terca de quienes, además de rentable, hacen de este puerto un lugar digno de ser recordado.

Esta artículo fue escrito por Ana Miravalles y Nicolás Testoni a solicitud de los editores del libro "Muelle de los Elevadores. Concurso de ideas. Refuncionalización y puesta en valor.", publicado por el Consorcio de Gestión del Puerto de Bahía Blanca en octubre de 2019.

[1] Según una nota del diario La Nueva Provincia publicada en enero de 1999, a mediados de los años 70, el arquitecto Jorge Gazaneo, especialista en patrimonio, visitó el puerto de Ingeniero White e incluyó luego a los Elevadores 1 y 2 en un libro sobre arquitectura de la Revolución Industrial de su autoría. Habría sido el propio Gazaneo el que sugirió, en 1974, que los elevadores fueran considerados para ser incorporados al listado de Patrimonio Arquitectónico Mundial de la Unesco. LNP, 1-9-1999.
[2] BANCHS, Enrique, Ciudades Argentinas. Selección y Estudio Preliminar: Omar Chauvié, 17grises editora, Bahía Blanca, 2010.
[3] Spencer & Co era una fábrica especializada en la construcción de plantas de depósito y manipulación, silos para cereal y elevadores, tanto fijos como flotantes. El equipamiento eléctrico (los motores y ascensores de grano) fueron adquiridos a las firmas estadounidenses Westinghouse y General Electric, y a la empresa Vickers, con sede en Sheffield, Inglaterra. Archivo Ferrowhite (FW-566).
[4] La Nueva Provincia, 26-1-1906.
[5] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 368.
[6] GUERREIRO, Héctor, Los ferrocarriles en Bahía Blanca, FCS-FCRPB, Edición de Autor, 2011, p. 121-129.
[7] ROGIND, William, Historia del Ferrocarril Sud 1861-1936, Edit. Ferrocarril Sud, Buenos Aires, 1938, p. 379.
[8] La Nueva Provincia, 24-7-1907.
[9] Diario Bahía Blanca, 25-3-1908.
[10] Los motores de los elevadores funcionaban con electricidad a 440 volts, lo que obligó a instalar en la usina que el Ferrocarril Sud construyó en simultáneo una subestación de transformación desde la cual se proveer de energía al nuevo muelle. Entrevista a Amílcar Bournod, 2011. Archivo Ferrowhite.
[11] Archivo Ferrowhite (FW-609).
[12] Por contrato, el Ferrocarril Sud acordó con Marchesi Hnos. la provisión e instalación de “una despuntadora de grano, una separadora de trigo, avena, cebada y cebadilla, una máquina ventiladora de hierro, una noria de 30 toneladas por hora y 15 metros de largo, limpiadora, escalera marinero y transmisión para contramarcha de noria.” Archivo Ferrowhite (FW-566).
[13] Ley 11.742, Art. 14. La Nueva Provincia 16-7-1944; 15-6-1972.
[14] “Venta del plantel de dragado FCS White-Pto. Galván, decreto 9905/45, 4-5-1945”. Archivo Ferrowhite (FW-1246).
[15] La Nueva Provincia, 1-1-1953.
[16] Gropius los menciona en el anuario de la  Deutscher Werkbund (1913) y Karls Scheffler en su obra Der Geist der Gotik (1919). MEDINA WARMBURG, Joaquín, “Tres temas circulares. Variaciones del arte integral en el Río de la Plata”, en El mundo entero es una bauhaus, Magazine nº 1, 2018.

martes, 25 de junio de 2019

EL CORAZON DEL FERROPUERTO: PLANTEL MARITIMO (BAP Y FCS) EN ING. WHITE Y PUERTO GALVAN



Plantel Marítimo era la sección destinada al servicio de dragado y mantenimiento de los canales en los puertos de Ingeniero White y Galván, primero a cargo de las empresas británicas Ferrocarril Sud (FCS) como Buenos Aires al Pacífico (BAP), hasta 1946, durante un breve período en manos de la empresa naviera Dodero, y a partir de 1945, del Ministerio de Obras Públicas.

Las empresas britànicas BAP y FErrocarril Sud administraron (y por consiguiente hicieron el mantenimiento) respectivamente Puerto Galvàn y el Puerto de Ing. White. Sin embargo, a partir de 1925 todas las unidades de Plantel Marítimo quedan en manos del Ferrocarril Sud, a cargo de David Calville Bruce, quien ya venía desempeñandose como jefe de plantel Marítimo y de Puerto Galván.

El personal de Plantel marítimo cubría dos aspectos fundamentales: por un lado el area mecánica de mantenimiento y reparación de toda esa dotación; y por otro, el personal que manejaba y tripulaba esas unidades: patrón, maestre, contramaestre, foguista, maquinista marinero, mozo, cocinero.

Durante la administración de las empresas de capital británico, Plantel Marítimo constaba de la siguiente dotación de dragas, bombas, remolcadores y chatas barreras:

(1) Buenos Aires al Pacífico BAP, PUERTO GALVAN

TOSCA DRAGA A BALDES
Fabricada por A.F.Smulders-Schiedam Rótterdam 1906
A carbón
En 1944 todavía la seguían usando.


6144-FW ALBUM PARKER-JACKSON 

CANGREJO BOMBA

Fabricada por A.F.Smulders-Schiedam Rótterdam 1906.
Convertida a petróleo en 1926


7987 - FW ALBUM CANGREJO
2153-MH

FOCA REMOLCADOR

Fabricado por la empresa Camell Laird Ltd.
Traido por Charles Thomas desde Liverpool hasta Puerto Galvan EN 1907
Convertido a petróleo en 1941. En febrero de 1948 se le repara un caño de alimentación principal.


7727-FW THOMAS

PODEROSO REMOLCADOR

Fabricado por Tornycroft, en Southampton England. 1905/1906.
Convertido a petróleo en 1941. Reparación en julio de 1944



                                                                FW-7724 THOMAS

(2) FERROCARRIL SUD, Puerto Ing. White

Draga 43 A BALDES
Marca Fleming and Ferguson Paisley. Construida en 1907. MATRICULADA EN 1908. Tiene instalado un equipo de iluminación marca Grier & Mackay Co. En 1926 mandan a TBBNO a reparar 10 baldes para la draga. En 1936 todavía la usan y la reparan intensamente, usando incluso algunas piezas de Cangrejo.
Modificada a petróleo en 1941

BOMBA B51 (HOPPER)
Construida en 1906.
Entregada al representante de Stellos Campaña en Ingeniero White el 19 de julio de 1935. Salió navegando de Ing. White el 21 de agosto de 1935

BOMBA B52 (HOPPER)
Construida en 1907. Hecha por C.H. Walken &Co Sudbrook Shepyard; el motor Plenty & Sons Engineers Bewberry England. EL 15 de enero1935 fue despachada a buenos aires, comprada por L.M. Varela.


4015-FW    Draga 43 y bomba 51 junto a los elevadores de chapa

71 BRIAN REMOLCADOR tug boat
Crabree Co Ltd. Great Yarmouth, 1905.
Hélice 3 palas. Modificado a petróleo en 1942

LYDIA REMOLCADOR
Tug Lydia. En funcionamiento al menos desde 1907.
El 29 de mayo de 1931 le quitan la caldera y colocan una nueva Armstrong Whitworth & Co limited. Hacia 1936 todavía funcionaba, pero no mucho después lo dan de baja.


                                                                  FW-2395 LYDIA


DOROTHY REMOLCADOR
Construido en 1895.
Fue retirado del servicio el 17 de noviembre de 1932 y desguazado en junio de 1933.


White 72 REMOLCADOR Tug boat
Construido en 1905 por The Montrose Shipbuilding Co Great Yarmouth. En 1934 todavía funcionaba.

ROVER LANCHA A MOTOR LAUNCH
Perteneciente al Departamento Mecánica Ing. White del FCS. Comprado en 1925
En 1936 todavía seguía funcionando.
MOTOR DIESEL a reparar a la casa Agar Cross.