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lunes, 8 de junio de 2026

LOS BOLETOS VÍA LIBRE Y VÍA CON PRECAUCIÓN

Entre marzo y mayo, un grupo de trabajadores de Ferroexpreso Pampeano S.A. realizó un curso de manejo de camionetas hi-rail en el museo1. Asistieron afiliados de la Unión Ferroviaria y operarios de vías –en la jerga ferroviaria, “los obreros catangos”, quienes desde la reestructuración de las empresas en los ’90 se ocupan del mantenimiento de las vías para el transporte de cargas–.

El maestro Néstor Ibarra recuperó el uso didáctico de la antigua mesa de señales de la escuela “Carlos Gallini” de La Fraternidad y fue más lejos y más acá en el tiempo, entre sistemas técnicos y operativos obsoletos, y otros que, por el contrario de lo que habitualmente se cree, siguen vigentes. 

La experiencia que él ha tenido en lo que es el ferrocarril

realmente la transmite a las demás personas”. 

(Juan Bautista López sobre el instructor)


EL DOCUMENTO EN LA PRUEBA

Cuando llegaron los inspectores de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte y comenzaron las instancias de evaluación, Néstor me preguntó:

“¿me prestás el boleto de vía libre de un tal Arroyuelo,

y algún talonario de vía con precaución?

Los vamos a usar para la parte del oral”

Boleto de vía libre, conductor Luis Arroyuelo, Ing. White último local de Solier a BB Sud. 

4-2-1990. FW-1574.

Talonario VLP del tráfico estaciones La vitícola. 1981-1983. FW-2187.

Cuando el personal no contaba con aparatos de bloqueo porque se encontraban “descompuestos” o porque se había extraviado el bastón piloto, se entregaba este tipo de certificado. Los “VL” aseguraban la ocupación de las secciones y el maquinista o conductor estaba habilitado para circular. Y las “VP”, para notificar límites de velocidad en determinados lugares. 

Cuando había que disminuir la marcha,

ya sea por alguna precaución u anomalía, se daba esa boleta,

consignándose en ella lo que ocurría”. (Gabriel Vergara)

Esta autorización se daba, por ejemplo, hasta la estación “X”, aclarando motivos y advertencias: “incomunicaciones con líneas”, “estaciones intermedias clausuradas”, “cuadrillas trabajando por descarrilo de tren”, “obedecer señales de mano”. 


TRES OBREROS DE VÍAS

Al inicio de esta sección, del primer momento de la construcción del ferropuerto, vuelve la historia de Geniele Giretti y las cuadrillas firmes del B.B.N.O. que se desplazaban a caballo y excavaban y hacían zanjas: 

trabajábamos en el ferrocarril, y quien ha estado en América lo puede decir,

                      se duerme en carpa, verano e invierno, donde el viento sopla y la lluvia pasa”2.


Otro catango de Vías y Obras entre 1963 y 1970, Oscar Rodríguez, nos comentó en una oportunidad:

en los días de mucho frío, las cuadrillas hacían paradas para prender un fuego y calentarse, 

a veces incluso se quedaban sin agua, es que el capataz no era humano, 

era como un mecánico, sólo quería el trabajo terminado”3.

 

Los conductores de las hi-rail como Juan Bautista López, Gabriel Vergara y Ariel Schppert4 son parte de una red que se remonta a las experiencias de Giretti y de Rodríguez de Ferrocarriles Argentinos, construida por sus pares en distintas etapas de crecimiento. Ellos estudian la lógica de sus sistemas. Trabajan en cuidar lo que subsistió. Al parecer, algunos sacrificios son comunes a lo largo de esta genealogía: estén haciendo 5° bajo 0 o 37° de calor, no hay excusas para salir a remplazar durmientes viejos o rieles en mal estado. Van todos por el mismo ramal. 


DOCUMENTOS QUE SIGUEN ENSEÑANDO 

Tanto para Néstor como para los integrantes de la mesa, quienes se encuentran trabajando en el ferrocarril “deben” conocer “su historia” y comprenderlo en su “gran magnitud”, sus bases y detalles, previos a la privatización de la empresa estatal. Tal vez ese objetivo pedagógico los llevó a hacerles varias preguntas sobre el contenido del R.I.T.O. del año '58: el reglamento de Ferrocarriles Argentinos y sinónimo de Constitución (sí, con C mayúscula) entre los trabajadores del riel. 

Y ahora con todo esto que he aprendido acá, me ha intrigado más el ferrocarril,

fue bueno saber cómo trabajaban y las cosas que se han perdido.

Pero siguen en vigencia, ¿no?”. (Ariel Schepper)

Que estas boletas de circulación se hayan usado en el curso de manejo, supuso de algún modo recuperar la raíz común de las palabras ‘documento’ y ‘docencia’. Dice Inés Dussel: “docere significaba mostrar y también, dejar una marca o seña. Con el paso del tiempo el documento fue acentuando su carácter de evidencia, de acontecimiento que se quiere dejar asentado. Dejar huella o producir un efecto duradero es probablemente una de las mejores definiciones de la tarea pedagógica5. “El archivo”, el lugar en dónde se inscriben las huellas del pasado, con historias siempre incompletas y en dónde se intentan ordenar fragmentos supervivientes, aquí también puede formularse preguntas enraizadas en experiencias actuales. En las de los obreros que hoy trabajan en la vía. 


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Referencias:

1. La empresa concesionaria conecta a los puertos del complejo San Martín-Rosario con Bahía Blanca por medio de dos líneas troncales y varios ramales, y presta servicios a acopiadores y explotadores de cereales. En los últimos años, esta sección ha reemplazado las zorritas a motor por camionetas que tienen añadido un dispositivo de ruedas férreas.

2. Las Libretas de Geniale Giretti (1905-1907). Editor: Ferrowhite museo- taller. 2008 

3. Archivo oral Ferrowhite, 16/10/2016

4. De las localidades de Coronel Granada (provincia de Buenos Aires), Carmen (Santa Fe) de Catriola (La Pampa). Entrevistas realizadas por Julieta Ortiz de Rosas. Archivo Ferrowhite, 5/5/26 y 7/5/26. 

5. DUSSEL, I. (2024) La explosión de los archivos en las sociedades contemporáneas. Clase 6. DS- GIUPAED - CH 4. FLACSO.

miércoles, 12 de junio de 2013

BACANICA

¿Qué tendrá que ver la publicación en 2008 de las libretas que el italiano Geniale Giretti escribió durante su paso por estas tierras, a principios del siglo XX, con la reciente fabricación en el museo de una caja para herramientas bautizada "Arreglatutti"?  En este post, Ana Miravalles parte de una de las páginas de uno de los libros de personal del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, para reflexionar sobre la relación entre idioma, inmigración y trabajo en nuestra ciudad y sobre sus transformaciones a lo largo del tiempo.



En su oficina en Puerto Galván, un secretario del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico escribe los datos de un peón de cabrestante que acaba de ingresar y anota: Septimo Pasqua, nacido en 1872, Bacanica, Italia.

¿Qué lugar es ese? Nosotros sabemos ahora que se trata de Pagánica, ciudad del Abruzzo.

¿Por qué el amanuense escribió así ese nombre? Probablemente porque escribió lo que escuchó, en castellano. Porque no podía (o no quería, sentía que no tenía por qué hacerlo) reconocer el modo en que la "g" se pronuncia en italiano o en sus variantes dialectales: la fuerza con la que el señor Pasqua cerró el velo de su paladar al pronunciar (en italiano) la "g", convenció al secretario que se trataba de una "c"; y algo similar sucedió con la "P" inicial, una bilabial tan débil a sus oídos que solo podía ser reconocida como una "B".

Había miles de trabajadores italianos en el ferrocarril y en el puerto. Y sin embargo, ¿Por qué esa persona que ejercía un poder, el de escribir, el de registrar, no podía, no quería o sentía que no tenía por qué saber italiano?

Es que el amanuense ha ido a la escuela, naturalmente a la escuela argentina, y por lo tanto escribe "correctamente", con una bella caligrafía, en castellano -el "idioma nacional"-, no importa cuál haya sido su propio origen o el de su familia. Durante esas primeras décadas del siglo XX la escuela argentina imponía -gracias a una política articulada con gran precisión, la de José María Ramos Mejía y su "educación patriótica"- no solamente el conocimiento de la gramática y la sintaxis, del vocabulario y la expresión, sino también la normalización de la pronunciación, y por consiguiente, la valoración de un cierto modo de hablar en detrimento de otros: en detrimento, justamente de las marcas que las lenguas de los inmigrantes podían llegar a dejar en la lengua local: del español castizo, de cualquiera de las variedades dialectales italianas, y cualquier otra, en realidad.

Los nombres -y en buena medida, también los apellidos- se castellanizan: Giovanni, Giulio, Giuseppe, Settimo, se transforman en Juan, Julio, José y Séptimo. No solamente tendrán que hacer el esfuerzo de aprender su nuevo nombre, sino además el de aprender a pronunciar una letra que no forma parte del sistema fonológico de la propia lengua, la "jota". Pero "hacerse la América", "progresar" en este lugar, por aquellos años, sólo era posible de ese modo: a quien hablaba y escribía bien el castellano se le abrían las puertas para acceder a puestos de trabajo mucho mejor remunerados, y así, las de una sociedad que había hecho propio ese sutil criterio de discriminación. Por eso nadie se cuestionó hacer lo que sea para aprender el castellano lo más rápido posible, para borrar la entonación y los rasgos "marcados" en la articulación de las palabras.

Otro es el caso del inglés y el francés que eran valorados no como lenguas inmigratorias, sino como lenguas de cultura y de prestigio.

¿Y quiénes eran esos que tenían el poder de abrir las puertas de los mejores puestos de trabajo, las del ascenso social? ¿Con quiénes se encontraban los inmigrantes al llegar? Los criollos, dicen algunos. Sí, por supuesto. Pero, ¿de dónde salieron esos criollos? ¿Eran "nativos"? Había un porcentaje de población indígena en la ciudad pero con toda seguridad podemos afirmar que no eran ellos justamente quienes tenían ese poder. La mayor parte de esos "criollos", eran hijos de inmigrantes (ya sea de otras ciudades del país, o de extranjeros) ya escolarizados, ya asimilados, y por lo tanto, "argentinos".

El esfuerzo del Estado estaba enfocado en esto: en 1916 hay en Bahía Blanca 66 escuelas (públicas y privadas) dependientes del Consejo Escolar Provincial, con una matrícula de 10.955 alumnos y 273 maestros. En 1927, había 68 escuelas, 468 maestros y 13.169 alumnos que recibían educación primaria. Las maestras enseñaban, corregían, y felicitaban calurosamente a los niños que más y mejor aprendían, desaprobaban los "errores" producidos por la interferencia lingüística (tragarse las "s" finales o un grupo consonántico como "ct", decir "me se" en lugar de "se me cayó", o "voy del dotor" en vez de "voy a lo del doctor", ponerle artículo a los nombres propios...), actitud de reprobación y de subestimación incluso, que muchas veces era adoptada también por los otros niños... La presión por salir de esa situación de inferioridad propia del inmigrado (y especialmente de quienes conocían solo el propio dialecto) induce el deseo de aprender también en los adultos, y por eso muchos inmigrantes leen en castellano (pienso en la cantidad de diarios y periódicos que se publicaban y se vendían en Bahía Blanca a hasta mediados de siglo; pienso en una mujer como Rosa Segatta que lee lo que le caiga a la mano, a fines de los años 20; y en Julio Grosselli que mientras hace guardias en la usina eléctrica, a fines de los años 40, devora novelas de Corín Tellado).

Recién en estos últimos 25 años se inició el proceso inverso de valoración y estimación del estudio del italiano, lengua que la mayor parte de los descendientes de italianos ha estudiado como una lengua extranjera (salvo -en algunos casos y con varias salvedades- los hijos de los que llegaron en los años 50). *

Del shock que tiene que haber provocado en los inmigrantes esta presión y este esfuerzo por aprender otro idioma, y asimilarse, es algo de lo que no se suele hablar, todavía.

Yo siento la necesidad -imperiosa- de conocer este proceso de configuración de la identidad de los inmigrantes italianos en este lugar del mundo, y la de sus hijos y nietos, para poder sobrevivir a la avalancha de eslogans basados en clishes quasi-publicitarios, y de versiones retrospectivas del pasado, que demuestran una determinada voluntad por inventar y consolidar una identidad y un sentido de pertenencia fuertes, pero, paradójicamente, a partir de un manifiesto desconocimiento de la historia. Proyectar hacia los argentinos descendientes de italianos un concepto general y abstracto de "italiani all'estero", sin tener en cuenta estas experiencias concretas, puede llegar a generar equívocos, desencuentros y perplejidades entre quienes desean -sin duda con las mejores intenciones-, actuar e influir en la realidad presente.


* Puedo decir esto con conocimiento porque me desempeño, desde el año 1986, como profesora de italiano.
Indispensable para reflexionar sobre este asunto es el libro de Angela Di Tullio, "Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino", Eudeba, Buenos Aires, 2011.


jueves, 6 de septiembre de 2012

"LO QUE SOMOS NO ESTÁ EN LA SANGRE, SINO EN LA HISTORIA Y LA EXPERIENCIA COMPARTIDA"



El martes, Día del Inmigrante, Ferrowhite mudó su actividad a la Asociación Dante Alighieri. Allí presentamos "La lingua del Giretti. Idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX". Un poco charla, otro poco recital, el encuentro propuso pensar la relación entre la lengua y las condiciones sociales en las que se dieron tanto la partida como la llegada a estas tierras de miles de trabajadores. "Piernas tenemos, no raíces" sugirió Ana Miravalles, a manera de (provisoria) conclusión, para invitarnos a entender que las herencias culturales pueden ser el fundamento de una habilidad prospectiva para inventar, a partir de la mezcla, un futuro mejor.

Junto a los alumnos de Dicción Italiana del Conservatorio de Música, terminamos cantando "Quel mazzolin di fiori", mientras probábamos unas masitas riquísimas preparadas por las profesoras de la Dante. Delicias que algunos llaman chiacchere, y otros sfrappole, sfrappe, crostoi... vaya uno a saber.

domingo, 2 de septiembre de 2012

TODOS SOMOS MIGRANTES



Geniale Giretti vino a la Argentina en tres oportunidades, en 1905, 1911 y 1921, pero las tres veces volvió a Italia, a su pueblo, San Vittore. Su hijo Tito, en cambio, sí se quedó en nuestro país, pero como fue empleado del ferrocarril, debió mudarse de una estación a otra antes de lograr radicarse, ya grande, en Bahía Blanca. Eusebia y Rafael, los padres de Mónica Amador, llegaron desde Bolivia a Hilario Ascasubi en 1980. Hace apenas meses que su hija, nacida allí, decidió establecerse en nuestra ciudad donde estudia y trabaja. 

No han sido pocas las ocasiones en que la palabra "inmigrante", o sus variantes menos neutras "tano", "gallego", "moishe", "turco", "paragua", "bolita"..., sirvieron para marcar a los que llegaban de "afuera" y así reforzar el supuesto lugar de privilegio de quienes se consideran de "adentro" por haber impuesto una ley, un régimen de propiedad, un cierto paradigma de identidad, o por el simple hecho de haber llegado antes. Sin embargo, nada nos asegura que vayamos a permanecer en un mismo sitio para siempre. La experiencia de los Giretti y los Amador sugiere lo contrario. 

Desde hace por lo menos dos siglos, los desplazamientos poblacionales son constitutivos del funcionamiento de las economías capitalistas. Puestas las cosas en perspectiva, quizás las migraciones, tanto las externas como las internas, resulten un fenónemo compartido por la mayoría de las sociedades modernas. Pero las corrientes migratorias representan mucho más que una fuerza de producción, a menudo barata, precarizada, esclava. Los migrantes reconfiguran los paisajes que atraviesan. A su paso, desafían tanto las nociones esencialistas de la identidad, como aquellos elogios de la "diferencia" que se enuncian al margen de los contextos territoriales específicos y de las luchas concretas por la igualdad. 

viernes, 31 de agosto de 2012

LA LINGUA DEL GIRETTI





La Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) invitan a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX.", a realizarse en el auditorio de la Asociación, Rondeau 26, el martes 4 de septiembre, a las 19 hs.

Geniale Giretti llegó por primera vez a Bahía Blanca procedente de San Vittore (Le Marche, Italia) en 1905. Durante su paso por esta zona, escribió tres libretas, editadas por el museo taller en 2008, en las que cuenta sus andanzas como jornalero en el campo y peón de una cuadrilla ferroviaria. Preguntarse cómo leer esas libretas hoy es una invitación a mirar la Bahía de principios del siglo XX a través de los ojos de un trabajador inmigrante y preguntarse también acerca del largo itinerario de la experiencia migratoria en nuestra zona, a través de la experiencia misma del lenguaje y sus transformaciones.

Participan del encuentro alumnos de Dicción Italiana del Conservatorio de Música de Bahía Blanca, quienes interpretarán canciones de la "Belle époque contadina".

Ana Miravalles es Licenciada en Historia (UNS), responsable del archivo de Ferrowhite, y profesora de italiano en la Asociación Dante Alighieri y en el Conservatorio de Música de Bahía Blanca.

miércoles, 29 de agosto de 2012

IDIOMA, INMIGRACIÓN Y TRABAJO

No digan que no les avisamos con tiempo: el próximo martes 4 de septiembre, a las 19 hs., en el auditorio de Rondeau 26, la Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) celebran el Día del Inmigrante invitando a todos a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX."

A manera de adelanto, compartimos con ustedes este álbum. ¿Qué relación existe entre todas estas imágenes? Tienen 6 días para pensarlo.

viernes, 10 de abril de 2009


Mientras a fines de siglo XIX los periodistas sueñan un futuro maravilloso para Bahía Blanca y su puerto, un italiano que viene a trabajar aquí como peón de campo y ferroviario anota en una libreta día por día qué hace, qué come, cuánto dinero ahorra, quiénes son sus compañeros de trabajo, y quién el capataz que los maltrata.
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Frente a la Bahía Blanca que periodistas e intelectuales imaginan llena de fuentes de agua cristalina, parques frondosos, fábricas y miles de prósperos agricultores, aparece la Bahía Blanca por la que deambula Giretti buscando alguien que le acomode su hueso roto, alojándose en fondas atestadas de inmigrantes dispuestos a trabajar de lo que sea.
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Frente a esos sueños en los que la riqueza fluye "naturalmente" y sin conflictos, la tensión de las relaciones de trabajo: peones, chacareros - arrendatarios, contratistas, capataces, máquinas que se rompen, jornales que no se pagan, abusos que no se toleran así no más.
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Frente a la letra de molde, la escritura manuscrita.

Con estos dos libros publicados en 2008, “Cómo era Bahía Blanca en el futuro” y “Las libretas de Geniale Giretti”, Ferrowhite invita a leer, a pensar y a recorrer la ciudad y el museo rastreando:

- en el presente los restos de la ciudad soñada,
- en el pasado los sueños, los que hoy nos constituyen y los que nunca llegaron a concretarse
- y en los sueños del presente un espejo para tratar, aunque sea a contraluz, de ver y entender cómo son las cosas hoy.
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martes, 18 de noviembre de 2008

COMO FUE LA PRESENTACION DEL LIBRO

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Mientras a principios de siglo XX los periodistas soñaban el puerto y las campiñas del futuro, y a sus ojos Bahía Blanca prometía convertirse en la Liverpool de Sudamérica, Geniale Giretti, un italiano, marchigiano, campesino y maestro de escuela en su pueblo, llegó a trabajar a la zona rural de Bahía Blanca y a Ingeniero White, y en sus libretas pintó una vívida imagen de las condiciones de trabajo y de vida en esos años.

Ese día Rocío Azul cantó algunas arias de las que se escuchaban en la época en que Giretti vino a la Argentina.

Francesco Quatela y Omar Chauvié leyeron, como en un juego dramático, en italiano y en castellano, uno de los increibles poemas en que Giretti cuenta la reacción de un grupo de peones frente a un patrón desaprensivo en el campo durante la cosecha de 1907.


Yo expliqué cómo, a través de Rodolfo y de Leticia Giretti, las libretas llegaron a nuestras manos, y con qué idea hice la traducción:

el relato novelado y los poemas están traducidos, las notas diarias no. Hay un ir y venir de una lengua a otra, palabras en castellano escritas con ortografía italiana, palabras en italiano con ortografía castellana, da la impresión de que quiere estar aquí y allá. En esa vacilación, en ese ir y venir está la cifra misma de la experiencia migratoria: Giretti cuenta que tomaba mate a la mañana temprano, compraba chorizos y tomaba caña.
La habilidad de Giretti, y la de todos nosotros, es una habilidad no vuelta hacia el pasado, sino prospectiva; de algún modo todos somos migrantes; y eso lleva, desde muchos puntos de vista, a la hibridación, al mestizaje, genera todo el tiempo identidades aleatorias, que se van definiendo y redefiniendo, no en base a ningún mensaje de la sangre sino en base a la experiencia vivida.
Por eso al final, comimos cicerchiata, en base a una receta bajada de internet (porque las recetas de la abuelita no salen desde adentro, por sí solas), y una buena sandía con vino...


El libro puede conseguirse a $20 en Ferrowhite, pedirlo al 4570335 o escribiendo a ferrowhite@bb.mun.gba.gov.ar.
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lunes, 10 de noviembre de 2008

LAS LIBRETAS DE GENIALE GIRETTI

En 1905, un campesino italiano de 23 años, maestro en su pueblo en Le Marche y asiduo lector de las novelas de Carolina Invernizio, llega a trabajar a la zona rural de Bahía Blanca y a Ingeniero White.

Sistemáticamente anota en su libreta las idas y venidas entre Tornquist, Bahía Blanca, Avestruz, Bajo Hondo e Ingeniero White, los gastos mensuales y algunos detalles de su vida cotidiana.

Un día, en el campo, durante la cosecha de 1907, escribe dos formidables poemas.
Y en algún momento, en otra libreta, transforma sus notas en un apasionante relato.


Desde Ferrowhite presentamos en edición bilingüe Las Libretas de Geniale Giretti (1905-1907) para volver a pensar en nuestra ciudad, la de antes y la de ahora; el trabajo en el campo, en el ferrocarril y en White, antes y ahora; los italianos, los de antes y los de ahora; los migrantes, los de antes y los de ahora; en suma, en nosotros mismos, con el pasado y las identidades que todo el tiempo estamos tratando de construirnos.