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miércoles, 13 de noviembre de 2013

TRAS LA HUELLA DE LA PRIMER MOTO BAHIENSE

¿La primer moto hecha en el país se fabricó en Bahía Blanca? Ferrowhite invita a sumarse a su búsqueda.

Se trata de una iniciativa impulsada por la casa de coleccionismo "El Viejo Garage", que intenta recuperar una pieza clave de la historia del motociclismo nacional: la moto R.P.F, construída en nuestra ciudad hace 64 años por Juan Raffaldi, Carlo Preda y Roberto Fattorini, tres mecánicos italianos llegados a nuestro país en tiempos de la primera presidencia de Perón.


Durante la investigación que nos llevó a presentar hace un par de semanas la charla “Ma, come siamo arrivati qui? Inmigrantes italianos de la segunda posguerra en Bahía Blanca", Héctor Guerreiro y Ana Miravalles dieron con un artículo publicado por el diario La Nueva Provincia el 4 de octubre de 1949, en el que se anuncia la presentación de una "motocicleta netamente bahiense": "Con los medios más rudimentarios, sin aquellas maquinarias que se estiman poco menos que imprescindibles para la elaboración de las distintas piezas, esos técnicos han hecho el milagro de darnos la primera motocicleta íntegramente construída en Bahía Blanca". Una nota posterior, fechada el 12 de octubre de ese mismo año, da cuenta de que el invento fue exhibido en el marco de la 1ª Exposición Regional de Economía realizada en el Mercado Victoria.

Si bien la producción en serie de la R.P.F no prosperó, años más tarde, Raffaldi y Fattorini mudaron su actividad a Buenos Aires, donde comenzaron a fabricar las motos Tehuelche y, luego, las Legnano Tehuelche, que sí lograron comercializarse. En su libro "Historia del motociclismo argentino", Juan F. von Martin menciona a Roberto Fattorini como el constructor de la primer moto nacional, aunque sin precisar el nombre de aquel primer modelo. Por otra parte, Alberto London, reconocido especialista en el tema, conserva un folleto en el que puede constatarse que la R.P.F. era una moto de 250 centímetros cúbicos de cilindrada, con dos cilíndros separados y ventilados, y llantas talladas por Carlo Preda a partir de bloques sólidos de aluminio. Según Alberto, se habrían construido en la ciudad 2 o 3 unidades. ¿Existirá alguna todavía? Tras su rastro estamos, con el objetivo inmediato de exhibirla pero, en un sentido más amplio, de empezar a preguntarnos a partir de este objeto por la historia de la industria mecánica en Bahía Blanca. Cualquier información sobre las características y el paradero de la primer moto bahiense nos ayudará en tal sentido.

martes, 5 de noviembre de 2013

DESHACER LA AMÉRICA

El pasado viernes nos mudamos al auditorio de la Asociación Dante Alighieri para presentar, junto al Hospital Italiano Regional del Sur, “Ma, come siamo arrivati, cui?”, una charla en la que Ana Miravalles reconstruyó, a partir de su trabajo con entrevistas y documentos de archivo, parte de la historia de la inmigración italiana de la segunda posguerra en Bahía Blanca, acompañada por el dúo musical “Los Nonos de Atilio”.



Entre 1947 y 1960 llegaron al país alrededor de medio millón de italianos. No pocos se radicaron en Bahía Blanca. Aquí encontraron una ciudad constituida precisamente durante otro período de gran afluencia de trabajadores europeos, entre la última década del siglo XIX y las primeras tres del siglo XX. A menudo, sin embargo, la historia de ambas migraciones se cuenta como si fueran la misma, como si se hubiese tratado de un flujo humano continuo y uniforme, indiferente a las circunstancias personales pero también a los cambiantes contextos históricos, en el que el proceso migratorio es entendido como un simple “trasvase” de gente que llegó para quedarse y prosperar, asimilada sin problemas a una “sociedad de puertas abiertas”.

Las cosas, desde luego, fueron más complejas. Tanto la partida como la llegada solían estar plagadas de inconvenientes. El camino no sólo era ida, ni siempre ascendente. La realidad contradijo en más de una ocasión las expectativas, e incluso el margen para las decisiones individuales fue menos amplio de lo que a muchos de nosotros, hijos y nietos de aquellos “gringos”, nos gusta reconocer. Paralelas al deseo o la necesidad de emigrar de miles de italianos durante la segunda posguerra, las circunstancias políticas en sentido amplio (fascismo y miseria en Italia, peronismo e industrialización en Argentina) y políticas en sentido específico (determinados acuerdos entre los gobiernos de Argentina e Italia, influencia de instituciones como la iglesia católica o los partidos políticos, o de organismos internacionales como el CIME) fueron tan determinantes como las propias circunstancias personales a la hora de partir, de radicarse o decidir la vuelta.


Muchas veces se busca definir la imagen de nuestra ciudad poniendo de relieve las figuras de quienes, habiendo nacido acá, se destacan afuera, si es en el extranjero mejor. Como si su éxito exaltase una marca de origen, pero al mismo tiempo subrayase nuestra incapacidad para entender a la propia ciudad como un lugar memorable, donde también sucede la historia. “Ma, come siamo arrivati, cui?” invitó al ejercicio alternativo de comenzar a trazar el perfil de Bahía Blanca en base a las figuras de quienes, aún habiendo nacido en otros lugares, vinieron, vivieron y eventualmente murieron en este sitio. Morir en un lugar después de una vida de trabajo, puede darnos pistas, indicios, para pensar la ciudad no desde la pureza prístina de un origen esencial que se imprime en los genes de sus “hijos”, sino desde la multiplicidad de proveniencias de quienes a lo largo del tiempo han confluido en ella. El punto de vista de los que llegaron tal vez nos ayude a vislumbrar quienes somos sin renunciar a comprender las tensiones que nos constituyen.

viernes, 1 de noviembre de 2013

GRINGO



Raimondo Gallo filmado por Ana Miravalles durante una de las entrevistas preparatorias de "Ma, come siamo arrivati qui?", la charla que presentamos hoy, a las 20 hs., en el auditorio de la Asociación Dante Alighieri.

lunes, 28 de octubre de 2013

MA, COME SIAMO ARRIVATI QUI?

El próximo viernes 1º de noviembre a las 20 hs., Ferrowhite (museo taller) y el Hospital Italiano Regional del Sur presentan en el auditorio de la Asociación Dante Alighieri (Rondeau 26), la charla “Ma, come siamo arrivati qui? Inmigrantes italianos de la segunda posguerra en Bahía Blanca (1947-1957)”, a cargo de Ana Miravalles, con la participación del dúo musical “Los Nonos de Atilio”.


A menudo se alude el movimiento migratorio que colaboró a dar forma a la Argentina moderna con metáforas marinas. Hablamos de “corrientes inmigratorias”. Y de una primera, de una segunda, de una tercera “oleada inmigratoria”. Como si el océano hubiese transfigurado al contingente humano que se lanzó a atravesarlo, disolviendo las identidades en una masa homogénea, en un auténtico “mar de gente”.

Por el contrario, cuando se pregunta a tal o cual inmigrante por la inmigración, ese proceso vasto e informe suele estrechar su horizonte al círculo íntimo de amigos y parientes, en el que las peripecias de la partida, del viaje y de la llegada son narradas como acontecimientos únicos, tanto por su singularidad como, en contrapartida, por su carácter ejemplar, es decir, como si no hubiera otros que pasaron por circunstancias similares o como si la propia experiencia bastase para dar cuenta de la de todo el resto.

En “Ma, come siamo arrivati qui?” Ana Miravalles se concentra en la inmigración italiana arribada a Bahía Blanca durante la segunda posguerra, para proponer una mirada sobre este fenómeno hecha de itinerarios que van, casi nunca de manera lineal, de las vivencias particulares a las condiciones de época que enmarcan cada experiencia, y viceversa.

¿A todos los italianos que llegaron después de 1950 “los trajo Perón”? ¿Eran todos mano de obra especializada, “ingenieri”? ¿Aquellos "gringos" estaban, como se suele escuchar, “muertos de hambre”? Echar una mirada a la sociedad bahiense de aquellos años tal vez sea útil para comprender que, lejos del simple “trasvase”, el proceso inmigratorio careció de inmigrantes "típicos". En su lugar prolifera, llena de contradicciones y matices, la compleja historia que nos trajo hasta acá.

miércoles, 2 de octubre de 2013

PATEAR LA CALLE Y COMER TORTA


Hay que salir de la biblioteca y del gabinete para escribir historia. Una persona me cuenta su vida y la de su familia, y yo, como si tuviera cinco años, me sumerjo en ese mundo que no es sólo el mundo singular de esa familia, de esas personas, sino que es aquel país, aquella guerra, aquellos años, y ese grupo de inmigrantes contratados por el gobierno de este país, llegados a esta ciudad, en esos años. Hoy estuve en Pola, y empezó la guerra, y cayeron bombas, y corrí junto a una nena y su abuela a esconderme en un refugio; y después sentí cómo se llegaron a oír por toda Pola los gritos de esa nena cuando arrancaba el barco en el que se la llevaban a Italia (junto con otros tantos niños y ancianos) mientras sus padres quedaban en tierra, todavía, hasta el próximo barco. Y volví a Pola varias veces en tren desde Génova a buscar -en secreto, no era algo que pudiera hacerse facilmente- un baúl lleno de aceite de oliva y de panes que después sirvió cuando hubo que convencer a quien autorizaba a los emigrantes a partir para que los abuelos pudieran venir tambien ellos en barco a la Argentina; y me alojé  en el Hotel de Inmigrantes, dí una vuelta en colectivo recorriendo todo Buenos Aires, y llegué a la Base Naval en Puerto Belgrano; y escuché a la madre de la nena pedir pintura para pintar la casa que les dieron, y vi llegar un camión cargado de carne, leche y pan cuando todavía no se había cobrado el primer sueldo; y bailé a la noche los valses que los padres de la nena bailaban; y vi como levantaron su casa los sábados y domingos en el barrio chino, acá en Bahía, y asistí al velorio de ese padre, muerto poco tiempo después en un accidente, un 1° de mayo, mientras todos se iban de pic nic; y acompañé a la viuda a comprar máquinas industriales para tejer pulóveres; y saludé a las maestras (alguna de ellas vive todavía) que trataban de calmar la inexplicable angustia de esa nena cuando al mediodía sonaba la sirena de alguna fábrica cercana a la escuela; y vi a esa nena hacerse grande en un hogar de mujeres solas, y empezar a trabajar como oficinista en una enorme fábrica y como instrumentista en un hospital... y ahí, en ese punto, emerjo, y con esa nena que es otra vez una mujer, sentada en la cocina de su casa, pruebo un trozo de esta torta magnífica cubierta con crema moka y rellena de duraznos, con té sin azúcar.

Nuestra compañera Ana Miravalles en su blog Parva.

miércoles, 12 de junio de 2013

BACANICA

¿Qué tendrá que ver la publicación en 2008 de las libretas que el italiano Geniale Giretti escribió durante su paso por estas tierras, a principios del siglo XX, con la reciente fabricación en el museo de una caja para herramientas bautizada "Arreglatutti"?  En este post, Ana Miravalles parte de una de las páginas de uno de los libros de personal del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, para reflexionar sobre la relación entre idioma, inmigración y trabajo en nuestra ciudad y sobre sus transformaciones a lo largo del tiempo.



En su oficina en Puerto Galván, un secretario del Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico escribe los datos de un peón de cabrestante que acaba de ingresar y anota: Septimo Pasqua, nacido en 1872, Bacanica, Italia.

¿Qué lugar es ese? Nosotros sabemos ahora que se trata de Pagánica, ciudad del Abruzzo.

¿Por qué el amanuense escribió así ese nombre? Probablemente porque escribió lo que escuchó, en castellano. Porque no podía (o no quería, sentía que no tenía por qué hacerlo) reconocer el modo en que la "g" se pronuncia en italiano o en sus variantes dialectales: la fuerza con la que el señor Pasqua cerró el velo de su paladar al pronunciar (en italiano) la "g", convenció al secretario que se trataba de una "c"; y algo similar sucedió con la "P" inicial, una bilabial tan débil a sus oídos que solo podía ser reconocida como una "B".

Había miles de trabajadores italianos en el ferrocarril y en el puerto. Y sin embargo, ¿Por qué esa persona que ejercía un poder, el de escribir, el de registrar, no podía, no quería o sentía que no tenía por qué saber italiano?

Es que el amanuense ha ido a la escuela, naturalmente a la escuela argentina, y por lo tanto escribe "correctamente", con una bella caligrafía, en castellano -el "idioma nacional"-, no importa cuál haya sido su propio origen o el de su familia. Durante esas primeras décadas del siglo XX la escuela argentina imponía -gracias a una política articulada con gran precisión, la de José María Ramos Mejía y su "educación patriótica"- no solamente el conocimiento de la gramática y la sintaxis, del vocabulario y la expresión, sino también la normalización de la pronunciación, y por consiguiente, la valoración de un cierto modo de hablar en detrimento de otros: en detrimento, justamente de las marcas que las lenguas de los inmigrantes podían llegar a dejar en la lengua local: del español castizo, de cualquiera de las variedades dialectales italianas, y cualquier otra, en realidad.

Los nombres -y en buena medida, también los apellidos- se castellanizan: Giovanni, Giulio, Giuseppe, Settimo, se transforman en Juan, Julio, José y Séptimo. No solamente tendrán que hacer el esfuerzo de aprender su nuevo nombre, sino además el de aprender a pronunciar una letra que no forma parte del sistema fonológico de la propia lengua, la "jota". Pero "hacerse la América", "progresar" en este lugar, por aquellos años, sólo era posible de ese modo: a quien hablaba y escribía bien el castellano se le abrían las puertas para acceder a puestos de trabajo mucho mejor remunerados, y así, las de una sociedad que había hecho propio ese sutil criterio de discriminación. Por eso nadie se cuestionó hacer lo que sea para aprender el castellano lo más rápido posible, para borrar la entonación y los rasgos "marcados" en la articulación de las palabras.

Otro es el caso del inglés y el francés que eran valorados no como lenguas inmigratorias, sino como lenguas de cultura y de prestigio.

¿Y quiénes eran esos que tenían el poder de abrir las puertas de los mejores puestos de trabajo, las del ascenso social? ¿Con quiénes se encontraban los inmigrantes al llegar? Los criollos, dicen algunos. Sí, por supuesto. Pero, ¿de dónde salieron esos criollos? ¿Eran "nativos"? Había un porcentaje de población indígena en la ciudad pero con toda seguridad podemos afirmar que no eran ellos justamente quienes tenían ese poder. La mayor parte de esos "criollos", eran hijos de inmigrantes (ya sea de otras ciudades del país, o de extranjeros) ya escolarizados, ya asimilados, y por lo tanto, "argentinos".

El esfuerzo del Estado estaba enfocado en esto: en 1916 hay en Bahía Blanca 66 escuelas (públicas y privadas) dependientes del Consejo Escolar Provincial, con una matrícula de 10.955 alumnos y 273 maestros. En 1927, había 68 escuelas, 468 maestros y 13.169 alumnos que recibían educación primaria. Las maestras enseñaban, corregían, y felicitaban calurosamente a los niños que más y mejor aprendían, desaprobaban los "errores" producidos por la interferencia lingüística (tragarse las "s" finales o un grupo consonántico como "ct", decir "me se" en lugar de "se me cayó", o "voy del dotor" en vez de "voy a lo del doctor", ponerle artículo a los nombres propios...), actitud de reprobación y de subestimación incluso, que muchas veces era adoptada también por los otros niños... La presión por salir de esa situación de inferioridad propia del inmigrado (y especialmente de quienes conocían solo el propio dialecto) induce el deseo de aprender también en los adultos, y por eso muchos inmigrantes leen en castellano (pienso en la cantidad de diarios y periódicos que se publicaban y se vendían en Bahía Blanca a hasta mediados de siglo; pienso en una mujer como Rosa Segatta que lee lo que le caiga a la mano, a fines de los años 20; y en Julio Grosselli que mientras hace guardias en la usina eléctrica, a fines de los años 40, devora novelas de Corín Tellado).

Recién en estos últimos 25 años se inició el proceso inverso de valoración y estimación del estudio del italiano, lengua que la mayor parte de los descendientes de italianos ha estudiado como una lengua extranjera (salvo -en algunos casos y con varias salvedades- los hijos de los que llegaron en los años 50). *

Del shock que tiene que haber provocado en los inmigrantes esta presión y este esfuerzo por aprender otro idioma, y asimilarse, es algo de lo que no se suele hablar, todavía.

Yo siento la necesidad -imperiosa- de conocer este proceso de configuración de la identidad de los inmigrantes italianos en este lugar del mundo, y la de sus hijos y nietos, para poder sobrevivir a la avalancha de eslogans basados en clishes quasi-publicitarios, y de versiones retrospectivas del pasado, que demuestran una determinada voluntad por inventar y consolidar una identidad y un sentido de pertenencia fuertes, pero, paradójicamente, a partir de un manifiesto desconocimiento de la historia. Proyectar hacia los argentinos descendientes de italianos un concepto general y abstracto de "italiani all'estero", sin tener en cuenta estas experiencias concretas, puede llegar a generar equívocos, desencuentros y perplejidades entre quienes desean -sin duda con las mejores intenciones-, actuar e influir en la realidad presente.


* Puedo decir esto con conocimiento porque me desempeño, desde el año 1986, como profesora de italiano.
Indispensable para reflexionar sobre este asunto es el libro de Angela Di Tullio, "Políticas lingüísticas e inmigración: el caso argentino", Eudeba, Buenos Aires, 2011.


jueves, 16 de mayo de 2013

DICHO Y HECHO


¿Y si este museo fuera una caja de herramientas? Nos encanta, de verdad, pensar eso. Pero acá las metáforas sólo traccionan, agarran viaje, si adquieren algo del peso literal de las cosas. Por eso desde este mes, junto a los libros, las libretas de apuntes y las bolsas para las compras hechos en este lugar, te invitamos a probar nuestra caja Arreglatutti, un habitáculo perfecto para llevar herramientas que además trae palabras y frases para desprogramar (un poco) la obsolescencia de los lenguajes sobre el trabajo.

Arreglatutti, porque si cada artefacto trae un "idioma" de fábrica, una lógica de armado y de funcionamiento que se expresa en la lengua seca de los manuales, se nos ocurre que las manos y las herramientas que intervienen en su arreglo "dialogan", en cambio, en una suerte de cocoliche, en un habla que tiene mucho de mezcla e invento. ¿En qué lenguaje se entienden, si no, la llave inglesa y la francesa? En aquel que un búlgaro y un italiano, un gallego y un hindú, un formoseño y un pampeano improvisaron, a lo largo de cien años, para coordinar su labor en las distintas secciones de los Talleres Bahía Blanca Noreste.

"Petitore", con ese nombre enigmático conocían los trabajadores de Talleres Bahía Blanca al almacén de materiales ferroviarios. Hay que ir a los papeles, revisar planos y planillas, para reconocer tras la voz "Petitore", el término "Petit Store" con el que los jefes ingleses habían bautizado a esa dependencia del taller a fines del siglo XIX. ¿Será cierto entonces que la palabra "bacán" proviene de "back hands", expresión en la que parece haber quedado capturada la imagen de ese remoto patrón británico que, vigilando el trabajo de otros, caminaba con las manos en la espalda?
 

Nos la pasamos revolviendo ese cajón de sastre que llamamos historia ferroviaria, averiguando en cada documento, en cada testimonio, el orden de un rompecabezas que no corresponde, en definitiva, a una imagen sino a muchas simultáneas y no siempre coincidentes. El pasado, se sabe, es un caleidoscopio en las manos del presente, en los puños de quienes pulsean por adueñarse de un sentido del aquí y el ahora. ¿No será mucho tener que arreglárselas para eso con la ayuda de una simple cajita de madera? Puede ser. Pero si la cuidás un poco, la cajita en cuestión te va a durar toda la vida.

jueves, 6 de septiembre de 2012

"LO QUE SOMOS NO ESTÁ EN LA SANGRE, SINO EN LA HISTORIA Y LA EXPERIENCIA COMPARTIDA"



El martes, Día del Inmigrante, Ferrowhite mudó su actividad a la Asociación Dante Alighieri. Allí presentamos "La lingua del Giretti. Idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX". Un poco charla, otro poco recital, el encuentro propuso pensar la relación entre la lengua y las condiciones sociales en las que se dieron tanto la partida como la llegada a estas tierras de miles de trabajadores. "Piernas tenemos, no raíces" sugirió Ana Miravalles, a manera de (provisoria) conclusión, para invitarnos a entender que las herencias culturales pueden ser el fundamento de una habilidad prospectiva para inventar, a partir de la mezcla, un futuro mejor.

Junto a los alumnos de Dicción Italiana del Conservatorio de Música, terminamos cantando "Quel mazzolin di fiori", mientras probábamos unas masitas riquísimas preparadas por las profesoras de la Dante. Delicias que algunos llaman chiacchere, y otros sfrappole, sfrappe, crostoi... vaya uno a saber.

domingo, 2 de septiembre de 2012

TODOS SOMOS MIGRANTES



Geniale Giretti vino a la Argentina en tres oportunidades, en 1905, 1911 y 1921, pero las tres veces volvió a Italia, a su pueblo, San Vittore. Su hijo Tito, en cambio, sí se quedó en nuestro país, pero como fue empleado del ferrocarril, debió mudarse de una estación a otra antes de lograr radicarse, ya grande, en Bahía Blanca. Eusebia y Rafael, los padres de Mónica Amador, llegaron desde Bolivia a Hilario Ascasubi en 1980. Hace apenas meses que su hija, nacida allí, decidió establecerse en nuestra ciudad donde estudia y trabaja. 

No han sido pocas las ocasiones en que la palabra "inmigrante", o sus variantes menos neutras "tano", "gallego", "moishe", "turco", "paragua", "bolita"..., sirvieron para marcar a los que llegaban de "afuera" y así reforzar el supuesto lugar de privilegio de quienes se consideran de "adentro" por haber impuesto una ley, un régimen de propiedad, un cierto paradigma de identidad, o por el simple hecho de haber llegado antes. Sin embargo, nada nos asegura que vayamos a permanecer en un mismo sitio para siempre. La experiencia de los Giretti y los Amador sugiere lo contrario. 

Desde hace por lo menos dos siglos, los desplazamientos poblacionales son constitutivos del funcionamiento de las economías capitalistas. Puestas las cosas en perspectiva, quizás las migraciones, tanto las externas como las internas, resulten un fenónemo compartido por la mayoría de las sociedades modernas. Pero las corrientes migratorias representan mucho más que una fuerza de producción, a menudo barata, precarizada, esclava. Los migrantes reconfiguran los paisajes que atraviesan. A su paso, desafían tanto las nociones esencialistas de la identidad, como aquellos elogios de la "diferencia" que se enuncian al margen de los contextos territoriales específicos y de las luchas concretas por la igualdad. 

viernes, 31 de agosto de 2012

LA LINGUA DEL GIRETTI





La Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) invitan a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX.", a realizarse en el auditorio de la Asociación, Rondeau 26, el martes 4 de septiembre, a las 19 hs.

Geniale Giretti llegó por primera vez a Bahía Blanca procedente de San Vittore (Le Marche, Italia) en 1905. Durante su paso por esta zona, escribió tres libretas, editadas por el museo taller en 2008, en las que cuenta sus andanzas como jornalero en el campo y peón de una cuadrilla ferroviaria. Preguntarse cómo leer esas libretas hoy es una invitación a mirar la Bahía de principios del siglo XX a través de los ojos de un trabajador inmigrante y preguntarse también acerca del largo itinerario de la experiencia migratoria en nuestra zona, a través de la experiencia misma del lenguaje y sus transformaciones.

Participan del encuentro alumnos de Dicción Italiana del Conservatorio de Música de Bahía Blanca, quienes interpretarán canciones de la "Belle époque contadina".

Ana Miravalles es Licenciada en Historia (UNS), responsable del archivo de Ferrowhite, y profesora de italiano en la Asociación Dante Alighieri y en el Conservatorio de Música de Bahía Blanca.

miércoles, 29 de agosto de 2012

IDIOMA, INMIGRACIÓN Y TRABAJO

No digan que no les avisamos con tiempo: el próximo martes 4 de septiembre, a las 19 hs., en el auditorio de Rondeau 26, la Asociación Dante Alighieri y Ferrowhite (museo taller) celebran el Día del Inmigrante invitando a todos a la charla de Ana Miravalles "La lingua del Giretti: idioma, inmigración y trabajo en Bahía Blanca a principios del siglo XX."

A manera de adelanto, compartimos con ustedes este álbum. ¿Qué relación existe entre todas estas imágenes? Tienen 6 días para pensarlo.

miércoles, 6 de junio de 2012

DE LOS TRABAJADORES QUE CONSTRUYERON LOS FERROCARRILES EN BAHIA BLANCA (1905-1918)

1.
Vamos  a empezar con una explosión y terminar con otras. Todas ocurren en Bahía Blanca, a principios del siglo XX, aunque con algunos años de diferencia. Ninguna tiene consecuencias demasiado graves: hacen volar por los aires apenas unos cuantos kilos de los cientos de toneladas de ladrillos, maderas, chapas, piedras y rieles que en esos años estaban transformando la ciudad y el puerto. Todas tienen que ver, por último, con personajes anónimos. Quiénes eran esos hombres que, iluminados un instante por el destello de las explosiones, parecen haber quedado afuera de las historias de postal que suelen contarse de aquella época, qué hacían, en qué condiciones vivían, qué suerte corrieron y qué quedó de ellos entre nosotros son algunas de las preguntas que nos ayudarán a hacer foco en dos momentos precisos: diciembre de 1905 y abril de 1918.



2.
Una soleada tarde de diciembre de 1905, a pocas cuadras de la plaza Rivadavia se escucha el primer estruendo. Una lluvia de escombros cae sobre los patios y los techos de la esquina de Avenida Colón y Saavedra.  Los vecinos alarmados se acercan, pero retroceden espantados por el desagradable olor: lo que acaba de estallar, con el calor del sol por única mecha, es la muy concurrida y muy poco aireada letrina de la fonda que funciona justamente en ese lugar. Desconcertados quedan también los 60 huéspedes de esa casa, jornaleros, casi todos italianos, alojados allí, en “la suciedad más repulsiva, la miseria más ruin”.[1]

Este episodio no es un caso aislado: varias denuncias se leen en los diarios de esos días por las pésimas condiciones de alojamiento en muchos hoteles y pensiones.[2] Es que alrededor de cada uno de los monumentales y bien decorados edificios que se construyen en la ciudad pululan cientos de fondas, pensiones, posadas y casas de inquilinato donde pernoctan, por pocas monedas al día los miles de inmigrantes que llegan incesantemente en esos meses -sólo en diciembre de 1905, 1376 personas[3]-, en busca de trabajo. Y el trabajo abunda.

Para los recién llegados hay muchas oportunidades en el campo, en el puerto, en la construcción y en el ferrocarril, y no tanto en la industria, ya que el desarrollo en ese sector, si bien notable con respecto a períodos precedentes y posteriores, es bastante limitado: solo un 7% de la población trabaja en alguna fábrica, ya sea en frigoríficos (350 personas), fabricas de carros y carruajes (180), molinos harineros (25 y 30), fábricas de manteca y hielo (20 a 25), o establecimientos de menor envergadura que no ocupan a más de 6 obreros.[4]


En cambio, los volúmenes de cereal sembrado y cosechado crecen en esos años de manera exponencial: un domingo de enero de 1906 se cargan en el puerto de Ing. White 16.295 bolsas[5]; un miércoles cualquiera de marzo, 73.886[6]. La construcción urbana está  en pleno auge y las empresas ferroviarias se expanden. Sólo en los Talleres Bahía Blanca Noroeste se produce en esos años una importante incorporación de personal, hasta alcanzar en 1913 una cantidad promedio de 500 operarios.[7]  El Ferrocarril Sud, con Arthur Coleman como superintendente desde marzo de 1905, construye la doble vía en la línea a Tornquist, a Saavedra, y la línea a Patagones y lleva adelante el ensanche del muelle en el puerto.[8] El Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, tras haber comprado la línea Bahía Blanca Noroeste en 1904,[9] inicia la ampliación de sus talleres y de su depósito de locomotoras,[10] se lanza a la construcción de Puerto Galván y de una nueva doble vía desde Nueva Roma hasta Catriló,[11] al tiempo que explota canteras de balasto en López Lecube y minas de arena en Bordeu.[12]  Trabajo sobra, pero entre el trabajo y la prosperidad prometida a los trabajadores media un océano de distancia, en ocasiones más difícil de franquear que aquel otro por el que muchos de ellos habían llegado hasta acá.

3.
Por aquellos años, trabajar en esta zona era estar de paso. El viaje desde Europa resultaba en más de una ocasión sólo el primer tramo de una larga marcha, que continuaba por los campos de la zona. Salvo quienes lograban un contrato de arrendamiento que los comprometía a permanecer en un mismo lugar durante un lapso más o menos prolongado, la mano de obra rural iba y venía al ritmo de las cosechas: cientos de peones estacionales, durante dos o tres meses, manejaban trilladoras, embolsaban grano y cargaban chatas con cientos de bolsas de trigo. Por otro lado en el puerto, excepto los guincheros, que logran permanecer en sus puestos varios años -algunos llegan incluso a jubilarse-, tanto los peones de muelle como quienes manejan los cabrestantes, trabajan habitualmente por períodos breves. Con el plantel de las dragas y refuladoras que despejan el barro del canal de acceso al puerto, pasa algo parecido: contramaestres, maquinistas y foguistas alcanzaban cierta estabilidad, pero carboneros, cocineros, marineros y peones de varadero generalmente son contratados por “navegación”, y terminado el trabajo, despachados inmediatamente.

Podría suponerse que en el ferrocarril, dada la regularidad de sus servicios, la situación era diferente. Sin embargo, los registros de personal de las empresas muestran que los peones, tanto los que construyen muelles, galpones y estaciones como los que levantan terraplenes, hacen zanjas y colocan rieles y durmientes  para el FCS y el BAP, aunque son miles,[13] trabajan –con suerte- sólo unos pocos meses, y en ocasiones, sólo unos días. Únicamente el personal jerárquico y administrativo, maquinistas y foguistas, guardas, señaleros y oficiales logran una cierta continuidad, una remuneración estable, y algunos beneficios, como por ejemplo el acceso a las viviendas que las empresas daban a su personal en Maldonado, Villa Harding Green, Brickman y Colón, y en Ingeniero White.


Gracias a algunas libretas de registro de peones que se conservan en el archivo de Ferrowhite podemos conocer el movimiento de una de las varias cuadrillas en que se distribuían los trabajadores de Vías y Obras (constructores, alambradores, caballerizos, cocineros, albañiles y carpinteros). De la cuadrilla de alambradores 408 G del FCS que funcionó entre mayo de1898 y diciembre de 1912 sabemos que algunos peones salen “por su voluntad" y vuelven a entrar a los pocos días.[14] Otros dejan la cuadrilla para ir a la construcción o a la cosecha a contrato con algún chacarero.[15]  Con respecto a otra cuadrilla, la Cuadrilla especial, sabemos que en agosto de 1899 ingresan 73 hombres, de los cuales 45 salen por su voluntad al mes siguiente y los otros 28 tres meses después. En ese mismo lapso, entre septiembre y diciembre ingresan 104 hombres pero la mayor parte de ellos se va voluntariamente en diciembre. En enero de 1900 ingresan 47 peones, en febrero 45 y en marzo nada menos que 98; sin embargo ya el 4 y el 30 de abril se producen dos “reducciones de personal” que dejan afuera a 100 hombres. Durante los meses de invierno los ingresos son ínfimos (en mayo: 9, en junio: 6; en julio: 6) hasta que en agosto se produce otro ingreso masivo: en dos meses, 180 hombres. Pero a mediados de septiembre se registran las primeras salidas y, en octubre, otra “reducción de personal” (98 peones).Algunos son reincorporados, pero el 14 de diciembre salen 31 peones hasta que el 29, la cuadrilla es finalmente “despachada en su totalidad”. [16] 

El que no se va de la cuadrilla es el capataz. Para los peones, él es el patrón, el rostro visible de la empresa, no Mr Coleman o Mr Clegg. La suya es la áspera mano del poder: él es el que llama, contrata, reconviene, provee la comida para todos, y también el que despide al que no trabaja, descuenta medio jornal por llegar tarde o despacha a todos cuando el trabajo termina y llega la “reducción de personal”.[17] Y sólo los capataces (que provienen sin embargo, muchas veces de las mismas cuadrillas) llegan a figurar en los registros de personal estable de las empresas ferroviarias.[18]

4.
El carácter temporario de estos trabajos se correspondía con una marcada precariedad en las condiciones laborales. Si no pernoctaban en alguna fonda, los peones dormían en carpas[19] o vagones; la prevención de heridas o la asistencia en caso de accidentes eran nulas;[20] y una llegada tarde, una borrachera o una discusión alcanzaban para ser despedido o, en caso de ausencia por enfermedad, para perder del jornal las horas no trabajadas.[21]

Se podía mostrar disconformidad de varios modos: dejar el trabajo sin aviso, intentar un cambio de cuadrilla para depender de otro capataz, o irse al campo a la cosecha, o a la construcción. Y eso ocurría todo el tiempo, tal como lo muestran las libretas de registro de peones del FCS.


A primera vista parecería muy difícil que gente que va y viene todo el tiempo, que no llega a conocerse y muchas veces ni siquiera habla la misma lengua, pueda organizarse y reclamar. Y sin embargo, las huelgas fueron muchas en esos años. Así como el sindicato de albañiles para entre octubre y diciembre de 1905 y logra establecer jornadas de ocho horas,[22] o los obreros de los hornos de ladrillos logran un 50 % de aumento en sus salarios después de una breve huelga,[23] o los peones carniceros exigen que los matarifes cambien el horario de la carneada y reduzcan aunque sea un poco las 15 horas de jornada laboral habitual,[24] en agosto de 1905, también los peones de Vías y Obras que trabajan en las obras del ensanche del muelle del Ferrocarril Sud se declaran en huelga. Desde Buenos Aires envían a Ingeniero White trabajadores para reemplazar a los huelguistas, y desde La Plata, un piquete de diez hombres de gendarmería para reforzar la vigilancia en el puerto. A pesar de que este conflicto parece haber quedado resuelto[25], los primeros días de octubre de 1905 cambistas, señaleros, y peones de planchada del FCS en Bahía Blanca, White y puerto vuelven al paro.[26] La tensión se acentúa: Coleman envía una carta a los obreros invitándolos a reflexionar sobre los perjuicios que provocan, y anunciándoles que la empresa considera despedidos a quienes no se presenten a trabajar[27]. Los huelguistas quedan, efectivamente, cesantes, y la empresa hace venir a la ciudad aún más obreros para reemplazarlos. Los huelguistas presentan una nota, anunciando que no se van a dejar intimidar, y la respuesta de la empresa es la creación de la Unión Protectora del Trabajo Libre, contra los “agitadores de oficio”.[28]  Sin embargo, las huelgas y reclamos en los años siguientes no solo no disminuyeron sino que las acciones promovidas por obreros socialistas y anarquistas - reacios a cualquier entendimiento con “sociedades amarillas” (es decir, uniones o cooperativas promovidas desde la patronal), y cada vez más y mejor organizados - fueron en aumento: las más importantes, y de las que sabemos aún poco, en julio de1907, enero-febrero de 1912, y las sucesivas huelgas ferroviarias de octubre de 1913, septiembre-octubre de 1917  hasta llegar a la huelga ferroviaria de abril de 1918.

Aquí es donde se escuchan las otras explosiones. En marzo de 1918 una alcantarilla vuela en Grumbein[29], tres estallidos se registran en la Usina de Loma Paraguaya[30],  y otro en los rieles del BAP a la altura del km 18. El allanamiento policial da por resultado en este caso el hallazgo de “azufre y el molinillo que se usa para moler tales sustancias para la preparación de explosivos” en el local de la Federación Obrera Ferrocarrilera[31]; y aún así, más bombas estallan, una en la casa del Inspector de Vías y Obras del BAP, Carmelo Argiroffi[32], y otra en la casa del capataz de señales del FCS[33]. Los ferroviarios están nuevamente en huelga. Mas de cien trabajadores son despedidos y de la mayor parte de ellos no se vuelve a saber nada.  Las tropas de “marinería” destacadas en Bahía Blanca e Ingeniero White para “preservar el orden”, y reprimir a los “elementos exaltados”, se alojan –paradójicamente – en el viejo Hotel de Inmigrantes.

5.
Los destellos de estas explosiones iluminan por unos instantes lo que las fotos destinadas a eternizar “la pujante grandeza” de una época han dejado deliberadamente fuera de cuadro. El estallido de las letrinas en 1905 deja a la vista no solo los lechos de paja y arpillera en que dormían esos trabajadores “golondrina” sino también la ausencia de una estructura receptiva para quienes llegaban a la ciudad. Las bombas de 1918 muestran cómo a esa altura,  junto con el cemento que mantiene en pie los grandes edificios que se levantan en esa época, se ha ido consolidando también un orden de relaciones: la precariedad de los vínculos laborales y fundamentalmente, la imposibilidad casi absoluta de acceder a la propiedad de la tierra que generó una masa de trabajadores “volátil”, que iba y venía todo el tiempo.


De los miles de golondrinas que levantaron terraplenes, clavaron rieles y ajustaron durmientes muchos se quedaron, pero muchos más son los que, después de unos meses, se fueron. De todos esos hombres que pasaron, tal vez muy pocos hubieran llegado a reconocerse alguna vez como bahienses, pero los edificios y obras civiles que todavía hoy definen el perfil de nuestra ciudad son la causa y el resultado directo de sus esfuerzos. Pasan –podría decirse- como un tornado, quedan en pie las paredes decoradas con estucos, los terraplenes consolidados, los rieles bien clavados, los pilotes de los muelles asentados, y se van. O tal vez sea más apropiado decir, son los que han sido “volados” de esta historia, como si las montañas de tierra y piedra de los terraplenes, las toneladas de hierro de los rieles y los cientos de durmientes que los sostienen, se hubieran movido solos: “Los progresos del riel: ayer los rieles llegaron a Huinca Renancó”.[34]



[1] La Nueva Provincia, 23-12- 1905.
[2] LNP, 8-11-1905: a varios dueños de casas de inquilinatos se los conmina a realizar mejoras: construcción de aljibe, piletas para lavadero, sumidero, cuarto de baño de dos metros cuadrados con capacidad para cinco personas, patios impermeables y cierre de terrenos.
[3] LNP, 15-1-1906.
[4] Rey, M, Errazu de Mendiburu, D. y Abraham, N., Historia de la industria en Bahía Blanca, 1828-1930, Dpto. de Ciencias Sociales, Universidad Nacional del Sur, Bahía Blanca, 1980, p. 54-55.
[5] LNP, 13-1-1906.
[6] LNP, 13-3-1906.
[7] BAP, Talleres Bahía Blanca Noroeste, Movimientos de personal y estadísticas varias, 1913-1920.
[8] LNP, 23-8-1905.
[9] LNP, 20-5-1904.
[10] LNP, 6-5-1905 y 1-8-1905.
[11] LNP, 30-8-1905.
[12] BAP, Registros de personal, Vías y Obras, 1.
[13] En la doble vía Nueva Roma-Catriló trabajan 1500 peones. LNP, 30-8-1905.
[14] FCS, Vías y Obras, Registro de peones, Cuadrilla 408, alambradores, G, 1898-1912.
[15] Algo semejante se ve en uno de los libros del BAP: Emilio Bianchi, nacido en 1878 en Galarate, Italia: “trabajó en esta empresa desde julio de 1905 hasta septiembre de 1919 con interrupciones para ir a las cosechas”, BAP, Registro de Personal, VyO, 1, nº  281.
[16] FCS, Vías y Obras, Registro de peones, Cuadrilla especial 6. 1899-1900 (libretas 1 y 2)
[17] Las libretas de Geniale Giretti 1905-1907, Ing. White, 2008, 103.
[18] BAP, Registro de Personal, Vy O, 1.
[19] “Trabajábamos en el ferrocarril y quien ha estado en América lo puede decir: se duerme en una carpa, verano e invierno, donde el viento sopla y la lluvia pasa”, en Las libretas de Giretti, p. 84
[20] LNP, 14-7-1907: ”están obligados a trabajar a 15 pies de altura sobre tablas de una pulgada que se cimbrean bajo el peso
[21] Las libretas de Geniale Giretti,  p. 103.
[22] LNP, 1-12-1905.
[23] LNP, 18-8-1905.
[24] LNP, 27-8-1905.
[25] LNP, 10-9-1905.
[26] LNP, 3-10-1905.
[27] LNP, 3-10-1905 y Arturo Coleman, Mi vida como ferroviario inglés en la Argentina, 1948, p. 109-110
[28] LNP, 5-10-1905 y 30-1-1906 y Coleman, p. 96
[29] Bahía Blanca, 20-4-1918
[30] LNP, 23-4-1918
[31] LNP, 25-4-1918
[32] LNP, 1-5-1918.
[33] LNP, 3-5-1918.
[34] LNP, 21-7-1907.

miércoles, 30 de mayo de 2012

TE SACAMOS LA FICHA

"Quería saber si tienen algún dato sobre mi padre. Se llamaba Tvetko Nedelgheff. ¿Se los deletreo? Trabajaba en Talleres Bahía Blanca Noroeste."

No pocos llegan a Ferrowhite con inquietudes como esta. Suponen, con sensatez, que si existe un museo dedicado a la historia del trabajo en el ferrocarril y el puerto, esa historia debe estar registrada en alguna parte. Pero las cosas no son tan sencillas. Entre otras razones porque, no sólo el relato del pasado, sino su misma posibilidad, es una construcción de ningún modo ajena a las circunstancias históricas.

La historia de los Talleres Bahía Blanca, por ejemplo, parte del hecho de que la última vez que se prendió el horno de su herrería, fue para quemar buena parte de las fojas de servicio de generaciones de obreros. Conclusión: puede que aquellos que tienen algo para preguntarnos terminen respondiendo a nuestros propios interrogantes. "¿Así que su papá trabajó en Noroeste? ¿En qué sección? ¿No lo habrá conocido a...?" La historia, se dirá, es una trabajo colectivo. Pero esta no es solo una frase que queda lindo proclamar. Es que a veces no queda otra.

Así que acá los espera Ana Miravalles con las puertas de nuestro archivo abiertas de par en par. Imagínenla con un casco de minero en la cabeza, abriendo galerías entre montañas de papeles que sí se salvaron del fuego*. Si la historia es una tarea común, ella es de las que hacen horas extras por todo el resto. Esta mañana, Ana sonríe y nos dice: "Miren a quien encontré".




* En el museo se conservan tres de los libros de registro de personal de Talleres Bahía Blanca Noroeste y un fichero con información sobre los aprendices, operarios y capataces del taller, actualizado al mes de agosto de 1955. Una de esas fichas corresponde al búlgaro Tvetko Nedelgheff. 

viernes, 10 de abril de 2009


Mientras a fines de siglo XIX los periodistas sueñan un futuro maravilloso para Bahía Blanca y su puerto, un italiano que viene a trabajar aquí como peón de campo y ferroviario anota en una libreta día por día qué hace, qué come, cuánto dinero ahorra, quiénes son sus compañeros de trabajo, y quién el capataz que los maltrata.
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Frente a la Bahía Blanca que periodistas e intelectuales imaginan llena de fuentes de agua cristalina, parques frondosos, fábricas y miles de prósperos agricultores, aparece la Bahía Blanca por la que deambula Giretti buscando alguien que le acomode su hueso roto, alojándose en fondas atestadas de inmigrantes dispuestos a trabajar de lo que sea.
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Frente a esos sueños en los que la riqueza fluye "naturalmente" y sin conflictos, la tensión de las relaciones de trabajo: peones, chacareros - arrendatarios, contratistas, capataces, máquinas que se rompen, jornales que no se pagan, abusos que no se toleran así no más.
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Frente a la letra de molde, la escritura manuscrita.

Con estos dos libros publicados en 2008, “Cómo era Bahía Blanca en el futuro” y “Las libretas de Geniale Giretti”, Ferrowhite invita a leer, a pensar y a recorrer la ciudad y el museo rastreando:

- en el presente los restos de la ciudad soñada,
- en el pasado los sueños, los que hoy nos constituyen y los que nunca llegaron a concretarse
- y en los sueños del presente un espejo para tratar, aunque sea a contraluz, de ver y entender cómo son las cosas hoy.
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martes, 18 de noviembre de 2008

COMO FUE LA PRESENTACION DEL LIBRO

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Mientras a principios de siglo XX los periodistas soñaban el puerto y las campiñas del futuro, y a sus ojos Bahía Blanca prometía convertirse en la Liverpool de Sudamérica, Geniale Giretti, un italiano, marchigiano, campesino y maestro de escuela en su pueblo, llegó a trabajar a la zona rural de Bahía Blanca y a Ingeniero White, y en sus libretas pintó una vívida imagen de las condiciones de trabajo y de vida en esos años.

Ese día Rocío Azul cantó algunas arias de las que se escuchaban en la época en que Giretti vino a la Argentina.

Francesco Quatela y Omar Chauvié leyeron, como en un juego dramático, en italiano y en castellano, uno de los increibles poemas en que Giretti cuenta la reacción de un grupo de peones frente a un patrón desaprensivo en el campo durante la cosecha de 1907.


Yo expliqué cómo, a través de Rodolfo y de Leticia Giretti, las libretas llegaron a nuestras manos, y con qué idea hice la traducción:

el relato novelado y los poemas están traducidos, las notas diarias no. Hay un ir y venir de una lengua a otra, palabras en castellano escritas con ortografía italiana, palabras en italiano con ortografía castellana, da la impresión de que quiere estar aquí y allá. En esa vacilación, en ese ir y venir está la cifra misma de la experiencia migratoria: Giretti cuenta que tomaba mate a la mañana temprano, compraba chorizos y tomaba caña.
La habilidad de Giretti, y la de todos nosotros, es una habilidad no vuelta hacia el pasado, sino prospectiva; de algún modo todos somos migrantes; y eso lleva, desde muchos puntos de vista, a la hibridación, al mestizaje, genera todo el tiempo identidades aleatorias, que se van definiendo y redefiniendo, no en base a ningún mensaje de la sangre sino en base a la experiencia vivida.
Por eso al final, comimos cicerchiata, en base a una receta bajada de internet (porque las recetas de la abuelita no salen desde adentro, por sí solas), y una buena sandía con vino...


El libro puede conseguirse a $20 en Ferrowhite, pedirlo al 4570335 o escribiendo a ferrowhite@bb.mun.gba.gov.ar.
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lunes, 10 de noviembre de 2008

LAS LIBRETAS DE GENIALE GIRETTI

En 1905, un campesino italiano de 23 años, maestro en su pueblo en Le Marche y asiduo lector de las novelas de Carolina Invernizio, llega a trabajar a la zona rural de Bahía Blanca y a Ingeniero White.

Sistemáticamente anota en su libreta las idas y venidas entre Tornquist, Bahía Blanca, Avestruz, Bajo Hondo e Ingeniero White, los gastos mensuales y algunos detalles de su vida cotidiana.

Un día, en el campo, durante la cosecha de 1907, escribe dos formidables poemas.
Y en algún momento, en otra libreta, transforma sus notas en un apasionante relato.


Desde Ferrowhite presentamos en edición bilingüe Las Libretas de Geniale Giretti (1905-1907) para volver a pensar en nuestra ciudad, la de antes y la de ahora; el trabajo en el campo, en el ferrocarril y en White, antes y ahora; los italianos, los de antes y los de ahora; los migrantes, los de antes y los de ahora; en suma, en nosotros mismos, con el pasado y las identidades que todo el tiempo estamos tratando de construirnos.