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martes, 15 de octubre de 2013

DUNDRUM BAY


Bocha Conte lo hizo de otra vez. Este es el Dundrum Bay, su flamante buque archivo. Quien lo presenta en la foto no es Roberto, sino su amigo Mario Forte. Así que los que quieran admirar la nueva maravilla del maestro del cartón tetra brick, pueden darse una vuelta por la sastrería de Mario, en Mascarello y Belgrano, o esperar algunos días para verla acá en el museo junto a sus embarcaciones hermanas.

lunes, 22 de agosto de 2011

DE LA VITRINA A LA VIDRIERA

¿Y si el patrimonio de una comunidad se definiera menos por lo que sus miembros poseen que por aquello que comparten? Sobre el fin de la semana pasada el “San Silverio”, el buque archivo que Roberto Conte construyó en su casa y botamos acá en el museo allá por abril, zarpó de nuestras salas con destino a la vidriera de la sastrería Forte, en la esquina de Belgrano y Mascarello. Entre tanto, una colección de arenas de playas lejanas atesorada por el sastre Mario Forte, comienza a ocupar la planta baja de la Casa del Espía, iniciándonos en la vida misteriosa de un "tipo de mundo" al que casi no se lo ha visto salir de su pueblo.


Junto a algunas fotos de este nuevo viaje del "San Silverio", dejamos por acá las palabras que nuestra amiga Ana Vidal escribió, a manera de presentación, sobre Bocha y su trabajo:

Este es el barco que Roberto "Bocha" Conte donó al museo en abril de 2011, fruto de dos años y medio en los que destinó sus ratos libres a cortar, pegar y pintar pedazos de tetra brik, cartón corrugado, maderas, plásticos y otros materiales en el living de su casa.  
  

Bocha reprodujo del modo más literal posible la forma de los portacontenedores que habitualmente recorren el puerto de White, imitando sus proporciones y sus detalles constructivos. Así hizo también con la lista de las embarcaciones whitenses que han navegado las aguas del puerto en los años de los que tiene memoria – los nombres de lanchas junto con los apellidos de sus dueños, que recopiló y escribió sobre cada container, previo cotejo con vecinos y amigos, especialmente, Silverio Churazzo y Alberto Garrini, sus dos grandes compañeros en la tarea de construcción del buque.


La réplica construye conocimiento y quiere ser un homenaje a las tantas familias de White que, como la suya, han puesto su trabajo en un puerto que al día de hoy, les resta cada vez más lugar. Por eso, Bocha pide que su barco esté dispuesto en el museo de forma tal que cada uno pueda rodearlo y hacer de él un dispositivo de memoria: buscar dentro de sí qué lanchas reconoce, y qué lanchas faltan; cuáles es posible ver aún, y cuáles ya no recorren la ría.

Cuando era chico, el director de la escuela “Sarmiento” de White lo mandó con una carta de recomendación a estudiar pintura a Bahía Blanca porque vio en él una inclinación especial hacia el arte. Fue a algunas clases, pero luego vio que aquel taller lleno de caballetes y óleos no era su lugar. La vida lo llevó al trabajo diario en el mar, pero Bocha nunca abandonó el dibujo: con el paso de los años retrató muchas veces la ría, alguna boya, y los buques del puerto.


Será por eso que optó por la imagen del barco al momento de armar su homenaje. La forma elegida hace que el ejercicio de lectura demande algo más que cotejar la lista de los nombres. El objeto está lleno de signos que exigen una interpretación. Por más que Bocha afirme: “es un barco que sale de Ponza, lleno de las lanchas de las familias de White. Y se llama “San Silverio”. Eso lo dice todo”, para cada espectador esa totalidad adquiere un sentido distinto: los colores, las formas, los materiales, los nombres, la metáfora; invitan una y otra vez a sentir y a pensar, dicen algo que nunca está escrito.

Ana Vidal

lunes, 25 de abril de 2011

ZARPAMOS

2 planchas de cartón corrugado, 15 pomos de cemento de contacto, 1 lata de esmalte sintético, 93 envases de jugo tetra brik recolectados por familiares y vecinos, 10 tubos de pintura acrílica, 3000 horas de trabajo en el living de una casa de la calle Brihuega, la foto de un portacontenedores vista en un catálogo en un remolcador holandés, 11 años de labor en las dragas del Ministerio de Obras Públicas de la Nación, media docena de amigos, más de 100 embarcaciones (lanchas, remolcadores y dragas) del puerto de Ingeniero White: Trento, Amapola, Diogenes, Las Malvinas, Presidente Antiguo, Whitense, General Cardona, Hasta luego, La Paloma…

De estas, entre otras cosas, está hecho el “San Silverio”, el nuevo buque archivo de Roberto Conte, y desde el sábado pasado, también del abrazo y el brindis de todos los amigos que llegaron a Ferrowhite para acompañar su botadura.

Francisco Vitale, pescador

Cargado de nombres que convocan, lo pudimos comprobar anteayer, innumerables historias, el "San Silverio" es un barco con una misión precisa: volver tangible la relación cambiante entre pasado y presente, grande y pequeño, propio y ajeno, próximo y distante, a través de la que se traman los conflictos pero también el sentido de pertenencia a una comunidad.

Más fotos por acá.

miércoles, 20 de abril de 2011

SÚBETE A MI BARCO (VIDA MÍA)

Este sábado a las 17:30 hs., a pocos pasos de la Fiesta Nacional del Camarón y el Langostino, en Ferrowhite botamos el “San Silverio”, el nuevo buque archivo de Roberto “Bocha” Conte.


El “San Silverio” es un barco cargado del recuerdo de otros barcos. La reproducción a escala de un portacontenedores inmenso en el que pueden leerse los nombres de las embarcaciones más pequeñas de este puerto. Un navío de ultramar construído para transportar el inventario de esa flota que rara vez se aventura más allá de la ría: dragas, remolcadores, lanchas de practicaje y sobre todo, de pesca artesanal, que tienen en la geografía del estuario su historia y razón de ser.

Lanchas amarillas como el “Antonito C”, a la que Bocha se subía "de contrabando", con 11 o 12 años. Remolcadores de la Flota Fluvial del Estado en los que ganó sus primeros sueldos. Dragas del Ministerio de Obras Públicas de la Nación de las que llegó a ser patrón. La maqueta vuelve palpable la historia de su constructor, la de los amigos y familiares que colaboraron con él -“Silverio Churazzo y Alberto Garrini a la cabeza”-, pero también la idea de que toda memoria depende de actos presentes que transforman necesariamente lo recordado.

Con su portacontenedores Bocha le da forma a un archivo paradójico que en lugar ahogar los recuerdos en las heladas aguas del cálculo historiográfico, pone al pasado en tensión, calzando esos nombres casi olvidados -El Envidio, Rodoño, Verita, Res non verba…- en la horma del presente inmediato. Porque el San Silverio es un buque armado para transitar los intrincados canales de la coyuntura ampliando, en lo posible, el horizonte. Un barco para navegar la reconversión de la pesca artesanal y el inminente dragado del canal principal de la ría, la lucha de los pescadores por frenar la contaminación de las aguas y el reclamo de todos los amigos de este museo para que White no pierda su última salida al mar.

viernes, 20 de junio de 2008

FONOPLATEA EN FERROWHITE

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El sábado 14 de junio, cuando se hizo la botadura del "Ingeniero White", el barco portacontenedrores de Bocha Conte, Pedro Caballero y yo subimos al escenario de Ferrowhite. Con la voz de Pedro Fontana Reyes, él hizo los anuncios de los bailes de primavera, las obras de teatro del grupo de Gianetto Bellavigna; y conversamos, como tantas otras veces pero en público, sobre esa oportunidad en que estuvo Donald en el club Comercial, y sobre las mujeres que corrieron a paraguazos al actor que hacía de Facenzo el Maldito en la radionovela de LU2, y sobre el teatro vocacional whitense, y sobre María Luz...

Después dije algo así como: "El barco de Bocha Conte parte y todo White va cargado en él: 194 contenedores con los nombres de bares, clubes, almacenes, sindicatos y peluquerías. Pedro los recuerda todos, y uno por uno los anuncia. "

Después, Pedro invitó al público a pasar a la otra sala, donde estaba el barco, todos cantando: partirá la nave partirá, a donde llegará, eso no lo sé...


A la izquierda, proyección con contenedores que parten de Puerto Galván. A la derecha, María Agnelli, bañista eterna, frente a los elevadores de chapa.

El navegante Roberto Orzali comprueba la solidez del casco del "Ingeniero White"


"Un genio, este Bocha"


Además de fonoplatea, hubo teatro de sombras, video, vino caliente y picada ferroviaria.
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martes, 10 de junio de 2008

SÚBETE A MI BARCO

La botadura de un barco es siempre un acontecimiento significativo, de modo que para darle el marco que se merece a la "botadura" del Ingeniero White, el sábado 14 de junio a las 19 hs. Ferrowhite estrena su fonoplatea con el esperado regreso a los micrófonos de Pedro Fontana Reyes, la voz cordial y amiga del éter whitense. Quien fuera celebrado en la pileta de Comercial cuando anunciaba los estrenos del conjunto de teatro de Giannetto Benavigna, o la programación de los cines Monumental y Jockey Club, o las palabras de El Arca de Noé (Una ciudad se ha perdido en el desierto / Partirá, la nave partirá...) en versión de Iva Zanicchi, se encuentra en pleno proceso de ensayo y programación musical junto a Natalia Martirena y Ana Miravalles, para ofrecer una velada inolvidable.

'INGENIERO WHITE' SE HACE A LA MAR

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Mientras el Excelsior se dedica a convertir en gas su carga, y los argumentos a favor y en contra van levantando presión, en Ferrowhite se prepara la botadura del Ingeniero White, el buque que Roberto Bocha Conte construyó a partir de decenas de envases tetra brick, y que realiza la operación inversa: convierte algo tan intangible como la memoria de un pueblo en una sólida carga de contenedores.
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miércoles, 21 de mayo de 2008

LOGÍSTICA Y BRICOLAJE

En coincidencia con la llegada a puerto del primer buque regasificador, Ferrowhite recibe en sus salas al "Ingeniero White", el barco que Roberto "Bocha" Conte, trabajador marítimo, construyó a partir de materiales de descarte con la intención de documentar parte de la historia de este puerto. Mientras el Excelsior se dedica a convertir en gas su carga, una actividad cuyo riesgo para la población e impacto en la balanza comercial resultan difíciles de ponderar, el arribo al museo del buque de Bocha Conte concreta la operación inversa: convierte algo tan intangible como la memoria de un pueblo en una sólida carga de contenedores.


La casa queda en una esquina de las calles Brihuega y Avenente y, a juzgar por su aspecto, nadie diría que allí funciona un astillero. Adentro, Roberto "Bocha" Conte trabaja en la construcción a escala de un buque portacontenedores. Sin considerar concluída su labor, él y su mujer Alicia aceptaron prestarnos la embarcación para que la exhibamos en el museo "como un homenaje", dicen, al pueblo que los vio nacer. De la casa astillero han partido otros navíos aunque, admite su constructor, ninguno tan ambicioso como este. El portacontenedores en cuestión se llama "Ingeniero White" y mide casi tres metros de largo. Sólo por su tamaño y confección minuciosa, resulta un artefacto admirable. Pero eso no es todo.

La réplica es exacta, o al menos asombrosamente verosímil, excepto por un detalle, algo que el visitante percibe solo al acercarse, pero que una vez descubierto, trastoca el conjunto por completo: lo que leemos en el lateral de cada contenedor, justo allí donde deberían figurar los emblemas corporativos, no es el nombre de alguna trasnacional naviera, sino el de un almacén, el de un club, el de una peluquería o un bar del puerto de Ingeniero White. En lugar de Maërsk, Exologística o Capital: Don Blas, Huracán, Curacó.

De pronto, un negocio de barrio interviene en el comercio de ultramar. En ese detalle extravagante, la miniatura deja de copiar este mundo para proponer otro, uno en el que la distancia entre grandes empresas y vecinos, interpretamos nosotros, no existe, o existe patas para arriba, al revés. En cierta forma, el buque de Bocha disuelve por el absurdo una idea a diario utilizada para justificar la presencia y el modo de funcionamiento de los enclaves petroquímicos y cerealeros establecidos en la zona: A través de su puerto -se escucha y se lee- "Bahía Blanca se vincula al mundo", como si todos sus habitantes participaramos, de igual a igual, en la economía internacional y sus beneficios. Postulado al que el modelista barrial parece responder haciendo de cuenta que sí. Como si con su réplica adulterada dijera: “Mirá si de verdad fuera cierto”.


En lugar de Evergreen, Hamburg Sud, Tritón: Tiburón, Comercial, Onorio. Manuscritos, diminutos, casi insignificantes, esos nombres señalan, quizás, hacia todo aquello que no da la talla, hacia lo que no se ajusta a los estándares de medida y, por tanto, queda situado en los bordes del "gran cálculo", es decir, en los márgenes de la lógica uniforme que está en la base de la organización de los flujos de mercancías, energía e información del capital globalizado.

Se dice que en las construcciones más viejas de este pueblo aún es posible identificar los materiales que traía consigo el Ferrocarril Sud. Chapas supernumerarias y maderas de embalaje utilizadas para improvisar casas que terminarían durando, sin embargo, algo más de un siglo. El dato es menos pintoresco de lo que parece. Desde el punto de vista de los actuales ingenieros de la industria, el "casco histórico" de Ingeniero White, y en alguna medida, su población entera, representan una suerte de residuo de un proceso que el presente desarrollo del capitalismo (logística, nuevos materiales, automatización de procesos, organización flexible del trabajo...) estaría en condiciones de suprimir. A pesar de ello, es difícil precisar cuánto en la vida de los habitantes de este puerto sigue dependiendo, aún hoy, de esa misma facultad furtiva, de la habilidad de operar con las cosas al margen de su uso establecido.

Roberto trabajó en las dragas y las chatas barreras dependientes de la Dirección Nacional de Vías Navegables del Ministerio de Obras Públicas de la Nación. La tarea de estas embarcaciones era mantener el calado del canal principal del estuario de Bahía Blanca y de los sitios de amarre del puerto de Ingeniero White, para así permitir la llegada y partida de buques que, con el paso del tiempo, se fueron haciendo más y más grandes, hasta alcanzar las dimensiones que ostentan gaseros como el Excelsior.

En el armado de su barco, Bocha empleó el cartón de decenas de envases Tetra Brick. "Esto, aunque no parezca, son puras cajas de vino y mucha plasticola". A principios del siglo XX, el vino que servían en su mesa los trabajadores bahienses llegaba a la ciudad por tren, desde la zona de Cuyo, almacenado en enormes bordalesas. Antes de alcanzar el vaso de algún parroquiano o comensal, el líquido debía mudar aún de vehículo y recipiente, de los vagones a los carros y de las bordalesas a las damajuanas o las botellas. En el final de ese intrincado itinerario estaba el padre del propio Bocha, estibador que, entre turno y turno, tenía tiempo para invitar a sus compañeros con una copa, y en su posibilidad, la propia historia de mi bisabuelo Humberto, dedicado por décadas a fraccionar vino en terrenos cercanos a la Estación Sud. Hoy, el vino de mesa se envasa regularmente en origen, en cajas de cartón impermeabilizado que, en escala reducida, reproducen de manera bastante exacta la proporción de un contenedor de puerto. El buque de Bocha es, a fin de cuentas, un barco de papel. Uno hecho a la medida de los pliegues de esta historia.

En lugar de Blue Star, Libra o Kien Hung: Vaira, Candel, Moralejo, Ceci, Gómez, Expósito, Churazzo... Bocha nos hace notar que en su barco no solo figuran lugares que existen hoy en White, sino también y sobre todo, aquellos que sus familiares, sus amigos y él mismo recuerdan hubo alguna vez. Pero a pesar o en razón de tantos nombres remotos, el buque de Bocha parece cumplir una función anticipatoria. Se diría que es la materialización minúscula, y por eso manejable, de un pronóstico oscuro: ‘Si esto sigue así, van a terminar mudando el pueblo a otra parte.’ Con él adquiere forma y consistencia el propio modo en que este museo entiende el trabajo con la historia: el patrimonio de un pueblo se construye, ese acto es colectivo y su concreción convoca no sólo al pasado, sino a todos los tiempos por fuera de la obvia cronología. Ubicado en la muestra de Ferrowhite, el buque vuelve visible la posibilidad de un futuro funesto que al mismo tiempo intenta conjurar, contener en su limitada existencia de objeto, como se encierra a un genio maligno en una lámpara o una botella. Allí donde el oficio del modelista profesional tiende a manifestar la voluntad de dominio de la técnica sobre el mundo, la habilidad del bricoleur convierte una destreza técnica en el fundamento de un acto de carácter mágico. El buque portacontenedores de Bocha Conte es el modelo a escala de un Arca que ojalá a nadie se le ocurra construir jamás.

domingo, 13 de abril de 2008

EN ING. WHITE HAY CIENTOS DE MUSEOS (El barco portacontenedores de Bocha Conte)

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Bocha trabaja desde hace varios meses en la construcción a escala de un enorme barco portacontenedores.

El taller de Bocha, en su casa de Avenente y Brighuega, en Ing. White

El barco, así como los contenedores son de cartón y otros materiales semejantes. La réplica de las máquinarias de la nave es minuciosa y el detalle con que se han reproducido sus partes causa asombro:


Sin embargo, si miramos los contendores vamos a encontrar algo inesperado: en el frente de cada uno de ellos debería figurar el nombre de una transnacional naviera (como Hamburg Sud, Maersk, Capital, etc):


Pero al acercarnos encontramos los nombres y emblemas de clubes, negocios y bares; bomberos, empresas cerealeras y pesqueras; peluquerías, cooperativas y minimercados; los que funcionan actualmente, así como también los que han cerrado hace ya muchos años. White se ha transformado en una ciudad flotante. (y las reflexiones, analogías, y metáforas sobre el pasado y el futuro, sobre el "poder" sobre el cual está construida la vida cotidiana en este lugar, o sobre el particular formato de este monumento podrían volverse muy extensas).
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