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domingo, 28 de febrero de 2010

NOROESTE ES CARNAVAL


Las estaciones de trenes ya no son lo que eran. No son un mundo de gente esperando el servicio. Tampoco te cruzás vendedores o empleados ferroviarios de acá para allá. Una estación ferroviaria, hoy, es un lugar engañosamente quieto, apagado, en el mejor de los casos perseverante. Semejante estructura de espacios amplios y paredes bien hechas invita, de cualquier manera, a ser habitada una vez más, revivida; un techo que llama a reunirse, a mostrar lo que sea que se esté haciendo, a celebrar cualquier acontecimiento que así lo requiera.

Estamos en época de carnavales y la fachada de la estación Noroeste luce colorida, ruidosa. De lado a lado una hilera de bombitas rojas y amarillas señala el escenario reforzado por algunos tachos de luz.

Por los senderos que se abren desde la vereda y desembocan en la estación vienen llegando familias, parejas, grupos de amigos que se dispersan por el césped del parque. El humo que se enreda entre la copa de los álamos, a un costado de la estación, señala el puesto de choripanes, vinos y gaseosas, atendido por gente de las murgas. Los pibes se corren desquiciados echándose espuma unos a otros. Al busto de Martí le pintan, despreocupados, un efímero bigotón canoso que lo hace más mejicano que cubano. Pero en este lugar, al menos por tres noches, nada será lo que parece.

De a poco, también, van arribando los colectivos con las murgas y las familias de distintos barrios. De Miramar, de Villa Rosas, de White. Acá ya están los del Cucharón, los Mocosos, los Faroleros y los de Vía Libre. Flamean las banderas al ritmo de los parches. Cada cual apuesta a su vestuario o a su comparsa. Se suceden los desfiles, los cantos y las retiradas. A lo lejos el cielo se ilumina relampagueante, amenaza lluvia, pero a nadie le preocupa mientras suenan los timbales y redoblantes en una noche de verano en la estación Noroeste.

lunes, 30 de marzo de 2009

LA HISTORIETA IRRUMPE EN LA ACADEMIA




El pasado jueves 26 de marzo en el marco del día nacional de la “Memoria por la Verdad y la Justicia” en instalaciones del departamento de Humanidades, Ferrowhite organizó un ciclo de actividades bajo el rótulo de Historieta y Memoria. Oesterheld como artista militante.

Convencidos de que a través de la ficción se puede comprender la realidad nuestra de cada día es que propusimos ejercitar la memoria realizando una estenciliada, a cargo de Guido Poloni, de la figura de El Eternauta –símbolo de la lucha contra el olvido y contra la impunidad- en la fachada del edificio de Humanidades y, acto seguido, aprovechando la presencia de amigos, simples curiosos, amigos curiosos, curiosos altamente interesados, los que estaban de paso y demás transeúntes se los invitó a la charla que Oscar Benítez se propuso dar sobre las últimas producciones de H. G. Oesterheld.

Participante activo de Montoneros Oesterheld guionó, entre los años 1973 y 1976, varias historietas –“Latinoamérica y el imperialismo. 450 años de guerra” y “La guerra de los Antartes”- que claramente fusionaban lo producido con el imaginario social elaborado por los sectores de la izquierda peronista.

Como otros tantos artistas o intelectuales de la época, convencidos de la capacidad del arte como herramienta transformadora, es que Oesterheld pretendía la intervención de sus pares y de sus lectores en la realidad política del país.


A más de treinta años de la desaparición física del autor de El Eternauta durante la charla se plantearon diversos argumentos sobre el papel del artista y su desdoblamiento al meterse de lleno en la arena política ya sea como militante, intelectual orgánico o propagandista de los idearios de un sector determinado. Con la presunta ventaja, al momento de analizar lo pasado, que la distancia trae aparejada, el rastreo de las últimas producciones del guionista nos permitió, atentos a las expectativas y experiencias de la época, desandar el imaginario montonero de un período clave de nuestro país.

miércoles, 25 de marzo de 2009

martes, 26 de agosto de 2008

CAMINATA ARQUEOLOGICA POR LOMA PARAGUAYA

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Esta vez -miércoles 6 de agosto- el equipo de Ferrowhite se congregó en el corazón de Loma Paraguaya. De White salimos Silvia, Lucía, Pedro, José, Nico y Esteban y allá nos encontramos con Adriana y el resto de los chicos –Janet, Magali, Lucila, Natalia, Mari, Laura, Ezequiel, Braian y Luciano-.

Reunidos todos en la plaza de la Unidad Sanitaria nos encaminamos derechito en la búsqueda de la tan mentada palmera ferroviaria. Cruzamos la ruta tres y registramos nuestro primer hallazgo: un taller que abarca toda una esquina, detrás en el medio de aquella manzana una playa de camiones y allá, en la otra punta, unos galpones uno al lado del otro, que forman parte de lo que fue la metalúrgica Bahía Blanca hasta mediados de los 60’. ¿Qué se fabricaba? : surtidores de nafta y hornos de alta presión.

¿Qué más? Al fondo de esa calle, paralela a la otra ruta, que forma una rotonda con la ruta tres, se ven las construcciones de otro lugar con fama: los talleres en los que se reparaba vagones del ferrocarril.

De allí cruzamos esta otra ruta y salteando un alambrado nos internamos bajo una hilera de árboles hasta dar con la gloriosa y solitaria palmera. Ahí estaban: el árbol y su perseverancia. De pie frente a inconmovibles tanques de petróleo.

Sesión de fotos mediante, salimos de nuevo a la calle y caminamos derechito hasta la avenida Colón, cruzamos y atravesamos un caminito de tierra que desembocaba en los fondos de lo que ahora es EDES. Esa pared, la del fondo, correspondía a la antigua usina, aquella que fue construida por capitales ingleses a principios del siglo xx.

De tanto mirar para arriba casi no nos percatamos de que estábamos parados sobre la base de lo que fuera la chimenea de la usina. La disposición de los ladrillos en el suelo formando un círculo, nos convenció de tal hallazgo. Emocionados, ¡sale otra ronda de fotos!

Y antes de emprender la retirada intentando buscar cobre para hacerlo plata dimos con un pedazo de ladrillo refractario que nos dio la sensación que es de aquella época en que la chimenea estaría de pie. Esa mitad tiene inscripto algo que todavía no resolvimos a qué hace referencia.

La otra mitad queda para el miércoles que viene.
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lunes, 4 de agosto de 2008

EL TALLER DE LOS PIBES DE LOMA

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¡Uno más! El miércoles pasado nos volvimos a reunir en Ferrowhite los que estamos llevando adelante el trabajo de taller con los pibes de Loma Paraguaya. Vacaciones de invierno de por medio, algunos aflojaron y, esta vuelta, no vinieron al museo. Pero todo se compensa: sumamos a Marcelo mientras que Ana y Pedro quedaron enganchados y volvieron a decir presente.

Justo antes de salir corriendo para recorrer la torre del Castillo (lo prometido) pasamos por el pañol y todos coincidimos en lo bien que habían quedado las bielas de locomotora. ¡Brillaban! De paso, Pedro andaba enseñando uno de los tomos del manual de locomotoras (la parte mecánica) con el que se estudiaba en el ferrocarril, cuando él era joven, para pasar de aprendiz a mecánico.

Después de una sesión de fotos abrazando a una de las bielas salimos rumbeando al castillo. ¿Qué vimos? Chatarra olvidada en la ría, el buque regasificador, todo White, el Polo Petroquímico en su plenitud, los edificios allá en Bahía. Y por dentro: las enormes paredes del Castillo, ventanales rotos, imaginamos los lugares donde estaban las calderas, las turbinas, un dragón devaluado que apenas se alimenta de palomas.

De vuelta al museo, nos repartimos copias de un plano con las calles de Loma Paraguaya, e intentamos ubicar el sitio exacto donde estuvieron instaladas la estación de trenes y la usina del BAP (Bs. As. al Pacífico). A esas referencias le sumamos la casa de cada uno de los chicos, la esquina de la escuela, la iglesia, la casa de los abuelos de Luciano...

¡Al fin! Después de cuatro encuentros en las dependencias del museo, el miércoles próximo los pibes de Loma hacen de local y los de Ferrowhite nos vamos para allá a hacer, lo que se dice, trabajo de campo.
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