Aldo Petrella se enteró de que estamos trabajando en la reparación de aparatos de bloqueo, y nos envía la patente del invento que Francis W. Webb y Arthur Moore Thompsom, de Crewe, en el condado de Chester, Inglaterra, registraron el 27 de mayo de 1890 ante la Oficina de Patentes de los Estados Unidos de Norteamérica. Aquí algunas de las páginas del documento. ¡Gracias, Aldo!
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martes, 26 de abril de 2016
viernes, 22 de abril de 2016
VÍA LIBRE
Como tantas otras cosas de la Edad de Hierro del capitalismo, los aparatos de bloqueo están hechos para durar. Una cosa es verlos en fotos, como ustedes ahora, y otra muy distinta tantear su peso. Se necesitaron unos cuantos brazos para cargarlos del depósito al taller. Por suerte, los alumnos del curso de conducción de locomotoras de la Fraternidad llegaron para ayudar. Néstor los conoce a todos porque fue su profesor. Aunque los aparatos de bloqueo ya no se usan en nuestra región, y en pocos lugares su empleo permanece vigente, aún forman parte del RITO, el Reglamento Interno Técnico Operativo que rige el transporte ferroviario en nuestro país, de manera que aprender sobre su funcionamiento sigue siendo de rigor para todos los conductores. Tras su coraza de fundición, estos aparatos esconden un modesto pero confiable cerebro decimonónico. Un mecanismo electromecánico que permite enviar y recibir impulsos eléctricos. Mientras lidia con galvanómetros y circuitos corroídos, Nestor intenta explicarnos cómo era que funcionaban:
"Antes de despachar un tren, cada estación debe comunicarse con la estación siguiente, a fin de determinar que la sección de vía a recorrer se encuentra libre". En otros tiempos, "esta comunicación se realizaba mediante una señal eléctrica enviada desde la estación de destino a la estación de partida a través de estos aparatos de bloqueo, que estaban conectados entre sí, de una estación a otra, por un cable eléctrico". Dicha señal permitía al maquinista retirar del aparato de la estación de partida un 'bastón piloto', conocido en la jerga ferroviaria como 'palo staff', que debía ser introducido luego en el aparato de la estación siguiente. "Al retirar el palo de la estación de partida, el dispositivo impedía que se saque otro en cualquiera de los extremos de la 'sección de bloqueo', hasta tanto no se hubiera ingresado el mencionado bastón en el aparato de bloqueo de la estación de llegada (o, si por algún motivo el tren no salía, hasta tanto no se reintrodujera en el aparato de la estación de partida). Sólo entonces quedaba liberado el tramo de vía simple para ser recorrido en una u otra dirección." Un sistema "a prueba de tontos y distraídos", pero que requiere contar con personal en todas las estaciones, un "costo" que las concesionarias que se hicieron cargo de los trenes tras la privatización de Ferrocarriles Argentinos no estaban dispuestas a asumir.
Con estos aparatos venía un teléfono cuya campanilla Ibarra creció escuchando. Su papá era el jefe de la estación Empalme Piedra Echada. Con el tiempo, el hijo de aquel jefe se convirtió en conductor de trenes, en ingeniero mecánico y en maestro de otros conductores. Ahora que Néstor tramita su jubilación, la campanilla volvió a sonar en su cabeza, convocándolo a atender una tarea que alguno pensará absurda o inútil pero que para nosotros es fundamental. En un museo taller, la historia se parece a una máquina oxidada cuyo funcionamiento es todo un enigma.
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jueves, 2 de junio de 2011
¡TENEMOS KIOSCO!
Ferrowhite es un museo que además de exhibir objetos los fabrica. Imanes, libros, postales, bolsas para las compras... a partir de este fin de semana, todo lo conseguís en nuestro remozado kiosco obrero.
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miércoles, 4 de mayo de 2011
HECHOS BOLSA
Este domingo lanzamos una nueva edición de la Vera Bolsa Libre de Trust, una bolsa para hacer los mandados y, de paso, poner el ojo en los que mandan.
Ida Muhamed con las bolsas que cosió en su casa del barrio 26 de Septiembre
Un día alguien notó que buena parte de las donaciones de material ferroviario que llegan a Ferrowhite, usualmente en manos de los propios trabajadores ferroviarios, lo hacen adentro de bolsas para las compras. De golpe fue evidente que el acervo patrimonial de este museo había dependido siempre de ese tráfico hormiga y de su particular camuflaje. En lugar de 1 paquete de yerba, 2 docenas de huevos y 100 gramos de mortadela, 20 kilos de fierros oxidados.
Así, nos pusimos a pensar qué contienen, de dónde vienen y a dónde nos llevan todas esas bolsas que a diario llevamos en la mano. Comenzamos entonces un itinerario que nos condujo del almacén “El Globito”, en el Bulevar, a los grandes supermercados ubicados en el norte de la ciudad, y del Polo Petroquímico al relleno sanitario de Grünbein, pasando por la formula química del polietileno [(CH2-CH2)n], las discusiones en torno al cálculo del costo de vida medido en canastas (¿Quién hace hoy los mandados con una canasta?), los proyectos para la instalación de un Polo Plastiquero en la zona, y los informes del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) sobre el potencial impacto ecológico de las nuevas bolsas “oxobiodegradables”.
Pero como en un museo taller reflexionar es hacer (y viceversa), nos propusimos convertir todo este divague en un artefacto concreto, y ahí nació la idea de confeccionar nuestras propias bolsas. La “Vera Bolsa Libre de Trust”, primera de la serie, se agotó rápido. Todavía se pueden ver algunas dando vueltas por los comercios de White y Bahía. De su armado participaron los chicos del taller de serigrafía (edición 2009), sus coordinadoras Silvia Gattari, Malena Corte y Lucía Cantamutto, el diseñador Carlos Mux, el director de Ferrowhite Reynaldo Merlino, y las vecinas costureras Susana Cardoso, Titi Trujillo, Maruca Sbaffoni y Rosa Ortiz.
Marta en la carnicería del almacén El Toro, Bulevar Juan B. Justo
Titi, Maruca y Rosa trabajaron en las fábricas de bolsas para cereal que funcionaron en el puerto hasta los años setenta. Ellas nos contaron cómo era coser más de tres mil bolsas de arpillera en un solo día trabajando adentro inmensos galpones en los que no había un solo calefactor “porque la arpillera arde que da miedo”. De allí que la “Vera Bolsa” no venga vacía sino acompañada por un cuaderno que reúne sus testimonios.
Esta nueva tanda de bolsas contó con la colaboración inestimable de otra “bolsera”, Ida Muhamed. Ida nos habló de las bolsas que se hacían en su casa. Bolsas no descartables confeccionadas a partir de materiales de descarte: bolsas hechas con retazos de tela, con redes de pesca, con sachets de leche o con el cotín de un colchón de lana. Una manera de hacer economía en un mundo en el que el “use y tire” de la sociedad de consumo aún no había reemplazado al mandato familiar de “que nada se desperdicie”.
“Trust” es una palabra un poco anticuada, aunque su significado, creemos, no ha perdido vigencia. Traducida del inglés al castellano vendría a significar “confianza”. En economía, alude al acuerdo o la unión de empresas bajo una misma dirección con el objetivo de repartirse el mercado, establecer precios (pensemos en las exportadoras de granos instaladas en este puerto, pero también en las cadenas de supermercados), fijar salarios o modos de producción. La expresión “Libre de Trust” puede apreciarse, por ejemplo, en las propagandas de cigarrillos “Particulares” que se conseguían en nuestra ciudad en los años 20. El slogan de la marca remataba así: “Para que no emigre tanto oro argentino”.
Chichín en el almacén El Globito.
En nuestro día a día, las bolsas materializan sistemas clasificatorios completos. “Poner en bolsas separadas” o “meter todo en la misma bolsa” representan gestos epistemológicos precisos, de los que, podría decirse, se siguen concepciones del mundo contrapuestas. Derivados de la gran industria trasnacional y concentrada (1), las bolsas plásticas organizan el consumo doméstico, el ir y venir de las mercancías. De ellas dependemos para hacer las compras durante el día y para sacar la basura ya entrada la noche. Y ellas, que no se degradan, son una de las marcas más visibles del impacto de nuestro modo de vida sobre el ambiente. Por eso, quizás tampoco el habla, la conversación cotidiana, puede prescindir de su figura. De la Bolsa de Valores a las bolsas de empleo, de las viejas bolsas de arpillera para cereal al desarrollo de los "revolucionarios" silos bolsa que permiten especular mejor con las cosechas, del gran saco de Papá Noel a los bolsones del Plan de Seguridad Alimentaria, las bolsas están en boca de todos, nominando una realidad compleja. Cada bolsa resulta, en definitiva, la punta de un ovillo. La “Vera Bolsa”, cualquier bolsa, es como ese hilo que asoma en la costura de la prenda que llevamos puesta. Ese cabito inocente del que no podemos resistirnos a tirar y que revela, de repente, la trama escondida de las cosas.
(1) Según un informe del CREEBA del año 2006, el 100 % del polietileno de alta densidad, baja densidad y baja densidad lineal que se produce en Argentina es fabricado por la planta que Dow Chemical posee en Ingeniero White.
Así, nos pusimos a pensar qué contienen, de dónde vienen y a dónde nos llevan todas esas bolsas que a diario llevamos en la mano. Comenzamos entonces un itinerario que nos condujo del almacén “El Globito”, en el Bulevar, a los grandes supermercados ubicados en el norte de la ciudad, y del Polo Petroquímico al relleno sanitario de Grünbein, pasando por la formula química del polietileno [(CH2-CH2)n], las discusiones en torno al cálculo del costo de vida medido en canastas (¿Quién hace hoy los mandados con una canasta?), los proyectos para la instalación de un Polo Plastiquero en la zona, y los informes del Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) sobre el potencial impacto ecológico de las nuevas bolsas “oxobiodegradables”.
Pero como en un museo taller reflexionar es hacer (y viceversa), nos propusimos convertir todo este divague en un artefacto concreto, y ahí nació la idea de confeccionar nuestras propias bolsas. La “Vera Bolsa Libre de Trust”, primera de la serie, se agotó rápido. Todavía se pueden ver algunas dando vueltas por los comercios de White y Bahía. De su armado participaron los chicos del taller de serigrafía (edición 2009), sus coordinadoras Silvia Gattari, Malena Corte y Lucía Cantamutto, el diseñador Carlos Mux, el director de Ferrowhite Reynaldo Merlino, y las vecinas costureras Susana Cardoso, Titi Trujillo, Maruca Sbaffoni y Rosa Ortiz.
Titi, Maruca y Rosa trabajaron en las fábricas de bolsas para cereal que funcionaron en el puerto hasta los años setenta. Ellas nos contaron cómo era coser más de tres mil bolsas de arpillera en un solo día trabajando adentro inmensos galpones en los que no había un solo calefactor “porque la arpillera arde que da miedo”. De allí que la “Vera Bolsa” no venga vacía sino acompañada por un cuaderno que reúne sus testimonios.
Esta nueva tanda de bolsas contó con la colaboración inestimable de otra “bolsera”, Ida Muhamed. Ida nos habló de las bolsas que se hacían en su casa. Bolsas no descartables confeccionadas a partir de materiales de descarte: bolsas hechas con retazos de tela, con redes de pesca, con sachets de leche o con el cotín de un colchón de lana. Una manera de hacer economía en un mundo en el que el “use y tire” de la sociedad de consumo aún no había reemplazado al mandato familiar de “que nada se desperdicie”.
“Trust” es una palabra un poco anticuada, aunque su significado, creemos, no ha perdido vigencia. Traducida del inglés al castellano vendría a significar “confianza”. En economía, alude al acuerdo o la unión de empresas bajo una misma dirección con el objetivo de repartirse el mercado, establecer precios (pensemos en las exportadoras de granos instaladas en este puerto, pero también en las cadenas de supermercados), fijar salarios o modos de producción. La expresión “Libre de Trust” puede apreciarse, por ejemplo, en las propagandas de cigarrillos “Particulares” que se conseguían en nuestra ciudad en los años 20. El slogan de la marca remataba así: “Para que no emigre tanto oro argentino”.
En nuestro día a día, las bolsas materializan sistemas clasificatorios completos. “Poner en bolsas separadas” o “meter todo en la misma bolsa” representan gestos epistemológicos precisos, de los que, podría decirse, se siguen concepciones del mundo contrapuestas. Derivados de la gran industria trasnacional y concentrada (1), las bolsas plásticas organizan el consumo doméstico, el ir y venir de las mercancías. De ellas dependemos para hacer las compras durante el día y para sacar la basura ya entrada la noche. Y ellas, que no se degradan, son una de las marcas más visibles del impacto de nuestro modo de vida sobre el ambiente. Por eso, quizás tampoco el habla, la conversación cotidiana, puede prescindir de su figura. De la Bolsa de Valores a las bolsas de empleo, de las viejas bolsas de arpillera para cereal al desarrollo de los "revolucionarios" silos bolsa que permiten especular mejor con las cosechas, del gran saco de Papá Noel a los bolsones del Plan de Seguridad Alimentaria, las bolsas están en boca de todos, nominando una realidad compleja. Cada bolsa resulta, en definitiva, la punta de un ovillo. La “Vera Bolsa”, cualquier bolsa, es como ese hilo que asoma en la costura de la prenda que llevamos puesta. Ese cabito inocente del que no podemos resistirnos a tirar y que revela, de repente, la trama escondida de las cosas.
(1) Según un informe del CREEBA del año 2006, el 100 % del polietileno de alta densidad, baja densidad y baja densidad lineal que se produce en Argentina es fabricado por la planta que Dow Chemical posee en Ingeniero White.
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miércoles, 13 de abril de 2011
CHIQUITOLINA
Desde hace algún tiempo, Ferrowhite exhibe, junto a llaves, martillos y tenazas, artefactos que no provienen de dependencias del ferrocarril o el puerto, sino que han sido construidos por algunos trabajadores para dar cuenta de ese mundo o derivar de él otros. El próximo sábado 23 de abril vamos a presentar en el museo una serie de postales dedicadas a estos artefactos y aprovecharemos para realizar la botadura simbólica del “San Silverio”, el nuevo buque archivo de Roberto “Bocha” Conte.
Por mi parte, y para ir entrando en tema, paso en limpio acá lo que quedó anotado en otro lugar cuando, hace ya casi un año, La Casa del Espía se llenaba con las tallas de madera elaboradas por el mecánico de locomotoras Carlos Di Cicco.
Carlos Di Cicco (1937-2005) fue oficial mecánico en el Galpón de Locomotoras de Ingeniero White y gasista a domicilio. Apasionado por los trenes, en su casa era posible encontrar revistas y carpetas con recortes de noticias ferroviarias y una maqueta poblada por muchas de las figuras que ahora pueden verse en La Casa del Espía.
Si este fuera un museo de arte, diríamos que los pasajeros de Di Cicco son esculturas para mirar con lupa. Su tamaño es cientos de veces menor que el de los principales monumentos de nuestra ciudad, millones de veces inferior al de los muelles, usinas y silos que rodean a este museo. Uno puede sentirse enorme ante estos muñequitos, pero también muy pequeño si trata, por un momento, de mirar el resto de las cosas desde su punto de vista.
Exhibir estas miniaturas en un espacio en el que por lo regular se habla del trabajo colosal con locomotoras y vagones, invita a un juego con los tamaños y los pesos que supone, al mismo tiempo, un juego con las jerarquías establecidas entre quienes cuentan la historia y quienes deben escucharla, o entre quienes son llamados artistas -artífices del sentido-, y quienes no. Porque lo que entre otras cosas cabe ver en estas figuras diminutas, talladas casi en secreto, no es solo la vida de uno de los tantos mecánicos que empleó en Ingeniero White Ferrocarriles Argentinos, sino a la vez a una sociedad entera en la perspectiva de ese mecánico. Una sociedad que se organiza alrededor del tren.
Sobre cada pedacito de madera, Di Cicco le saca punta a una ocupación o a un oficio. Sus pasajeros representan tipos, en la acepción popular pero también sociológica del término. Hay amas de casa, jugadores de fútbol, ferroviarios... A diferencia de otras miniaturas, en las que el carácter minúsculo tiende a subrayar cierto aire solitario, estos tipitos parecen concebidos para formar grupo. Mi compañero Carlos Mux, que se entretuvo sancándoles fotos por separado, no pudo evitar reunir esas imagenes en un damero que está colgado en La Casa del Espía, y en el que es casi imposible no sospechar amistad, antagonismo o parentesco entre los personajes retratados. Al hincha de River le corresponde un hincha de Boca, como al ejecutivo de ataché un obrero de mameluco. Hay amantes furtivos y señoras embarazadas, camilleros y quebrados, y también un señor con esquíes, que no encaja con nada, porque así de imprevisible es el mundo.
A pesar de ser muy pequeñas, las tallas de Di Cicco transmiten una impresión de singular fortaleza. Cada una ha sido resuelta en tres o cuatro cortes netos. Ninguna disimula el material del que está hecha, ni la mano que le dio forma. Una mano que parece haber imprimido en cada cuerpo diminuto su experiencia en el manejo de otra clase de volúmenes y pesos. De allí que responder a la pregunta ¿Cómo están hechos estos objetos? resulte considerablemente complejo. En principio, una lista de materiales no debería excluir aquellas circunstancias que han modelado la propia vida del artesano. Así, quien quiera repetir esta experiencia en su casa, tendría que arrancar apuntando:
2 tablas de madera balsa, 1 cortaplumas, 18 años como mecánico de locomotoras, 3 latas de adhesivo de contacto, 42 días de huelga durante el gobierno de Frondizi, 2 cajas de fibras de colores, 1 navidad adentro del galpón de alistamiento, 4 carpetas con recortes de noticias ferroviarias, 10 pomos de témpera, 1 maqueta que ocupa poco a poco toda una habitación, 730 días en un galpón bajo control militar, 1 pincel extremadamente fino...
Y otra cosa. Espero no equivocarme, pero creo que no hay chicos en esta serie. Pasa algo con eso. Ver a tantos adultos en miniatura resulta tan extraño como familiar. Descubrirlos es como encontrar a nuestros padres adentro de un chocolatín Jack. Como si de pronto todas esas personas que nos vieron crecer hubiesen pasado a formar parte de la misma repisa en la que forman fila nuestros héroes de la infancia. Poniendo patas para arriba el cuento de Collodi, invirtiendo la relación entre el carpintero y su hijo muñeco, este ferroviario que fabricaba locomotoras para los cumpleaños de sus hijas me devuelve, sin querer, a mi viejo convertido en un juguete. No voy a decirles cuál de todos es. Corro a mostrárselo a mi hija.
viernes, 7 de enero de 2011
VOS PEGALE EL PAPEL QUE YO LE PONGO EL ENGRUDO
Siguiendo con los preparativos para el carnaval 2011, hoy fuimos a trabajar con los chicos y chicas que asisten a la Escuela de Verano que funciona en la Escuela 21 del barrio Bulevar Juan B. Justo.
¿Qué hicimos? Con piñatas, papeles de diario y de revistas y bastante engrudo, empezamos a armar la estructura de los cabezones que luego los chicos y chicas, con el acompañamiento de las maestras, irán caracterizando hasta dar con los personajes que se imaginan, reales, fantásticos y hasta por qué no un cabezón Huracán.
Al terminar la tarea, nos despedimos hasta febrero, dejando que las cabezas se sequen y que las de los chicos y chicas trabajen en nuevas ideas.
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lunes, 20 de diciembre de 2010
UNA FÁBRICA DE LO COTIDIANO
Por estos días nuestro taller "Cómo funciona la cosa" funciona, valga la redundancia, a mil. Primero fue la Noche de los Museos, que tuvo a "los chicos del ferro" como anfitriones de otros emprendimientos comunitarios con los que el taller colabora. Después, una jornada de construcción de cabezotas para el carnaval que, les vamos adelantando, se viene en La Rambla de Arrieta el próximo marzo. Y la semana pasada, la impresión por encargo de 84 remeras para las divisiones infantiles del Club Huracán. Los pibes las llevaron a la cancha, durante el último clásico entre Comercial y el globo (del resultado que hablen ellos). Entre tanta cosa, nos olvidamos de contarles, salió esta nota en Ecodías la semana pasada. Click en la imagen para agrandar y leer.
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miércoles, 1 de diciembre de 2010
CÓMO FUNCIONA LA COSA
En Ferrowhite la Noche de los Museos arranca a las cuatro de la tarde (aunque no sabemos cuando termina). Música celestial, serigrafía crítica, dulces para chuparse los dedos, imágenes que no se pueden creer!
Tren desde la Estación Sud a las 20:15 hs.
Cronograma
16:30 hs. Inauguración de la muestra del "Hospital de Día" del Servicio de Salud Mental del Hospital Penna.
18:00 hs. Inauguración de la muestra del “Taller de Fotografía para Niños”.
18:30 hs. Concierto de la Orquesta Escuela de Ingeniero White.
19:30 hs. Actividad del taller de producción de objetos de uso cotidiano “Como funciona la cosa”.
20:00 hs. Concierto de la Orquesta Juvenil del Club Argentino.
21:00 hs. Tangos y boleros con Sarita Cappelletti en la Casa del Espía.
22:00 hs. Danza brasilera con el grupo de danza de Raquel Carbalho.
22:30 hs. Rock cangrejo con Bulevar XX.
23:00 hs. Blues y rock con Los Asuntos.
“Cómo funciona la cosa” es un taller de producción e impresión de prendas y otros objetos de uso cotidiano que se realiza en Ferrowhite desde hace dos años, y del que participan pibes de entre 12 y 18 años. ¿Qué se propone este taller? En principio, invertir la forma habitual de trabajar con la identidad y la historia de un pueblo. Es usual que la historia de un lugar se cuente a través de determinados artefactos solemnes: estatuas, libros, museos y monumentos, cosas de gran escala o tiraje, destinadas a perdurar en el tiempo tal cual son. El taller de “los chicos del Ferro” parte de la premisa opuesta: ¿Por qué no inscribir esa identidad en cosas de menos peso, de uso y desgaste asegurado? ¿Por qué no producir remeras, buzos y mochilas que nos permitan llevar en el cuerpo –con lo que nos gusta y lo que queremos cambiar-, nuestro barrio, nuestra ciudad?
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sábado, 23 de octubre de 2010
UN ÍCONO ES UNA ENTRADA

El sábado 16 de octubre conocimos las herramientas del mapeo colectivo de la mano de Julia Risler y Pablo Ares, quienes brindaron un taller para una multitud que inundó el salón de usos múltiples de Ferrowhite y colapsó las mesas de trabajo. Y luego las pusimos en acto.
La consigna para arrancar a hacer los mapas (o mejor dicho para cargar de conocimiento cotidiano los planos que nos facilitaron en la oficina municipal de catastro) era pensar en las relaciones (y acaso en los distanciamientos) que existen entre Ingeniero White y (el resto de) Bahía Blanca. Pero eso fue sólo el comienzo.
En efecto, al momento de la puesta en común de las producciones, notamos que cada equipo de trabajo había abordado la ciudad (o parte de ella) de un modo particular. Y que las particularidades de esos modos estaban emparentadas con quiénes los habían construido: con sus formaciones, sus perspectivas, con lo cada quien creía significativo señalar.
Definir qué había que indicar y cómo había que trabajar supuso comprender a estos mapeos, en primera instancia, como un procedimiento. Un hacer que implicaba compartir pareceres, agregar o contrastar experiencias y, no menor, lograr conformar un discurso (y acaso una estética) común.
De ahí que llenos de íconos, atravesados con hilos, escritos y marcados con flechas de colores y, eventualmente, con alguna escultura en papel fueron algunas de las formas (los cómos) que adoptaron los diferentes grupos para hacer visibles distintas cuestiones (los qués).
Así, algunos grupos hicieron hincapié en los elementos que se repiten en distintos espacios de la ciudad o de un barrio y que determinan zonas, como la de las casas fisuradas en Ingeniero White o la de los espacios de la cultura que dependen del municipio. Otros hicieron marcas puntuales para señalar dónde estaba su casa de la infancia, dónde hay una antena de telefonía móvil o dónde se hacen habitualmente las manifestaciones. Y hubo grupos que a la precisión espacial le agregaron fechas concretas: ‘el asesinato de David ‘Watu’ Cilleruelo el 3 de abril de 1975 en la universidad’ o ‘la colocación del monolito que auguraba el advenimiento del polo petroquímico el 17 de noviembre de 1972’. Mientras algunos usaron el plano para confrontar lo hubo con lo que (ya no) está, y poner de manifiesto ‘todo lo que desapareció’, otros señalaron una ausencia diferente y repusieron los barrios periféricos que el recorte catastral no mostraba colocando los nombres Villa Nocito, Villa Caracol, Bajo Rondeau.
Luego del procedimiento de mapear, de traducir la ciudad real que conocemos parcialmente a una ciudad dibujada, el resultado siguió siendo un mapa, es cierto. Pero los mapas que resultan de esta instancia colectiva, no son herramientas que nos indican cómo llegar a tal o cual lugar, sino que sirven para comprender dónde estamos parados y con quiénes compartimos (y acaso disputamos) ese territorio. Estados de situación, de denuncia y de deseo, que derivan no de conocimientos especializados, sino de los saberes y de las experiencias cotidianas de quienes los construyen.
En ese sentido, los mapas ponen a disposición una mirada que nos acompaña a ver y reconocer la ciudad desde otro lado. Porque la experiencia de hacer los mapeos pretende que cuando volvamos a recorrer los trayectos que habitualmente transitamos, podamos reponer aquello que descubrimos colectivamente: los problemas que se repiten en varios barrios, los flujos que atraviesan la ciudad, las relaciones que existen aún cuando no se presentan como tales. Pensando tal vez que, habiendo construido la ciudad de papel, también podamos rehacer la ciudad que habitamos y construir la que queremos.
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jueves, 22 de julio de 2010
RUMORES
¿Vos vas a volver a este museo?, preguntó alguien a alguien más, mientras con hojas agujereadas y resortes de plástico construía una libreta para llevarse a casa.
Es que el domingo 18 de julio, para estrenar las vacaciones de invierno, insistimos en hacer del museo un taller. Esta vez, un taller de armado de libretas en el que esponjas, acrílicos de colores y esténciles de llaves, tuercas y cangrejos fueron nuestras herramientas.
De él participaron algunas de las chicas del taller
Pero también hicimos del museo un escenario, en el que Maestro Aramis y Lotus, integrantes del grupo de circo Le Periquete, compartieron sus malabares y demostraron a los incrédulos que un serrucho también sirve para hacer música.
Para algunos, subir y bajar las escaleras para ver y volver a ver los trenes de la maqueta Pago Chico fue un buen ejercicio para espantar el frío. Otros, en cambio, prefirieron arrimarse al salón de usos múltiples a mover el esqueleto en la selva de
Así, lleno de pequeños operarios del papel, la risa y la canción, el viejo taller de la vieja usina tuvo una tarde muy distinta de aquellas otras en las que había que reparar alguna turbina o algún generador.
Y ahora que te contamos todo esto, vos, ¿vas a venir a este museo?
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martes, 9 de junio de 2009
TALLER DE DOMINGO: BOLSOS Y PARCHES
.

Un taller Express donde Maira, Mica, Pao (que vino con su hermanito, Darío), y Mica (la prima de Mari) enseñaron lo que habían aprendido en el Taller. Usando stencils, con plantillas que habíamos hecho entre las chicas y nosotras, se invitó a todos los pequeños visitantes a participar de la actividad: sobre un parche estampaban con esponjas y después se los llevaban para poner en algún almohadón, en alguna remera, en donde gusten.


La consigna también fue que llevaran sus propias prendas para estampar y algunos chicos sí lo hicieron: remeras y buzos con castillos, locomotoras y "FERROWHITE".

Maira, Pao y las "Mica" nos ayudaron un montón explicando a los más chiquitos y ayudándolos pegando las plantillas, buscando los colores y arremangándolos. En los ratos que podían, estamparon ellas también sus futuros bolsos (que la tía de Maira va a coser).

Sofi sostiene su obra.
El taller fue un éxito.
Un taller Express donde Maira, Mica, Pao (que vino con su hermanito, Darío), y Mica (la prima de Mari) enseñaron lo que habían aprendido en el Taller. Usando stencils, con plantillas que habíamos hecho entre las chicas y nosotras, se invitó a todos los pequeños visitantes a participar de la actividad: sobre un parche estampaban con esponjas y después se los llevaban para poner en algún almohadón, en alguna remera, en donde gusten.
La consigna también fue que llevaran sus propias prendas para estampar y algunos chicos sí lo hicieron: remeras y buzos con castillos, locomotoras y "FERROWHITE".
Maira, Pao y las "Mica" nos ayudaron un montón explicando a los más chiquitos y ayudándolos pegando las plantillas, buscando los colores y arremangándolos. En los ratos que podían, estamparon ellas también sus futuros bolsos (que la tía de Maira va a coser).
Sofi sostiene su obra.
El taller fue un éxito.
miércoles, 29 de abril de 2009
LOS CANGREJOS POR LAS CALLES DEL BULEVAR
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El primer afiche textil quedó adentro de la escuela, esperando que en los recreos los chicos se empiecen a enterar: la directora de la escuela dijo que las chicas de 7mo iban a tener que empezar a contarles a los demás compañeros.
El segundo, en la garita de la 500 cerca de la escuela. Los clavos no querían clavarse.
Y el tercero, en la salita médica de Bulevar.




El primer afiche textil quedó adentro de la escuela, esperando que en los recreos los chicos se empiecen a enterar: la directora de la escuela dijo que las chicas de 7mo iban a tener que empezar a contarles a los demás compañeros.
El segundo, en la garita de la 500 cerca de la escuela. Los clavos no querían clavarse.
Y el tercero, en la salita médica de Bulevar.




miércoles, 22 de abril de 2009
LAS TINTAS SE ASOMAN POR EL TALLER...
¡y los cangrejos empiezan a aparecer!
Los afiches textiles están casi listos: las impresiones en serigrafía de las chicas salieron muy bien, todas se animaron a probar.



Ahora sí, solo resta salirlos a pegar por Bulevar y White.
Los afiches textiles están casi listos: las impresiones en serigrafía de las chicas salieron muy bien, todas se animaron a probar.



Ahora sí, solo resta salirlos a pegar por Bulevar y White.
viernes, 17 de abril de 2009
UNA REMERA, DOS AFICHES
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¿Qué taller es aquel donde un encuentro se dibuja un colectivo y al siguiente se empapela una caja con el lugar que más les gusta? ¿Qué tipo de taller? ¿Es un taller de plástica? ¿Es un taller de miradas? ¿Es uno o son muchos talleres?
De a poco, vamos a ir contando.
El martes y el jueves, Maira, Mariana, Stefy, Mica, Paola y Sabrina (el equipo del taller)estuvieron diseñando y confeccionando los afiches textiles para dar a conocer el taller.
¿Qué taller es aquel donde un encuentro se dibuja un colectivo y al siguiente se empapela una caja con el lugar que más les gusta? ¿Qué tipo de taller? ¿Es un taller de plástica? ¿Es un taller de miradas? ¿Es uno o son muchos talleres?
De a poco, vamos a ir contando.
El martes y el jueves, Maira, Mariana, Stefy, Mica, Paola y Sabrina (el equipo del taller)estuvieron diseñando y confeccionando los afiches textiles para dar a conocer el taller.

Pensaron las consignas, dibujaron letras gordas (calables), recortaron las plantillas, y, cuando las tijeras pudieron descansar un rato, las telas, las esponjas y los acrílicos tomaron protagonismo.
Entre mates y dedos manchados con pintura, los primeras telas empezaron a terminarse (decoradas con corazones de paño y parches de cuadrillé). Cuando los afiches textiles estén listos (quizá ya el martes empezamos a imprimirles los cangrejos en serigrafía) saldremos a colgarlos por el barrio,en la escuela y en algunas paradas de la 500.


miércoles, 15 de abril de 2009
martes, 31 de marzo de 2009
¡SE LARGA EL TALLER DE VESTUARIO EN FERROWHITE!
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La semana pasada, en un recreo, estuvimos charlando con los chicos de 7mo de la escuela 21 para invitarlos a venir hoy a la salida de la escuela. Mientras charlábamos en el pasillo, algunos compañeros, intrigados, se pusieron a escuchar y, entusiasmados por lo que Stefy y Natacha les contaban, dijeron que iban a tratar de venir.
El grupo de los talleres crece y crece.
Cuando estaban en sexto, todo el grado participó de “Papel Reciclado”, del “Vídeo Lourdes” y del “Proyecto Estaciones”. En el verano, (ver ¡Hay equipo!) seguimos reuniéndonos para hacer los banderines y pintar la Rambla de Arrieta con algunos de ese grupo y amigos de los chicos que se iban acercando. Además, tenemos una sorpresa: los chicos de Loma (ver “El taller de los miércoles”) también van a participar.
Ahora, hoy, en un rato, nos juntamos con nuevas actividades, en vista de empezar el Taller de Vestuario Critico.
Acá estamos, esperándolos, mientras pensamos qué buenos van a estar los talleres este año.
La semana pasada, en un recreo, estuvimos charlando con los chicos de 7mo de la escuela 21 para invitarlos a venir hoy a la salida de la escuela. Mientras charlábamos en el pasillo, algunos compañeros, intrigados, se pusieron a escuchar y, entusiasmados por lo que Stefy y Natacha les contaban, dijeron que iban a tratar de venir.
El grupo de los talleres crece y crece.
Cuando estaban en sexto, todo el grado participó de “Papel Reciclado”, del “Vídeo Lourdes” y del “Proyecto Estaciones”. En el verano, (ver ¡Hay equipo!) seguimos reuniéndonos para hacer los banderines y pintar la Rambla de Arrieta con algunos de ese grupo y amigos de los chicos que se iban acercando. Además, tenemos una sorpresa: los chicos de Loma (ver “El taller de los miércoles”) también van a participar.
Ahora, hoy, en un rato, nos juntamos con nuevas actividades, en vista de empezar el Taller de Vestuario Critico.
Acá estamos, esperándolos, mientras pensamos qué buenos van a estar los talleres este año.
miércoles, 18 de marzo de 2009
TALLER DE VESTUARIO CRÍTICO
Es usual que la historia de un lugar se cuente a través de estatuas, museos y monumentos. Cosas de gran escala, destinadas a perdurar en el tiempo tal cual son. El taller que comenzamos este mes parte de la premisa opuesta: ¿Por qué no inscribir esa historia en objetos de menos peso, de uso y desgaste asegurado?
Lo que se ve por el catalejo
Junto a un grupo de chicos de 6º año de la Escuela 21 del barrio Bulevar Juan B. Justo, estamos aprendiendo técnicas de serigrafía, stencil, teñido de telas, y empezamos a pensar en las leyendas, logos e imágenes que vemos a nuestro alrededor. La idea: producir remeras con consignas e imágenes que nos permitan llevar en el cuerpo, con lo que nos gusta y lo que no, el barrio, el puerto, la ciudad.
El taller se pone en marcha gracias a un subsidio del Gabinete Social del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires que permitirá equipar al museo con todo lo necesario para serigrafiar.
Brian, con guardapolvo de alumno cangrejo, mira desde la Rambla por el catalejo que construyó Toni Armada
Lo que se ve por el catalejomartes, 26 de agosto de 2008
CAMINATA ARQUEOLOGICA POR LOMA PARAGUAYA
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Esta vez -miércoles 6 de agosto- el equipo de Ferrowhite se congregó en el corazón de Loma Paraguaya. De White salimos Silvia, Lucía, Pedro, José, Nico y Esteban y allá nos encontramos con Adriana y el resto de los chicos –Janet, Magali, Lucila, Natalia, Mari, Laura, Ezequiel, Braian y Luciano-.
Reunidos todos en la plaza de la Unidad Sanitaria nos encaminamos derechito en la búsqueda de la tan mentada palmera ferroviaria. Cruzamos la ruta tres y registramos nuestro primer hallazgo: un taller que abarca toda una esquina, detrás en el medio de aquella manzana una playa de camiones y allá, en la otra punta, unos galpones uno al lado del otro, que forman parte de lo que fue la metalúrgica Bahía Blanca hasta mediados de los 60’. ¿Qué se fabricaba? : surtidores de nafta y hornos de alta presión.
¿Qué más? Al fondo de esa calle, paralela a la otra ruta, que forma una rotonda con la ruta tres, se ven las construcciones de otro lugar con fama: los talleres en los que se reparaba vagones del ferrocarril.
De allí cruzamos esta otra ruta y salteando un alambrado nos internamos bajo una hilera de árboles hasta dar con la gloriosa y solitaria palmera. Ahí estaban: el árbol y su perseverancia. De pie frente a inconmovibles tanques de petróleo.
Sesión de fotos mediante, salimos de nuevo a la calle y caminamos derechito hasta la avenida Colón, cruzamos y atravesamos un caminito de tierra que desembocaba en los fondos de lo que ahora es EDES. Esa pared, la del fondo, correspondía a la antigua usina, aquella que fue construida por capitales ingleses a principios del siglo xx.
De tanto mirar para arriba casi no nos percatamos de que estábamos parados sobre la base de lo que fuera la chimenea de la usina. La disposición de los ladrillos en el suelo formando un círculo, nos convenció de tal hallazgo. Emocionados, ¡sale otra ronda de fotos!
Y antes de emprender la retirada intentando buscar cobre para hacerlo plata dimos con un pedazo de ladrillo refractario que nos dio la sensación que es de aquella época en que la chimenea estaría de pie. Esa mitad tiene inscripto algo que todavía no resolvimos a qué hace referencia.
La otra mitad queda para el miércoles que viene.
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Esta vez -miércoles 6 de agosto- el equipo de Ferrowhite se congregó en el corazón de Loma Paraguaya. De White salimos Silvia, Lucía, Pedro, José, Nico y Esteban y allá nos encontramos con Adriana y el resto de los chicos –Janet, Magali, Lucila, Natalia, Mari, Laura, Ezequiel, Braian y Luciano-.
Reunidos todos en la plaza de la Unidad Sanitaria nos encaminamos derechito en la búsqueda de la tan mentada palmera ferroviaria. Cruzamos la ruta tres y registramos nuestro primer hallazgo: un taller que abarca toda una esquina, detrás en el medio de aquella manzana una playa de camiones y allá, en la otra punta, unos galpones uno al lado del otro, que forman parte de lo que fue la metalúrgica Bahía Blanca hasta mediados de los 60’. ¿Qué se fabricaba? : surtidores de nafta y hornos de alta presión.
¿Qué más? Al fondo de esa calle, paralela a la otra ruta, que forma una rotonda con la ruta tres, se ven las construcciones de otro lugar con fama: los talleres en los que se reparaba vagones del ferrocarril.
De allí cruzamos esta otra ruta y salteando un alambrado nos internamos bajo una hilera de árboles hasta dar con la gloriosa y solitaria palmera. Ahí estaban: el árbol y su perseverancia. De pie frente a inconmovibles tanques de petróleo.
Sesión de fotos mediante, salimos de nuevo a la calle y caminamos derechito hasta la avenida Colón, cruzamos y atravesamos un caminito de tierra que desembocaba en los fondos de lo que ahora es EDES. Esa pared, la del fondo, correspondía a la antigua usina, aquella que fue construida por capitales ingleses a principios del siglo xx.
De tanto mirar para arriba casi no nos percatamos de que estábamos parados sobre la base de lo que fuera la chimenea de la usina. La disposición de los ladrillos en el suelo formando un círculo, nos convenció de tal hallazgo. Emocionados, ¡sale otra ronda de fotos!
Y antes de emprender la retirada intentando buscar cobre para hacerlo plata dimos con un pedazo de ladrillo refractario que nos dio la sensación que es de aquella época en que la chimenea estaría de pie. Esa mitad tiene inscripto algo que todavía no resolvimos a qué hace referencia.
La otra mitad queda para el miércoles que viene.
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lunes, 4 de agosto de 2008
EL TALLER DE LOS PIBES DE LOMA
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¡Uno más! El miércoles pasado nos volvimos a reunir en Ferrowhite los que estamos llevando adelante el trabajo de taller con los pibes de Loma Paraguaya. Vacaciones de invierno de por medio, algunos aflojaron y, esta vuelta, no vinieron al museo. Pero todo se compensa: sumamos a Marcelo mientras que Ana y Pedro quedaron enganchados y volvieron a decir presente.
Justo antes de salir corriendo para recorrer la torre del Castillo (lo prometido) pasamos por el pañol y todos coincidimos en lo bien que habían quedado las bielas de locomotora. ¡Brillaban! De paso, Pedro andaba enseñando uno de los tomos del manual de locomotoras (la parte mecánica) con el que se estudiaba en el ferrocarril, cuando él era joven, para pasar de aprendiz a mecánico.
Después de una sesión de fotos abrazando a una de las bielas salimos rumbeando al castillo. ¿Qué vimos? Chatarra olvidada en la ría, el buque regasificador, todo White, el Polo Petroquímico en su plenitud, los edificios allá en Bahía. Y por dentro: las enormes paredes del Castillo, ventanales rotos, imaginamos los lugares donde estaban las calderas, las turbinas, un dragón devaluado que apenas se alimenta de palomas.
De vuelta al museo, nos repartimos copias de un plano con las calles de Loma Paraguaya, e intentamos ubicar el sitio exacto donde estuvieron instaladas la estación de trenes y la usina del BAP (Bs. As. al Pacífico). A esas referencias le sumamos la casa de cada uno de los chicos, la esquina de la escuela, la iglesia, la casa de los abuelos de Luciano...
¡Al fin! Después de cuatro encuentros en las dependencias del museo, el miércoles próximo los pibes de Loma hacen de local y los de Ferrowhite nos vamos para allá a hacer, lo que se dice, trabajo de campo.
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¡Uno más! El miércoles pasado nos volvimos a reunir en Ferrowhite los que estamos llevando adelante el trabajo de taller con los pibes de Loma Paraguaya. Vacaciones de invierno de por medio, algunos aflojaron y, esta vuelta, no vinieron al museo. Pero todo se compensa: sumamos a Marcelo mientras que Ana y Pedro quedaron enganchados y volvieron a decir presente.
Justo antes de salir corriendo para recorrer la torre del Castillo (lo prometido) pasamos por el pañol y todos coincidimos en lo bien que habían quedado las bielas de locomotora. ¡Brillaban! De paso, Pedro andaba enseñando uno de los tomos del manual de locomotoras (la parte mecánica) con el que se estudiaba en el ferrocarril, cuando él era joven, para pasar de aprendiz a mecánico.
Después de una sesión de fotos abrazando a una de las bielas salimos rumbeando al castillo. ¿Qué vimos? Chatarra olvidada en la ría, el buque regasificador, todo White, el Polo Petroquímico en su plenitud, los edificios allá en Bahía. Y por dentro: las enormes paredes del Castillo, ventanales rotos, imaginamos los lugares donde estaban las calderas, las turbinas, un dragón devaluado que apenas se alimenta de palomas.
De vuelta al museo, nos repartimos copias de un plano con las calles de Loma Paraguaya, e intentamos ubicar el sitio exacto donde estuvieron instaladas la estación de trenes y la usina del BAP (Bs. As. al Pacífico). A esas referencias le sumamos la casa de cada uno de los chicos, la esquina de la escuela, la iglesia, la casa de los abuelos de Luciano...
¡Al fin! Después de cuatro encuentros en las dependencias del museo, el miércoles próximo los pibes de Loma hacen de local y los de Ferrowhite nos vamos para allá a hacer, lo que se dice, trabajo de campo.
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