jueves, 22 de julio de 2010

RUMORES



¿Vos vas a volver a este museo?, preguntó alguien a alguien más, mientras con hojas agujereadas y resortes de plástico construía una libreta para llevarse a casa.

Es que el domingo 18 de julio, para estrenar las vacaciones de invierno, insistimos en hacer del museo un taller. Esta vez, un taller de armado de libretas en el que esponjas, acrílicos de colores y esténciles de llaves, tuercas y cangrejos fueron nuestras herramientas.

De él participaron algunas de las chicas del taller Cómo funciona la cosa, varios de los chicos y chicas que son parte del Periférico Cultural de Villa Nocito (que vinieron especialmente a visitarnos) y un montón de niños y niñas que aprovecharon a trabajar mientras los Amigos del Taller charlaban con los mayores y les contaban historias de antes.

Pero también hicimos del museo un escenario, en el que Maestro Aramis y Lotus, integrantes del grupo de circo Le Periquete, compartieron sus malabares y demostraron a los incrédulos que un serrucho también sirve para hacer música.

Para algunos, subir y bajar las escaleras para ver y volver a ver los trenes de la maqueta Pago Chico fue un buen ejercicio para espantar el frío. Otros, en cambio, prefirieron arrimarse al salón de usos múltiples a mover el esqueleto en la selva de La Mar en Coche. Y hubo quienes no se perdieron de nada.

Así, lleno de pequeños operarios del papel, la risa y la canción, el viejo taller de la vieja usina tuvo una tarde muy distinta de aquellas otras en las que había que reparar alguna turbina o algún generador.

Y ahora que te contamos todo esto, vos, ¿vas a venir a este museo?

lunes, 12 de julio de 2010

LUCHE Y VUELVE



Novedades en la muestra del museo. Uno de los tornos que funcionó en el taller de la ex usina vuelve a su lugar, gracias a la gestión de nuestros amigos Victor Kraus, Marta Mc Clelland y Roberto Salvucci. El cambio no es poca cosa. Este artefacto mide alrededor de cinco metros. Pesa más de 4000 kilos. Desplazar semejante mole de hierro de fundición desde de la Central Piedrabuena hasta su antigua sede junto al castillo, supuso una pequeña proeza que reunió por un momento a los actuales trabajadores de la Termoeléctrica con el último jefe del taller de la usina General San Martín, Luis Firpo.

Hubo que mover “zampis”, cargar aparejos y conseguir un camión con grúa incorporada. Hubo que hacer un poco de fuerza y, sobre todo, muchos cálculos. Una pequeña hazaña, cotidiana para los empleados de la usina, pero inolvidable para los del museo. Fue en mitad de esa aventura, con el torno suspendido en el aire, que apareció Don Luis para indicar, primero un poco tímido, después con la determinación propia del jefe que alguna vez supo ser, el lugar preciso donde había que emplazar el artefacto, la forma en la que operaba, las cosas que se hicieron con él.

Repare el lector en un solo dato: hasta principios de los años ochenta, cuando comenzó a establecerse el “sistema interconectado nacional”, todos los guinches y los cabrestantes de este puerto, pero también todas las heladeras y los lavarropas, y cada una de las lamparitas que eran encendidas en Bahía Blanca, dependían para funcionar de la energía producida por el castillo. Si algo se rompía, las cosas quedaban en manos del personal del taller. Y ahí iban Luis Firpo y sus muchachos, con miles bahienses al borde de un ataque de nervios, a salvar a la ciudad del caos, reparando o fabricando piezas enormes contra reloj. Para eso servía este torno.

Ferrowhite ocupa un taller que fue arrasado, no hace doscientos años, sino apenas quince. Por eso en su patrimonio son tan importantes los objetos que están como los que faltan. El torno es un sobreviviente de esa batalla, el veterano de una guerra que no saldrá jamás en el History Channel. El taller de reparaciones fue inaugurado en 1963, como parte de las modificaciones destinadas a ampliar la capacidad generadora de la usina. El torno, en cambio, según recuerda Luis, ya estaba en este lugar mucho antes de que el taller existiera. Es difícil saber con precisión en qué año y en qué país fue fabricado. No existen inscripciones en el aparato que permitan precisar una fecha, ni se conservan documentos que acrediten su compra, pero una primera consulta a viejos catálogos comerciales permite suponer que se trata de un artefacto de la tercera o cuarta década del siglo XX. Tal vez esta máquina sea más vieja que el propio castillo, que fue inaugurado en 1932.

En cualquier caso, máquina y edificio atraviesan un extenso arco temporal que da cuenta de los vaivenes de la industria de la generación de energía, actividad imprescindible a la hora de pensar el desarrollo industrial de la región y del país. Un período que va desde el comienzo del fin de la hegemonía del capital inglés en la zona, a principios de la “década infame”, y que pasa por la estatización de las grandes usinas en los años cuarenta y las políticas del desarrollismo en los sesenta, para llegar a la aplicación de las recetas liberales durante la segunda mitad de los setenta y neoliberales en los noventa. Un período del que sabemos muchísimo menos de lo que creemos saber. Por eso el torno, devuelto ahora a este taller que es y no es el mismo, tampoco se detiene. Comienza a trabajar para recomponer esa historia, con Luis Firpo otra vez al mando.

domingo, 4 de julio de 2010

LOS TALLERES RELATADOS


Talleres Bahia Blanca Noroeste, 1986, Archivo De Simón - Ferrowhite
En primer plano, subestación electrica en construcción. 
Detrás, la oficinas de Jefatura (con ventanas rectangulares)
y, contiguos, los galpones de ajustaje y tornería


Fueron invisibles durante muchos años.

Ahora que los van a limpiar, demoler, reciclar, reurbanizar, se habla otra vez de estos edificios.(aunque siguen diciendo que eran la ¡Estación Noroeste!)

Suele circular una descripción centrada en el recuerdo de la magnificencia de los edificios hechos por los ingleses. Se trata de un criterio de recorrido, válido por cierto, que nombra y vuelve visibles ciertas cosas, pero que ignora otras, por no "verlas", o por considerarlas, en la comparación, insignificantes.
Resulta entonces un relato que, al no ver en ese sitio más que ruinas, transforma los talleres en un lugar en el que cada cosa está ahi desde siempre -o ya no-, en una configuración instantanea, inmutable; un relato que da cuenta de la presencia de los edificios, como de la de un muerto. Y un muerto que murió hace mucho mucho tiempo, poco después de haber nacido, pero cuya breve y remota historia pareciera ser la única que puede ser contada y sentida como propia.

Entrar en los talleres no a través de los edificios sino a través de lo que cuentan quienes trabajaron ahi permite ver, no solamente cómo los edificios ingleses fueron mantenidos, reacondicionados  y adaptados a las necesidades que, a lo largo del tiempo, se fueron planteando, sino también las construcciones hechas en los últimos cincuenta años (por ejemplo, la ampliación del galpón de montaje, el inmenso almacén local, y la sub usina ut supra que está todavía frente a las oficinas de jefatura). Y en ese recorrido verbal uno también puede detenerse frente al árbol en el medio de la playa donde se hacían los asados, y frente al comedor de montaje, a los baños nuevos o a la escalera de las oficinas.

Atravesados por la historia (vivida y puesta en palabras) de cada uno de sus trabajadores (e incluyo en esta categoría a todos, desde los jefes, supervisores y capataces, hasta aprendices, oficiales y peones), los talleres aparecen como un espacio en el que se organizan, de un modo singular, tanto las relaciones entre personal jerárquico y obrero, como los saberes respecto de toda clase de oficios y trabajos, y también respecto del ferrocarril en su conjunto así como los reclamos y conflictos, y los momentos de esparcimiento y camaradería.

Uno podría, incluso, llegar a plantear la posibilidad de un relato que, si bien tiene un ilustre punto de inicio cronológico con la puesta en marcha de estos talleres por parte de la empresa Bahía Blanca Noroeste y con la construcción de los edificios que vemos hoy por parte de la empresa Buenos Aires al Pacífico a partir de 1904 (en realidad, los edificios estuvieron listos entre 1907 y 1908) y una digna continuidad con la administración por parte de la empresa británica Ferrocarril Sud a partir de 1925, ponga un énfasis equivalente en la gran cantidad de personal que trabajó en talleres después de la nacionalización de los ferrocarriles en 1948 como consecuencia del aumento de la demanda de servicios ferroviarios, en la variedad de trabajos de reacondicionamiento y reparación de vagones a partir de la década del 60, en los embates económicos que sufrió el taller por la asignación de trabajos a talleres ferroviarios privados locales, y en los esfuerzos inmensos que se hicieron desde adentro para contrarrestar, ya a fines de la década del 80 una política de vaciamiento y abandono.

O sea, ¿sería posible un relato que dé cuenta tanto de un complejo edilicio como de un complejo entramado de relaciones, de valores, de ideas y propuestas que aún hoy están absolutamente presentes y en actividad?.

OPERA PACELLAE


Si no hubiera entrevistado ya a muchos otros ferroviarios, yo habría podido pensar que el taller era de él.

Sebastián Pacella (italiano, del Abruzzo, 86 años, así como lo ven) me va contando a lo largo de la entrevista todo lo que hizo en Talleres Bahía Blanca, desde los 21 años, en 1945, cuando ingresa como  peón, ayudante de herrería, pasa a oficial ajustador, hasta su actuacion como capataz de la sección ajustaje durante 28 años y finalmente, en la oficina, con el título de "Jefe de estudio de reparación y planeamiento", su jubilación, en 1986, hasta ahora.

Por ejemplo:

- la remodelación de las oficinas de jefatura ( la reforma de todas las oficinas, todo eso también lo hice a cargo mío. Antes era un galpón de techo alto, tipo ingleses, se le hizo la división al medio, le reformé todos los ventanales, el frente quedó como estaba nada mas se aprovechó, como estaba muy alto se hizo dos pisos todo, y la escalera la dibujó Ares, y en cada oficina un hogar a leña, los ingleses tenían salamandras)

- el nuevo galpón de ajustaje después del incendio del galpón de montaje (en una oportunidad  se incendió el galpón que teníamos de ajustaje y me tuve que improvisar otro galpón y arme todo y lo deje bien pintadito todo bárbaro)

- el banco de prueba para frenos al vacío y para frenos de aire comprimido,

- una prensa para sacar y colocar bolilleros,

- un aparato para controlar la excentricidad de los ejes de los  vagones,

- la autobomba, el carrito de bomberos que está actualmente en el museo,

- el prototipo del furgón de cola,

- el jardín de acceso frente a las oficinas (por el año 80, ochenta y pico. Yo lo diseñé y tenía personal a cargo mío que lo iba dirigiendo, aprovechando los adoquines que se sacaban de ahí para hacer la protección y todo eso rellenarlo, ahí volteé un árbol, un eucalipto que tenia un metro veinte de diámetro, era centenario, hasta tuvo que venir los bomberos a cortar las ramas, y ahí hice bicicletero y toda la parte de entrada del taller, si antes era un galpón, si la entrada del taller no se veía para nada, dos metros y pico y apenas entraba el camión, voltee todo eso y le hice todo jardín, aspersión de agua y todo completo, todos rosales,la plaza Pacella le decían). 

- el proyecto de reforma de Talleres Bahía Blanca, en 1984. (Hicimos una reforma, con el ingeniero Di Matteo, que entraba el vagón un día y ya salía, porque ya teníamos la reparación de los bogues hecha de acuerdo a las series, sacabas al vagón un bogue y ponías otro, y ya pasaba el vagón directamente a pintura y ya estaba listo todo en el mismo día).   

Pacella es ahora uno de los más activos promotores de la apertura de la calle Blandenguez y la de la demolición del paredón, de la construcción de un complejo de piletas de natación, según una de las cartas que mandó al diario en estos últimos días; en otra, propone que los ladrillos sean desmontados por gente de bajos recursos, y así, por ellos también, reutilizados y aprovechados.

GALICCHIO



Rafael Galicchio, corredor de a pie, ajustador en Talleres Bahía Blanca entre 1967 y 1993, supervisor en Taller Maldonado hasta 2003 y actual entrenador de juveniles en el Club Libertad, de Bahía Blanca.

domingo, 27 de junio de 2010

GRITALO


Cacho Romero, pescador, ocasional "centrojás" de la primera de Comercial a principios de los 60, el que nunca fue a entrenar porque la gimnasia "había que hacerla arriba de la lancha", el que, cuentan sus amigos, en los potreros jugaba en patas y, encima, pateaba los ladrillos de puntín, ese Cacho, celebra los goles de la celeste y blanca, los grita así.

viernes, 25 de junio de 2010

MA QUÉ VUVUZELAS, BOCINAS FERROVIARIAS

Talleres Bahía Blanca Noroeste (ca. 1960).

Este domingo -antes, durante y después del partido- el museo taller se puebla con las imágenes de los equipos ferroviarios y portuarios que llenaron las canchas y los potreros de la ciudad. Una selección de cracks con mameluco.

lunes, 21 de junio de 2010

LOS CIEN MATICES DEL VERDE INGLES

Claudio Fabbi - Nicolás Testoni
22-10-2009

En La Brúlula apareció hace unos días un artículo con este título: "Se inician las tareas de limpieza de los terrenos donde funcionaba la ex estación Noroeste"

Entonces Nicolás Testoni, en su blog publicó el  video de Mario De Simón recorriendo TBB, y escribió, "si en ese lugar que el intendente ahora recorre hubiera funcionado solo una estación, estaríamos hablando, sin exagerar, de las ruinas de Retiro o de Constitución. Es como si las pirámides se hubiesen vuelto invisibles en Egipto".

Y Natalia comenta: " Los indios del Amazonas ven 100 verdes donde nosotros vemos uno. ¿Qué hacemos con los que ven un terreno dónde hay un taller? Los indios del Amazonas ven más verdes porque habitan su lugar minuto a minuto, y los de acá no están acá o están del otro lado o o o o o..."

Nicolás agrega:  "Claro, tampoco De Simón, Gómez, Fabbi, - los ferroviarios con los que caminamos ese 'terreno' que el cronista se apura en allanar-, ven ahí solo un taller. Ven, además, la tornería, la herrería, el galpón de ajustaje, el comedor… Donde nosotros vemos yuyos, ellos señalan la base de un torno o una taquilla o la covacha para el mate... son los naturales de una civilización perdida a diez cuadras de la plaza Rivadavia, los últimos capaces de distinguir en un hierro oxidado los 100 matices del verde inglés.

Lo que uno defiende acá no es 'un pasado mejor', sino esa parte del pasado que, hasta donde nos es dado entender, mejor le conviene a este presente. Y eso, me parece, tiene menos que ver con los ladrillos que con la historia de laburo que esos ladrillos mantienen en pie. Fijate lo que ve Mario en su recorrida. Mario ve personas trabajando. Quizá porque fue jefe, De Simón tiene en la cabeza el conjunto de relaciones que hacía que la estructura considerablemente compleja de un taller funcione. Estoy seguro que si le fuera dado poder rescatar algo de este sitio arrasado, él elegiría poner a salvo esa capacidad (siempre luchada, llena de idas y vueltas) de organizarse en el hacer.
Hay distintas maneras de fundamentar el valor de estos edificios. Se puede, por caso, destacar el actual valor estético de la arquitectura industrial inglesa. Y está bien. Lo nuestro, sin embargo, va por otro lado. Quiero decir, nuestro 'relato' debería ser capaz, por ejemplo, de mostrar en qué aspectos la capacidad de producción desarrollada en este taller y las viviendas del Plan Federal a las que serán mudadas las familias que todavía viven en el lugar, forman parte de un mismo linaje. Se trata, desde luego, de una apuesta arriesgada, y es nada más que una opinión personal."
 

Ver también "Los talleres invisibles"

miércoles, 16 de junio de 2010

EL DERECHO A LA CIUDAD

Hoy, con la presencia del intendente, se inició la limpieza del lugar en el que funcionaron hasta hace veinte años los Talleres Bahía Blanca Noroeste.



"La creación de nuevos espacios urbanos comunes, de una esfera pública con participación democrática activa, requiere remontar la enorme ola de privatización que ha sido el mantra de un neoliberalismo destructivo. Debemos imaginarnos una ciudad más inclusiva, aunque siempre conflictiva, basada no sólo en una diferente jerarquización de los derechos sino también en diferentes prácticas políticas y económicas. Si nuestro mundo urbano ha sido imaginado y luego hecho, puede ser re-imaginado y re-hecho." David Harvey, "El derecho a la ciudad", citado hoy por Marcelo Diaz en su blog Acción Literaria.

jueves, 10 de junio de 2010

ARTFORUM


Salió el último número de la revista norteamericana Artforum. Bajo el título "The museum revisited", incluye un texto de Inés Katzenstein que, entre otras cosas, afirma:

“…a few innovative projects have emerged in Latin America that attempt to combat the institutional vacuum of their contexts. …examples in peripheral situations within the periphery itself… achieved with little or no money… It may seem beside the point to speak here of non-art museums, but given the critical tint of Ferrowhite’s curatorial vision, the intelligence and unexpectedness of its exhibition devices, and the heroic nature of such an unlikely endeavor, I believe it is eminently worth mentioning.”

En traducción caserita: “…unos pocos proyectos [museográficos] innovadores han surgido en Latinoamerica que intentan oponerse al vacío institucional de sus contextos… ejemplos periféricos dentro de la misma periferia… realizados con poco o ningún dinero... Puede parecer fuera de tema hablar aquí de un museo no artístico, pero dado el tinte crítico de la visión curatorial de Ferrowhite, la inteligencia y lo inesperado de sus recursos de muestra, y la naturaleza heroica de tan singular emprendimiento, creo que realmente vale la pena mencionarlo.”

Qué tal.

martes, 8 de junio de 2010

PLAYA MUNDIAL



Hasta hace unos años funcionó en este predio la playa de reparación de vagones (Sección 80) de Talleres Bahía Blanca Noroeste


Ahora está creciendo acá (y festejando un nuevo aniversario) el Mundial Futbol Club, gracias al trabajo de Lucía Hess y Andrés Rebollal, sus amigos, y mucha gente que colabora para que los chicos y los vecinos del barrio sientan ese espacio como propio.




El partido de festejo; al fondo, paralelo al paredón, y demontado casi en su totalidad el galpón de montaje; en sentido transversal las fachadas (a dos aguas) y paredes laterales de tres galpones contiguos: tornería, ajustaje y plantel de estopa. Si cliquean sobre la imagen y la miran completa, van a distinguir, detrás del paredón, el campanario de La Piedad.

Y adivinen, ¿cuál de los jugadores de anaranjado es el intendente?


PLAYA DE VAGONES (SECCION 80)

Playa de vagones: broncearte, te bronceabas seguro; pero también te congelabas en invierno, cuando había que trabajar de madrugada con una helada como la de hoy.

La sección 80 funcionaba al aire libre, en ese entramado de vías que iba desde Blandenguez hasta Juan Molina: ahí se reparaban vagones de todo tipo, metálicos y de madera; cerealeros, fruteros; chatas o furgones de cola. Y trabajaban ahí carpinteros, hojalateros, remachadores, sopleteros y pintores.

Las carretillas con las herramientas siempre a mano; los mates y las parrillitas,en cambio, escondidos para que el jefe o el contramaestre no los sorprenda; y el precio de cada listón de madera que se clava bien presente, para cumplir "el contrato" y cobrar el sueldo correspondiente a fin de mes.

  Playa de reparación de vagones, TBB, 1975

Cerca de la magnífica arboleda, estaba el "palomar",  una construcción de madera de dos pisos: arriba estaba el contramaestre de playa, abajo en la oficina, la mesa para todos los capataces.


TBB, Playa de reparación de vagones, 1984 (archivo FW-De Simón)

Después de 5 paradisíacos años como aprendiz en el galpón de carpintería (Sección 81), había que pasar a la playa. Recién después de 20 años, si salía la vacante, se podía volver a trabajar bajo techo.

(Algunas de estas cosas me las contó Norman Bocca, carpintero en TBB. También Mario Chiarastella fue jefe de sección y contramaestre de playa entre 1959 y 1972)

sábado, 5 de junio de 2010

ROSARIO SIEMPRE ESTUVO CERCA


Lo dice el reloj, recién reparado, que corona esta foto: la hora llegó. Nuestro compañero Marcelo Díaz parte a la Estación Rosario para arrancar con un nuevo espacio de gestión "cultural y comunitaria" que ya sentimos un poco nuestro. Así que ahí vamos a estar, Marcelo, para lo que haga falta.

martes, 25 de mayo de 2010

CULTURA Y PUEBLO



Noche de los Museos. 22 de mayo de 2010.

miércoles, 19 de mayo de 2010

BI CENTENARIO




200 TOLDOS

   200 LEGUAS DE TIERRA

    200 CABALLOS

     200 INDIGENAS MUERTOS

      200 CASAS DE ADOBE

       200 ESTANCIAS

        200 ARRENDATARIOS INMIGRANTES

         200 ESTACIONES

          200 TOQUES DE TELEGRAFO

           200 GUINCHES EN EL PUERTO

            200 BARCOS

             200 ADOQUINES

              200 VAGONES PARA 200 TIPOS DE CARGAS DIFERENTES

               200 PASAJEROS QUE HACEN EL TRAYECTO BAHIA-ING. WHITE PARA IR A 
                    TRABAJAR TODOS LOS DÍAS DE LUNES A SABADOS

                200 BOLSAS DE TRIGO

                 200 TARROS DE LECHE
 
                  200 ESCOBAS
  
                   200 ROBLONES
 
                    200 HORAS DE TRABAJO
 
                     200 DURMIENTES

                      200 MAQUINISTAS

                       200 BARRILES DE VINO

                        200  MANZANAS

                         200 FERROVIARIOS “INDEMNIZADOS”
 
                           200 RAMALES CERRADOS

                              200 GRANOS DE SOJA

                              200 MILLONES DE DOLARES AL MES

                               200 PESOS EL PASAJE EN COLECTIVO A BUENOS AIRES

                                  200 GOTAS DE LLUVIA

                                   200 PROPUESTAS PARA EL FUTURO


Números redondos, inexactos, arbitrarios incluso, para pensar desde aquí y desde ahora estos doscientos años de historia en Bahía Blanca e Ingeniero White.

martes, 18 de mayo de 2010

PINCHADA

     Afuera, en un altillo, que hasta hace poco se veía desde calle Malvinas, había un horno cubilote, un cilindro inmenso, de un metro de ancho por tres alto, mas o menos, que adentro esta forradocon  tres o cuatro filas de ladrillos refractarios de 15 x5 cm de espesor.


     El hierro hay que subirlo con una montacarga; se subía arriba, se subía todo, el carbón - carbón de coque-, la piedra caliza y el hierro. El horno tenía una boca, era un cilindro; abajo tenía una puerta doble que tenía cuatro hileras de ladrillos, y abajo en el piso había una salida, una bandeja toda hecha con piedra refractaria, y un agujero: de lejos el hornero, con una lanza larga, con un tapón de tierra refractaria lo taponaba.

     Entonces ibamos, de arriba y empezábamos: se echaba una capa de carbón, una capa de piedra caliza y una capa de hierro, una capa de carbón, una de hierro y una de piedra caliza, el horno abajo tenía una salida, se llama expurgue, ... salía la piedra caliza fundida, que es como si fuera una miel, arrastraba toda la basura del hierro que vos habías metído. Cuando el horno empezaba a chorrear por ahí, donde lo tapó, el hornero pegaba el grito y decía: ¡A pinchar!. Entonces, del lado de adentro de la fundición, del galpón, donde estaba la salida grandota con el otro tapón, iban y lo rompían, y salía un chorro así de hierro fundido, 1000 kilos, caía adentro del crisol..

     Una vez a la semana, se fundían 15.000 kilos de hierro, 15 toneladas, así que eran 15 pinchadas, cada pinchada que se hacía en el horno, el hierro fundido que salía del horno eran 1000 kilos; de ahí se iba a pasando a las cucharitas mas chicas, hasta las cajas de moldeo,

     y había que embocar en la colada, donde le errabas un poquito, las chispas llegaban hasta el techo, como si hicieras fuegos artificiales.


(Héctor Tarsia, modelista fundidor en TBB entre 1954 y 1974)

lunes, 10 de mayo de 2010

SAUCEDO: HIERRO, MATERIA Y ESPIRITU

Tomás Fernando Saucedo, herrero en Talleres Bahía Blanca Noroeste entre 1979 y 1996.


Tomás dibuja el horno inmenso de la herrería con sus dos puertas colgantes, el espacio central donde se ponían los materiales y la mesada de ladrillo refractario, indica la cantidad de minutos diarios que había que cumplir, a razón de 10 minutos por pieza, en este caso, cáncamos:




Dibuja luego un enganche, como los que reparaban habitualment en talleres, con su grillete, dos brazos, los ojos, las tiretas



Estas eran probablemente las piezas más pequeñas que se hacían y se reparaban en el taller.
Pero eran el eslabón clave, para que todo funcione:


Tomás Saucedo repite una y otra vez la palabra "material":
se levanta el material ...
el sitio donde los materiales descansan,...
primero se hace este material y después va a la agujereadora ...
una vez que se enfriaba el material estaba listo para ser despachado a las areas que correspondía...

Material es la materia prima -el hierro-; es también el objeto en el momento en que es fabricado o reparado; materiales son las piezas ya acabadas. Pero la materia es mucho mas que un sólido que puede ser puesto al rojo y templado:

(Se escucha mejor con auriculares )

Lo importante es el tiempo de estar el material ahí, porque no es lo mismo calentar hierro que calentar acero, no era lo mismo calentar bronce que calentar otro material, el cobre necesitaba solamente un  soplo de calor, había que sacarlo, se deterretía todo, lo que mas resistía era el hierro dulce, pero también corría el riesgo, el hierro dulce, de desintegrarse, y cuando el hierro dulce se desintegra, anita, se lo ve desde afuera como una baba, al rojo al vivo, eso solamente hay que vivirlo, te transfiero yo a vos lo que era eso, pero si hubieras vivido, si hubieras gozado de esa visión hubieras dicho: ¡pero esto es una cosa increíble!


martes, 4 de mayo de 2010

MECANICA WHITE: EL TALLER QUE FUNCIONO EN LA USINA INGLESA



Sigue estando ahí, escondida entre los árboles, bajo el puente La Niña, opacada por la enorme planta de silos de Terninal Bahía Blanca, cerrada, desmantelada, La Usina Inglesa.

Y no hace tanto que dejó de funcionar allí Mecánica White: ese taller fue cerrado definitivamente en 1993, cuando Talleres Bahía Blanca Noroeste (del que dependía ) pasó a manos privadas.

El 30 de abril fuimos de nuevo a recorrer la Usina, acompañados por Raúl Foresi, quien fue, durante diez años jefe de este taller ferroviario, perteneciente a la División Mecánica de Ferrocarriles Argentinos, a pesar de estar emplazado en el corazón de la zona de la Administración General de Puertos.

¿Cómo es que un taller ferroviario como este termina funcionando dentro de la usina?

Eso fue lo que nos explicó Foresi. Esta usina, inaugurada en 1908, produjo energía eléctrica hasta que entró en funcionamiento la usina Gral San Martín (el Castillo) en 1934 y mientras perteneció a la empresa Ferrocarril del Sud en ese taller - en ese entonces llamado Mecánica Muelle - se hacía toda la reparación de las dragas, remolcadores y chatas barreras, guinches, cabrestantes y motores de los elevadores del puerto. Después de la nacionalización de los ferrocarriles, y la posterior creación de la Administración General de Puertos en 1954, la división eléctrica de la usina siguió ocupandose de los guinches, pero la división mecánica pasó a depender de la empresa Ferrocarriles Argentinos. Criques para levantar vagones y locomotoras, chatas automobileras, cajas de seguridad para la recaudación de las estaciones ferroviarias, extinguidores para toda línea Gral Roca, motores eran los trabajos que se hacían en este taller.

Raúl nos mostró la sección de los balanceros, la división electrica -donde estaban los tableros y los generadores que distribuian la corriente continua a los guinches de los muelles y nos detuvimos extensamente, recorriendo cada rincón de la división mecánica: tornos, fresadoras, agujereadoras, movidos por un complejo sistema unificado de transmisión; la oficina del capataz y el comedor.

El gesto y las palabras de Foresi van reponiendo nombres, ruidos, voces y movimiento; al hablar del ritmo cotidiano de trabajo parece, al menos por unos minutos, devolverle algo de su vitalidad y su calidez; y caminando a su lado -mientras va de su torno al pequeño almacén local, o de la oficina del jefe al comedor-, la distancia se experimenta no como vacío a ser salvado sino como un espacio pleno en el que es imposible que la sangre no circule y el frío te adormezca.

Esa es la diferencia entre el recorrido que hicimos hace dos años y este. Aquel fue un recorrido arqueológico, a través de una ruina, este fue un recorrido que tuvo en cierto modo una potencia revitalizante. No alcanza con pensar un hermoso edificio de cien años como un bello conjunto arquitectónico y patrimonial: el bello edificio vale y tiene que ser preservado por las historias que guarda y lo que todavía se puede hacer con él.

Sobre la visita anterior, acá

sábado, 1 de mayo de 2010

PASAJEROS


Desde hace algunos años el museo aloja, junto a llaves, martillos y tenazas, objetos que no provienen del pasado ferroportuario, sino que han sido construidos por los propios ferroviarios para vincular ese pasado al presente. Este domingo 2 de mayo, en Ferrowhite extendemos los festejos por el Día del Trabajador presentando las figuras que el mecánico ajustador Carlos Di Cicco talló en madera balsa: pasajeros que transitan las estaciones ferroviarias de un mundo extraño que es, al mismo tiempo, el nuestro.

A continuación el texto que Luis Sagasti escribió para la muestra:

Los muñequitos de los chocolatines Jack descansaban –y aún hoy lo hacen- en unos ataúdes de chocolate, claro, que se comían en un santiamén casi sin saborear. El rango de emociones que provocaban lo encabezaba la sorpresa de que nos tocara uno que no teníamos. Y como no era cosa de todos los días comprarse un chocolatín, el desencanto hacía de la boca una trompa si el muñeco liberado ya figuraba en nuestra colección.

Los muñecos de Di Cicco, frontales y de colores puros bien de pomo como venían los Jacks, parecen ser parte de una colección infinita a la que no le falta ninguna pieza. Pero al mismo tiempo, cualquiera de ellos da la sensación de poder iniciar una serie que a su vez encabezaría a otra. De estos asuntos los chinos que Borges citaba o inventaba sabían mucho.

Solos o de a pares, los muñequitos, pensados para habitar la maqueta de una estación del ferrocarril, dan cuenta de un afán conciliador que da la impresión de no querer olvidarse de nadie. Todos los tipos sociales parecen tener cabida en el trabajo de Di Cicco. Como en los trenes del general Perón.

Esa conciliación no solo es conceptual sino también plástica: puede advertirse en la factura de cada muñeco. Por un lado dan la sensación de ser esbozos, bocetos, algo inacabado, pero al mismo tiempo se percibe con claridad una dedicación silenciosa y tierna a la vez como si luego de cada jornada, la cabeza del trabajador necesitara restituirse a un cuerpo que por momentos debería sentirse como ajeno.

Y hay un par de muñequitos que parecen ser los más difíciles de conseguir. Y contra lo que se cree, no es la pareja haciendo el amor. Seguro. Y la impresión punzante de que la estación de trenes era una verdadera arcadia, donde todo era posible, como en Trulalá.

La colección de Jacks guardaban una epifanía que de chico uno no alcanzaba a darse cuenta: la posibilidad de observar por primera vez a Hijitus de perfil. Como ver al guarda tocar la campana de la estación, ni más ni menos.


Luis Sagasti

Carlos Di Cicco (1937-2005) fue oficial mecánico en el Galpón de Locomotoras de Ingeniero White y gasista a domicilio. Apasionado por los trenes, en su casa era posible encontrar revistas y carpetas con recortes de noticias ferroviarias y una maqueta poblada por muchas de las figuras que podrán verse desde mañana en La Casa del Espía.

La foto de este post es de Carlos Mux

jueves, 22 de abril de 2010

ISMAEL



Un suponer:
(imposible porque ni esa locomotora, ni el guinche, ni el galpón de montaje están, ya):

Una locomotora cuelga, con sus sesenta toneladas, del guinche eléctrico, en el galpón de montaje, con un cable trenzado, de más una pulgada y media de diámetro.
Y mientras mirás desde abajo, imponente, ese enorme volumen de hierro en el aire, de pronto te preguntás ¿y el cable? ¿aguantará ese cable?
.........

Fui a ver a Ismael Boccaccini porque sabía que estuvo  casi 40 años en la sección carpintería en Talleres Bahía Blanca. El resultó ser la persona – de la que ya varios me habían hablado- que hacía, como nadie sabía hacerlos, los cables trenzados.



¿Cómo se hace? Le pregunté mientras me mostraba un trozo de ese cable que se  trajo a su casa poco antes de recibir el fatídico telegrama del 29 de abril de 1993.



Se necesitaba una morsa tipo herrero, una base de 30 x 30 de 80 cm de altura, una prensa de que son anchas, todas pasantes; usted empezaba a doblar el cable todo lo que necesitaba para la empalmadura, lo iba calzando, atándolo con alambre y con todo hasta que lo afirmaba bien al guaradacabo.
Una vez que estaba bien afirmado al  guardacabo, que quedaba prensado, ponele que este sea el filo de la morsa, lo forraba todo con hilo sisal y después con alambre duplicado, cuadruplicado, apretaba todo el cable contra el guardacabo lo daba vuelta, desarmaba ese metro 10 que necesitaba para hacer un cable de una pulgada y media en seis partes, en seis hilos que era lo que tenia el cable.
 Se abría el corazón que era la soga que llevaba en el medio, se tiraba para un costado, se separaba tres para un lado, tres para el otro empezaba: tres dos uno, entraba y después seguía uno, uno, uno, una vuelta para la derecha, y después arrancaba al reves tomando dos, dos y dos al final, era un laburo de locos.

Había que usar guantes, pero era mas fácil agarrar el cable con una estopa

lunes, 19 de abril de 2010

DE HISTORIA YO SE UN VAGON




Hasta aquí, frente al museo, en el corazón del puerto de Ingeniero White, llegaban  y siguen llegando cientos y cientos de

VAGONES DE CARGAS GENERALES
GRANEROS
FRUTEROS
TOLVAS DE DESCARGA LATERAL
TOLVAS CEREALEROS DE DESCARGA CENTRAL
CHATAS PORTACONTENEDORES

¿De dónde venía toda esa mercadería? ¿De dónde viene la que llega ahora al puerto? ¿Quiénes la cargaban en los vagones? ¿Cómo se carga ahora?¿Quiénes la transportan? ¿Quiénes y cómo la descargaban en el puerto? ¿Cómo se hace ahora? ¿Es lo mismo un vagón cerealero con compuerta que un granero con tolva de descarga central?
¿En qué se diferencian un frutero ventilado de un frutero refrigerado?
¿Por qué ya no corren más vagones lecheros o vineros?
¿Por qué ahora quedan tan pocos vagones de pasajeros?
¿Cómo cambia el trabajo en los talleres ferroviarios, cuando tienen que arreglar los vagones o modificarlos? ¿Y en el puerto, cuando tienen que descargarlos?
 

Así como la figura del maquinista eclipsa a veces a los demás oficios ferroviarios, la locomotora suele ocupar el lugar del ferrocarril entero. Las locomotoras tienen nombres de generales, de presidentes o de santos. Los vagones, en cambio, son anónimos. Se los conoce por su pertenencia a una clase, cifrada en un código que solo comprenden los iniciados. Los vagones parecen ser los actores de reparto del drama ferroviario. Pero buena parte de la historia económica y laboral de la ciudad y del país camina sobre ellos y es posible rastrear los cambios en el proceso de la agroexportación y del trabajo asociado a ella en campos, talleres, elevadores y muelles


Por eso, los invitamos a descubrir por qué la historia argentina rueda en cada vagón que llega a este puerto. 

miércoles, 14 de abril de 2010

TEATRO DE ALTURA



Este sábado, a las 20 hs., vuelve a escena en Ferrowhite "Con tormenta se duerme mejor", obra de teatro documental, protagonizada por Marcelo Bustos, trabajador de un buque de pesca de altura, con dirección de Natalia Martirena y la producción del equipo del museo. Todos invitados.

sábado, 10 de abril de 2010

LUBRICACION


Todo cambió cuando se empezaron a usar los bogues integrales.
Los ejes de ruedas de locomotoras y vagones lubricados con estopa dejaron de usarse, reemplazados por los mucho más modernos bogues a rulemanes españoles y japoneses.
Pero esto ocurrió a fines de la década del 60.
Hasta ese momento tanto locomotoras como vagones tuvieron en sus ruedas ejes a frición, que necesitaban una lubricación constante para no que no se recalienten, se quiebren, y descarrile el tren. Esa lubricación se lograba introduciendo estopa impregnada de aceite en el eje de cada rueda.
En Talleres Bahía Blanca Noroeste, toda una sección se dedicaba a preparar tambores de 200 litros con estopa saturada y rollos que se usaban luego en cada estación, galpón de locomotoras y playa de maniobras.

Como en el galpón o en la playa de Ingeniero White.

He aquí:
una imagen tomada de ese manual, un estopero en plena tarea


Dos tapas  de registro de eje de vagones,  Ferrocarril Sud, una de 1929, otra más nueva (Pedro caballero Caballero dixit):



Ganchos para sacar la estopa sucia y acomodar, dentro de la caja, la estopa nueva.





y finalmente, una tapa de registro (suponemos que) de un guinche o una grúa, Buenos Aires al Pacífico, 1910*



* La suposición de Pedro Caballero queda confirmada por Héctor Guerreiro, quien acaba de encontrar tapas cuadradas en una grúa fotografiada en Ingeniero WHite hace algunos años:


 Pedro Caballero describe minuciosamente cómo eran los pasos en la tarea del estopero


jueves, 1 de abril de 2010

PLANTEL DE ESTOPA

Rollo de estopa




Sí. Además de tornear bielas, ruedas y ejes, fundir enormes piezas de hierro o bronce, y fabricar tolvas metálicas, en Talleres Bahía Blanca había una sección completa dedicada al procesamiento y a la saturación de aceite de la estopa que se usaba para la lubricación de ruedas de locomotoras y vagones.

Sí, si, de estopa, o sea un material absorbente que llegaba a talleres en fardos de 300 kilos, preparado (industrialmente) con trapos y telas en desuso de algodón o lana procesados, y reducidos a gruesas hilachas.

Y disponía esa sección - mientras se usaron los bogues diamante con cajas de bronce - de un inmenso galpón con bateas, tanques, bombas, enrolladoras, piletones de aceite.


Ahí estuvimos, hace unos días con Humberto Gómez, supervisor de la Planta Saturadora de Estopa durante 30 años. Nos explicó con todo lujo de detalles el proceso que se le hacía a la estopa, cómo se la impregnaba de aceite, cómo se hacían los rollos, cómo se depuraba el aceite, cómo se preparaban los tambores que se distribuian por toda la línea del ferrocarril Roca y el Sarmiento.





¿Un galpón entero para impregnar de aceite montañas y montañas de estopa?
Durante el recorrido y las tres horas de conversación Gómez daba por supuesto que nosotros teníamos perfectamente claro de qué se trataba todo esto. Tan tan claro, la verdad que no.
Por eso, a la vuelta tuve que ponerme a leer estas definiciones tomadas de un instructivo de Ferrocarriles Argentino referidas a la saturación de estopa:


C-3. Estopa impregnada: Es la embebida en aceite que, sea suelta o en forma de rollo, se utiliza en la lubricación de los cojinetes de fricción de las cajas de ejes.
C-4. Rollo: Es la empaquetadura de estopa impregnada enrollada en apretadas capas de paso cruzado que tiene las formas y dimensiones indicadas en el Plano NEFA 148.
C-5. Estopada: Es el conjunto formado por el rollo y/o la estopa impregnada suelta contenidos en la caja de eje del vehículo.
C-6. Almohadilla lubricadora: Es el dispositivo lubricador consistente en una capa textil embebida en aceite que por acción de elementos elásticos integrantes del mismo es proyectada permanentemente sobre la superficie inferior del muñón para lubricarlo en servicio.
  


La caja, el muñón, la estopa para que el eje de la rueda de cada vagón esté constantemente lubricado.

Hierro, bronce, acero, pero también toneladas y toneladas de trapo, para que cientos de locomotoras a vapor, y miles y  miles de vagones rueden sin problemas.

jueves, 25 de marzo de 2010

CENTRAL PARK

Una pregunta que sobrevuela nuestra investigacion sobre la historia de los Talleres Bahía Blanca Noroeste, es qué pasa y qué va a pasar con estas tierras donde estaba la playa de reparación de vagones y de maniobras ferroviarias.

El jueves pasado estuvimos recorriendo el lugar con Andrés Rebollal y Lucía Ess. Ellos están a cargo de las canchas de futbol que funcionan en ese predio,  y su proyecto es -en varios sentidos, ya en marcha- convertir ese predio en un centro deportivo y en un parque para la ciudad.

 




Estas son las canchas, los vestuarios (aún en construcción), los vagones (que planean recuperar para convertirlos en espacio de encuentro, aula, plataforma para espectadores de los partidos), y el bosque, donde hay un surgente y plantas de laurel.




Cuando Andrés me cuenta todas las gestiones que está haciendo para que ese lugar se convierta en un paseo público junto a las canchas y me muestra el croquis del proyecto, me dice: como en el Central Park, en Nueva York, con un lago artificial, arboleda, obras de arte y espacios para la recreación.

Primero me sorprendo.
Pero después pienso, ¿por qué no?
En este momento en que los promotores de negocios inmobiliarios avasallan, demuelen y talan indistintamente todo lo que no promete darles rápidas y enormes ganancias, un grupo de personas le pone el cuerpo (Andrés y Lucía viven ahí mismo) a un proyecto que podría disfrutar el barrio y la ciudad entera, promoviendo actividades para los chicos, y pensando este lugar como un espacio vivo, que apuesta a integrar al mismo tiempo calles, barrios y personas que siguen aún desvinculados a causa de los paredones, la vandalización del sector y el desconocimiento.

Esas tierras, ese predio, ese inmenso conjunto patrimonial en su momento no fue explícitamente incluido en el censo de Patrimonio de la ciudad, y no hubo ningún tipo de medida oficial para protegerlos y refuncionalizarlos cuando fueron desmantelados salvajemente, a pesar de que tienen la misma antigüedad, y el mismo valor, que otras construcciones como los galpones del Mercado Victoria o los Galpones de Vino de calle Chile.

Ahora este lugar  pertenece a la municipalidad de Bahía Blanca, y por lo tanto, en alguna medida, a todos nosotros. ¿Qué vamos a hacer con él?


Una reseña de las actividades de Andrés Rebollal, y el Mundial Futbol Club acá y aca.
Lucía Hess es hija y nieta de ferroviarios de Ingeniero White.