miércoles, 30 de noviembre de 2011

¡ROCK IN RÍA!


Las bandas de rock del puerto se encuentran en Ferrowhite, durante la Noche de los Museos, para volver a electrificar la usina. Los pibes de Boulevard XX, De la T, Eternal Wave, Escalada 21, Inspiración IF, Los Nonnos de Atilio, Polaroid y Tándem, comparten escenario para celebrar la nueva vista a la ría e hinchar por la recuperación del castillo del puerto para nuestra comunidad.

En la Casa del Espía, Sarita Cappelletti descolla al piano acompañada por la voz Astor Vitali. En el museo, la Asociación de Microemprendedores y Artesanos Whitenses depliega su producción y se presenta, tempranito, la Orquesta Escuela de Ingeniero White. Y como si fuera poco, Héctor Guerreiro pone a funcionar su maqueta Ferrocarril Pago Chico ¿Qué más querés? ¿Cantina con pianola? Bueno, también hay.

Lo dicho: este museo puede ser definido por los objetos que exhibe, pero mucho mejor por las personas que lo frecuentan. O mejor, por lo que todas esas personas tienen la chance de hacer cuando se juntan.

Cronograma

17 a 18 hs. Orquesta Escuela de Ingeniero White.
19 a 22 hs. Feria de Artesanos.
21 a 23 hs. Sarita Cappelletti (piano), Astor Vitali (voz).
19 a 24 hs. Bandas en el parque.

martes, 29 de noviembre de 2011

YA LLEGA



Justo ahí, entre el muelle de los elevadores de chapa levantados por el Ferrocarril Sud en 1908 y 1909, y el muelle que hoy mismo construye detrás del castillo la trasnacional cerealera Toepfer, sentados con su guitarra entre un extremo y el otro de ese siglo entero de historia, Gabriel y Leo Vecchietti ensayan “La Reina del mar”, el tema dedicado a Celestina Gomez que con su banda Polaroid van a estrenar el próximo sábado 3 de diciembre durante La Noche de los Museos. Ya llega Rock in Ría: “Todos por el castillo”.

lunes, 28 de noviembre de 2011

OSVALDO CECI

Esta mañana falleció Osvaldo Ceci, ferroviario, militante político, vecino de Ingeniero White, amigo fundamental de este museo. Desde Ferrowhite, un abrazo a toda su familia.  





Osvaldo, en el centro de la foto, junto a Manuel Montes, Pedro Caballero, Ana Miravalles, 
Hugo Llera y Adolfo Blasco, durante la presentación de "Ferroviarios. Sinfonía de acero y lucha."  



A principios de 2007 Ana Miravalles escribió en "Un documental en vivo", el blog del proyecto de teatro documental Archivo White: 
  
QUÉ SIGNIFICA ACTUAR    



Osvaldo Ceci no faltó a ningún ensayo. Y cada vez que hablaba, su voz potente resonaba en todo el museo. No sólo en los ensayos, durante Nadie se despide en White, entre la sirena de los bomberos, la bocina de locomotora, los aplausos que venían de un lado u otro, y el público que iba y venía, el relato de Osvaldo se escuchaba en todo el taller. El era el jefe, en el galpón. Por eso, cuando vió a sus compañeros de cartel dijo: “ah, casi podemos armar un turno” 
  

Osvaldo no se queda atrás a la hora de contar anécdotas:
“Resulta que a todos no los conocés, viste, mando dos de aguateros, para dar 24 mil litros de agua... el que esta arriba abre la puertita, pone la manga, y le dice al otro: que, que, abrí el grifo, que, que ya está... Y el otro de abajo le dice: que, que no me hagas burla, que, que es una enfermedad lo que tengo, entonces el otro de arriba le dice: que, que entonces estamos los dos enfermos. Claro, ¡eran los dos tartamudos!”

Escucha los elogios a su rectitud, solidaridad y coherencia, y cuando Mario Mendiondo cuenta que una vez, uno al que le decían el mejicano, lo provocó tanto a Ceci que terminaron los dos a las trompadas en el abanico, “se cagaron a trompadas, pero una paliza, porque caían los dos, eh, dos guapos, eran”; y, que él, el capataz, terminó, y siguió su trabajo como si nada y que si hubiera informado, lo echaban a este mejicano, Osvaldo responde con modestia: había estudiado derecho romano, seguridad en el trabajo, y todo, y no podía cometer una barbaridad, pero... a veces uno se deja llevar por los nervios.

A lo largo de su vida Osvaldo ha hablado muchas veces en debates públicos, en asambleas sindicales y actos políticos; ha formado parte de comisiones vecinales muchas veces, y sabe manejar perfectamente los tiempos de la oratoria, los énfasis y las pausas; y sabe también que toda ocasión, incluso una “obra de teatro”, un “documental en vivo” tiene que servir para decir la verdad. El 16, un rato antes de empezar, nos hizo llegar un volante en el que, en una carta abierta que escribe en adhesión a la lucha contra las papeleras analiza la situación de White después de los escapes de cloro y amoníaco de 2000 y 2001, y que termina diciendo:


Aún no está escrito que no se pueda ganar.

domingo, 27 de noviembre de 2011

ESTRELLAS FERROVIARIAS: DE TALLERES BBNO A LA TELE

Mario de Simón, Roberto Peñacorada y Sebastián Pacella, con los productores del programa Ram, memoria colectiva

Cualquiera de los muchísimos ferroviarios de Talleres Bahía Blanca Noroeste que hemos entrevistado en estos años podría haber estado ahí: no hubo uno que no los haya descripto hasta el último detalle, que no haya hablado del sentimiento de pertenencia y del dolor por la pérdida.

Fuimos esta vez con: Mario de Simón que entró en 1950, y fue jefe de Talleres entre 1982 y 1993; con Roberto Peñacorada, no solo empleado desde 1954 sino también vecino del barrio; y Sebastián Pacella, en talleres desde 1945!!! (así como se lo ve de zapatillas y paso airoso, tiene Pacella 87 años)

Y como el programa, según Nicolás Carnino y Nicolás Batista, recupera historias y testimonios a partir de edificios significativos para la vida de la ciudad, estuvimos caminando, tomando fotos y filmando:

Los de la tele se fueron, con sus cámaras y sus trípodes. Y ellos tres caminaban, y conversaban como si de repente el taller todavía estuviera lleno de movimiento, de ruido, de gente.
Tal vez fue por el calor que Pacella se acordó de la perforación con la que tomaron agua del surgente.

viernes, 25 de noviembre de 2011

EL CASTILLO DE LA ENERGÍA

Conocimos a Nicolás Ángel Caputo a principios de agosto, una de esas mañanas frías, de cielo apagado, difíciles de pasar en este museo que ocupa el espacio de un taller a veces imposible de templar. Pero podría decirse que Ángel ya estaba acá antes de que nosotros llegáramos. Él y su hermano José trabajaron toda la vida en la Usina General San Martín.



En algún momento de aquella primera la charla, Ángel nos dijo: “[De esta usina] yo tengo para contar, para hacer un libro, poco más”. Así, con un comentario al pasar, podría decirse que empezó una idea que ha ido tomando forma a lo largo y ancho de estos meses: escribir juntos una historia de la usina General San Martín, una historia de la usina contada desde el particular punto de vista de unos de sus trabajadores, a la que Angelito ya le encontró un nombre: El Castillo de la Energía.

ANGELITO
Desde entonces, nos hemos reunido con Ángel con la regularidad que las visitas escolares nos permiten. Después de varias entrevistas, de mirar videos y fotos, de recorridas por el interior del castillo y sus alrededores, estamos en condiciones de esbozar una primera respuesta para una pregunta fundamental para nuestro proyecto: ¿Quién es Nicolás Ángel Caputo?

Angelito, como le dicen sus amigos, nació el 18 de septiembre de 1935 en Ingeniero White. De pibe, trabajó como repartidor en un almacén, como ayudante en una carpintería y como empleado en una carnicería. Luego fue embolsador en el puerto de Ingeniero White, hasta que un día su padre, que trabajaba en el Ministerio de Obras Públicas, le dijo que el trabajo con el cereal, palabras más palabras menos, era “pan para hoy y hambre para mañana.”

Por eso, en el año 1958, Angelito presentó dos solicitudes: una para emplearse en el ferrocarril, la otra para entrar en la usina. Y, oh dilema –eran otros tiempos-, lo llamaron de ambos lados. Con la tranquilidad que algunas decisiones ameritan, Ángel comparó las 8 horas repartidas en dos turnos del ferrocarril, con las 7 horas corridas de la usina y se decidió sin dudar por el mundo de la energía.

Es que una hora menos de trabajo y no parar al mediodía, representaban al cabo del día unas cuatro o cinco horas más de descanso, imprescindibles para salir airoso del ritmo que las presentaciones casi diarias marcaban en su vida de baterista. Porque, faltaba contarles, Ángel también es músico. Y por aquellos años, uno con orquesta propia: “Héctor y su bambino”, conjunto que había creado con su amigo Jorge Abramosky para amenizar durante las noches de verano los bailes de los clubes Huracán y Comercial.

PEÓN, BOMBERO, BUZO, MECÁNICO Y CALDERERO
Eligiendo el trabajo en función de aquel verano, Ángel decidió, quizás sin saberlo, toda una vida. Entró de peón para la limpieza de los canales de agua salada, “por tres meses y provisorio” y se quedó en la usina treinta y tres años. Trabajó en la guardia de bombero (para encender las bombas que llevaban el agua potable a los tanques que estaban en la azotea del castillo). Y junto con Atilio Miglianelli fueron, hasta el cese de la central, los buzos que se encargaban de cerrar las compuertas de los canales.

Pero donde más tiempo estuvo, como medio oficial, oficial especializado y capataz, fue en las secciones de calderas y de máquinas. Será por eso que hoy, veintiún años después de haberse jubilado, Ángel todavía puede describir con precisión los intrincados circuitos de agua tratada, de combustible y de agua salada, puede dibujar de memoria el eje de la turbina o explicar cómo se colocaba la compuerta para el canal quedara bien cerrado.

HISTORIA COMPARTIDA
La historia de la usina en la versión Ángel no se reduce, sin embargo, al funcionamiento de las calderas o al inventario minucioso de cada sección. Su memoria ‘técnica’ se entrelaza con otra que hace de este edificio algo distinto del mero mecanismo que proveía de electricidad a toda Bahía Blanca. Para Ángel la usina es, además de un “castillo”, una casa, el techo que reúne el recuerdo de todos sus compañeros. Por eso, entre los ruidos ensordecedores de la turbina o el papel españa que se colocaba en los cojinetes, hay palabras también para las carreras de bicicletas, los mates a escondidas, los partidos de fútbol cada 13 de julio y las bromas pesadas como las tapas del condenso.

Con el mismo nivel de detalle con el que repasa el funcionamiento de la usina, Ángel intenta que la lista de compañeros (que en algún lugar del libro tiene que estar) sea lo más completa posible. Por eso, algunas tardes visita el Sindicato Luz y Fuerza para corroborar o corregir la ortografía de cada apellido y para consultar por los nombres que no recuerda. Porque si bien esta historia del castillo será una historia atravesada por su experiencia de trabajo, Ángel tiene muy claro que esa experiencia no hubiera sido posible sin la de sus demás compañeros.



Y esta semana, que Ángel vino con sus armónicas para ensayar un par de temas con los chicos de “Salvemos el castillo”, esa experiencia colectiva de la historia de la usina parece que corresponde no sólo al pasado, sino también, a su presente y porvenir.

jueves, 24 de noviembre de 2011

RIESGO CIUDAD



A pocos minutos de que vuelva a escucharse en este puerto, como cada jueves, la “sirena comunitaria”, dejamos por acá algunas imágenes de lo que pasó en Ferrowhite el sábado durante el último encuentro del año de “Cambiá la cabeza”, sesión de peluquería y debate que estuvo dedicada, esta vez, a indagar en la noción de “riesgo” y sus muy variadas definiciones, de acuerdo, en principio, con el lugar territorial, económico, social desde el que cada uno alza su voz.

martes, 22 de noviembre de 2011

41 DÍAS, 50 AÑOS DESPUÉS

Por estos días se cumplen 50 años de la huelga de 1961, la más extensa de la historia ferroviaria argentina. El viernes pasado nos juntamos en el museo con algunos de sus protagonistas para analizar las causas y las consecuencias de aquellas jornadas.




Para muchos ferroviarios la huelga del ‘61 es la huelga “larga”. El adjetivo alude no solo a los 41 días durante los que la actividad de estaciones y talleres cesó casi por completo, sino también al proceso de liquidación de los ferrocarriles que por entonces se ponía en marcha y que iba a durar, a pesar o en razón de la resistencia de tantos trabajadores, larguísimos años.

Juntarnos en este museo para hablar de la huelga del 61 busca componer esta historia a partir de muchas. Implica, por ejemplo, confrontar el plan del Banco Mundial y el General Larkin con los planes de ferroviarios de Ingeniero White como Mendiondo, Llera o Simontacci para mantener a sus familias sin el sueldo del mes durante aquellas seis semanas.

Si este es un museo ferroviario, lo es a condición de desmontar, hasta la última pieza, la idea de que existe un “tren de la historia”. ¿No habrá sido por no perder ese tren figurado que terminó por parecernos aceptable la pérdida de buena parte del ferrocarril real? Para quienes la esperaban de pie sobre ese andén frente al que finalmente no paró, la primera formación que arribó a estas tierras parecía conducir con rumbo fijo hacia un futuro próspero. Lean, si no, a los cronistas de la época. Más difícil es saber cuándo, en qué momento de nuestra historia, los argentinos empezamos a imaginar a los trenes corriendo a contramano. Pero poco a poco nos fuimos o nos fueron convenciendo de que el riel y sus trabajadores eran cosa del pasado, peso muerto, un lastre del que convenía deshacerse en nombre de ese mismo “progreso” del que antes habían sido emblema.

A veinte años de las privatizaciones (concesiones, en rigor), el transporte de commodities a los puertos crece -con el camión como gran protagonista-, en tanto el transporte de pasajeros colapsa. El tren ha dejado de unir a buena parte del país para sólo conectar grandes negocios agrarios y mineros que también proclaman la "vuelta del tren", pero en estricta función de sus propios intereses. La "época de oro" del riel no va a volver, simplemente porque nunca existió un tiempo sin conflictos. Pero así como casi nadie cree posible o incluso conveniente que los ferrocarriles retornen tal cual fueron, son muchos los que perciben que un proyecto de nación no está completo si se deja al margen al tren en su potencial articulación con los demás medios de transporte en un sistema integrado de comunicaciones.  

En eso consistió este encuentro: en el ida y vuelta entre relato y análisis, entre pasado y presente, en favor de la mejora de los trenes tangibles.

jueves, 17 de noviembre de 2011

LA PELUQUERÍA, OFICIO DE RIESGO


En Ferrowhite le ponemos moño al ciclo que trenzó peluquería y debate. En el último encuentro del año, la charla vuelve sobre sí misma, y nos preguntamos por el sentido de muchas palabras que damos por supuestas en cada discusión. Términos que creíamos que querían decir una cosa y, situados en contexto, dicen otra. Si por un tiempo la Real Academia mudara sus gabinetes a la vera de esta ría, ¿Qué vocablos y definiciones debería incluir, sí o sí, un Diccionario Escolar White/Bahía 2012? Nuestro glosario experimental comienza este sábado con la "r" de "riesgo". ¿Cómo y quién define qué es un riesgo?

lunes, 14 de noviembre de 2011

"LOS MUSEOS SON COSA DE VIEJOS"



Julián Zabaloy y los rockeros de "Salvemos el castillo" está mañana en La Casa del Espía.

LA HUELGA LARGA



Lo veníamos conversando: el 10 de diciembre se cumplen 50 años del fin de la huelga ferroviaria más extensa de la historia argentina. Durante 42 días los trabajadores del riel de todo el país manifestaron su rechazo al plan de reducción de los ferrocarriles implementado por el gobierno de Arturo Frondizi en 1961. Para analizar las causas y las consecuencias de aquellas jornadas nos juntamos este viernes, picada ferroviaria de por medio, con algunos de sus protagonistas.

viernes, 11 de noviembre de 2011

PIANOBAR

Este domingo vuelve a sonar en La Casa del Espía, el piano mecánico que restauró Julián Zabaloy. Eligí vos tu melodía preferida y sumate al karaoke de los años 20.

jueves, 10 de noviembre de 2011

¿HACEMOS UNA FOTO?

El miercoles pasó por el museo un nuevo grupo de aspirantes a maquinistas de la Escuela 'Carlos Gallini' de La Fraternidad.  


En cierta forma, esos viejos ferroviarios que aparecen en las fotos que hay repartidas por el museo no son protagonistas de una sola imagen sino de muchas. Imágenes como esta, que reúne a los compañeros de ayer con los de hoy. Ferrowhite es esa foto adentro de otra. Una imagen que tomamos una y otra vez, porque siempre alguno falta o algún otro se suma, hasta que el instante frágil del abrazo, extendido a lo largo de kilómetros y de décadas, termina por escapar del cuadro.

lunes, 7 de noviembre de 2011

AÑOS LUZ

Hace exactamente siete años y un día, nacía Ferrowhite y con él comenzaba a tomar forma la idea de recuperar el “castillo del puerto” para nuestra comunidad. Para empezar a conversar sobre el futuro de este edificio, les proponemos en lo que sigue una primera aproximación a su pasado, un rápido repaso por sus más de cincuenta años de historia hecho, si se quiere, "a la velocidad de la luz".

EL CASTILLO DE LA ENERGÍA
Aunque a simple vista parezca una construcción medieval, y cueste creer que haya sido otra cosa, el edificio que está al lado de la ría y que conocemos como “el castillo” era en realidad una usina. Sí, un establecimiento industrial en el que durante décadas se produjo la electricidad necesaria para que funcionaran las maquinarias del puerto y el ferrocarril, y también para que se encendieran todas las lamparitas y cada uno de los electrodomésticos que fueron poblando las casas de Ingeniero White, de Bahía Blanca y de parte de la zona.


 La usina en plena construcción, el 11 de marzo de 1931. Registro de obra de la compañía constructora GEOPÉ.

A través la historia del castillo es posible seguir, sugeríamos, buena parte de los cambios en el negocio de la generación de energía, actividad básica para el desarrollo de la región y del país, un período que va desde el comienzo del fin de la hegemonía del capital inglés en la zona, durante la década del treinta, y que pasa por la estatización de los servicios en los años cuarenta y los planes del desarrollismo en los sesenta, y que tampoco permanece al margen de la aplicación de las políticas neoliberales de fines del siglo XX.

ELECTRICIDAD Y RIEL
Sin embargo, el castillo no fue la primera usina que hubo en la ciudad. Hasta la década de 1920, fueron las empresas ferroviarias las principales proveedoras del servicio de energía eléctrica. Las usinas ferroviarias, respondían a otro estilo de construcción, caracterizado por el ladrillo visto. Ejemplos de ello son las usinas ubicadas en Loma Paraguaya y en la esquina de Brickman y Donado, ambas pertenecientes al Ferrocarril Buenos Aires al Pacífico, y las dos usinas construídas por el Ferrocarril Sud en Ingeniero White (una desaparecida y la otra aún en pie).

En 1924, cuando la empresa Ferrocarril del Sud adquirió los bienes del Buenos Aires al Pacifico y consolidó su monopolio en la ciudad, no se interesó por mantener la concesión del servicio de energía eléctrica. Fue entonces cuando Empresas Eléctricas de Bahía Blanca - una firma dedicada al negocio de la energía, filial de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad-, solicitó a la municipalidad de Bahía Blanca el permiso para producir, distribuir y vender energía eléctrica. Así, en 1927, EEBB obtuvo la concesión del servicio de electricidad por un plazo de veinte años (que luego sería extendido 35 años más), y se comprometió, como parte del mismo contrato, a construir una nueva usina.

UNA SÚPER USINA
En 1929, EEBB compró al estado nacional un terreno de 13.242 metros cuadrados sobre la costa de la ría de Bahía Blanca. Como el lugar de emplazamiento era un cangrejal al que cubrían las mareas, fue necesario rellenar el terreno con el material extraído del dragado del canal principal de la ría (¿les suena?) y colocar 700 pilotes de hormigón que llegaban hasta el lecho pedregoso de la ría, para convertir a este espacio ‘ganado al mar’ en un terreno firme, seguro y estable para la edificación.

En 1930, siguiendo el diseño del arquitecto de la Ítalo Argentina, Guiseppe Molinari, la empresa alemana Compañía General de Obras Públicas S. A. (GEOPÉ) comenzó la obra que demandaría dos años de trabajo, el empleo de centenares de obreros y miles de toneladas de hormigón. Con un equipamiento de cuatro calderas Babcock-Wilcox y dos turbinas Brown Boveri de 7.500 kilovatios cada una, la usina ‘Ingeniero White’ fue inaugurada el 1 de octubre de 1932.  Como los 15.000 kilovatios que generaba triplicaban la capacidad de la de Loma Paraguaya, el castillo también fue conocido durante algún tiempo como la “súper usina”.

Pero aclaremos algo: para que durante más de cincuenta años la usina produjera energía eléctrica, además de máquinas, caños, fuego, combustible, vapor, fue necesario el trabajo de alrededor de 150 personas entre personal de turno y de mantenimiento. 150 trabajadores entre peones, medio oficiales, oficiales especializados, capataces, jefes de sección y de turno que se encargaban de trabajos específicos, aunque relacionados entre sí, dentro de las muchas secciones que existían adentro del castillo: máquinas, calderas, electricidad, regulación, laboratorios de agua y aceite, taller regional, carpintería, pintura, hojalatería, almacén. Seguramente volveremos a hablar de este asunto en próximas entradas.

DEL INGENIERO WHITE AL GENERAL SAN MARTÍN

Como parte de las políticas de estatización de los servicios básicos del primer gobierno peronista, la usina pasó a depender, en 1948, de la Dirección de Energía y Mecánica de la provincia de Buenos Aires (DEMBA) y su nombre ‘Ingeniero White’ fue reemplazado por el de ‘General San Martín’.

Por la intensidad de las actividades portuarias como también por el crecimiento demográfico y del consumo doméstico asociado, pronto comenzaron los requerimientos de mayor energía. Por eso, a finales de la década de 1950 se instalaron tres calderas y dos turbinas Franco Tossi para ampliar la capacidad de generación de la planta que serían inauguradas en 1962 con la presencia del presidente Arturo Frondizi. En esa misma oportunidad se habilitaron también los laboratorios de agua y aceite (donde hoy avanza la Rambla de Arrieta) y el taller regional de reparaciones (en el que actualmente funciona Ferrowhite).






Trabajos de instalación de las turbinas Franco Tossi, ca. 1961. Esta fotografía la trajo hasta el museo Roberto Rana.

La otra gran incorporación al castillo fue una turbina a gas que fue instalada en 1969. Como este equipo entraba rápidamente en funcionamiento, lograba suplir con eficiencia la provisión del servicio cuando el consumo eléctrico aumentaba. Sin embargo, a pesar de estas ampliaciones, los problemas de abastecimiento continuaron presentes ya que, dado que la usina continuaba siendo la única proveedora de energía, cuando había una falla en la central o en la línea, toda la ciudad se quedaba sin luz. Por eso, y ante la perspectiva de la creación de un polo petroquímico, se empezó a considerar a principios de la década de 1970 la posibilidad de construir una nueva central. Así fue que en 1978, en plena dictadura militar, se confeccionaron los pliegos, bases y condiciones de la futura usina Luis Piedra Buena.

EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA PUERTA Y APAGUE LA LUZ
En 1980, con la puesta en marcha del sistema de interconexión nacional, la usina General San Martín perdió la exclusividad y poco a poco se volvió menos importante en la provisión de energía. El fin del castillo en tanto que usina llegó la Navidad de 1988, cuando las turbinas y calderas del castillo se detuvieron y la usina quedó desactivada. La central Luis Piedra Buena, de mayor capacidad de generación, entraba en funcionamiento para reemplazarla.

Sin embargo, por un momento pareció que la posibilidad de mantener el castillo en marcha no se había perdido por completo. Es que en 1993 hubo un intento de repotenciar su funcionamiento y para ello, algunos de los antiguos trabajadores fueron convocados para realizar los trabajos de reparación y alistamiento general de las máquinas. La máquina 4 quedó reparada y lista para trabajar cinco años más, pero sin el apoyo político que hubiera sido necesario para la recuperación el intento quedó en eso. Por el contrario, en 1997 el gobierno provincial ordenó el remate de toda la maquinaria del complejo (turbinas, transformadores, repuestos…). El resto fue desguazado entre 1999 y 2000.

En 2001 el edificio de la usina, los talleres y el predio fueron entregados por la Empresa Social de Energía de la provincia de Buenos Aires (ESEBA S.A.) a la Municipalidad de Bahía Blanca. En 2002 el castillo fue declarado monumento histórico nacional  por la ley 25.580, promovida por el diputado nacional Luis Brandoni, y en el mismo año fue declarado monumento histórico y patrimonio cultural provincial por la ley provincial 12.932, propuesta por la senadora provincial Alicia Fernández de Gabiola.  
  

Del pasado de la usina queda mucho por saber, como mucho hay por hacer en este lugar a futuro. En ambos sentidos, la historia del castillo recién comienza.

Una versión corregida y ampliada de este texto puede encontrarse acá.

viernes, 4 de noviembre de 2011

MELODÍA MECÁNICA

A las miniaturas del ferroviario Di Cicco, a la rosa monumental de Alicia Antich, a las imágenes de las Mujeres de Fierro y a su rico café, La Casa del Espía suma desde el próximo domingo y hasta el 3 de diciembre, la pianola que restauró con genio admirable nuestro amigo Julián Zabaloy.






Julián Zabaloy y su pianola Breyer, tal como los retrató en su edición del último domingo el diario La Nueva Provincia

“Pianola” es el nombre con el que se conoció por estas tierras a los pianos automáticos. Prodigios de la mecánica que a través de un complejo sistema que integraba pedales, fuelles, válvulas y rollos perforados, convertían a cualquier hijo de vecino en un pianista experto capaz de interpretar las más intrincadas partituras con un simple movimiento de pies.

En efecto, la pianola no fue obra de la mano inspirada de algún luthier italiano, sino el resultado de las investigaciones metódicas de un ingeniero de Detroit. Se atribuye al norteamericano Edwin Votey la fabricación, en 1895, del primer “player piano” de circulación comercial. Si la historia del surgimiento de este invento resulta al parecer un tanto confusa, su éxito posterior fue tan claro como vertiginoso. En poco más de una década, los pianos mecánicos coparon los bares y salas de estar del planeta, donde reinaron sin rival hasta fines de los años 20.

Tampoco era extraño encontrar estos artefactos en el living de muchas “familias acomodadas” de Bahía, o de aquellas que aspiraban a tal posición. Emblemas domésticos de la era industrial, las pianolas representaban, al mismo tiempo, una suerte de divisa musical de la democracia capitalista: eran el primer piano que cualquiera podía tocar, siempre y cuando tuviera con qué comprarlo.

Si nuestra ciudad estuviera todavía poblada por estos instrumentos, el trabajo de Julián, aunque admirable, nos resultaría más o menos ordinario. Pero ese, claro, no es el caso. Víctimas de la crisis económica mundial declarada en Wall Street en 1929, y del perfeccionamiento y difusión de otros aparatos como la radio y el fonógrafo, las pianolas fueron cayendo en desuso. Hacía 1940, ya casi no se fabricaban pianos automáticos en el mundo. Aquellos que sobrevivieron hasta hoy, a menudo lo hicieron a costa de perder sus mecanismos originales, reconvertidos por sus dueños en pianos del montón.



Julián Zabaloy tiene 22 años y ningún recuerdo que lo una a estos armatostes sonoros. Ningún interés económico, simbólico o meramente nostálgico que retribuya su trabajo minucioso con tantos tubos, martillos, teclas y bombas de succión. Su pasión, para muchos inexplicable, es el reverso exacto de nuestro entusiasmo, en apariencia tan natural, tan poco necesitado de explicación, por cada nuevo ‘gadget’ tecnológico que se pone a la venta.

Porque, si lo pensamos un poco, con sus 300 kilos de peso, la pianola es el i-pod de principios del siglo XX (o el i-pod la pianola de principios del siglo XXI). Un eslabón, perdido y recuperado, entre los instrumentos musicales de la tradición y esa extensa genealogía de artefactos de reproducción sonora ineludible a la hora de intentar entender el desarrollo de un mercado y de una cultura de masas de alcance global cuyo negocio es “actualizar permanentemente”, y cada vez más rápido, la brecha entre lo actual y lo obsoleto.

Un museo puede funcionar como la institución que sanciona ese abismo entre lo nuevo y lo viejo o, por el contrario, como aquel lugar donde esa frontera es puesta bajo la lupa. Un lugar, tan lejos del basural como de la ascética manía del anticuario, donde las cosas adquieren una segunda vida luego de su descarte, para que tengamos la chance de encontrar nuevos sentidos para sus antiguos usos, más allá o más acá de su “obsolescencia programada”. De eso también se trata un museo taller.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

BRINI EN LA FUNDICION


Volvimos a encontrarnos con Nestor Brini, fundidor en Talleres Bahía Blanca entre 1954 y 1991. Ya nos había contado con todo detalle su historia en los talleres, todos los pormenores de su oficio y del trabajo en la sección Fundición, y también su participación en la huelga de 1958 ("esa que fuimos todos presos"), y el dolor que fue el retiro voluntario en 1991 y el cierre del taller.

Ayer el tema, sin embargo fue esta foto, tomada en el pañol del taller, cuando ya la fundición había sido cerrada, y el personal reubicado. Brini pasó sus últimos diez años en el taller en este local, que estaba junto al inmenso galpón de montaje, haciendo las piezas que le pedían de montaje con estas máquinas roscadoras. La foto debe ser de 1989, calcula él.


La primera entrevista con Néstor Brini fue el 9 de marzo de 2005. En ese momento todavía no teníamos blog, ni sacábamos fotos de manera sistemática pero sí oímos y leímos el texto desgrabado muchas veces: en medio de la bronca por la jubilación mal liquidada y la sensación de frustración causada por el cierre del taller, fluye -como el hierro líquido- una intensa pasión por el oficio. Oyendo sus palabras podemos ver el resplandor del horno encendido, y las chispas en el suelo, y sentir el inmenso peso de las cucharas con las que se trasvasaba el metal y la delicadeza de los modelistas que con sus lancetas y pinceles especiales pintaban los moldes: "cuando pintabas el molde era como si le pasaras un pétalo de rosa".

Esta entrevista fue la base del artículo escrito por Marcelo Díaz y Nicolás Testoni "Asado y fundición" publicado en el catálogo de la muestra "La Normalidad" del proyecto Ex-Argentina, Bs As, febrero-marzo 2006.
Como esto, por ejemplo:

“Líquido

por la canaleta

viene el hierro,

agua, es agua,

mil y pico de grados, cae

dentro de la cuchara

mil kilos

si toca el suelo explota

en pedazos,

como una bomba,

hierro líquido

para todos lados

como una bomba

al tocar el suelo

se

so

li

di

fica

de golpe,

incandescente,

en esquirlas.

Cuando la cuchara pasa

arriba de mi cabeza

pienso

si algún día

se corta

un cable de acero

o algo

no quedamos

ninguno

acá."

viernes, 28 de octubre de 2011

"SALVEMOS EL CASTILLO"



Con la nueva vista a la ría, llegaron hasta este museo los chicos de "Salvemos el castillo", un grupo de Facebook que nuclea a integrantes de varias bandas de rock whitenses unidas a partir del proyecto "Canzonettas & rock" iniciado por el Museo del Puerto en 2009. La idea de los pibes es organizar un festival con músicos y artistas locales en busca "de la puesta en acción de los postergados proyectos de recuperación de la ex usina". Así que en eso estamos. ¡Novedades en breve!

Esta foto de nuestro primer encuentro, que incluyó un rápido ascenso a la torre del castillo, es de Marcelo Lirio.

martes, 25 de octubre de 2011

¡QUÉ CARA CONOCIDA!

Ponéle que estás en este museo trabajando y notás que te quedaste sin papel, sin pintura, sin tal clase de tornillos. Ponéle que salís entonces por las calles de White en busca de eso que hace falta, y en el camino empezás a cruzarte con un montón de caras conocidas, tantas que te sorprende, de pronto, saludar a casi todos y que casi todos alcen la mano para decir "hola". Y ponéle que ese mismo día, o al otro, decidís, llevar una cámara encima y retratar al paso cada uno los rostros de esa pequeña multitud de la que, tardaste un poco en darte cuenta, también formás parte. Bueno, eso más o menos es lo que le pasó a nuestro compañero Rodolfo Díaz. El resultado, desde el próximo domingo 29, sobre las paredes de La Casa del Espía.

martes, 18 de octubre de 2011

LA HISTORIA SE ARMA CON LO QUE SE TIENE A MANO

Angel Caputo, ex trabajador de la Usina General San Martín, escribe la historia del castillo en su libreta El Rejunte. ¡Ampliaremos!


Para escribir la historia de tu familia, de tu barrio, de tu ciudad, o para hacer la lista de los mandados, presentamos "El rejunte", una libreta confeccionada en nuestro taller Cómo funciona la cosa a partir de materiales de descarte: recortes de papel y cartón cedidos por la imprenta Induswhite y restos de tintas para serigrafía utilizadas en otros trabajos del taller. La libreta incluye además la reproducción en facsímil de páginas de algunos de los cuadernos y anotadores que enriquecen a diario la labor de este museo: una lista de las locomotoras del Ferrocarril Nacional General Roca que Pedro Caballero anotó en hojas de papel milimetrado, sinónimos de la palabra “cabeza” apuntados por Cacho Mazzone en los días previos al Carnaval del Castillo, la hoja de una de las libretas en las que Geniali Giretti tomó registro de su paso por White, allá por 1907. Usála vos para lo que quieras. La historia se arma con lo que se tiene a mano.

viernes, 14 de octubre de 2011

SIEMPRE FUIMOS COMPAÑEROS



No nos íbamos a quedar con Peñacorada llorando sobre los escombros derramados.
Fuimos a entrevistar a su amigo y compañero Roberto Brizio, 74 años, tornero y técnico, primero del Nomenclador Único de Materiales, y luego, de la oficina de Producción hasta su retiro de Talleres Bahía Blanca, en 1979.

Y son amigos entrañables no solamente porque Peñacorada cumple el 8 de noviembre, Brizio el 18 de noviembre (tienen los dos la misma edad) o porque Brizio tenía el número de chapa 802 y "Peña" el 813, o porque se ríen juntos con sólo mencionar un nombre o un lugar. Contaron bromas y anécdotas graciosas, hablaron de la solidaridad  (ya sea en cuestiones de salud, o de milonga), del valor de la palabra y la lealtad entre los compañeros del taller, y de la huelga del 61:

Yo tenía puesta una escalera, porque te venían a buscar, ¿te acordás?, una escalera para saltar, para irme a la miércoles, contaba Brizio. Con 42 días de huelga, cuando Frondizi puso los camiones, que sacó los ferrocarriles, por eso soy un firme defensor del almacén de barrio,  el almacenero me dijo: "Roberto, llevá lo que precises", por eso soy un firme defensor del almacén de barrio.

Ahora bien, quienes hayan estado en Talleres Bahía Blanca a fines de los años 60 sabrán por qué fui a entrevistar a Brizio. Pero él, hombre de ingenio brillante, a quien su capacidad para la respuesta rápida y mordaz frente a la ignorancia y la prepontencia casi le cuesta muy cara, sobre lo que le pasó no quiso hablar. 

De esto ahora pasarán a ser los talleres: de lo que cuenten, de lo que callen, de lo que inventen o idealicen, de lo que olviden o repitan cien veces quienes constituyeron -como los ladrillos- el cuerpo mismo del taller.

Esto me escribió Mario De Simón el día que vio las fotos:

He visto en el blog del museo la demolicion del taller, ahora pasaran a ser realmente invisibles, se reconstruirán en la memoria por los testimonios de los que formamos parte de él.

viernes, 7 de octubre de 2011

DEMOLICION

Fuimos con Roberto Peñacorada, 71 años de vecino del barrio y 39 de ferroviario, a ver cómo quedó el paredón de los Talleres Bahía Blanca Noroeste abierto a la altura de calle Blandengues:

En ese momento estaban empezando a demoler lo que quedaba del Almacén Local (construido en 1978):



Parece que los galpones centrales tampoco se van a salvar. Ya desapareció el frente de la tornería:


Las construcciones, de última, no son más que eso que ve con avidez el vecino-bombero que nos acompaña, una magnifica cantera de ladrillos. Pero si se borran totalmente los edificios se va a borrar -como me dijo alguien para quien también estos talleres fueron parte fundamental de su vida- "la prueba del delito". Se va a borrar  además la base material para la memoria y la identidad de la ciudad y el barrio, se van a perder definitivamente unos edificios que en otros lugares habrían conservado y refuncionalizado con materiales y diseños de última generación, en un predio inmenso, arbolado, céntrico. No solamente por los varios miles de ferroviarios obreros, técnicos, ingenieros que trabajaron durante más de cien años en este lugar, sino también por todos nosotros, habitantes de esta ciudad amnésica, a los que no nos queda otro remedio que seguir reconstruyendo estos talleres a través de la palabra y el testimonio de sus protagonistas.

jueves, 6 de octubre de 2011

¡¡¡EL MAR DESDE EL CASTILLO!!!


Recién acaban de tirar el paredón detrás del castillo. ¡Ahora podemos ver el mar!

jueves, 29 de septiembre de 2011

¡APROVECHÁ GAVIOTA!


Con la llegada de la primavera, en Ferrowhite lanzamos, o alza vuelo, nuestra gaviota plastiquera. Una bolsa de tela con alas, patas y pico para alimentar con todas las bolsitas de polietileno que andan dando vueltas por ahí. No, no es el único animal que come plástico, pero sí el único al que le gusta.

Confeccionada por Silvia Gattari, Malena Corte y Guillermo Beluzo, junto a las vecinas costureras Ida Muhamed y Titi Trujillo de los barrios 26 de septiembre y Bulevar, esta gaviota se suma a la serie de útiles que el museo produce propiciando el cruce entre vida cotidiana, historia y coyunturaLa primera suelta será el sábado 1, a las 19:30 hs., en el marco de la muestra fotográfica “Secretos del Cangrejal”, en la Alianza Francesa de Bahía Blanca (Fitz Roy 49). 

lunes, 26 de septiembre de 2011

¿EN QUÉ ANDA FERROWHITE?

Esa es la pregunta que nos hizo Javier León, de La Nueva Provincia, en ocasión de un nuevo aniversario de Ingeniero White. A continuación, un apretado resumen de lo que pasó y de lo que vendrá, a manera de respuesta.
 




Este museo puede ser definido por los objetos que aloja, pero también por las personas que lo frecuentan. O mejor, por lo que todas esas personas tienen la chance de hacer cuando se juntan. De eso se trata, en definitiva, lo que hacemos: de entender el pasado como una construcción colectiva capaz de ampliar nuestra comprensión del presente, y por tanto, nuestras perspectivas de mejorarlo. A la posibilidad de ese encuentro está referida la amalgama, siempre inestable, entre la palabra museo y la palabra taller.

LAS PATAS EN LA RÍA
En Ferrowhite arrancamos 2011 mezclando vacaciones con trabajo. Enero nos encontró preparando engrudo. Febrero calando fibrofácil con fiebre. Pero en marzo llegó la fiesta. La noche del 6, organizamos el primer Carnaval del Castillo. A paso de murga, una multitud puso los pies en el barro y el grito en el cielo para que ese lugar que comenzamos a llamar “La Rambla de Arrieta” se convierta en un paseo público. Un lugar en White para mirar el mar y todo lo que allí interactúa: agua y amoníaco, buques gaseros y canoas de pesca, soja y salicornia, dragas holandesas y cangrejos cavadores, aves migratorias y commodities, capitales trasnacionales y, claro, también nosotros, también ustedes. Por eso, nos alegra anunciar que están prontas a iniciarse las obras de reemplazo del cerco perimetral de la usina. Un nuevo paso en dirección a las aguas más complejas del mundo.

LOS TALLERES INVISIBLES
Una pregunta que desde hace tiempo ronda por nuestras cabezas es cómo el establecimiento ferroviario más grande de la ciudad, el que ocupaba más superficie y trabajadores, llega a desaparecer de la vista todos. Los Talleres Bahía Blanca Noroeste empezaron a funcionar allá por 1890. Allí llegaron a emplearse alrededor de 1200 obreros en la reparación de cientos de locomotoras de vapor y de todo tipo de vagones de carga. Cómo una pieza clave de la infraestructura logística de la economía regional, cómo esas 18 hectáreas con sus edificios monumentales se convierten, a tan solo seis cuadras del centro, a tan solo 15 años de su definitivo cierre, en un agujero negro, tierra baldía, asunto de nadie, es cosa que inquieta. Por eso, y a favor de que la inminente, sin duda necesaria reutilización de ese sector suponga, a la vez, el desafío de rehabilitar su pasado, nos metimos de lleno en su historia, rastreando en planos, diarios, registros de personal, archivos sindicales y decenas de entrevistas, más de 100 años de labor. En breve, el libro. Entre tanto, las idas y vueltas de esta pesquisa pueden seguirse acá.

EL REJUNTE
Ferrowhite es un museo que además de exhibir objetos los fabrica. Por estos días, estamos presentando El Rejunte, una libreta para escribir la historia de tu familia, de tu barrio, de tu ciudad, o para armar la lista de los mandados, elaborada en el taller Cómo funciona la cosa a partir de materiales de descarte. La libreta incluye, a manera de separadores, la reproducción en facsímil de páginas de los cuadernos y anotadores que nutren a diario la actividad de este museo: Una lista de las locomotoras del Ferrocarril Roca que Pedro Caballero anotó en hojas de papel milimetrado, sinónimos de la palabra “cabeza” apuntados por Cacho Mazzone en los días previos al Carnaval del Castillo, la hoja de una de las libretas en las que Geniali Giretti tomó registro de su paso por White, allá por 1907. Y como si no alcanzara con la libreta, en octubre lanzamos, o alza vuelo, nuestra gaviota plastiquera. Una bolsa de tela con alas, patas y pico para alimentar con todas las bolsitas de polietileno que andan sueltas por ahí, confeccionada junto a Ida Muhamed y Titi Trujillo, vecinas costureras de los barrios 26 de septiembre y Bulevar.

SIN PELOS EN LA LENGUA
2011 va a ser recordado como el año en el que este museo estatal inauguró su propia peluquería. Sí, ahora cada tanto podés venir a Ferrowhite a cortarte el pelo, pero también a discutir sobre los temas que inquietan a esta comunidad, que es lo que se hace en toda buena peluquería de puerto. ¿Que qué tiene que ver una peluquería con la historia de los trabajadores? Poco y nada si esquivamos la pregunta: ¿Qué hacen los que trabajan además de trabajar? Corto o largo, lacio o crespo, con raya al costado o al medio, el pelo es esa parte de nuestro cuerpo que más temprano que tarde se trenza (o enreda) a la sociedad y a la época que nos tocaron en suerte. Pregúntenle sino a Titi Sedrani, la dueña de este salón. Una peluquería -esta es la hipótesis, un poco delirante, que venimos a testear- puede llegar a funcionar como un foro en el que la historia de una comunidad suma a sus capítulos habituales, el relato con el que cada nuevo cliente resume su vida, sus puntos de vista y sus expectativas sobre el futuro, en los 15 o 20 minutos que dura un corte.

SENTATE QUE TE CUENTO
Se acaba el espacio asignado (¿eran 5000 caracteres con o sin espacios?) y notamos que nos olvidamos de todo. No dijimos nada de La fábrica de ciudades, nuestro taller de urbanismo para chicos; nada de los 50 años de la huelga ferroviaria del 61 y del encuentro que preparamos al respecto; ninguna mención a la botadura del San Silverio, el nuevo buque archivo de Roberto “Bocha” Conte; ni una palabra de la edición del libro de Mirta Colángelo, Mensajes en botellas o de la presentación de Los Ferrocarriles en Bahía Blanca, la minuciosa cronología que elaboró y publicó con ayuda del Fondo Municipal de las Artes, nuestro amigo el maquetista Héctor Guerreiro. Será por eso que la inocente pregunta:
- ¿En qué anda Ferrowhite?
rankea siempre para nosotros entre las más difíciles de contestar:
- Todo bien. ¿Tenés un par de horitas? Sentate que te cuento.

jueves, 22 de septiembre de 2011

RADICAL CHIC



Acá en Ferrowhite, en este museo en el que lo combativo jamás quita lo coqueto, 2011 quizás sea recordado como el año en el que nos dimos el gusto de abrir una peluquería. Este domingo vino a plantarse frente a nuestro espejo Monserrat Gayone. Tata, como la conocen quienes saben de su experiencia como docente y militante, puso a discusión sus puntos de vista sobre las transformaciones de la educación pública en las últimas décadas, mientras su amiga Titi Sedrani metía tijera entre sus rulos, llevaba a fondo un ajuste capilar que más de uno habrá juzgado de neto corte neoliberal.


Para repasar, repensar y, claro, también poner en cuestión, estos fueron algunos de los planteos con los que inició la charla:


1° No se puede entender la educación como un problema separado, la educación está necesariamente ligada a un proyecto de país.
2° Si bien los golpes militares, el del ’76 en particular, avanzaron sobre algunos aspectos hasta entonces en cierta medida inconmovibles del modelo de la escuela pública sarmientina, el gran cambio en la educación pública sucedió, paradójicamente, en democracia, durante la década del ´90.
3° En aquellos años, la reforma educativa fue parte de la reforma del Estado. Lo que quebró la Ley Federal de Educación, y no subsanó la nueva ley de educación del 2006, fue lo que Tata llama la "principalidad del Estado".
4° La nueva ley de educación dice que "todos" educamos. Suena lindo, pero esta idea conlleva un riesgo: si todo el mundo educa en la escuela, las empresas y sus ONGs satélites también, y nada nos asegura que no lo hagan en función de sus intereses particulares.
5° Los cambios en la educación fueron impuestos, pero hubo (¿hay?) resistencia: 1988, 1994 y 2001 representaron tres importantes momentos de lucha docente.
6° La incorporación de computadoras es bienvenida, pero no reemplaza un proyecto educativo nacional (¡epa!).

Un permanente olor a permanente
Pero como no solo de enunciados generales se ocupa la cabeza de una maestra, como todas estas cuestiones derivan de, y a la vez tienen consecuencias sobre, la realidad inmediata, Tata también trajo consigo un montón de carpetas llenas de actas, informes, recortes de diario y notas de reclamo acumuladas a lo largo de sus años de trabajo en Loma Paraguaya y el Bajo Rondeau. Papeles que documentan la pelea cotidiana de muchos docentes de la periferia. Hablando "de peluquería", Tata nos mostró las repetidas actas de denuncia por el “el permanente olor a permanente” con el que una empresa cercana a la Escuela 70 inunda cada tanto el aire de la Loma. También nos enseñó el mapa elevado a las autoridades desde la Escuela Especial 510, ubicada en Roca y Pacífico, para pedir la incorporación de este establecimiento dentro del área de cobertura del Proceso Apell, porque “en la Avenida Colón no hay un gran vidrio que impida que las cosas pasen para el otro lado”.




Del espejo al pizarrón
Un bocinazo de locomotora ofició de categórico timbre para convertir el salón de belleza en salón de actos. Cambiamos el espejo por un pizarrón, la tijera se transformó en tiza, corrimos a un costado el sillón de la peluquera y empezó a circular el mate. Listo: jornada de perfeccionamiento docente ¡un domingo!. Ahí nomás Adriana, nuestra hiperflexibilizada asistente de peluquería devenida secretaria de dirección, repartió entre los presentes una pila de material didáctico a fin de evaluar en común las ventajas y desventajas de su aplicación en el aula. ¿Qué distingue a estos materiales? Que todos fueron financiados, y en muchos casos diseñados, por empresas y organismos del complejo industrial radicado en la zona.

Natalia Burgardt, profe brava si las hay, expuso sus correcciones al cuadernillo "Disolución y Contaminación". Con birome roja, Nati apuntó sus dudas y precauciones a la hora de trabajar con este texto en la clase de química: descontextualización de los ejercicios propuestos (¿Los procesos químicos suceden en el éter?), relegamiento de la problemática de la contaminación a la última hoja de una publicación extensa (más que "Disolución y Contaminación", "Disolución -discursiva- de la Contaminación"), planteamiento parcial del problema del agua (¿Por qué se propone tirar el agua cuando técnicamente es posible reutilizarla?).

Rico el mate, ricas las galletitas, rica la reflexión cuando la palabra se toma y da. Y ahora, ¿Cómo sigue? ¿Qué podemos hacer? Así, entre acuerdo y disenso, se fue yendo la tarde. Y ya con el sol cayendo por el borde del espejo, como recién desembarcados de un bulk carrier jamaiquino, llegaron para imponer el recreo los chicos de la Reggae Bong:

Rebelión, Rebelión,
en la chacra
rebelión...


El día que arrancamos agitando la cabeza, lo terminamos moviendo la patita.